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martes, 11 de mayo de 2010

Y el pasado, ¿te condena?

Entre mis variadas andanzas por la vida conocí un cabrito buena onda que se convirtió en el típico amigo de paso: viene, desembucha sus penas de amor contigo y a una, como las ha vivido, le da penita, da la mano, apoya y cuando el flaco resuelve el problema deja de hablarte.

Da lo mismo, no es el mega amigo, y ese no es el tema, lo que ocurre es que chico me puso a pensar en algo: el pasado.

Este muchachito si bien es más joven que yo ha tenido una vida larga, con muchas experiencias de mujeres. Muchas. O sea, relaciones serias y luego sus escapadas por ahí, y bien por él que lo haya pasado bien y que si lo estima conveniente que siga pasándolo bien, pero aquí viene la pregunta ¿el pasado te condena?

El tema de cama, para mí y como para muchas, es un tema. Suele ir de la mano con el compromiso, la seriedad, y si no necesariamente el amor por lo menos un cariño especial.

Tampoco soy de las colegialas que quieren “hacer el amor” y califican el hecho de “lindo” y luego lloran de la emoción una vez consumado el acto, pero sí es algo que me tomo en serio. Siempre está como el morbo de querer haberlo hecho con un desconocido, pero esas son fantasías, es peligroso meterse con alguien que uno no conoce (no solo por enfermedades, embarazos no deseados sino también por la carga emocional que puede tener en una persona con una mentalidad como la mía).

Considerando todo aquello para mí es importante el pasado de mi pareja, si el weon llega contándome que en cierto minuto de su vida se acostó con una mina que se levantó en un bar, o con más de una flaca a la vez, no sé, el weon automáticamente deja de gustarme y me invaden las ganas de bañarlo con cloro y escobillarle cierta parte con sapolio, usando guantes de goma, por supuesto. No sé bien por qué.

Tendrá que ver con el hecho de que, imagino, que si una persona se desnuda delante de otra sin ceremonias ni miramentos el hecho en sí no tiene mucha relevancia.

No me seduce la idea de ser “una más” dentro de un amplio repertorio.

Además, pienso en otra cosa. Muchas de nosotras queremos sentar cabeza en algún momento, y para eso normalmente no se elige al muchacho dado a entrar a una fiesta solo y salir acompañado, entonces, a la hora de los quiubos, contarle al cabrito que es más o menos serio y juiciosito en cuestión que una se acostó con este, con el otro, el de aquí, el de más allá y este que parece que no me acuerdo, y creo que este otro, no sé, a mí me daría lata.

Me da lata decirlo, y escucharlo.

Obviamente una no pretende ni llegar virgen a los brazos del marido (qué fome) ni que él llegue virgen a los tuyos (también fome), ya que de las experiencias pasadas más de algo se aprende, y si bien la cama es entre dos (se supone), bueno, saber bien qué se hace, dónde está cada cosa y no tener que estar improvisando es un plus, pero tampoco creo que sea la idea llegar con más kilometraje del necesario.

No juzgo, con esto, a quienes optan por la vía de pasarlo bien y olvidar nombres la mañana siguiente, para nada. Cada uno es dueño de hacer lo que se le venga en gana, pero sí me da lata cuando escucho a un chico hablar de su pasado y comentar que hay nombres y caras que no recuerda.

El sexo es algo excelente, entretenido, maravilloso, reconfortante, excitante, y relajante, en eso estamos de acuerdo de todos, pero imagino que debe ser vacío no dormirse abrazaditos después, no llamar por teléfono después, no repetir el encuentro con el respeto, el cariño y la confianza que se tiene dentro de una relación y que es imposible conseguir medio copeteados a la luz baja de un pub y con ganas de arrancar apenas el cuento se acaba.

O tal vez me equivoque, como he dicho, nunca he experimentado el touch and go, y ahora tampoco me interesa.

Será por eso que pienso que sí, el pasado, aunque sea un poco, te condena.
Leonor

miércoles, 28 de abril de 2010

Gracias a mi Ex Pololo

Nosotras somos todas ex de alguien, y desde la vereda de la ex se entiende, o se trata de entender, el mantener el contacto con el ex, con la esperanza de volver con él o tal vez de joderle un poco la vida en una delicada venganza por lo todo lo que ese hi . . . de pu . . mal parido nos sufrir, pero ¿qué pasa cuándo una no es la ex de la historia, si no la actual, y es la ex de él la que aparece a joder la pita?

Y . . . Depende. Depende de qué tan seguro está él de que terminar con la flaca en cuestión fue buena idea, depende de qué tan segura estés tú de tu relación con él, que tan segura seas tú por la vida, y qué tanto y cómo jorobe la chica en cuestión.

Como uds me imagino recuerdan, estoy felizmente pololeando con Alejandro, vamos a cumplir 5 meses (oooh que ternura) y tema definitivamente da para largo, y estamos los dos felices esperando la oportunidad de comer lombrices y perdices y demases.

Cuando empezamos yo llevaba dos meses soltera y él dos semanas.

Mi ex no era tema (más allá de los traumas que me dejó, Alejandro ha esperado pacientemente que solucione) pero la de él sí.

Esta muchacha, Ana, mayor que yo, con trabajo, imagino que con un título, departamento para ella sola y demases (cosas que este minuto yo al menos no tengo porque estoy viviendo aún la maravilla de ser mantenida por los viejos mientras una estudia) daría la ligera sensación que es una mujer hecha y derecha, capaz de mirar a Alejandro a los ojos y entender que si él la pateó dos veces es porque no pretende querer patearla una tercera.

Pero no.

Esta chica sabe, le consta que nosotros estamos juntos. Y más encima bastante contentos. Y sin embargo no tuvo ningún empacho en declararle su amor y recomendarle que reconsiderara el volver con ella. Cueck.

Y eso no es nada.

Cuando llevábamos un par de semanas juntos esta flaca lo llamaba, pero incansablemente, así como una llama para intentar joder la vida. Lo llamaba a la casa, al cel, inventaba motivos para verlo, me atrevo a decir que en más de algún momento simuló lágrimas con la esperanza de que Alejandro fuera que sea a darle un abrazo de lástima.

Llamaba tanto que interrumpía, molestaba, cosa que imagino ella pretendía.

Pasó un poco de tiempo y la chica ahora lo mira en la oficina, le hace ojitos, le pregunta pavadas, etc, etc.

Yo me entero de todo esto porque Alejandro me cuenta.

A la pobre chica la he visto sólo una vez, y para mala raja de ambas cuando nos la encontramos en el super yo estaba con ataque de risa porque se habían quebrado los huevos. Y la saludé cagada de la risa, y me miró aún más feo, cosa que entiendo.

Yo no estoy celosa ni nada eso, tengo claro que Ale terminó con ella con motivos fehacientes y que no han cambiado, encima los dos estamos bastante bien, entonces eso no me preocupa, y considerando que Dios me bendijo con un hombre bastante posesivo que entiendo eso de que molesta que te pellizquen la uva mantiene bastante distancia con la flaca para evitar pajas, pero ¿hasta cuándo?

Ambos llevan tres veces más tiempo terminados del que lograron estar juntos, y esta negra sigue con el show.

