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miércoles, 28 de abril de 2010

Gracias a mi Ex Pololo

Nosotras somos todas ex de alguien, y desde la vereda de la ex se entiende, o se trata de entender, el mantener el contacto con el ex, con la esperanza de volver con él o tal vez de joderle un poco la vida en una delicada venganza por lo todo lo que ese hi . . . de pu . . mal parido nos sufrir, pero ¿qué pasa cuándo una no es la ex de la historia, si no la actual, y es la ex de él la que aparece a joder la pita?

Y . . . Depende. Depende de qué tan seguro está él de que terminar con la flaca en cuestión fue buena idea, depende de qué tan segura estés tú de tu relación con él, que tan segura seas tú por la vida, y qué tanto y cómo jorobe la chica en cuestión.

Como uds me imagino recuerdan, estoy felizmente pololeando con Alejandro, vamos a cumplir 5 meses (oooh que ternura) y tema definitivamente da para largo, y estamos los dos felices esperando la oportunidad de comer lombrices y perdices y demases.

Cuando empezamos yo llevaba dos meses soltera y él dos semanas.

Mi ex no era tema (más allá de los traumas que me dejó, Alejandro ha esperado pacientemente que solucione) pero la de él sí.

Esta muchacha, Ana, mayor que yo, con trabajo, imagino que con un título, departamento para ella sola y demases (cosas que este minuto yo al menos no tengo porque estoy viviendo aún la maravilla de ser mantenida por los viejos mientras una estudia) daría la ligera sensación que es una mujer hecha y derecha, capaz de mirar a Alejandro a los ojos y entender que si él la pateó dos veces es porque no pretende querer patearla una tercera.

Pero no.

Esta chica sabe, le consta que nosotros estamos juntos. Y más encima bastante contentos. Y sin embargo no tuvo ningún empacho en declararle su amor y recomendarle que reconsiderara el volver con ella. Cueck.

Y eso no es nada.

Cuando llevábamos un par de semanas juntos esta flaca lo llamaba, pero incansablemente, así como una llama para intentar joder la vida. Lo llamaba a la casa, al cel, inventaba motivos para verlo, me atrevo a decir que en más de algún momento simuló lágrimas con la esperanza de que Alejandro fuera que sea a darle un abrazo de lástima.

Llamaba tanto que interrumpía, molestaba, cosa que imagino ella pretendía.

Pasó un poco de tiempo y la chica ahora lo mira en la oficina, le hace ojitos, le pregunta pavadas, etc, etc.

Yo me entero de todo esto porque Alejandro me cuenta.

A la pobre chica la he visto sólo una vez, y para mala raja de ambas cuando nos la encontramos en el super yo estaba con ataque de risa porque se habían quebrado los huevos. Y la saludé cagada de la risa, y me miró aún más feo, cosa que entiendo.

Yo no estoy celosa ni nada eso, tengo claro que Ale terminó con ella con motivos fehacientes y que no han cambiado, encima los dos estamos bastante bien, entonces eso no me preocupa, y considerando que Dios me bendijo con un hombre bastante posesivo que entiendo eso de que molesta que te pellizquen la uva mantiene bastante distancia con la flaca para evitar pajas, pero ¿hasta cuándo?

Ambos llevan tres veces más tiempo terminados del que lograron estar juntos, y esta negra sigue con el show.

Entiendo que molesta que te pateen, molesta más ver que el weon se mete con una mina de cual te habló, que tú conocías teóricamente hablando y de que probablemente echaste pestes, entiendo que cabrea la wea, sobretodo cuando te das cuenta de que terminaron por cosas que si tú hubieses manejado mejor no habrían desembocado en un quiebre, pero weon, insisto, basta.

Hay un límite.

Las compañera de oficina de Alejandro le han mencionado los distintos eventos que esta chica provoca para llamar su atención (porque él, como hombre que es, se da cuenta de menos de la mitad), y han hablado de nuestros planes y ella ha escuchado, pero sigue con la macana, como si no tuviera nada más con qué entretenerse, como si la relación que ellos tuvieron hubiese sido de esas largas, intensas, eternas, que te cambian la vida y que te dejan con gusto a poco.

Flaca, cánsate.

Igualmente, doy gracias por su existencia en la vida de Ale, nos hico bien, a los dos.

Le permitió a él darse cuenta de cosas que no hay que hacer y entonces no comete los mismos errores conmigo, qué maravilla, y me ahorra a mí ver teleseries venezolanas para entretenerme, pero ¿hasta cuándo?

Todas, de una manera o en otra, hemos estado en sus zapatos, sabemos lo que duele, no hemos sabido decir basta en el momento en que razón grita que cortemos el webeo porque más allá de jorobar no estamos consiguiendo nada excepto dejar establecido lo pendejas que podemos llegar a ser.

Pienso que uno webea hasta que se le quiten las ganas, hasta que ya no te nace.

Si te metiste a Facebook una vez para verle el muro lo vas a seguir haciendo hasta que algo más llame tu atención y se te olvide. Lo mismo si le revisaste el mail una vez o si trataste de hablar con un amigo en común para recabar información.

Esas cosas, esos psicopateos para los cuales se presta la tecnología pueden medianamente eternos si no tenemos ninguna serie de televisión buena que ver, si no tenemos algo sobre lo que escribir, pintar o esculpir o si no tenemos algún otro macho por el cual desvivirnos.

Y normalmente no llegan a nada bueno, al menos para nosotras.

¿Alguna de ustedes ha logrado volver con el ex a punta de acosarlo sutilmente?

A mí por lo menos, cuando lo intenté, no me resultó. Terminé recordándole porqué habíamos terminado en primer lugar, lo que en este caso, es bueno para mí.

Alejandro me mira y me dice “Ana otra vez me llamó” con cara de estar agotado.

Y este momento es que le tengo que dar gracias a Ana, gracias por haberlo jorobado tanto cuando estaban juntos que él optó por terminar con ella y no dudó en empezar conmigo, gracias por seguir webiándolo tanto que él se aburre y prefiere mirarme a mí que no lo webeo, gracias por haber metido la pata con él, tanto que aprendió cómo no meterla conmigo, y gracias, en definitiva, por su actitud ahora, que le confirma que terminar fue una buena decisión.

Gracias Ana. En serio.

Chicas, no sean como ella. Al menos traten.

Porque por cada Ana del mundo, jorobando al ex que ya reinició su vida, hay una Leonor besando sus labios y sonriendo, segura de que él no la va a dejar por ella.

Leonor

martes, 13 de abril de 2010

Maldito Internet, maldito celular

Levante la mano, pero poquito pa’ que no se note mucho, quien le ha revisado al pololo o al ex, en algún momento de su vida que pareció pertinente, el Facebook, el celular, el mail, el Twitter, el PC, o la wea que sea.

Uy, somos varias.

Ahora levante la mano quién se sabe de memoria las claves del macho en cuestión, entiéndase claves de mail, del cel, cel blackberry, de facebook, del cajero, qué se yo, cualquiera.

Ahora cuéntenme, ¿cómo llegaron a esa información? ¿fueron regaladas con esa confianza, es decir, el pololo les dijo amor esta es mi clave? ¿o por motivos circunstanciales? Es decir, él estaba cagando en el baño y no podía perder esa llamada les pidió “mi vida, contéstame el cel, la clave es tanto” o “métete a mi mail por fa y dime si me mandaron el mail del nuevo trabajo al que estoy postulando”? O ¿fue un proceso de seguimiento? ¿de mirar bien cómo movía los dedos cuando digitaba las claves sobre el teclado, de poner alguna wea en el PC de esas que recuerdan los sitios donde se navegó o un manejo de informática más allá de los común que permitió hackear alguna cosa?

Ay, cuidado.

Meterse en eso es complejo.

Debería calificar de droga dura y ser ilegal (aunque capaz que eso lo hiciera más apetecible), por uno empieza, inocentemente, y no sabe donde para.

Yo a toda costa lo evito.

