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martes, 11 de mayo de 2010

Y el pasado, ¿te condena?

Entre mis variadas andanzas por la vida conocí un cabrito buena onda que se convirtió en el típico amigo de paso: viene, desembucha sus penas de amor contigo y a una, como las ha vivido, le da penita, da la mano, apoya y cuando el flaco resuelve el problema deja de hablarte.

Da lo mismo, no es el mega amigo, y ese no es el tema, lo que ocurre es que chico me puso a pensar en algo: el pasado.

Este muchachito si bien es más joven que yo ha tenido una vida larga, con muchas experiencias de mujeres. Muchas. O sea, relaciones serias y luego sus escapadas por ahí, y bien por él que lo haya pasado bien y que si lo estima conveniente que siga pasándolo bien, pero aquí viene la pregunta ¿el pasado te condena?

El tema de cama, para mí y como para muchas, es un tema. Suele ir de la mano con el compromiso, la seriedad, y si no necesariamente el amor por lo menos un cariño especial.

Tampoco soy de las colegialas que quieren “hacer el amor” y califican el hecho de “lindo” y luego lloran de la emoción una vez consumado el acto, pero sí es algo que me tomo en serio. Siempre está como el morbo de querer haberlo hecho con un desconocido, pero esas son fantasías, es peligroso meterse con alguien que uno no conoce (no solo por enfermedades, embarazos no deseados sino también por la carga emocional que puede tener en una persona con una mentalidad como la mía).

Considerando todo aquello para mí es importante el pasado de mi pareja, si el weon llega contándome que en cierto minuto de su vida se acostó con una mina que se levantó en un bar, o con más de una flaca a la vez, no sé, el weon automáticamente deja de gustarme y me invaden las ganas de bañarlo con cloro y escobillarle cierta parte con sapolio, usando guantes de goma, por supuesto. No sé bien por qué.

Tendrá que ver con el hecho de que, imagino, que si una persona se desnuda delante de otra sin ceremonias ni miramentos el hecho en sí no tiene mucha relevancia.

No me seduce la idea de ser “una más” dentro de un amplio repertorio.

Además, pienso en otra cosa. Muchas de nosotras queremos sentar cabeza en algún momento, y para eso normalmente no se elige al muchacho dado a entrar a una fiesta solo y salir acompañado, entonces, a la hora de los quiubos, contarle al cabrito que es más o menos serio y juiciosito en cuestión que una se acostó con este, con el otro, el de aquí, el de más allá y este que parece que no me acuerdo, y creo que este otro, no sé, a mí me daría lata.

Me da lata decirlo, y escucharlo.

Obviamente una no pretende ni llegar virgen a los brazos del marido (qué fome) ni que él llegue virgen a los tuyos (también fome), ya que de las experiencias pasadas más de algo se aprende, y si bien la cama es entre dos (se supone), bueno, saber bien qué se hace, dónde está cada cosa y no tener que estar improvisando es un plus, pero tampoco creo que sea la idea llegar con más kilometraje del necesario.

No juzgo, con esto, a quienes optan por la vía de pasarlo bien y olvidar nombres la mañana siguiente, para nada. Cada uno es dueño de hacer lo que se le venga en gana, pero sí me da lata cuando escucho a un chico hablar de su pasado y comentar que hay nombres y caras que no recuerda.

El sexo es algo excelente, entretenido, maravilloso, reconfortante, excitante, y relajante, en eso estamos de acuerdo de todos, pero imagino que debe ser vacío no dormirse abrazaditos después, no llamar por teléfono después, no repetir el encuentro con el respeto, el cariño y la confianza que se tiene dentro de una relación y que es imposible conseguir medio copeteados a la luz baja de un pub y con ganas de arrancar apenas el cuento se acaba.

O tal vez me equivoque, como he dicho, nunca he experimentado el touch and go, y ahora tampoco me interesa.

Será por eso que pienso que sí, el pasado, aunque sea un poco, te condena.
Leonor

miércoles, 28 de abril de 2010

Gracias a mi Ex Pololo

Nosotras somos todas ex de alguien, y desde la vereda de la ex se entiende, o se trata de entender, el mantener el contacto con el ex, con la esperanza de volver con él o tal vez de joderle un poco la vida en una delicada venganza por lo todo lo que ese hi . . . de pu . . mal parido nos sufrir, pero ¿qué pasa cuándo una no es la ex de la historia, si no la actual, y es la ex de él la que aparece a joder la pita?

Y . . . Depende. Depende de qué tan seguro está él de que terminar con la flaca en cuestión fue buena idea, depende de qué tan segura estés tú de tu relación con él, que tan segura seas tú por la vida, y qué tanto y cómo jorobe la chica en cuestión.