Entiendo que molesta que te pateen, molesta más ver que el weon se mete con una mina de cual te habló, que tú conocías teóricamente hablando y de que probablemente echaste pestes, entiendo que cabrea la wea, sobretodo cuando te das cuenta de que terminaron por cosas que si tú hubieses manejado mejor no habrían desembocado en un quiebre, pero weon, insisto, basta.

Hay un límite.

Las compañera de oficina de Alejandro le han mencionado los distintos eventos que esta chica provoca para llamar su atención (porque él, como hombre que es, se da cuenta de menos de la mitad), y han hablado de nuestros planes y ella ha escuchado, pero sigue con la macana, como si no tuviera nada más con qué entretenerse, como si la relación que ellos tuvieron hubiese sido de esas largas, intensas, eternas, que te cambian la vida y que te dejan con gusto a poco.

Flaca, cánsate.

Igualmente, doy gracias por su existencia en la vida de Ale, nos hico bien, a los dos.

Le permitió a él darse cuenta de cosas que no hay que hacer y entonces no comete los mismos errores conmigo, qué maravilla, y me ahorra a mí ver teleseries venezolanas para entretenerme, pero ¿hasta cuándo?

Todas, de una manera o en otra, hemos estado en sus zapatos, sabemos lo que duele, no hemos sabido decir basta en el momento en que razón grita que cortemos el webeo porque más allá de jorobar no estamos consiguiendo nada excepto dejar establecido lo pendejas que podemos llegar a ser.

Pienso que uno webea hasta que se le quiten las ganas, hasta que ya no te nace.

Si te metiste a Facebook una vez para verle el muro lo vas a seguir haciendo hasta que algo más llame tu atención y se te olvide. Lo mismo si le revisaste el mail una vez o si trataste de hablar con un amigo en común para recabar información.

Esas cosas, esos psicopateos para los cuales se presta la tecnología pueden medianamente eternos si no tenemos ninguna serie de televisión buena que ver, si no tenemos algo sobre lo que escribir, pintar o esculpir o si no tenemos algún otro macho por el cual desvivirnos.

Y normalmente no llegan a nada bueno, al menos para nosotras.

¿Alguna de ustedes ha logrado volver con el ex a punta de acosarlo sutilmente?

A mí por lo menos, cuando lo intenté, no me resultó. Terminé recordándole porqué habíamos terminado en primer lugar, lo que en este caso, es bueno para mí.

Alejandro me mira y me dice “Ana otra vez me llamó” con cara de estar agotado.

Y este momento es que le tengo que dar gracias a Ana, gracias por haberlo jorobado tanto cuando estaban juntos que él optó por terminar con ella y no dudó en empezar conmigo, gracias por seguir webiándolo tanto que él se aburre y prefiere mirarme a mí que no lo webeo, gracias por haber metido la pata con él, tanto que aprendió cómo no meterla conmigo, y gracias, en definitiva, por su actitud ahora, que le confirma que terminar fue una buena decisión.

Gracias Ana. En serio.

Chicas, no sean como ella. Al menos traten.

Porque por cada Ana del mundo, jorobando al ex que ya reinició su vida, hay una Leonor besando sus labios y sonriendo, segura de que él no la va a dejar por ella.

Leonor

martes, 13 de abril de 2010

Maldito Internet, maldito celular

Levante la mano, pero poquito pa’ que no se note mucho, quien le ha revisado al pololo o al ex, en algún momento de su vida que pareció pertinente, el Facebook, el celular, el mail, el Twitter, el PC, o la wea que sea.

Uy, somos varias.

Ahora levante la mano quién se sabe de memoria las claves del macho en cuestión, entiéndase claves de mail, del cel, cel blackberry, de facebook, del cajero, qué se yo, cualquiera.

Ahora cuéntenme, ¿cómo llegaron a esa información? ¿fueron regaladas con esa confianza, es decir, el pololo les dijo amor esta es mi clave? ¿o por motivos circunstanciales? Es decir, él estaba cagando en el baño y no podía perder esa llamada les pidió “mi vida, contéstame el cel, la clave es tanto” o “métete a mi mail por fa y dime si me mandaron el mail del nuevo trabajo al que estoy postulando”? O ¿fue un proceso de seguimiento? ¿de mirar bien cómo movía los dedos cuando digitaba las claves sobre el teclado, de poner alguna wea en el PC de esas que recuerdan los sitios donde se navegó o un manejo de informática más allá de los común que permitió hackear alguna cosa?

Ay, cuidado.

Meterse en eso es complejo.

Debería calificar de droga dura y ser ilegal (aunque capaz que eso lo hiciera más apetecible), por uno empieza, inocentemente, y no sabe donde para.

Yo a toda costa lo evito.

Cuando suena el cel de Ale se lo paso, amor, te está sonando el celu, contesta. Ni siquiera miro quién lo está llamando (eso no quita que después de sapa le pregunte y me entere igual).

Les cuento porqué.

Cuando todavía tenía los ojos vendados con amor e inmadurez y estaba en la época dura prequiebre de mi relación con José una vez, una sola, le revisé el celular.

¡Qué feo, Leonor, deberías quemarte en el infierno por semejante pecado! Lo sé, pero la curiosidad y la certeza de que el muy mal parido me estaba gorreando en mi cara con una amiga suya y conocida mía que buscaba incansablemente un padre para su hija pudo más.

Recuerdo que estábamos tirados en la cama viendo tele, sin pelear, y yo estaba disfrutando a concho ese momento que tanto se parecía a la época en que estábamos bien, cuando la naturaleza llamó y el fue al baño. Acto seguido, en el minuto es que escucho el pestillo en la puerta, le llega un mensaje.

El Nokia brillaba seductor sobre la mesa.

"Leoonooooor, veeeen" me decía el aparatejo de mierda.

Lo ignoré, pero sonó de nuevo.

Dos mensajes al hilo.

Wow.

José seguía en el baño. Y a riesgo de que me pillara y me pegara con el mismo teléfono lo tomé con mis manos temblorosas y apreté el maldito botón del medio.

“Necesito urgente hablar contigo, de verdad, me siento solita, nos vemos más tarde, tu pequeña” Por supuesto estoy parafraseando, el SMS pero era una cosa así. El segundo era una versión un poco más intensa del primero: “La niña sigue media enferma, me acompañas al médico? Por favor, no quiero hacer esto sola, un beso, tu pequeña”

Ay, no.

Este conchadesumadre (perdonen mi francés) se está pisando a esa weoncita de mierda que quedó preñada por no saber contar los días en que tenía que empezar a tomarse la dichosa pastilla. Hijo de puta. Desgraciado. Etc. Etc.

Me quedé plop.

Debo reconocer que lo más me calentó fue que la mina firmara como “tu pequeña” cuando hasta ese momento oficialmente la fucking pequeña de ese troglodita mal parido era yo.

Hijo de puta.

Debí haber puesto el hervidor pa’ tirarle agua en las partes nobles apenas saliera del baño. Por maricón.

“¿Y ahora qué mierda hago?” pensé. Lo primero era borrar los mensajes para que no se diera cuenta de los había leído. Lo segundo dejar el teléfono donde estaba, meterme en la cama de nuevo, ver tele, hacer la boluda, y tratar de que mi cara tuviera el mismo color de siempre.

Me temblaban las manos, pero ahora de rabia.

José volvió, y como en esa época ya estábamos teniendo problemas ni me miró y se acostó al lado, haciéndome cariño en el pelo, el muy infeliz.

Yo trataba de adivinar cuándo y dónde se habrían acostado, cuándo había empezado el tema, y mil cosas más.