Cuando suena el cel de Ale se lo paso, amor, te está sonando el celu, contesta. Ni siquiera miro quién lo está llamando (eso no quita que después de sapa le pregunte y me entere igual).

Les cuento porqué.

Cuando todavía tenía los ojos vendados con amor e inmadurez y estaba en la época dura prequiebre de mi relación con José una vez, una sola, le revisé el celular.

¡Qué feo, Leonor, deberías quemarte en el infierno por semejante pecado! Lo sé, pero la curiosidad y la certeza de que el muy mal parido me estaba gorreando en mi cara con una amiga suya y conocida mía que buscaba incansablemente un padre para su hija pudo más.

Recuerdo que estábamos tirados en la cama viendo tele, sin pelear, y yo estaba disfrutando a concho ese momento que tanto se parecía a la época en que estábamos bien, cuando la naturaleza llamó y el fue al baño. Acto seguido, en el minuto es que escucho el pestillo en la puerta, le llega un mensaje.

El Nokia brillaba seductor sobre la mesa.

"Leoonooooor, veeeen" me decía el aparatejo de mierda.

Lo ignoré, pero sonó de nuevo.

Dos mensajes al hilo.

Wow.

José seguía en el baño. Y a riesgo de que me pillara y me pegara con el mismo teléfono lo tomé con mis manos temblorosas y apreté el maldito botón del medio.

“Necesito urgente hablar contigo, de verdad, me siento solita, nos vemos más tarde, tu pequeña” Por supuesto estoy parafraseando, el SMS pero era una cosa así. El segundo era una versión un poco más intensa del primero: “La niña sigue media enferma, me acompañas al médico? Por favor, no quiero hacer esto sola, un beso, tu pequeña”

Ay, no.

Este conchadesumadre (perdonen mi francés) se está pisando a esa weoncita de mierda que quedó preñada por no saber contar los días en que tenía que empezar a tomarse la dichosa pastilla. Hijo de puta. Desgraciado. Etc. Etc.

Me quedé plop.

Debo reconocer que lo más me calentó fue que la mina firmara como “tu pequeña” cuando hasta ese momento oficialmente la fucking pequeña de ese troglodita mal parido era yo.

Hijo de puta.

Debí haber puesto el hervidor pa’ tirarle agua en las partes nobles apenas saliera del baño. Por maricón.

“¿Y ahora qué mierda hago?” pensé. Lo primero era borrar los mensajes para que no se diera cuenta de los había leído. Lo segundo dejar el teléfono donde estaba, meterme en la cama de nuevo, ver tele, hacer la boluda, y tratar de que mi cara tuviera el mismo color de siempre.

Me temblaban las manos, pero ahora de rabia.

José volvió, y como en esa época ya estábamos teniendo problemas ni me miró y se acostó al lado, haciéndome cariño en el pelo, el muy infeliz.

Yo trataba de adivinar cuándo y dónde se habrían acostado, cuándo había empezado el tema, y mil cosas más.

Y lo más charcha era no decir nada, porque si decía cualquier cosa él se iba escudar en el tema de que yo había violado su consagrada privacidad. Son muy cara e’ raja.

Al final, como tantas otras veces, me guardé la mierda.

Discusiones y gritos más tarde me entero, supuestamente, de que nunca pasó nada entre ellos, cosa que a estas alturas del partido medio me da lo mismo, pero ese no es el tema.

El tema es mi cara, el apretón en mi guata cuando leo aquello.

Mi stress, mi mente dando vueltas, pensando, cuestionándose, qué hice mal yo, qué mierda pasó.
Después de que terminamos la tortura continuó vía facebook. Era una maldita adicción.

Internet se convirtió en un sitio hostil donde cada página me recordaba a esta excusa de ser humano, cada vez que abría la wea me quedaba mirando como weona su pinche muro, esperando que alguna peuca le pusiera alguna wea, viendo como se cambiaba el estado, como sus amigos lo apoyaban, como se ponía “soltero” y las amigas que siempre me odiaron ponían “me gusta”, como de pronto todo el mundo lo invitaba a salir.

Qué wea más terrible.

Finalmente lo borré.

Pero el cuento no terminó ahí, oh no, porque una amiga mía lo tenía en Facebook también, entonces ella me ponía al día, me dejaba meterme con su clave pa revisar el muro de él, para enterarme de todo lo que él publicara para que todos vieran.

Y por favor basta, basta con la psicosis, basta con la pendejada, basta, basta, basta.

Eventualmente a punta de cigarros y fuerza de voluntad corté con la wea.

Y nunca más lo quiero retomar.

Ahora no me sé ninguna clave de Ale (de todos modos nunca me supe las de José), me autoimpuse una barrera de fuerza alrededor de sus bolsillos, su billetera, su PC, su teléfono y todas sus weas.

Confío en él, en serio, podría las manos al fuego porque Ale no me engañaría ni cosa por el estilo, pero no quiero nunca más pasarme rollos por un SMS que puede ser cierto y justificar mi pelá de cable o puede no serlo y solamente dañar lo que hay de bueno.

Meterse en esas cosas del pololo hace mal. Moral aparte, hace muy mal. Porque una se envicia, no puede vivir tranquila, no duerme anda pendiente, se pasa rollos, inventa weas, puede que le achunte, puede que no, pero ¿vale la pena pensar tanta wea junta?

Es como echarse mierda con ventilador, pero a una misma, sin ayuda de nadie.

No, no más.

A veces, la gran mayoría, la ignorancia es bendita.

Leonor

domingo, 14 de marzo de 2010

El Perro Arrepentido

Querido público, tenemos el agrado de dejar con ustedes una nueva colaboración de una Ex que quiso compartir con nosotras su historia. Esperamos que ustedes la disfruten tanto como nosotras, y dejen sus comentarios para nuestra querida Gaviota.
Y recuerden que siempre podrán enviarnos sus historias a soy.la.ex@gmail.com

________

Mis estimadas, acabo de ingresar a este mundillo y espero que cada cosa escrita sea entretenida para todas y refleje de cierta manera las vivencias de muchas.

No puedo dar mi nombre real por que tengo amigas que siguen fielmente el blog y la verdad es que no quiero que mi fachada de niña “ya está superado” se desplome y me digan “te lo dije”.

Pues bien, estuve poco más de un año con el señor “Difunto”. Cuando nos conocimos (en un lugar de dispersión juvenil llamado discotheque) no me gusto para nada: era el típico mino feo, medio nerd, y mal vestido. Yo, para mi desgracia, soy la típica mina que les gustan, la más o menos bonita (para no tirarme muchas flores), inalcanzable para ellos, etc… pues bueno, después de más de una hora molestando accedí a bailar con el susodicho, y como el lolo era simpático, seguimos viéndonos.

La cosa, para resumir un poco, es que nos pusimos a pololear. Al principio todo era lindo: me llamaba por horas todas las noches y teníamos tema para conversar de todo, para qué hablar de las salidas, todo era bueno…y ya acercándose el primer aniversario, el lolo como que me guateó.

Según él, que yo lo absorbía mucho!!! ¿Cómo?, “pero si no tengo ni tiempo para mí con la pega y los estudios!!!” Kuek…Terminamos, luego volvimos y, como dos meses después… Plop!!! El lolo estaba de nuevo confundido!!: Que una chica de la que él estuvo enamorado lo buscó y cómo iba a quedarse ahí sin saber qué podía pasar si se la juega por ella… y yo con el corazón destrozado, sabiendo que el mino más feo del planeta me dejará por una mina más fea que él…

El ego, el autoestima, por el suelo.. y lo peor de todo es que él me dejo… siempre pensé que sería yo!!!! En fin….Han pasado 6 meses del fatídico suceso, del que aún no me recupero del todo, y zas!! En diciembre “Difunto” me llamó, después de una serie de llamadas mías que le dejaba perdidas, y mensajes que le mandé equivocadamente a su celular y que siempre respondía de mala gana para decir que no era mi amiga a la que estaba buscando en un estado medio etílico…

"Difunto" me llamó con la excusa de querer saber cómo había terminado el año, si había terminado la carrera y si había encontrado práctica laboral, muy en buena onda….”Oye pero hay tanto que contarse, podríamos juntarnos a comer sushi, acuérdate que te la debo”…”Pucha, lo siento, ando súper ocupada, pero para la otra”… Nada de ex civilizada, no va conmigo.