Como uds me imagino recuerdan, estoy felizmente pololeando con Alejandro, vamos a cumplir 5 meses (oooh que ternura) y tema definitivamente da para largo, y estamos los dos felices esperando la oportunidad de comer lombrices y perdices y demases.

Cuando empezamos yo llevaba dos meses soltera y él dos semanas.

Mi ex no era tema (más allá de los traumas que me dejó, Alejandro ha esperado pacientemente que solucione) pero la de él sí.

Esta muchacha, Ana, mayor que yo, con trabajo, imagino que con un título, departamento para ella sola y demases (cosas que este minuto yo al menos no tengo porque estoy viviendo aún la maravilla de ser mantenida por los viejos mientras una estudia) daría la ligera sensación que es una mujer hecha y derecha, capaz de mirar a Alejandro a los ojos y entender que si él la pateó dos veces es porque no pretende querer patearla una tercera.

Pero no.

Esta chica sabe, le consta que nosotros estamos juntos. Y más encima bastante contentos. Y sin embargo no tuvo ningún empacho en declararle su amor y recomendarle que reconsiderara el volver con ella. Cueck.

Y eso no es nada.

Cuando llevábamos un par de semanas juntos esta flaca lo llamaba, pero incansablemente, así como una llama para intentar joder la vida. Lo llamaba a la casa, al cel, inventaba motivos para verlo, me atrevo a decir que en más de algún momento simuló lágrimas con la esperanza de que Alejandro fuera que sea a darle un abrazo de lástima.

Llamaba tanto que interrumpía, molestaba, cosa que imagino ella pretendía.

Pasó un poco de tiempo y la chica ahora lo mira en la oficina, le hace ojitos, le pregunta pavadas, etc, etc.

Yo me entero de todo esto porque Alejandro me cuenta.

A la pobre chica la he visto sólo una vez, y para mala raja de ambas cuando nos la encontramos en el super yo estaba con ataque de risa porque se habían quebrado los huevos. Y la saludé cagada de la risa, y me miró aún más feo, cosa que entiendo.

Yo no estoy celosa ni nada eso, tengo claro que Ale terminó con ella con motivos fehacientes y que no han cambiado, encima los dos estamos bastante bien, entonces eso no me preocupa, y considerando que Dios me bendijo con un hombre bastante posesivo que entiendo eso de que molesta que te pellizquen la uva mantiene bastante distancia con la flaca para evitar pajas, pero ¿hasta cuándo?

Ambos llevan tres veces más tiempo terminados del que lograron estar juntos, y esta negra sigue con el show.

Entiendo que molesta que te pateen, molesta más ver que el weon se mete con una mina de cual te habló, que tú conocías teóricamente hablando y de que probablemente echaste pestes, entiendo que cabrea la wea, sobretodo cuando te das cuenta de que terminaron por cosas que si tú hubieses manejado mejor no habrían desembocado en un quiebre, pero weon, insisto, basta.

Hay un límite.

Las compañera de oficina de Alejandro le han mencionado los distintos eventos que esta chica provoca para llamar su atención (porque él, como hombre que es, se da cuenta de menos de la mitad), y han hablado de nuestros planes y ella ha escuchado, pero sigue con la macana, como si no tuviera nada más con qué entretenerse, como si la relación que ellos tuvieron hubiese sido de esas largas, intensas, eternas, que te cambian la vida y que te dejan con gusto a poco.

Flaca, cánsate.

Igualmente, doy gracias por su existencia en la vida de Ale, nos hico bien, a los dos.

Le permitió a él darse cuenta de cosas que no hay que hacer y entonces no comete los mismos errores conmigo, qué maravilla, y me ahorra a mí ver teleseries venezolanas para entretenerme, pero ¿hasta cuándo?

Todas, de una manera o en otra, hemos estado en sus zapatos, sabemos lo que duele, no hemos sabido decir basta en el momento en que razón grita que cortemos el webeo porque más allá de jorobar no estamos consiguiendo nada excepto dejar establecido lo pendejas que podemos llegar a ser.

Pienso que uno webea hasta que se le quiten las ganas, hasta que ya no te nace.

Si te metiste a Facebook una vez para verle el muro lo vas a seguir haciendo hasta que algo más llame tu atención y se te olvide. Lo mismo si le revisaste el mail una vez o si trataste de hablar con un amigo en común para recabar información.

Esas cosas, esos psicopateos para los cuales se presta la tecnología pueden medianamente eternos si no tenemos ninguna serie de televisión buena que ver, si no tenemos algo sobre lo que escribir, pintar o esculpir o si no tenemos algún otro macho por el cual desvivirnos.

Y normalmente no llegan a nada bueno, al menos para nosotras.