Y lo más charcha era no decir nada, porque si decía cualquier cosa él se iba escudar en el tema de que yo había violado su consagrada privacidad. Son muy cara e’ raja.

Al final, como tantas otras veces, me guardé la mierda.

Discusiones y gritos más tarde me entero, supuestamente, de que nunca pasó nada entre ellos, cosa que a estas alturas del partido medio me da lo mismo, pero ese no es el tema.

El tema es mi cara, el apretón en mi guata cuando leo aquello.

Mi stress, mi mente dando vueltas, pensando, cuestionándose, qué hice mal yo, qué mierda pasó.
Después de que terminamos la tortura continuó vía facebook. Era una maldita adicción.

Internet se convirtió en un sitio hostil donde cada página me recordaba a esta excusa de ser humano, cada vez que abría la wea me quedaba mirando como weona su pinche muro, esperando que alguna peuca le pusiera alguna wea, viendo como se cambiaba el estado, como sus amigos lo apoyaban, como se ponía “soltero” y las amigas que siempre me odiaron ponían “me gusta”, como de pronto todo el mundo lo invitaba a salir.

Qué wea más terrible.

Finalmente lo borré.

Pero el cuento no terminó ahí, oh no, porque una amiga mía lo tenía en Facebook también, entonces ella me ponía al día, me dejaba meterme con su clave pa revisar el muro de él, para enterarme de todo lo que él publicara para que todos vieran.

Y por favor basta, basta con la psicosis, basta con la pendejada, basta, basta, basta.

Eventualmente a punta de cigarros y fuerza de voluntad corté con la wea.

Y nunca más lo quiero retomar.

Ahora no me sé ninguna clave de Ale (de todos modos nunca me supe las de José), me autoimpuse una barrera de fuerza alrededor de sus bolsillos, su billetera, su PC, su teléfono y todas sus weas.

Confío en él, en serio, podría las manos al fuego porque Ale no me engañaría ni cosa por el estilo, pero no quiero nunca más pasarme rollos por un SMS que puede ser cierto y justificar mi pelá de cable o puede no serlo y solamente dañar lo que hay de bueno.

Meterse en esas cosas del pololo hace mal. Moral aparte, hace muy mal. Porque una se envicia, no puede vivir tranquila, no duerme anda pendiente, se pasa rollos, inventa weas, puede que le achunte, puede que no, pero ¿vale la pena pensar tanta wea junta?

Es como echarse mierda con ventilador, pero a una misma, sin ayuda de nadie.

No, no más.

A veces, la gran mayoría, la ignorancia es bendita.

Leonor

martes, 2 de febrero de 2010

La pregunta

Antes de que comience esta maravillosa entrada, queremos pedir las más sinceras disculpas por no estar actualizando tan seguido como quisieran. Algunas Exs están de vacaciones, otras a full con el laburo y se ha hecho bien complicado coordinar las actualizaciones. Pero Marzo se viene con varias y buenas sorpresas así que sigan sintonizándonos. ¡Gracias por su paciencia!

Queridas mías, las invito a ponerse una mano en el corazón, a hacer memoria y contestar la siguiente pregunta: Nosotras, al empezar una relación, siempre sabemos más o menos cuánto va a terminar, ¿no? No me refiero a saber exactamente cuánto, pero siempre hay una idea.

Esa sensación de “sí, yo tal vez llegaría a considerar casarme algún día con él” o “me estás webiando, ¿no?” se sobreviene después de unos pocos días, o incluso horas, y suele convertirse en una vocecita delicada que recuerda, cada cierto tiempo, que andar por la vida dando jugo o perdiendo el tiempo a veces no es muy bueno.

Me explico, cuando empecé mi relación con José habían unas cien cosas de mí que él odiaba, por ejemplo, mis gritos, mi afán de confrontar a la gente, mi poca paciencia, mi puntualidad, mi obsesiva necesidad de coordinar qué se iba a hacer y dónde por lo menos el día antes, mis comentarios ácidos cuando sus amiguitas buscaban monedas en sus bolsillos, etc. Y cien cosas de él me molestaban a mí: la relación enfermiza con su padre, el odio parido hacia su hermana, la adoración sin límites hacia su madre, sus amigos abusadoras y excluyentes, su impuntualidad, su desorden, etc, etc.

Visto en retrospectiva la relación estaba condenada al fracaso desde antes de empezar.

Pero como yo soy bruta, y en ese momento pensé que había amor y que ese amor era mutuo, démosle, total, si se quiere se puede, cierto?

Mentira.

En mi relación previa con Andrés, también me molestaban cosas, su incapacidad de enfrentar a sus padres era una, sus eternos juegos de niño chico, etc. Y supongo que habían cosas de mí que le molestaban, como por ejemplo el hecho de que yo no bailaba axé, pero no me lo dijo en el momento adecuado.

Pienso, entonces, que son esos detallitos los que dan pistas de cómo se viene la mano.

Si a eso le sumamos la percepción de los amigos, y de la familia, junto con otros eventos, como por ejemplo las ganas impulsivas de ver a algún viejo amigo, o el eterno suspiro cuando el muchacho te pide un favor, bueno, no es ningún misterio que la cosa se está apagando, y si no nos damos cuenta es porque no queremos darnos cuenta.

Pienso, también, que el tema de la cama puede ser un indicador de que la cosa va bien, mal, o da para largo. La buena cama, la complicidad, el placer, el hecho de que después de den ganas de dormir, fumar, comer o querer empezar de nuevo son decidores, pero no definitivos.

A veces uno se acuesta por amor, por bronca, por odio, por ocio, o por calentura, entonces al final este es solo un indicador de qué tanto nos gusta la cacha, y nada más.

Pero sumando los distintos factores, yo creo que podemos saber, que podemos tener una idea, para que un desenlace (“no eres tú, soy yo”) u otro (“quieres vivir conmigo?”) no nos pillen tan en frío, ¿no creen?

Leonor

lunes, 11 de enero de 2010

La confusión NO existe

Nadie está confundido por 6 meses. Es más, nadie está confundido por más de 5 minutos. Nadie no sabe lo que quiere. Siempre hay una parte de uno, aunque sea la caliente y animal, que apunta, literalmente, a lo que desea.

Es un hecho inevitable de la vida.

Entonces, ¿por qué la falta de bolas para decir las cosas?

Uh, que feo que suena eso, pero parece que están de moda los hombres mudos selectivos. Y de verdad no lo entiendo. ¿Por qué piensan que un “estoy confundido, no sé, pero igual creo que te quiero” hace menos daño que un “no te amo, terminemos”?

Este afán de generar falsas expectativas, de dejar que una se enrolle, ¿les alimenta el ego? ¿es eso? ¿o es que cuando no hay nada en la televisión tiene su gracia y su encanto ver cómo la mina a la que le prometieron el oro y el moro ahora llora de dolor, los mira con los ojos llenos de lágrimas afirmándose con uñas y dientes al borde del abismo por el cual no quiere caer pensando una tontera tan grande como que su amor es suficiente para los dos?

Eso es una falta de respeto, por decirlo menos.

Y no creo que exista justificación alguna.

No faltan los que inventan tonteras del estilo “me preocupa lo que va a ser de ti sin mí”, como si una de verdad estuviera afirmada por el lado de afuera del balcón a lo Rose en Titanic, a punto de soltarse en el instante en que él se vire, porque claro, cómo es posible que siquiera intentemos vivir sin él.