Han pasado dos meses desde entonces y ahora el lolo apareció con regalos... “buenos regalos”, los cuales le tire por el rostro, por orgullo… llamadas, correos…Accedí a reunirme con él para conversar, decirle que me tenía que conquistar de nuevo y que me diera tiempo… pero después me arrepentí… Y ahora llama y llama!!! Cómo no entiende que si no contesto es por que no quiero hablarle!!.

Opté por cambiar el celular, pero como era una relación seria tiene el número de mi casa, y llama y corta cuando contesta otra persona… Ahora me pregunto, ¿por qué siempre vuelven como perros arrepentidos, diciéndote que te aman, que te quieren?... Todo lo que quisiste escuchar durante el pololeo, pero de lo que se dan cuenta después, probablemente cuando la otra Yegua no los pescó, y ya no es admirable ese algo que pudiste conseguir de esa relación…

Kuek… pa' el “Difunto”, y para todos los perros arrepentidos que existen…

Gaviota

lunes, 11 de enero de 2010

La confusión NO existe

Nadie está confundido por 6 meses. Es más, nadie está confundido por más de 5 minutos. Nadie no sabe lo que quiere. Siempre hay una parte de uno, aunque sea la caliente y animal, que apunta, literalmente, a lo que desea.

Es un hecho inevitable de la vida.

Entonces, ¿por qué la falta de bolas para decir las cosas?

Uh, que feo que suena eso, pero parece que están de moda los hombres mudos selectivos. Y de verdad no lo entiendo. ¿Por qué piensan que un “estoy confundido, no sé, pero igual creo que te quiero” hace menos daño que un “no te amo, terminemos”?

Este afán de generar falsas expectativas, de dejar que una se enrolle, ¿les alimenta el ego? ¿es eso? ¿o es que cuando no hay nada en la televisión tiene su gracia y su encanto ver cómo la mina a la que le prometieron el oro y el moro ahora llora de dolor, los mira con los ojos llenos de lágrimas afirmándose con uñas y dientes al borde del abismo por el cual no quiere caer pensando una tontera tan grande como que su amor es suficiente para los dos?

Eso es una falta de respeto, por decirlo menos.

Y no creo que exista justificación alguna.

No faltan los que inventan tonteras del estilo “me preocupa lo que va a ser de ti sin mí”, como si una de verdad estuviera afirmada por el lado de afuera del balcón a lo Rose en Titanic, a punto de soltarse en el instante en que él se vire, porque claro, cómo es posible que siquiera intentemos vivir sin él.

Impresiona la dualidad del tema: por un lado, son gallinas, porque no tienen las bolas para decir las cosas por su nombre, y por otro lado, literalmente se creen el tarro con más duraznos y está seguro de que moriremos si nos sueltan la mano.

¿Cómo es posible que el tarro con más duraznos sea una nena de pecho que en vez de decir la verdad guarda silencio e incluso derrama un par de lágrimas con ojos de cocodrilo al ser encarado?

Este afán de tirar las cosas por la tangente, de hacerse los ofendidos, de no decir la verdad, de esconder detrás de más gente, de disfrazarse con omisiones, y mentiras, ¿para qué?

Pura cobardía.

Increíble. Muchas mujeres son, somos, más hombres que la mayoría de ellos.

Ahora, es cierto, es parte culpa nuestra por no soltar al primer indicio, por pensar que se les va a pasar la tontera, pero de modos, ¿es necesario darnos cuerda?

Leonor

lunes, 28 de diciembre de 2009

La flauta

Como bien saben ustedes, queridos míos, mi relación previa terminó abruptamente (para mí, porque el muy desgraciado lo tenia pensado de hace meses, pero en su más profundo silencio) hace unos meses atrás.

Sí, fue un momento difícil, pero después de tantas cosas difíciles que me han tocado vivir, esta cuestión, pasada la primera impresión tenía pinta de ser un chiste mal contado. El tema es que vi a mi ex una sola vez después de que terminamos, tuvimos un par de llamadas telefónicas, pero en definitiva lo borré de Facebook y también de mi vida, junto con buena parte de sus amigos, y todo bien.

Excelente, de hecho.

Pero (el eterno pero) nunca pasamos por el proceso de devolverse las cosas.

Más que nada porque él trató de devolverme todas las mías cuando aún estábamos pololeando, cosa que no le acepté en su minuto porque lo encontré una mariconada de mala clase, y esa vez que nos vimos ninguno de los dos atinó a llevarlas. Y el tema quedó ahí.

Y bueno, han pasado los días, y quiero mi flauta de vuelta. Preferentemente ahora.

Entonces, pensando que un universitario de 26 años tiene cierto nivel de madurez, tal vez incluso superior al mío debido a la diferencia de los años, le mandé un mensaje al cel. Gasté $50 pesos enteros en mandarle el mensaje. Y le pedí que me dijera cuándo podía ir a buscar la flauta y mis libros a su casa.

Y ¿pueden creer que no me contestó?

Nada, ni pío.

Bueno, otro mensaje, pero por Facebook porque no iba a seguir gastando plata.

Y nada tampoco.

Lo llamé. No me contestó. Le hablé por msn, le mandé un mail, le mandé el recado con la hermana, incluso llamé a su viejo que tampoco me contestó (ahí me di cuenta de donde aprendió lo roto), le pedí ayuda a un amigo en común pero nada.

Parece que cuando terminamos este weon se quedó mudo y manco, porque no le daba ni siquiera para responder por texto.

Pasó un mes así. Entonces se me prendió la ampolleta. Ah, pensé, él no me contesta porque cree que quiero verlo para convencerlo de que volvamos. Puede ser ¿no? Entonces le mandé otro mensaje que decía yo ni siquiera quería verlo, es más, que ojala que no nos viéramos porque nada estaba (y está) más lejos de mis intenciones que volver con él y todos sus atados, pero sí quería mis cosas de vuelta.

Más silencio.

Ahí ya me entré a calentar, porque hay un mínimo de protocolo social para este tipo de cosas. Esa wea de andar haciendo la desconocida en la calle me carga. Pero no importa, dentro de todo su actitud no me sorprendió.

Resolví entonces pasar simplemente por su casa cuando pudiera y recoger mis cosas, con la esperanza de que me abrieran cuando fuera.

Entremedio de todo esto, como también saben, me puse a pololear y bueno, el mundo es sumamente chico y de la nada llegó la hermana de mi ex preguntándome cómo estaba, entonces, como soy buena persona, cuando vi a mi ex en msn le dije, con harta delicadeza, que yo estaba con otra persona, y que solamente quería mis cosas de vuelta. Nada más.

Y obvio, ahí menos me contestó.

Pasaron los días, y de pronto aparece el perla diciéndome que me puede ir a dejar a las cosas a la casa, que le diga cuándo. Pero el problema es que nunca estoy en mi casa, cosa que él sabe. Le recordé lo obvio, es más fácil que yo vaya a su casa. Y la respuesta me impactó: “perfecto, te mando la flauta por correo, TNT lo más probable”.

¿Qué onda la mala onda?

No supe si reír, enojarme, o llorar.

Al final me reí, le recordé que si él no me iba a encontrar en la casa el pobre desgraciado de TNT que fuera tampoco me iba a encontrar y más encima se iba a asustar con el tremendo perro que tenemos ahora.

Y otra vez silencio.

Me encantaría saber por qué.

Cuando terminamos yo me retiré lo más digna que pude, sin show, sin escándalo, sin más llanto del necesario, sin injurias ni nada. No me metí a su correo ni le revisé las cosas ni nada, por lo que creo que no me merezco que se ponga tan arisco.

Me pregunto qué hacen los hombres con las cosas de la ex cuando terminan.