¿Alguna de ustedes ha logrado volver con el ex a punta de acosarlo sutilmente?

A mí por lo menos, cuando lo intenté, no me resultó. Terminé recordándole porqué habíamos terminado en primer lugar, lo que en este caso, es bueno para mí.

Alejandro me mira y me dice “Ana otra vez me llamó” con cara de estar agotado.

Y este momento es que le tengo que dar gracias a Ana, gracias por haberlo jorobado tanto cuando estaban juntos que él optó por terminar con ella y no dudó en empezar conmigo, gracias por seguir webiándolo tanto que él se aburre y prefiere mirarme a mí que no lo webeo, gracias por haber metido la pata con él, tanto que aprendió cómo no meterla conmigo, y gracias, en definitiva, por su actitud ahora, que le confirma que terminar fue una buena decisión.

Gracias Ana. En serio.

Chicas, no sean como ella. Al menos traten.

Porque por cada Ana del mundo, jorobando al ex que ya reinició su vida, hay una Leonor besando sus labios y sonriendo, segura de que él no la va a dejar por ella.

Leonor

lunes, 26 de abril de 2010

Mudanza

Crecer tiene cosas buenas, como ahora que me voy de casa y sé que por primera vez tendré mis propios espacios donde compartir con quien quiera, mis padres ya no me retarán por quedarme hasta las tantas de la madrugada pegada al PC, no tengo que dar explicaciones si quiero pasarme el domingo entero en pijamas... todas esas cosas con las que una fantasea de una casa (o departamento) para sí sola.

Mejor cuando, como en mi caso, sabes que en un par de meses tu pareja (pierno, guatero con uña, como prefieran decirle) se te unirá y probarán si funciona o no eso de "vivir juntos", "vivir en el pecado" como dice una amiga para provocarnos risas...

Y así me he pasado las últimas semanas: haciendo cajas cada vez que tengo un rato libre, sorprendida de los cachureos que pueden acumularse en unos pocos años. Pero lejos, más allá de no saber qué hacer con las cosas inútiles pero con valor sentimental (Ejemplo: la figurita que me trajo X persona de algún viaje...), lo que más complicada me tiene son las cosas de mis Exs:

Un chaleco que alguno me prestó para capear el frío una romántica noche de otoño.
Los apuntes para una prueba que otro me pasó a condición de que se los devolviera.
El viejo celular que alguno me regaló cuando perdí el mío y decidió pasarme el que no usaba.
Una copia de su trabajo final, empastado, para guiarme en un ramo que me faltaba pasar.
Los materiales para un trabajo práctico que nunca le devolví.
Un peluche que tenía en su cama y que me rapté con permiso de mi ex.
Un álbum de fotos.
Una taza que trajo para él. (Y debe haber una que yo llevé a su casa...)
Documentos vencidos que guardaba para tener una foto suya en mi billetera.

Si sé. Soy cachurera... y eso que la mayoría de las cosas las boté y/o quemé cuando terminé con cada uno de ellos en una especie de ritual de exorcismo. Si esas cosas se quedaron fue exactamente por lo mismo que me acomplejan ahora: no sé qué hacer con ellas, porque romperlas o botarlas sería un insulto, una falta de respeto, ya que son cosas que no me pertenecen sólo a mí.

Por eso las guardé todas juntas en una caja en el rincón más profundo y oscuro de mi closet, y supongo que agradezco que al final me haya olvidado de su existencia que me torturó tantos años atrás.

Doble dilema: El lío es que con estos personajes terminamos hace tantos años que a algunos no tengo cómo ubicarlos, y a otros ya me imagino la cara que pondrán cuando los llame para decirles que pasen a buscar sus cosas, que me estorban en mi nuevo hogar... Claro, si es que primero logro acordarme del número telefónico de esos energúmenos.

Y bueno, las guardaría, pero ¿cómo le explicas al actual hombre de tu vida que tengas una licencia de conducir de un tipo del que ha escuchado pestes solamente? De ninguna forma. A mí no me gustaría que llegara a casa con una caja llena de cachivaches de sus exs. Casa nueva, vida nueva, dicen con razón. Si hasta la ropa que le regalaron le he dicho que ya está vieja y sólo serviría para trapo.

Supongo que debe ser una señal divina, de que llegó la hora de ponerle punto final a lo que fue, y claramente ya no es.

Señorita Gruñona

martes, 13 de abril de 2010

Maldito Internet, maldito celular

Levante la mano, pero poquito pa’ que no se note mucho, quien le ha revisado al pololo o al ex, en algún momento de su vida que pareció pertinente, el Facebook, el celular, el mail, el Twitter, el PC, o la wea que sea.

Uy, somos varias.