Impresiona la dualidad del tema: por un lado, son gallinas, porque no tienen las bolas para decir las cosas por su nombre, y por otro lado, literalmente se creen el tarro con más duraznos y está seguro de que moriremos si nos sueltan la mano.

¿Cómo es posible que el tarro con más duraznos sea una nena de pecho que en vez de decir la verdad guarda silencio e incluso derrama un par de lágrimas con ojos de cocodrilo al ser encarado?

Este afán de tirar las cosas por la tangente, de hacerse los ofendidos, de no decir la verdad, de esconder detrás de más gente, de disfrazarse con omisiones, y mentiras, ¿para qué?

Pura cobardía.

Increíble. Muchas mujeres son, somos, más hombres que la mayoría de ellos.

Ahora, es cierto, es parte culpa nuestra por no soltar al primer indicio, por pensar que se les va a pasar la tontera, pero de modos, ¿es necesario darnos cuerda?

Leonor

lunes, 28 de diciembre de 2009

La flauta

Como bien saben ustedes, queridos míos, mi relación previa terminó abruptamente (para mí, porque el muy desgraciado lo tenia pensado de hace meses, pero en su más profundo silencio) hace unos meses atrás.

Sí, fue un momento difícil, pero después de tantas cosas difíciles que me han tocado vivir, esta cuestión, pasada la primera impresión tenía pinta de ser un chiste mal contado. El tema es que vi a mi ex una sola vez después de que terminamos, tuvimos un par de llamadas telefónicas, pero en definitiva lo borré de Facebook y también de mi vida, junto con buena parte de sus amigos, y todo bien.

Excelente, de hecho.

Pero (el eterno pero) nunca pasamos por el proceso de devolverse las cosas.

Más que nada porque él trató de devolverme todas las mías cuando aún estábamos pololeando, cosa que no le acepté en su minuto porque lo encontré una mariconada de mala clase, y esa vez que nos vimos ninguno de los dos atinó a llevarlas. Y el tema quedó ahí.

Y bueno, han pasado los días, y quiero mi flauta de vuelta. Preferentemente ahora.

Entonces, pensando que un universitario de 26 años tiene cierto nivel de madurez, tal vez incluso superior al mío debido a la diferencia de los años, le mandé un mensaje al cel. Gasté $50 pesos enteros en mandarle el mensaje. Y le pedí que me dijera cuándo podía ir a buscar la flauta y mis libros a su casa.

Y ¿pueden creer que no me contestó?

Nada, ni pío.

Bueno, otro mensaje, pero por Facebook porque no iba a seguir gastando plata.

Y nada tampoco.

Lo llamé. No me contestó. Le hablé por msn, le mandé un mail, le mandé el recado con la hermana, incluso llamé a su viejo que tampoco me contestó (ahí me di cuenta de donde aprendió lo roto), le pedí ayuda a un amigo en común pero nada.

Parece que cuando terminamos este weon se quedó mudo y manco, porque no le daba ni siquiera para responder por texto.

Pasó un mes así. Entonces se me prendió la ampolleta. Ah, pensé, él no me contesta porque cree que quiero verlo para convencerlo de que volvamos. Puede ser ¿no? Entonces le mandé otro mensaje que decía yo ni siquiera quería verlo, es más, que ojala que no nos viéramos porque nada estaba (y está) más lejos de mis intenciones que volver con él y todos sus atados, pero sí quería mis cosas de vuelta.

Más silencio.

Ahí ya me entré a calentar, porque hay un mínimo de protocolo social para este tipo de cosas. Esa wea de andar haciendo la desconocida en la calle me carga. Pero no importa, dentro de todo su actitud no me sorprendió.

Resolví entonces pasar simplemente por su casa cuando pudiera y recoger mis cosas, con la esperanza de que me abrieran cuando fuera.

Entremedio de todo esto, como también saben, me puse a pololear y bueno, el mundo es sumamente chico y de la nada llegó la hermana de mi ex preguntándome cómo estaba, entonces, como soy buena persona, cuando vi a mi ex en msn le dije, con harta delicadeza, que yo estaba con otra persona, y que solamente quería mis cosas de vuelta. Nada más.

Y obvio, ahí menos me contestó.

Pasaron los días, y de pronto aparece el perla diciéndome que me puede ir a dejar a las cosas a la casa, que le diga cuándo. Pero el problema es que nunca estoy en mi casa, cosa que él sabe. Le recordé lo obvio, es más fácil que yo vaya a su casa. Y la respuesta me impactó: “perfecto, te mando la flauta por correo, TNT lo más probable”.

¿Qué onda la mala onda?

No supe si reír, enojarme, o llorar.

Al final me reí, le recordé que si él no me iba a encontrar en la casa el pobre desgraciado de TNT que fuera tampoco me iba a encontrar y más encima se iba a asustar con el tremendo perro que tenemos ahora.

Y otra vez silencio.

Me encantaría saber por qué.

Cuando terminamos yo me retiré lo más digna que pude, sin show, sin escándalo, sin más llanto del necesario, sin injurias ni nada. No me metí a su correo ni le revisé las cosas ni nada, por lo que creo que no me merezco que se ponga tan arisco.

Me pregunto qué hacen los hombres con las cosas de la ex cuando terminan.

Porque nosotras primero tomamos el chaleco olvidado debajo de la cama que todavía tiene algo de su perfume y lo usamos para limpiarnos las lágrimas antes de pasar por los distintos estados del duelo y limpiarnos otra cosa con el elemento en cuestión. Eventualmente las cosas terminan en una bolsa dentro del closet, donde mis ojos no las vean, para que no entorpezcan el proceso de superación, y después se devuelven. O incluso se botan. Así de simple.

Pero si el ex llama porque las quiere de vuelta una hace una pelotita con la bolsa para poder hacerle puntería con más eficiencia cuando llegue a buscarla, o se la entregamos en la mano, o algo, pero no guardamos silencio, cierto?. Eso es feo.

Ahora no sé qué hacer. Conociéndolo es capaz de mandarme la flauta por correo.

Pero insisto, me encantaría saber por qué tanta acidez innecesaria, si el agua que tenía que pasar por debajo del puente ya pasó, ambos superamos todo, ahora sólo nos une la custodia compartida de una flauta que, insisto, quiero de vuelta. Ahora.

Leonor

lunes, 7 de diciembre de 2009

Salir. Con cuidado

Después de terminar tormentosa y poco elegantemente una relación lo sano es recogerse del suelo y salir al mundo de nuevo, cierto?.

Y eso fue lo que hice.

Salí al mundo.

Hasta ahora todo bien.

En mi nuevo mundo me encontré con un conocido (digamos el amigo de una amiga, aunque bien podría haber sido el amigo de una hermana, o el hermano de una amiga, da lo mismo) y bueno, como no me gusta esperar, lo llamé y lo invité a salir.

Nunca en mi vida lo había visto, ni tampoco hablado con él, pero como siempre en estos casos las referencias eran maravillosas.

Recuerdo que me llamó de vuelta, encontró bueno mi plan de ir a un karaoke, tomar un trago y conocernos. Así que lo hicimos.

Me pasó a buscar. Obviamente pasé horas enteras arreglándome, por si acaso, uno nunca sabe.