Porque nosotras primero tomamos el chaleco olvidado debajo de la cama que todavía tiene algo de su perfume y lo usamos para limpiarnos las lágrimas antes de pasar por los distintos estados del duelo y limpiarnos otra cosa con el elemento en cuestión. Eventualmente las cosas terminan en una bolsa dentro del closet, donde mis ojos no las vean, para que no entorpezcan el proceso de superación, y después se devuelven. O incluso se botan. Así de simple.

Pero si el ex llama porque las quiere de vuelta una hace una pelotita con la bolsa para poder hacerle puntería con más eficiencia cuando llegue a buscarla, o se la entregamos en la mano, o algo, pero no guardamos silencio, cierto?. Eso es feo.

Ahora no sé qué hacer. Conociéndolo es capaz de mandarme la flauta por correo.

Pero insisto, me encantaría saber por qué tanta acidez innecesaria, si el agua que tenía que pasar por debajo del puente ya pasó, ambos superamos todo, ahora sólo nos une la custodia compartida de una flauta que, insisto, quiero de vuelta. Ahora.

Leonor

viernes, 18 de diciembre de 2009

El perro que le ladre

Hay féminas que definitivamente se ponen muy insoportables cuando se consiguen un perro que les ladre.

Me ha tocado ser amiga de un par, que son muy lindas y amorosas cuando están solteras, se portan decentemente mientras están pasándola mal en una relación (suelen buscarse malos prospectos, para más remate), pero apenas están en inicios de amoríos, es mejor que te olvides de su amistad por un buen tiempo porque simplemente borran todo lo demás de su vida y hacen de su nuevo príncipe el centro y razón de absolutamente todo lo que está sobre la tierra y bajo los cielos.

Entonces, afírmate si quieres tratar de mantener el contacto con ella.

Son de las que se pierden durante meses, te dejan plantada a último minuto porque de pronto llegó su nuevo 'algo' y se olvidó que tenía una cita contigo, o peor: llegan con él a última hora a esa junta en que se iban a poner al día, esa junta para ir a vitrinear, ese cumpleaños de sólo amistades sin acompañamiento, esa junta a la que fuiste como un estropajo o a esa comida en casa en que tienes todo patas para arriba porque sólo te permites que te vean así tus amigui-amigui... y más encima pretende que le des el visto bueno así de la nada, cuando estás con una cara de tres metros por la intrusión.

Son de las que no entienden que hay veces en que quieres verla por separado, y que más adelante, cuando tengas una idea de para dónde va la cosa (dónde se conocieron, qué hace, qué tan seria es la relación, qué pasó con su último ex... preguntas para orientarse en el mapa sentimental de la otra), y de las que probablemente ni siquiera tienen idea de cuáles son esas respuestas, y que buscan que el resto 'apruebe' su última adquisición para sentir que no metió la pata al meterse con cualquiera... 'porque me miró lindo' o 'es simpático'.

Son de las que, cuando tengas la SUERTE de pillártelas por ahí (porque, entiende, no se juntarán premeditadamente), no pararán de hablar de él: de que es tan lindo, tan dedicado, tan aquí, tan allá, salimos a tal parte y según Cosmo es mi alma gemela, que como es capricornio y yo soy aries blabláblablá... como si en realidad trataran de autoconvencerse más que de convencerte a ti de su buenísima elección.

Son de las que, si les dices que en realidad te cayó como la salmonella (u otro bicho que provoque severas enfermedades estomacales) su nuevo 'amigo' y que no quieres que lo lleve a tu próxima junta, entonces simplemente 'no tienen tiempo' y se van con el tipo, que obviamente les dice 'o ella (es decir yo) o yo (es decir él)', y las tontas aceptan pese a que su gran amor les aburre como ostra porque EN REALIDAD NO ES SU TIPO... pero no quieren admitir que, otra vez, se equivocaron.

Son de las que, luego de aguantar mucho, luego de ser maltratadas hasta, luego de sacarse la venda y ver a su Homero Simpson como el hombre simple y sin horizontes que es, llegan corriendo de vuelta a llorarte los males que tuvieron que sufrir, y tú, con cara de 'te lo dije', tienes que soportar con paciencia de santa que te diga, como si fuera descubrimiento de ella, que el muy infeliz no la dejaba ver a sus amigos y que no podía ir sola a ninguna parte, y que te juro, amiga del alma, que nunca más...

Hay algunas que nunca entienden y que pronto terminan por copar la paciencia, y terminan borradas de las listas navideñas, cumpleañeras, y te acuerdas de ellas cuando Facebook te dice que hace tiempo no interactúas con ellas.

Hay otras que logran entender que tienen un comportamiento compulsivo y simplemente tratan de molestar lo menos posible, y que cuando te ven chata y ven que, pese a todo lo que te hablan del susodicho, eres incapaz de retener su nombre, simplemente se dan por vencidas y tratan de luchar contra su instinto de 'mi vida tiene que girar en torno a él y nadie más'.

Y hay otras que terminan por rehabilitarse, y sinceramente me saco el sombrero ante ellas, porque sólo ellas saben aguantarse las miradas y gestos de excepticismo de sus amistades cuando mencionan al novio, el que al fin eligieron por algo más que un simple 'no quiero estar sola' y un 'parece que le gusto'.

Y eso que dicen que perro que ladra no muerde.


Señorita Gruñona

domingo, 8 de noviembre de 2009

Yo, la Sicópata

Sí, lo reconozco. Sin tapujos, ni problemas. Yo soy la Ex problemática, que persigue, acosa, llama, busca y no deja nunca tranquilo al pobre ex novio. Soy la sicópata, la psycho, la peor pesadilla de cualquier mujer. Sé usar Google a la perfección y las redes sociales (Facebook y Twitter) no han hecho sino aumentar mi habilidad para conseguir información y puedo dar con números de teléfono, emails, direcciones y hasta RUT en cuestión de minutos. Saco conclusiones con una rapidez escabrosa y puedo pasar meses rogando, suplicando y arrastrándome por otra oportunidad. Pero no siempre fue así.

Una Psycho no nace, se hace. Hay ciertos defectos que si no son asumidos a tiempo, darán paso al nacimiento de una Sicópata. Principalmente, la inseguridad. Con uno misma, hacia los demás, hacia el mundo. Todos parecen mejor que tú y si alguien se fija en ti, tienes que pegarte con una piedra en el pecho.

Entonces, ocurre lo imposible: alguien te encuentra, te enamora, te hace vivir aquellos sueños y sensaciones que pensabas estabas destinada a vivir sólo en tus sueños o en películas. Eres feliz, te entregas sin tregua, planeas una vida completa con la otra persona. Hasta que se acaba. Y no es la ruptura en sí, sino la razón de la ruptura. Te engañaron, te mintieron. Traición. Incluso puede ser que hayas sido tú la que haya decidido terminar. Either way, el mundo se te viene abajo.

Y llegan las preguntas. De a poco, casi sin sentirlas. Quieres morir, saber qué hiciste mal, por qué te dejaron por otra, por qué hubo otras si te amaban tanto. Luego, al no dar con la respuesta miras hacia fuera. Y empieza el acoso.

Primero sin querer. Llamadas de la nada “Sólo para saber cómo estás, ¿qué cuentas, querido? Tanto tiempo...”. Después, empiezas a desarmar y rearmar fechas, situaciones, rostros, nombres. Y cuando empezaste a averiguar, a tener frutos de tu arduo trabajo es simplemente demasiado bueno para dejarlo. Sicopatear es una droga dura. Por eso no todos pueden, ni aguantan.

Con la aparición de los blogs y Google y Facebook y todas esas cosas, el sicopateo puede llegar a niveles increíbles. Con un par de búsquedas bien hechas, ya no sólo tienes conclusiones comprobables sólo en tu cabeza, sino información dura: comentarios sospechosos, mensajes en el muro, fotos, amigos en común, evidencia.

Pero detrás de toda sicópata (aparte de un hombre que nos cagó la siquis de por vida), está el lado que nadie quiere ver ni asumir: uno no sicopatea por gusto, sino por obligación. Porque las cosas nunca quedaron claras, por el puto “termino contigo porque no sé lo que siento”. Porque las cosas en la relación nunca quedaron claras, porque siempre hubo dudas y rincones oscuros que el otro se negó a explicar. Y esa es una semilla que nutrida por la inseguridad, la duda y el temor al abandono puede crecer y crear un monstruo. Como yo.

Sólo pido un poco más de respeto y menos lástima por la raza Psycho. Tenemos sentimientos, igual que los demás. Alguna vez tuvimos corazón, igual que los demás. Sólo que alguna vez lo hicieron tan mierda que nunca mejoró como correspondía. Somos un Frankenstein emocional, un fantasma de una persona alguna vez feliz, normal.

El problema es nuestra perversa visión del amor. El amor que una siente por el otro debería ser suficiente para superar cualquier obstáculo. Pero muchas veces no lo es. Y para algunas, eso simplemente no puede ocurrir.
Juana La Loca

viernes, 23 de octubre de 2009

Punto de quiebre

De pronto, los días comienzan a ser más largos, hay más luz, un viento que disipa las nubes grises del invierno y nuestros sentidos nos dicen que hay que despertar... ahí está la primavera, con sus pajaritos cantando, sus mariposas volando y sus árboles florecidos, digno de una película cualquiera de Princesas de Disney. ¿No es bello?

Pues para mí no. Detesto, detesto la primavera. No sólo por las alergias que hacen que lamente verme cada mañana al espejo con los ojos hinchados, la nariz roja y sarpullido en la piel. No sólo porque me moleste el cambio de luz y pase dos meses con jaqueca, ni porque tengo que crear toda una estrategia de defensa contra los bichos voladores chicos, que me atacan impulsados por el viento. No sólo porque me da asco la 'florecencia' de la cursilería en todas partes, la gente apareándose por ahí irracionalmente, sin control alguno de sus hormonas, qué repugnante!

Parejas besándose sonoramente en el metro, toqueteándose... me dan ganas de ir a darles las gracias por hacer que el precio de mis pastillas suba cada año, con los farmacéuticos sobándose las manos por los ingresos extra que les significan esta manga de... personas afectadas por la fiebre primaveral.

Pues no, todo eso lo detesto, pero una de las razones principales de mi profundo odio hacia esta estación es que siempre termino en primavera, 'la estación del amooors´.

No sé por qué razón, entre septiembre y noviembre mis relaciones peligran. Hay quiénes creen que todos pasamos por las "crisis de los 3 meses", la "crisis del primer año", la "crisis del año y medio" y así un largo etcétera. Otros dicen que si una relación sobrevive a las temibles "vacaciones de verano" o "de invierno" es algo que va en serio. Como si la gente se demorara una cantidad de tiempo exacta en 'notar' las desaveniencias o fuera incapaz de soportar la llamada 'viudez de verano' -Aunque esto último es posible, tomando en cuenta el comportamiento hormonal de algunos-.

La verdad, no sé si para alguien se cumplan estas reglas, lo que sí sé es que la primavera ha resultado ser fatal para mis experiencias amorosas.

Es como si en esta época estuviera más predispuesta a estar chata y decir "Pta, si no se la juega él, entonces esto no va para ninguna parte". Es la época en que suceden las grandes peleas, los "tenemos que hablar", los "trataré de cambiar" y los "démonos un tiempo".

¿Seré yo? De pronto veo que hay algo: una actitud, una situación que no me gusta, y la converso, la trato de solucionar, ser colaboradora, participativa, buena onda... pero nada, vuelvo a mirar y sigue ahí, como burlándose de mí.

En septiembre noté que A era un egoísta que sólo pensaba en su carrera. En octubre terminé con R después que su manía de coquetear con una de sus amigas sobrepasara el límite de mi paciencia. En noviembre murió mi idilio con J, muy apuesto pero incapaz de juntar 3 frases coherentemente. Y de nuevo en octubre, paso por mi crisis eterna primaveral, esta vez porque encuentro que mi galán es un poco tosco y rudo a veces para expresar lo que le molesta.

Supongo que está bien decir que una tiene sus límites y que hay cosas que jamás dejará pasar, yo por ejemplo me dije mucho tiempo atrás que jamás estaré con un hombre violento, irresponsable, infiel y ególatra (basta que cumpla sólo una de estas condiciones para que no vuelva a ver mi sombra). El problema es que, al ser tan fiel a mí misma, apenas veo cualquier atisbo de problemas salgo huyendo por la puerta más cercana, tratando de no mirar atrás para no volverme sal.

Ahora, con un poco más de experiencia en el cuerpo, estoy cansada de correr y refugiarme. Estoy cansada de perder. Miro parejas que llevan 30, 40 años de casados, y son capaces de quererse y amarse como si nada. O como si mucho, porque me imagino que deben haber pasado por problemas y que, contrariamente a lo que yo hago, los deben haber resuelto.

Pero ¿cómo se logra eso, Dios mío? Vez tras vez me he topado con personas tan o más testarudas que yo, que les cuesta confiar y sobre todo ceder. O que te dicen "Está bien, lo hago" y lo dejan para más rato, con la esperanza infantil de que se te olvide. ¿Alguien ha visto que eso alguna vez funcione? ¿En la vida real?

Ah... Yo sólo quiero encontrar un gran amor, como los de antes.

Liss

martes, 29 de septiembre de 2009

La Mala Ex

En esta entrada quisiera realizar una auto-crítica y una confesión. Soy una mala ex.

Si bien creo que puedo ser una buena pareja y polola, no soy una buena ex, de hecho, temo ser la ex que es la pesadilla de todo hombre. No siempre, claramente. Pero en las relaciones más significativas que he tenido, me ha costado mucho dejar atrás y creo que eso en un par de ocasiones me ha convertido en una pésima ex.

No perdono. No olvido. No quiero romper el vínculo. Sigo necesitando hablar con él después de que terminamos y me cuesta romper con la costumbre de contarle mis cosas y mis días. Lo quiero ver. Lo amo. Luego lo odio cuando me doy cuenta que no vamos a volver. En resumen, soy un desastre.

Creo que demás está decir que estas cosas no pasan cuando la relación la termino yo. Ha pasado en esos "mutuos acuerdos" de que las cosas están realmente podridas o cuando de frentón me han pateado.

Quisiera decir que he cambiado. Que ahora soy mucho más madura. Que no los persigo, que no me obsesiono con si habrán seguido adelante con sus vidas y tienen una nueva novia. Que no los resiento por meses y meses por el daño que me hicieron o lo mal que alguno me trató. Que apenas terminamos los borro de msn/facebook/memoria del celular, no los molesto ni los busco más, hasta que eventualmente perdono (si corresponde), dejo atrás y les deseo lo mejor. Y creo que he crecido un poco, sí y que antes cometí errores que no he vuelto a repetir. Pero no sé hasta qué punto.

Hace un tiempo me junté con un ex e hicimos un ejercicio realmente positivo. Nos dijimos todo. Con esto quiero decir TODO, no me guardé ninguna de las cosas que antes de encontrarme con él pensaba "quizás le digo esto pero depende". No, le dije todo y él me dijo todo lo que tenía que decirme y fue liberador. Cualquier resabio de odio o resentimiento siento que con esas palabras desapareció y también con sus disculpas. Pero no es este ex quien me preocupa, pues debo admitir que con él aprendí un poco de mis errores anteriores y no hice las cosas TAN mal al terminar. Me preocupa más cómo me comporté con un ex anterior. A él quizás yo tendría que pedirle disculpas.