Eran las 9 pm cuando sonó el timbre de mi casa y salí. Ahí estaba. Mirándome. Debo decir que desde el instante uno fue una especie de decepción. Si bien yo me había tomado el tiempo de ponerme sombra, perfume y checkear que mis zapatos combinaran con mi cartera, el individuo éste, llamémosle David, con suerte tenía aspecto de haberse duchado.

Bueno, será.

La cita (por ponerlo en términos gringos) estuvo buena. El trago estaba exquisito, el karaoke no era excesivamente ruidoso, canté algo que me gustaba, todo bien. Casi perfecto. Si no fuera por el casi.

Cuando me dejó de nuevo en mi casa me felicité por la valentía y me fui a dormir, con la sensación de que la próxima vez que saliera con alguien me iría mejor si levantaba un poquito la barra y no me conformaba simplemente con el hermano de una amiga (o el amigo de mi hermana).

El tema es que a él lo encontré . . . desabrido. Como una coca Light sin hielo. Y sin gas.

Bueno, pasaron los días, y de pronto me encuentro con una llamada perdida de David. Y un mail.
¿Qué onda?

Y como soy tonta, lo llamé. Resulta que quería invitarme a salir. Cuac.

La invitación fue bastante más sofisticada que la salida previa: fuimos a almorzar a la playa.

Acepté porque me picó la curiosidad, porque hace tiempo que no veía el mar, y porque no tenía nada mejor que hacer.

Hasta el día de hoy me parecen buenas razones.

Esa cita también estuvo buena. El mar olía maravilloso, la comida estaba increíble, el vino, extasiante, el postre, mágico . . . (alguien nota que de David no he dicho nada?)

Cuando terminamos de comer pensé “ok, se acabó, me irá a dejar a la casa y podré dormir o ver Dr. House”, pero no.

- ¿Vamos al cine? – me preguntó con ojos interesantes.

¿Y qué dijo la tonta?

- Ya, vamos.

Y fuimos. Otra vez, la película buena, las cabritas crujientes, la bebida helada. Todo bien. Casi perfecto.

A estas alturas del partido yo ya me estaba cuestionando quien demonios me había mandado a pasar casi doce horas con un desconocido que no me inspiraba más cariño que un hámster.

Era una lata la wea. No sé si era yo el problema, o él, o simplemente David y yo nunca debimos intercambiar palabras sin más gente presente que llenara el sempiterno vacío entre lo que yo decía y lo que él pensaba, mientras me miraba. Mucho. Creo que la palabra en inglés para eso es “to stare”.

Pero filo, a estas alturas del partido estaba considerando seriamente guardar más silencio, bancármelo, con esperanza secreta de que él captara la falta de interés y dejara de invitarme a salir.

Pero no. En alguna parte de su cabeza mis silencios tienen que haberle indicado todo lo contrario, porque una vez me dejó en la puerta de mi casa el beso de despedida se prolongó unos instante más de lo socialmente aceptable y me preguntó que cuándo nos veríamos de nuevo.

Silencio.

- Eeeh, este, eeeh, no sé. Eeeh, yo te llamo!

Claramente este weon nunca había pasado por entrevista de trabajo infructuosa.

Tres días después, como yo no lo llamaba me llamó él. Y me invitó al cine de nuevo. Y me mandó mails. Y me llamó de nuevo para insistir con el cine.

Debo reconocer que no supe qué hacer.

Toy vieja pa esto. Después de casi tres años con mi ex había perdido la práctica.

Pero bueno.

Fuimos al cine.

Y después nos tomamos un trago.

Y en el auto me tomó la mano. Y el beso de despedida fue de esos medios cuenteados. Mal. Muy mal.

Yo no hallaba donde meterme, creo que cuando me bajé del auto dejé una nube de polvo con mi forma entre la calle y mi reja . . .

Dios, ¿cuántas veces hay que hacerle el quite a un weón pa que cache que no?

Y entre medio de todo esto, mi hermana (o mi amiga) me preguntaba que cómo iba el tema. Yo le dije que me había asustado (cuando alguien intenta darte un beso y te manda mails con fotos de la salida a la playa que no cachaste en qué minuto tomó y te dice que anoche no se pudo dormir por pensar en ti da un poco de susto, no?, sobretodo si la wea no es mutua), y ella me dijo que obviamente la wea me asustaba porque yo estaba en un momento de mi vida en el que no quería comprometerme (a todo esto me voy a vivir fuera del país con unos primos, entonces claramente no voy a estar en stgo en tres meses más lo que dificulta las relaciones, sólo un poco), que era obvio que no quería engancharme, que por supuesto que David me ponía nerviosa porque él podía darme todo lo que mi ex nunca pudo, que es lo que yo siempre he querido, que tengo que entender de nuevo que es posible querer compartir la vida con alguien, que tengo que perder el miedo, que bla bla bla.

Cuando mi hermana terminó de hablar la miré, y le dije:

- Lu, eso no es problema. El tema es que David no me gusta.

- Es que claro que no te gusta porque tienes miedo, y no quieres entregarte y . . .

- No Lu, no es eso, es que NO ME GUSTA.

- Sí, pero es que escúchame, no te va a gustar mientras tú sigas asustada de una nueva relación porque él te puede ofrecer mucho y . . .

Bla bla bla. Esta weona es sorda. O burra.

En fin. Los días pasaron. Los mails llegaban. Y resulta que simultáneo a todo esto no sé cómo (bueno, sí se cómo, pero es tema para otra entrada) terminé besándome con uno de mis mejores amigos, y, bueno, era medio feo salir con uno mientras el otro ya había conseguido lo que el uno quería con solamente mirarme y acercarse.

¿Ven? Esa es la diferencia cuando alguien SÍ te gusta.

Ahora, ¿cómo mierda corto esta wea sin que sea feo? Porque David aparentemente tiene un muy buen plan de celular.

Intenté contarle a mi amiga (o hermana) mi problema.

Ella me miró, suspiró, y me dijo:

- Bueno. No creo que haya que analizar mucho el tema para darse cuenta de que prefieres estar con (digámosle) Alejandro. Claro. Sí. Eventualmente podrías terminar enamorándote de David, y casándote con él, y no quieres eso porque tu ex te cagó la cabeza. Y bueno, con Alejandro la wea no pasa de un touch-and-go (mira que notable, touch-and-go se llama ahora el atracón sin llamada posterior, me enteré la semana pasada, cómo cambian las cosas) que es exacto lo que quieres ahora, entonces . . .

- Lu, entiende. David no me gusta, Alejandro sí.

- Es que yo creo que deberías pensarlo. David tiene pega, es inteligente, es dulce . . .

- Y Alejandro también tiene pega, es inteligente, dulce, caballero y mil cosas más, y no lo conoces, por lo tanto no tienes nada que opinar.

- Bueno, si a ti te gusta andar pasando los calzones por ahí, wea tuya.
(oooh! Que feo, ¿me dijo suelta?)

- No es pasar los calzones por ahí. Es que Alejandro me genera querer pasárselos y David no, así de simple.

- Claro, porque con Alejandro no hay nada serio y con David se puede poner complicado.

- ¡No! Porque Alejandro me gusta y David no.

- Sí, pero . . .

Media hora después y ninguna conclusión. Bueno, sí, o la tiraba por la ventana o me tiraba yo.
El tema es que, sin consultarlo con ella, le mandé un mail a David. Juro por mi madre que lo hubiese llamado si esto no hubiese pasado a fin de mes cuando ya no hay saldo en el cel, pero de todos modos no lo encontré tan inapropiado. Él me mandaba hartos mails.