Sin embargo, no me siento capaz de hacerlo. Me gustaría hablarle y saber de él. Me gustaría disculparme por mi comportamiento posterior a nuestro término. Pero lo siento injusto si él no se disculpa por su comportamiento previo a nuestro término. Lo cual a su vez sería injusto si yo no me disculpo y le doy una explicación por un mal comportamiento mío previo al suyo. Sería un montón de entuertos qué explicar y qué arreglar, disculpas qué ofrecer, cosas que en su momento no entendí y ahora veo claro qué expresar. Y siento que haciéndolo quizás sólo enredaríamos más las cosas. Porque ésa fue nuestra relación, un gran enredo, una cadena de errores, de equivocaciones, mal timing y circunstancias ajenas a nosotros como pareja que manejamos muy mal. Ambos. Responsabilidad compartida. Y a veces miro el río y siento que ya pasó demasiada agua por él.

Supongo que siento que nuestra relación fueron tantas buenas intenciones (de ambos) mal encauzadas, que temo que unas disculpas mías terminen igual. Supongo que mi mal comportamiento posterior a nuestro término se relaciona con eso. Me costaba resignarme a que tanta buena intención fracasara, a que tanto amor que alguna vez hubo muriera. Sentía que el destino me jugó una mala pasada y no lo quería aceptar. Es la relación que más me ha marcado en la vida (sin contar mi relación actual) y no sabía como lidiar con eso, cómo llevarlo. Me volví una ex molestosa, pegada con él, incapaz de cortar el vínculo. Y lo lamento. Debí haber sido más madura y aceptar las cosas como eran. Supongo que no quería. Supongo que, a veces, simplemente no queremos. Y nadie nos puede sacar de eso, salvo nosotros mismos.
Faye

lunes, 24 de agosto de 2009

Córtenla con el morbo!

¿Les ha pasado que, justo después de terminar una relación, a veces sienten que el resto del mundo los observa, que la gente para de conversar cuando se acercan al grupo y, más encima pareciera que todos los vieran con cara de pooooobreeeciiiit@!? Bueno, eso es normal, la gente cree que una anda más sensible y por un tiempo como que te conviertes en la entretención del resto: desde el típico chismorreo de "supiste lo de paquito y juanita??" hasta los amigos que tratan de sacarte a pasear para cambiarte el ánimo.

Con el tiempo, las ganas de 'ayudar' de algunas personas comienzan a convertirse en puro y simple morbo, en las ganas de ver cómo reaccionas cuando te cuentan un sabroso detalle del que ahora ostenta el título de Ex, uno más en tu prontuario de relaciones.

El problema es cuando ya han pasado más de dos años del término oficial de la relación, tu estás en otra y la gente sigue llegando a contarte chismes. "¿Sabes de qué me enteré el otro día, juanita? me contaron que después que terminaste con paquito el muy pobre creía que iban a estar separados unos meses e iban a volver... estaba arrepentido de lo que te hizo...", o "Supiste que paquito se metió con menganita? sucedió cuando menganita justo había roto con su novio de toda la vida, pero paquito la cargoseó tanto que menganita al final volvió con su novio y todos felices...".

Gente, ¿¿¿qué les hace pensar siquiera que tengo GANAS de oír esas cosas???

O sea, es mi Ex, pasé AÑOS de mi vida tratando de entenderlo y si hay alguien a quien no sabe mentirle es a su madre y a mí. Yo lo único que sé es que él incumplió su promesa, me traicionó y no hay más que decir.

Por favor, no quiero saber nada más que me puedan contar de él.

Me encantaría poder sentarme algún día a conversar con él, tirar la talla un rato y luego dejarlo hablar, que me cuente todo lo que realmente pasó porque creo que ahí hay muchas cosas que aclarar (y yo como maldita obsesiva no puedo dejar algo pendiente...). Pero el problema radica en que yo siempre fui sincera, y creo que él no. Sus razones habrá tenido, y espero que algún día entienda que no lo voy a condenar por ello, sólo quiero escuchar la verdad.

I'm going to ask you some questions, and I want you to tell me the truth. However, therein lies a dilemma. Because, when it comes to the subject of me, I believe you are truly and utterly incapable of telling the truth, especially to me, and least of all, to yourself. And, when it comes to the subject of me, I am truly and utterly incapable of believing anything you say..."

- El gran David Carradine interpretando a Bill, Kill Bill 2



Liss

lunes, 27 de julio de 2009

Por sus dichos los conocerán...

Una suele creer que luego de haber terminado con un individuo ya no hay más que decir, que has dicho y escuchado todo lo imaginable e inimaginable: excusas, recriminaciones, canalladas y una larga lista de etcéteras. Pues no, hay casos en que no todo queda dicho entre ambos... y las cosas que puede decirte tu flamante ex pueden sacarte de tus casillas en más de un sentido.

Voy a hacer un top ten de las frases post ruptura más WTF, desconcertantes y directamente para el bronce de las que he sabido -algunas me las han comentado mis amigas mordiendo la rabia de "puedes creer que el muy imbécil me salió con esto...?" y otras he tenido la desgracia de escucharlas de primera mano...-, porque ya que no las podré poner en el epitafio de cada uno de esos seres iluminados, al menos debieran quedar registradas aquí. O sea, qué lugar más idóneo.

Ahí vamos:

- "¿Engordaste?" -> Y a ti te dicen Mr. Tacto, ¿cierto?

- "Siempre supe que tenías razón, pero me daba paja admitirlo" -> Bueno, gracias por dejarme como la bruja de todo esto... ¡Arrancas ahora o te juro que no te dejo un solo hueso bueno!

- "¿Me das el teléfono de tu amiga/hermana?" -> A ver, déjame pensarlo... ¡NO!

- "Aún te amo, pero no podemos seguir juntos" -> ¿Lo dices por las veces que me pusiste el gorro? ¿Por cómo me celabas? Ah, no... verdad que estás en tu etapa emo.

- "Bueno, ya que ésta es nuestra última noche..." -> Sin comentarios

- "Tengo la duda... ¿me fuiste infiel alguna vez?" -> Perdón cariño, pero si mal no recuerdas fuiste TÚ el que me pateó y no al revés.

- "¡¡Podemos ser amigos con ventaja!!... ¿Un rapidito el viernes por la noche?" -> ¡¡Ni en tus sueños, so pedazo de bruto!!

- "Cuando estoy con ella me imagino que eres tú" -> No quieres saber lo que se imagina ella...

- "Será la falta de sexo..." -> ¿Perdón?

- "Lo que hagas con tu vida no me importa, pero no te vuelvas lesbiana, ¿ya?" -> Menos mal que no te importa.

Y díganme, querid@s, ¿cuáles son las frases para el bronce que ustedes recuerdan?


Señorita Gruñona

lunes, 8 de junio de 2009

Una piedrita en el alma

Suelo considerarme una mujer bastante comprensiva, de ésas que tiene una paciencia enorme, mas no infinita, y que cuando estalla, además de tener buenos motivos para enojarse, también necesita buenos motivos para perdonar…

En resumidas cuentas, una vez que la cagan conmigo es bien difícil recuperar mi amistad (o la relación existente con aquella persona).

La cosa es que mi relación con Damián no terminó precisamente en buenos términos, gracias a su enorme habilidad para meter la pata, y debo admitir que a pesar de los años que han pasado, aún siento aquel dolor y rabia que sucedieron al día en que todo entre nosotros se acabó.

Las viejitas suelen decir que el tiempo todo lo cura, y aunque sigo sintiéndome con el derecho a estar ofendida por lo que me hizo Damián, la sor Teresa de Calcuta que hay en mí empezó a socavar mi decidida ofuscación con él.

Cuento corto, Damián está en problemas. Hace algún tiempo que vengo sabiendo de nuestros amigos en común que no se encuentra muy bien, y la última vez que me lo topé en el metro lo vi MAL. Para más remate, apenas me vio sus ojos se agrandaron, como suplicando un poco de atención, gesto que años atrás siempre supe descifrar como un 'necesito hablar con alguien'. ¿Ojalá conmigo?

Ahora, rollera como yo sola, me pregunto si habrá una fecha de vencimiento para esa rabia, me pregunto si a pesar de la nula sinceridad de Damián años atrás seguirá siendo válida mi evidente aversión hacia él, sobre todo ahora que siento que necesita mi amistad.

Incluso más: no sé si me haga bien mantener ese odio en mi corazón, sospecho que no pero todavía se siente correcto dejarlo ahí, hasta nuevo aviso. Quisiera ser como esa mujer a la que le cantaba Joaquín Sabina y poder perdonar… porque ya no me importa.


Liss

PD: Esto fue como escribir el capítulo de una telenovela para mí.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Yo... La no superada

Me da un poco de vergüenza esta entrada, para qué ando con cosas. Todas estas chiquillas tan avanzadas, superadas, maduras y yo aquí en el polo opuesto, pegada con la misma canción hace tanto tiempo.

No me entiendan mal. Ahora estoy emparejada y feliz, con planes de convivencia en el mediano plazo, enamorada hasta las patas de un hombre simplemente maravilloso. Pero en el background de mi propio musical perfecto de Hollywood, sigue sonando una marcha fúnebre con tintes de rock industrial rabioso de fondo.

El 19 de marzo de este año (tengo una memoria monumental) se cumplieron cuatro (¡¡¡cuatro!!!) años desde que me convencí que la cosa no iba para más y terminé con Innombrable. Desde que me di cuenta que el amor no lo puede todo, que la traición cala hondo (muy hondo) y que la mentira duele más cuando uno no ve ni un atisbo arrepentimiento en los ojos del otro.

En realidad es un poco menos de tiempo, tomando en cuenta las recaídas vergonzosas que tuve, pero esa es la fecha que se marcó a fuego en mi memoria y que tiene al lado escrito “¿Liberación?”. Y sigo sintiendo la misma rabia, bronca y furia que sentí a los pocos meses después de haber terminado todo, cuando me seguía enterando de nuevos engaños y nuevas mentiras. De hecho, me seguido enterando de cosas hasta el día de hoy y juro por mi santa madre que me entero porque sí, no porque ande sicopateando (ya no).

Por un tiempo (época pre–novio maravilloso y espectacular) pensé que era porque aún le quería, razón por la cual tuve un par de recaídas (que de puro recordarlas me dan asco). Que si del amor al odio hay un solo paso, pues la cosa a lo mejor también funcionaba a la inversa. Pero me di cuenta que aquí no había amor, sino un odio profundo, oscuro y perverso, de esos que uno lee en las tragedias griegas o en Shakespeare. Un odio que incluso se ve reflejado en una aversión física tal, que las pocas veces que me acuerdo de cuando estuvimos juntos, la piel se me eriza y me dan ganas de vomitar (y ojala fuera solo para dramatizar el asunto).

Siguió pasando el tiempo y creí que el odio y la furia habían amainado. Incluso logré volver a hablar con él y compartir un par de metros cuadrados sin querer cercenarle el pene, sacarle el corazón, hundir su cabeza en aceite hirviendo y escupir en lo poco que quedaba. Pero ese lapso fue muy breve y duró lo que la vida se demoró en hacerme llegar nueva información sobre sus andanzas cuando aún estaba conmigo.

Y básicamente esa es la historia hasta ahora: logro que el odio amaine un poco, establecer relaciones diplomáticas y ya sea por cahuines o hasta por un mal sueño, el rencor vuelve en gloria y majestad a instalarse en mi cabeza.

Si tan solo supieran la cantidad de veces que, sencillamente mirando el infinito, me acuerdo de alguna cosa, algún detalle, una imagen, una sensación, un intercambio de palabras y de nuevo a sentir todo ese odio iracundo y eterno. Llega a niveles casi enfermizos. A veces, acordarme me deja mal y cansada y triste. No es que ande buscando acordarme. Paso una buena parte del tiempo sin pensar en él, pero mi inconciente me ataca cuando me pilla mirando el horizonte y no me deja jamás en paz.

Reconozco que estoy picada. Que creo que una parte no menor de la rabia que tengo se debe a que siento que me pasaron gato por liebre y que (quizás) en parte, yo misma lo permití. También sé que la bronca que tengo es porque me jugaron chueco una y otra vez y yo ahí, siempre ofreciendo la otra mejilla (¿tendrán idea mis padres de lo profundo que llegaron sus enseñanzas?). Y también sé que la furia es porque siento que él no lo pasó mal. Que él me mintió, me engañó, que hizo lo que quiso conmigo, que no fue capaz de darme más explicación que "lo hice porque podía", sin ni siquiera pedir disculpas y después anduvo pasándolo a todo chancho y que ahora me hierve la sangre de sólo pensar que es feliz con otra mina (que casualmente fue una de las perras con las que me gorreó).

Incluso mientras escribo todo esto, en un ejercicio en vano por intentar dilucidar el meollo del asunto, siento cómo me voy enojando, cómo los nefastos recuerdos de casi 3 años de relación inundan mi mente en flashes macabros y como las lágrimas quieren escaparse a toda costa.

Y pienso que la vida es injusta. Que mi sufrimiento fue en vano, que mis lágrimas se derramaron porque sí y que todo lo que hice y aguanté y soporté jamás fue tomado en cuenta por él. Y es como un círculo vicioso del que no puedo salir...

Pero lo tengo asumido. De alguna manera sé que jamás podré hacer las paces con esa parte de mi historia. Que siempre tendré más preguntas que respuestas, que ninguna explicación será suficiente y que pase lo que pase, jamás podré olvidar todo lo que pasó. Ni hablar de perdonar.

Tristemente,

La Rabiosa

domingo, 28 de septiembre de 2008

Otra vez la misma historia

De pronto, retrocedo en el tiempo y me veo igual: resumiéndolos a todos (mis exs) en uno, estoy sentada frente al hombre ideal, me ama (o por lo menos hasta entonces, aún no sé si en el futuro se convertirá en un patán) y se preocupa por mí... yo lloro como una Magdalena y él trata de arreglar algo, como si yo fuera una muñeca rota que reparar. Así me siento, como si algo se hubiese roto dentro de mí y marcara el instante preciso en que todo se empieza a cansar, a gastar.

¿Qué pasó? me pregunto, la pena que siento es más grande y más antigua de lo que cualquiera pueda pensar. Momentos antes conversábamos, discutíamos sobre alguna estupidez y de pronto algo, un movimiento brusco, el enojo en su mirada, la mueca en los labios, algo me lo recordó. Ante mis ojos fuiste convirtiéndote en ese otro hombre que nunca supo lidiar con una discusión y ante la más mínima chispa daba rienda suelta a su furia: mi padre.

Recuerdo que luego de quebrarle al menos una costilla a mi madre, el hombre desaparecía días enteros para luego llegar con regalos, literalmente 'engañitos' para que olvidáramos, como él, lo que había pasado, pobre de quien fuera a preguntar... Pero tú no sabes que por eso detesto que te hagas el tonto una vez que lanzaste la piedra, si algo aprendí es que no hay regalos que me hagan olvidar esa cara, la expresión de la furia previa a desatarse... verás, la conozco más que tú, aunque eso no sea específicamente tu culpa.

'Dulzura' era la forma en que mi madre solía llamarlo, muchos, muchos años antes de que tú y yo existiéramos. Siempre me pregunto ¿habrá tenido ella alguna señal de lo que iba a ocurrir, algún atisbo como los que yo veo ahora, como los que sentí cuando apretabas mi brazo minutos atrás, o como cuando me trataste de ganar un argumento diciendo que simplemente hay que ser tonta para no ver las cosas como tú?.

Gracias a mi padre he perdido la capacidad de creer en los hombres, no puedo pararme frente a ninguno de ellos sin preguntarme cómo será en 15 años más, si algo intangible desencadenará mi pasado en el futuro y, como vaticinaba cierto estudio, repetiré los errores de mis padres aguantando más de lo que debiera aguantar.

Tiendo a pensar que por eso estaré siempre sola, porque no tolero ese bicho de la duda hablándome tras la oreja. Por más que no quiera, sacando la cuenta, con todos me ha pasado lo mismo en algún minuto, no todos salieron airosos de ello. Pero lo que más me molesta es que ni 100 años de terapia podrán quitarme la duda, acallar a la vocecita que, cada vez que encuentro a uno nuevo, me dice "¿será que en él por fin podrás confiar?"