En el mail le puse que yo no quería seguir saliendo con él porque estaba aterrada, y confundida, porque no quería una relación, y bla bla. Me pareció razonable usar los argumentos de mi hermana, porque saltaban a la vista.

Y no me llamó más. Bakan.

Pero la llamó a ella.

Demonios.

Recuerdo también que Alejandro me dijo que si le decía a David que estaba confundida él querría intentar desconfundirme . . .noooooo, dije yo, si no es pa tanto.

Bueno. Era.

Cuento corto, dentro de lo que se puede, David le dijo a mi amiga que estaba confundido. Que no entendía qué había pasado, que era obvio que la atracción era mutua (ya . . .), que todo iba super bien, y que de la nada y sin motivo yo había cortado la wea.

Es claro que si mi hermana no sabe escuchar este weón no sabe leer, el mail que le mandé era un puto ensayo sobre la confusión y el miedo típico de empezar otra relación después de una fallida.
Mi hermana alegó que yo estaba más rayada que puerta de perrera, y que bueno, mejor aplicara retirada porque yo aparentemente soy un atajo de nervios inestable y medio nocivo. Bkn, me encanta mi hermana.

Pero David es porfiado. Él no termina las cosas por mail. Él prefiere llamar.

¡¡Weon!! ¿¿¿Terminar qué??? ¡¡Si no pasó nada!!

Más encima él va y le dice a mi hermana que él estaba conciente que yo me iba a vivir con mis primos, pero que de todos modos qué son tres horas en avión, y que perfecta podía ir a visitarme en semana santa . . . por lo tanto, dado la profundidad de la relación lo mejor era hablar en persona si es que yo de verdad quería terminar porque a lo mejor simplemente había sido pánico momentáneo pero en el fondo no quería terminar.

Dios.

Mi hermana no dijo nada, según ella.

Y yo guardé mi eterno silencio.

Bien.

Pero me llegó otro mail. “tenemos que hablar, quiero que hablemos”.

Mi amiga me dijo que lo mejor era terminar con él en persona, que terminar por mail es feo.
Insisto, ¿terminar qué? ¡¡Si nunca empezamos!!

A todo esto el Ale ya me había regalado un ramo de flores precioso, y estábamos pololeando. Cosa que prueba que mi patológico miedo al compromiso puede ser superado por una atracción espiritual y sexual (no necesariamente en ese orden), y que esas cosas pasan cuando la otra persona TE GUSTA. No creo que sea tan complicado.

Yo no quería hablar con David. Me daba lata. Encuentro el colmo tener que estar dando explicaciones a alguien con quien no tienes relación ni compromiso alguno, especialmente si esa persona se enrolló y anda metido en lan.com viendo pasajes que ni una ha visto. Horror. Yo no hice nada. Es más, jugué con la carta de la indiferencia.

Bueno, al final igual me junté con David, pero lo hice más que nada por mi amiga.

Ojala no lo hubiese hecho. Me miró y me dijo que yo era linda, que le habría encantado tener un affair conmigo, que si cambiaba de opinión o lo necesitaba que lo llamara, que podía contar con él, que si quiero él puede ir a verme a la casa de mis primos . . . dios. Yo no sabía si reír o llorar. ¿Cómo alguien puede llegar a decir eso después de ver una persona cuatro veces? O tres, no sé.
Se supone que somos las minas las que andamos con el vestido de novia en la cartera, no ellos.

En fin, está claro que uno nunca para de sorprenderse, y que los machos que se respetan también pueden comportarse como mujeres mexicanas.

Yo, por lo pronto, estoy feliz.

Por fin le pude poner a mi pololo un post en Factbook que dice que lo quiero, aún cuando me de terror decírselo.

Pero el Ale se lo merece, él no está comprando pasajes en lan.com


Leonor

lunes, 13 de julio de 2009

Amigas Aguja

Dedico este espacio a las amigas de los pololos (no todas).

Antes de eso quiero declarar que no soy celosa, o al menos intento no serlo, porque entiendo que es molesto además de que consume energías de las que no sobran, pero puta, hay cosas que molestan, ¿no?

Durante períodos largos de mi vida me vi rodeada de muchos amigos, hombres, cosa que nunca traumó mayormente a mi pololo de aquel entonces porque los muchachos me veían así, como un muchacho más, una parte de más del grupo delante de la cual podían eructar o hablar de mujeres sin ningún respeto. Y yo siempre fui ubicada. Nunca permití que nadie se pasara rollos, viera intenciones donde no las había, o se sintiera con la libertad de tocar puertas que son privadas. Me porté bastante bien. Y siempre he sido así.

Pero existe un grupo de mujeres que no son así. Las denominaré para estos fines "amigas aguja".

Esta clase de amigas pueden ser tanto previas a la relación de una con el susodicho o posteriores, suelen ser de estas muchachas dulces, muchas veces con voz un tanto chillona, y casi siempre tienen un prontuario de exs más largo que lista de ramos de medicina de la Universidad de Chile (podría decir que son sueltas, pero suena feo), vienen a veces con hijos, o con traumas de parejas, enamoradizas, pero con un terror manifiesto a las relaciones duraderas y serias, se presentan como cancheras, independientes, bonitas a su manera, y con ese afán de pellizcar la uva ajena de un modo sutil para ellos, pero evidentes para el resto de nosotras. Imagino que más de alguno de uds, queridos/as lectores/as, se estará acordando de alguien que ha pasado por el camino de sus vidas y que cuenta con estas características.

La amiga aguja se siente con derechos que probablemente nadie le ha dado. Se siente con capacidad irrefutable de poner mensajes en Facebook, blog, fotolog página que sea manifestando que su amigo estaría mejor soltero que con una, pero tampoco son comentarios directos.

De manera mágica logran juntarse con nuestra pareja justo cuando nosotras no podemos estar, de una forma tan espontánea que al muchacho en cuestión ni siquiera se le pasa por la cabeza mandar un msn rasca comentando que va a salir con ella, por lo que nosotras nos terminamos enterando de esos inocentes eventos por medio de ella, que también se cree amiga nuestra.

Y cuando tenemos la mala o buena suerte de encontrarnos con ella mientras estamos con él, ella hace comentarios del estilo "nosotros dos siempre nos vemos por lo menos una vez al mes" o "lo pasamos tan bien la otra vez que (poner nombre que corresponda) me fue a dejar en auto a la casa y nos quedamos conversando" o, poniendo su mano en la mitad superior de su muslo "me pasas a buscar mañana, ¿no?".

A veces inclusos reclaman en contra de la ex de él, diciendo que ella era una loca maniática que la odiaba y entonces, por primera y única vez en la vida, sentimos que estamos de acuerdo con la mujer que estuvo donde nosotras estamos ahora.

Y claro, él nunca se da cuenta de que la amiga es pasada para la punta, que no es normal estar apretándole la pierna al amigo en frente de la polola con tantas ganas que pareciera querer contar cuántas monedas tiene en el bolsillo. Él, como no tiene segundas intenciones para con ella, no ve que ella sí las tiene hacia él, o al menos eso manifiesta.

Pero una, que ha coqueteado más de alguna vez, sabe que nadie le toca el brazo a nadie más, o le pone la mano en el pecho por accidente.

Y me pregunto, ¿cuál es el afán de tomar de la mano al polola de otra, llorarle una pena casi siempre ficticia y buscar un beso en la mejilla innecesario?

No pretendo justificar a nadie con esto, pero entiendo que los hombres así como raza no entienden indirectas por más directas que sean, por lo que puedo considerarlos no culpables en esto (aunque no inocentes). Entonces, si nosotras, por naturaleza, somos más suspicaces, ¿por qué hacerlo? ¿es que estas amigas aguja son tan inseguras que tienen que estar coqueteando con todo el mundo por si acaso? ¿no se dan cuenta que molesta eso de estar empujando la línea para ver hasta donde aguanta? Por lo irónico de esto es que ellas mismas suelen ser de lo más posesivas con sus propias parejas, ¿entonces?

Creo que la relación entre hombres y mujeres sin elementos sexuales existe, que se puede ser amigos, casi hermanos, y nada más. Pero también creo que sin bien los hombres suelen ser distraídos, las mujeres somos inteligentes, y no es común que demos puntadas sin hilo.

Recuerdo que mi ex subía al fotolog fotos de él con su amiga aguja tirados en el pasto tomando sol. Y cuando yo lo miraba con cara de pregunta me decía que no fuera irracional, que eran solo amigos. Recuerdo también que ella lo piropeaba por el mismo medio, y se jactaba de ser la primera en postear. Recuerdo otra ocasión, protagonizada por otros elementos, donde la amiga aguja acercaba el cuello a su amigo y le pedía que la oliera, puesto que ella no recordaba si se había puesto perfume, mientras la polola del chico en cuestión ponía los ojos en blanco, imagino yo que buscando fuerza de voluntad para no matarla. O la amiga sentida en las piernas de él, puesto que no encontraba donde más sentarse. O contestando una llamada de la polola en el celular de él, después de habérselo sacado del bolsillo del jeans, para decirle con risitas que está ocupado, que la llamará más tarde.

Podría seguir horas, tanto con vivencias mías como ajenas. Y nunca he podido entender por qué es que las amigas aguja son así. Y ya que he renunciado a obtener explicaciones que me satisfagan (aparentemente para entender a una amiga aguja hay que ser una amiga aguja), aprovecho esta oportunidad para hacer un llamado a esta raza de mujeres que tan seguido muestran la hilacha y nos hacen ver a todas mal: chiquillas, por favor, paren de pellizcar la uva ajena, porque además de ser molesto, es feo, consíganse su propio hombre y busquen cosas dentro del bolsillo del jeans de él, confórmense con los bíceps de él, o por último, de alguien que esté soltero, ¿ya? Las relaciones de pareja ya son lo suficientemente complicadas como para que ustedes se dediquen a inventar fogatas problemáticas y alimentarlas, les pido, chiquillas, ubíquense, y así nos hacemos todas la vida un poco más fácil.

Leonor

martes, 30 de junio de 2009

Distancias

Existen distancias que nada tienen que ver con geografía, cierto?
Una que me molesta por estos días es la distancia del tiempo: la que se genera por tener poco tiempo.
Empezar una relación en la universidad, cuando uno se ve casi todos los días con el individuo en cuestión tiene su lado bueno (es rico verlo para almorzar, por ejemplo) y el lado malo (si llegas a terminar la relación hay que andar con cien ojos para no topárselo en el patio, no?). Hasta aquí todo bien. Pero el tiempo inevitablemente pasa, y después uno sale de la U, empieza a trabajar y se forma la típica y casi inevitable distancia del "nos vemos solo el fin de semana porque no tengo tiempo en la semana".
Por un lado, repitiendo lo anterior, esto es bueno . . . si llegas a terminar no tienes que andar preocupada de topártelo en la calle o en la pega porque no forma parte de ese mundo, tienes tu vida separada de la de él, entonces recoger los pedazos y seguir adelante es un poco menos caótico. Pero a su vez lo malo es precisamente eso: tienes tu vida separada de la de él.
En este momento, cuesta reírse de los mismos chistes, o hablar de la pega o de lo que se hace cada día. Las horas pasan a ser una nebulosa poco clara . . . sé que está ocupado, pero no sé dónde ni con quién ni con qué. Y no me refiero a saber por controlar y por celos, me refiero a saber por el gusto de saber, por esa sana preocupación que a veces nos pega cuando estamos almorzando y nos preguntamos si él estará almorzando también, no?
Esa distancia es de las peores. Saberse en la misma ciudad, saberse cerca, pero a la vez lejos, porque el celular es caro y no se puede llamar todo el día, porque hablar por msn mil horas en la noche tampoco se puede por culpa del cansancio, y porque al final uno queda resumida a un paréntesis en el fin de semana, sólo un par de horas . . . y el resto de los días, ¿qué?
¿cómo se le hace la pelea a eso?
¿tiene sentido pelear eso?
Supongo que a varias le ha pasado lo mismo, pasar de verse todos los días a verse una o dos veces a la semana, y más encima verse con los ojos cerrados, casi no hablar, porque la pega cansa, el jefe webea, y las cosas no son siempre como uno las quisiera.
Mi pregunta es ¿es esto distancia? No verse, no hablarse, estar separados sin poder arreglarlo, ¿afecta? ¿está bien que de pena, o lata? O ¿hay que simplemente acostumbrarse y esperar lo mejor? ¿puede esta distancia separar?
Saco el tema porque me veo en mi hora de almuerzo, sentada frente al pc, escribiendo esto, sin plata en el cel para llamarlo, y preguntándome que estará haciendo, pero con añoranza, no con rabia ni con celos.
Y como siempre me pregunto si seré solo yo la que piensa así, si solo a mí me da lata, si es justo que me de, o si me estoy quejando por gusto. . .
Veo mi fin de semana como todos los demás, cansada, y con la certeza de las horas son insuficientes, de que al final, igual, el tiempo o la falta de este se convierte en distancia.

domingo, 14 de junio de 2009

El bichito de la duda

Estamos todos de acuerdo en que, estando dentro de una relación, el acostarse con otra persona que no sea el pololo, marido o lo que sea es infidelidad, ¿cierto?

Un beso también se entiende como infidelidad. Si cualquiera de nosotras llegase a enterarse que su pareja de turno "atracó" con otra el hecho en sí se considera un quiebre, no necesariamente el término (eso depende de las circunstancias, y del aguante que una tenga, que suele ser más del que una piensa que tiene), pero sí sienta un precedente, se convierte en desconfianza difícil de ignorar, es una permanente piedra en el zapato: molesta, duele, y no se olvida.

Pero, ¿qué pasa con cosas más sutiles?

Si nos sentamos a pensar que pololo o marida no es simplemente el homosapiens de turno con quien satisfacemos nuestras necesidades sexuales sino que es una parte de la vida, un amigo, una promesa de futuro, un puerto donde refugiarnos del mal tiempo, un recuerdo constante de lo lindas que somos y mil cosas más, podemos ver que hay más que una llamada telefónica por día y un polvo de vez en cuando, ¿no?

Hay complicidad, conversaciones largas, espacios vacíos que se llenan, satisfacciones más tiernas, risas que se comparten, lágrimas que se secan, esperanzas que nacen.

Hasta ahora todo bien. Una buena relación tiene, o debería tener, todos estos elementos y muchos otros, de ahí mi pregunta peligrosa:

¿Qué pasa cuando esa complicidad se gesta en otro lado?