Liss

jueves, 25 de septiembre de 2008

LAS ETAPAS DE UNA EX

El proceso debería ser el de secarse las lágrimas y seguir para adelante
Pero no..... Oh no, encima tenemos que soportar que algunas veces
nos atrape la bipolaridad antes de superar del todo al Innombrable.

Resulta que se me ha dicho de todo en esta vida, se me han dado todos los trucos posibles para sacarme de encima el fantasma del ex, pero nada funciona hasta que hayas superado una serie de etapas. No es tan sencillo como quedarse haciendo el luto en casa o con juergas interminables donde incluso puedes tomar de pañuelo a uno que otro amiguete que encontrís rico (aunque no es recomendable). Resulta que los duelos hay que hacerlos si o si, y al final es lo que me tiene más irritada.

ETAPA 1: LA PLAÑIDERA
Las que estamos escribiendo en el blog de la ex lo hemos llorado todo. O no? sólo después de eso se sienta una a escribir, a desmembrar a los discapacitados emocionales que nos lo hicieron pasar tan mal. Pues bien, acá es donde una se gasta paquetes y paquetes de confort sollozando, aburre a la amiga hasta que empieza a huir de ti (las que se quedan son las reales por siacaso, el deber es estar al lado de la caída en batalla), se encierra en casa con pataletas de ¨quiero que el mundo se acabe¨y hasta entra en los patetismos de recordar porque el ex era bueno, o lo quería tanto, lo amaba tanto (A veces era tierno el pobrecito). Se supone que es la etapa de la autocompasión y debería ser más o menos corta. Ojalá, sino nos quedamos pegadas, empezamos a sicopatear correos, blogs, fotologs, perfiles de facebook, hasta quedar con la angustia hasta la cien otra vez.
(A todo esto, una vez me cai de un árbol por sicópata pero creo que eso merece otra entrada). En esta etapa aún lo queremos un poco al miserable aquel, incluso hasta somos tan ilusas que le deseamos ¨lo mejor¨. JA, lo mejor my ass.

ETAPA 2: EL ODIO INFINITO
Y derrepente surge ese odio desmedido que no sabes de donde viene. Ese odio de ¨quiero que te atraviese una bazuca¨o ¨me encantaría que se te caiga el pico, total nunca lo usaste mucho¨. Debo reconocer que soy de las personas que odia mucho, y creo firmemente que eso es mejor a quedarse guardado con todo. Siempre he pensado que reprimir la ira porque no es ¨lo correcto¨es de moscas muertas. Yo odio sin disculpas ni excusas y tampoco lo oculto. Así que esta etapa en particular tiene todos los argumentos del caso. El rencor siempre tiene que ver con las cosas que te vas acordando a medida que te recuperas de la pérdida: que era un pendejo de la gran puta, que era machista y mamón, que era cobarde, que nunca te dio tu lugar, y ni siquiera era tan mino como para que lo pasaras mal. (Tendría que haberse dado con una roca en el pecho, dije yo siempre, de que al final lo pesqué, y para qué, diganme para qué). Creo que la rabia hacia el ex no tiene nada que ver con el estado en que te encuentres ahora. Supón que ahora eres re feliz con otro tipo que resulta evolucionadito, e incluso en ese punto te darás vuelta y te acordarás de algunos ex que no valieron la pena, ni una lágrima tuya, y sin embargo no puedes evitar desear que algo muy espantoso le pase, como que le de una diarrea fulminante en medio del trabajo. Algo así, sujeto al ridículo, sólo para empezar.
Ahora, yo nunca hice nada, quizás porque me gana el tiempo y la vida, pero pucha que me habría gustado.

ETAPA 3: MEMENTO.
Aló? quién eres??? El cuánto? Bueno cuando eso nos pasa claramente estamos al otro lado de la piscina, el río, el jacuzzi, como quieras llamarle. Es en esta etapa donde yo -que no soy una experta para nada pero me lleno de reglas igual- recomendaría que es posible saludar al ex, volver a hablarle si es que es estrictamente necesario, si te lo chocas en una cena o en algún lugar público donde no hay mucho más que hacer. No entablar amistad pero sí por lo menos hacer alcance de que se trata de dos personas civilizadas, demostrar lo lady que una puede ser porque YA NO IMPORTA, ERES UN MOSQUITO QUE PASO POR MI VIDA. En esta maravillosa etapa donde el ex ya no es más que un lejano y annoying recuerdo en tu cadena de amoríos, es cuando una quizás podría pensar que algo aprendió. No se, algo tuviste que haber aprendido no? como que una posición duele más que la otra o lo importante que es no meterse con un tipo enganchado con otra mujer. Al final es el memento el que vale la pena después de la catástrofe, y claramente ninguna de las que escribimos en este blog ha llegado del todo a este punto con el último ex. Y no. Es que hay tanto tanto que decir de ellos!!

Por: Deeply Disturbed Girl.

domingo, 27 de julio de 2008

"El" ex

Casi todas las mujeres tenemos lo que a mí me gusta denominar como "el" ex (o "tha" ex si les gusta agringar el asunto). "El" ex es, sin importar el número de exs, el que te dejó marcando ocupado por harto tiempo. No necesariamente porque lo siguieras queriendo después de haber terminando, aunque puede ser una opción. De hecho, hay un sinnúmero de factores que pueden hacer que el protagonista de una relación pasada se convierta en "el" ex.


Las razones para que una ex pareja se vuelva "el" ex son muy diversas. Van desde que te hizo algo realmente cabrón y te quedaste resentida con él por mucho tiempo, y aún en el presente, por más tiempo que haya pasado, cuando te acuerdas te dan ganas de meter sus genitales en una licuadora, o al menos verlo fracasado y decadente para poder reírte de él y sacarle en cara lo bien que tú estás. Puede ser que no te haya hecho algo tan cabrón pero igualmente te hayas quedado resentida o dolida por algo, y eso te haya dificultado superarlo. Puede que haya sido tu primer amor o tu primera relacion seria. Quizas simplemente duraron muchos años y eso hace que te cueste tanto olvidarlo o acostumbrarte a la vida sin él. O quizás fue uno de esas relaciones en las que hubo tantas idas y vueltas que parecían protagonistas de una teleserie cuya trama los creadores ya no saben como seguir alargando. En fin, creo que entienden a lo que voy.


Mi ex, ése al que me gusta referirme como "el" ex, es Alonso. Creí que era la mujer de su vida y él hombre de la mía. Hasta que, previsiblemente, no bien terminamos de forma definitiva, encontró a su verdadero amor y todas las situaciones que estaban mal en su vida cuando yo lo conocí se arreglaron como por arte de magia, dejándole a la novia nueva el duro camino lleno de espinas que yo tuve que recorrer durante la relación convertido en un jardín de margaritas (no de rosas porque eso significaría que tienen que haber espinas). Yo solo fui un paso más para llegar al lugar en el que realmente debía estar. Un error del cual aprender. Una experiencia que lo ayudó a madurar para que otra se lleve los frutos. Y aunque suene resentida, obsesiva, piscópata y amargada, la verdad es ésta: me jode que otra se lleve los frutos que yo coseché.


Y lo cierto es que, a estas alturas, después de tantos tropiezos, de conocer a emocionalmente lisiados, piscópatas que parecían salidos de una película de asesinos seriales, galanes con diálogos mal ensayados, hombres con Síndrome Peter Pan (más conocidos como los clásicos pendejos que se niegan a madurar) y suficientes freakis para comenzar mi propio circo (o, al menos, un reality bien bizarro), cada vez me importa menos que tan resentida, obsesiva o amargada suene, y más, ser realmente honesta, dejarme de eufemismos, olvidarme de lo políticamente correcto, aunque sólo sea en un blog y acaso sólo sea por medio de un blog, y empezar a decir las cosas por su nombre.


Faye

 
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