Entonces ¿qué hacer cuando de pronto, (por que si bien estas cosas son siempre graduales , es de golpe como nos golpean) él comienza a hablar mucho con otra?

No hay sexo (todavía), no hay besos, pero existen estas conversaciones largas y profundas, ese compartir los miedos, llorar las penas, y de pronto, el roce de una mano contra una rodilla, o un abrazo un tanto más cercano, o mensajes de texto a deshoras. ¿es esto infidelidad? ¿compartir con otro, fuera de la relación, aquello que es tan íntimo?

No hablo solo de palabras, sino de sensaciones. Es innegable que la atracción física genera mariposas en el estómago, cosa que no es amor, pero la complicidad, la intimidad, la confianza, el hablar de todo sin pudor ni pena, y mejor aún el no tener que decir nada porque la otra persona parece leernos la mente, genera otra cosa en el estómago, que no son mariposas suaves que se extinguen con el tiempo, sino un vacío que se arma como esa persona con la cual hablamos ya no está.

Después de hablar, de compartir, íntimamente, es imposible no echar de menos.

¿Qué pasa cuándo él echa de menos a alguien que no somos nosotras? Cuando hablar mucho con ella, de ella, cuando quiere verla, cuando sentimos que considera dejarnos plantadas por ir a verla, cuando corre cada vez que ella tiene un problema, cuando se sabe sus dramas, cuando la conoce, todavía no la besa pero, peor aún, la extraña y la recuerda. ¿Eso también es poner el gorro?

¿Es una forma más delicada, suele ser la antesala de la tan despiadada infidelidad, pero ¿cómo acusarla? ¿estará mal? Si tiene una amiga que es más amiga de lo que soy yo, ¿puedo llamarlo infiel?


Leonor

martes, 2 de junio de 2009

Mejor solo... ¿o bien acompañado?

Estimadas lectoras y lectores, hoy contamos con una colaboración a nuestro blog. Como de costumbre les recordamos que nos pueden enviar colaboraciones a soy.la.ex@gmail.com y son siempre bienvenidos los comentarios. ¡Esperamos que les guste!
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Escuché la palabra matrimonio y creo que por un instante me quedé momentáneamente sorda. Veía sus labios moverse pero lo único en lo que podía pensar era en qué demonios me iba a poner. Claro, el matrimonio no era mío, era de un viejo y muy querido amigo de mi aún más querido pololo. Iba a ser una de estas ceremonias pequeñas e íntimas que parecen estar de moda por estos días de crisis financiera.

El evento se llevaría a cabo en menos de un mes, tiempo de todos modos suficiente para hacer dieta y verse regia, ¿no? Y en eso estaba pensando cuando recuperé la audición y escuché de sus hermosos labios ¨y claro, como es ceremonia chica va la familia nomás". Excelente, pensé yo, la ausencia de gente potencialmente peladora es siempre bienvenida.

"Bien, entonces", le contesté. "Yo creo que me pongo el vestido gris con las botas negras, ¿no?". Y ahí se le nubló el rostro. Me miró, no dijo nada y me abrazó. Sospechoso.

"¿Qué pasa?"

"Ees que Juan me invitó a mí no más . . ."

"Obvio, si es una ceremonia chica no van a estar invitando a más gente. Va a ser lindo ver a Juan casarse . . ."

"Es que . . . no puedes ir. Me invitó a mí solo".

Y ahí se me nubló la cara a mí. Ah, va solo. Después de casi cuatro años de relación, muchísima agua bajo el puente y poquísimos eventos sociales, cuando por fin está la opción para vernos fuera de su casa o de la mía, de bailar, formar parte del recuerdo de lo que luego se convertirá en otra familia y finalmente consolidarnos como pareja delante de sus pinches amigos a los cuales prácticamente no conozco, resulta que va a ir solo.

"Ah, OK". No dije nada más. "No te enojes, no es personal contigo, lo que pasa es que no va nadie más . . . "

"Está bien, de acuerdo, que lo pases bien", la voz de bruja no me la quitaba nadie. Y el tema no se volvió a tocar hasta el famoso día del matrimonio, y la verdad es que ni siquiera esa noche en la que él se fue al matrimonio se dijo mucho. Más que nada todo el análisis acerca de la situación se llevo a cabo dentro de mi cabeza, porque mientras él estaba allá yo que quede en la casa, pensando.

¿Por qué no entiende que es importante que me lleve?

Una, después de cierto tiempo, de ciertas conversaciones, de ciertas cosas que pasan llega a pensar que lo más lógico del mundo es que cuando a él lo invitan a alguna parte esa invitación sea automáticamente doble, porque estamos pololeando hace un siglo, y porque cuando a una la invitan a algún lado a no ser de que sea una “girls night out” una va con el susodicho de turno, ¿no? En parte porque es rico salir con él, pero también porque es importante dejar establecido que una está dentro de una relación de pareja, porque es bueno que las amigas desubicadas que él siempre tiene sepan que es una la que está con él, ¿no? Y porque por último algún resabio animal queda dentro de nuestra naturaleza humana, y como no es posible orinarle encima como lo hacen los leones, el equivalente humano es salir para que el resto te vea, ¿no? Creo que no me equivoco demasiado.

El punto es que parece que ellos no lo entendieran. Pareciera que para él es menos traumático acompañarnos a la farmacia a comprar anticonceptivos que presentarnos a la familia o a los amigos. Cuesta menos prometer el cielo, la tierra y todas las estrellas o comprarnos tapsin período que aceptar públicamente que somos parte, al menos de momento de sus vidas. Y ¿por qué?, me pregunto yo.

Mientras estaba metida en la cama, calientita, viendo una película y comiendo cabritas me carcomía la rabia. Me lo imaginaba arreglado como no lo veo nunca, conversando con gente que no conozco, pasándolo la raja y tomando champagne, como si no tuviera polola, en tanto yo me quedaba en la casa, sola.

Así no se puede.

Será el eterno miedo al compromiso el motivo por el cual les es tan difícil hacer un statement social de que ya no están solteros? O la cosa pasará por mantener las opciones abiertas? O no perder el famoso espacio que tanto necesitan? No entiendo.

O a lo mejor es simplemente nosotras tenemos otras expectativas . . . son todos los hombres iguales o es que yo tengo una interminable mala suerte. Habría que estar dentro de su cabeza para comprender como es que esto, vital para mí, era una tontera para él. Del evento en cuestión han pasado varios días. Y como muchas cosas es difícil simplemente dejarlo ir y no pensar.

Y escribo aquí precisamente por eso, necesito opiniones, necesito saber si estoy absolutamente desubicada con respecto a mi drama, si estaré exagerando, o si lo que ocurre es que no le importo lo suficiente como para que me presente a sus amigos o si la cosa es tan sencilla como que el sexo opuesto no entiende lo que una con tanto amor le trata de explicar.

Ahora, una vez la rabia se ha marchado, al menos en parte, quedan los cuestionamientos inconclusos. Y las preguntas. ¿Irá a pasar esto de nuevo? ¿La próxima vez que alguien lo invite a algún lado y le digan que vaya solo pasará por su cabeza el hecho de que estamos pololeando y lo políticamente correcto es que lleve a la polola?

Ah, y se supone que nosotras somos las complicadas.


Leonor


 
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