Ahora levante la mano quién se sabe de memoria las claves del macho en cuestión, entiéndase claves de mail, del cel, cel blackberry, de facebook, del cajero, qué se yo, cualquiera.

Ahora cuéntenme, ¿cómo llegaron a esa información? ¿fueron regaladas con esa confianza, es decir, el pololo les dijo amor esta es mi clave? ¿o por motivos circunstanciales? Es decir, él estaba cagando en el baño y no podía perder esa llamada les pidió “mi vida, contéstame el cel, la clave es tanto” o “métete a mi mail por fa y dime si me mandaron el mail del nuevo trabajo al que estoy postulando”? O ¿fue un proceso de seguimiento? ¿de mirar bien cómo movía los dedos cuando digitaba las claves sobre el teclado, de poner alguna wea en el PC de esas que recuerdan los sitios donde se navegó o un manejo de informática más allá de los común que permitió hackear alguna cosa?

Ay, cuidado.

Meterse en eso es complejo.

Debería calificar de droga dura y ser ilegal (aunque capaz que eso lo hiciera más apetecible), por uno empieza, inocentemente, y no sabe donde para.

Yo a toda costa lo evito.

Cuando suena el cel de Ale se lo paso, amor, te está sonando el celu, contesta. Ni siquiera miro quién lo está llamando (eso no quita que después de sapa le pregunte y me entere igual).

Les cuento porqué.

Cuando todavía tenía los ojos vendados con amor e inmadurez y estaba en la época dura prequiebre de mi relación con José una vez, una sola, le revisé el celular.

¡Qué feo, Leonor, deberías quemarte en el infierno por semejante pecado! Lo sé, pero la curiosidad y la certeza de que el muy mal parido me estaba gorreando en mi cara con una amiga suya y conocida mía que buscaba incansablemente un padre para su hija pudo más.

Recuerdo que estábamos tirados en la cama viendo tele, sin pelear, y yo estaba disfrutando a concho ese momento que tanto se parecía a la época en que estábamos bien, cuando la naturaleza llamó y el fue al baño. Acto seguido, en el minuto es que escucho el pestillo en la puerta, le llega un mensaje.

El Nokia brillaba seductor sobre la mesa.

"Leoonooooor, veeeen" me decía el aparatejo de mierda.

Lo ignoré, pero sonó de nuevo.

Dos mensajes al hilo.

Wow.

José seguía en el baño. Y a riesgo de que me pillara y me pegara con el mismo teléfono lo tomé con mis manos temblorosas y apreté el maldito botón del medio.

“Necesito urgente hablar contigo, de verdad, me siento solita, nos vemos más tarde, tu pequeña” Por supuesto estoy parafraseando, el SMS pero era una cosa así. El segundo era una versión un poco más intensa del primero: “La niña sigue media enferma, me acompañas al médico? Por favor, no quiero hacer esto sola, un beso, tu pequeña”

Ay, no.

Este conchadesumadre (perdonen mi francés) se está pisando a esa weoncita de mierda que quedó preñada por no saber contar los días en que tenía que empezar a tomarse la dichosa pastilla. Hijo de puta. Desgraciado. Etc. Etc.

Me quedé plop.

Debo reconocer que lo más me calentó fue que la mina firmara como “tu pequeña” cuando hasta ese momento oficialmente la fucking pequeña de ese troglodita mal parido era yo.

Hijo de puta.

Debí haber puesto el hervidor pa’ tirarle agua en las partes nobles apenas saliera del baño. Por maricón.

“¿Y ahora qué mierda hago?” pensé. Lo primero era borrar los mensajes para que no se diera cuenta de los había leído. Lo segundo dejar el teléfono donde estaba, meterme en la cama de nuevo, ver tele, hacer la boluda, y tratar de que mi cara tuviera el mismo color de siempre.

Me temblaban las manos, pero ahora de rabia.

José volvió, y como en esa época ya estábamos teniendo problemas ni me miró y se acostó al lado, haciéndome cariño en el pelo, el muy infeliz.

Yo trataba de adivinar cuándo y dónde se habrían acostado, cuándo había empezado el tema, y mil cosas más.

Y lo más charcha era no decir nada, porque si decía cualquier cosa él se iba escudar en el tema de que yo había violado su consagrada privacidad. Son muy cara e’ raja.

Al final, como tantas otras veces, me guardé la mierda.

Discusiones y gritos más tarde me entero, supuestamente, de que nunca pasó nada entre ellos, cosa que a estas alturas del partido medio me da lo mismo, pero ese no es el tema.

El tema es mi cara, el apretón en mi guata cuando leo aquello.

Mi stress, mi mente dando vueltas, pensando, cuestionándose, qué hice mal yo, qué mierda pasó.
Después de que terminamos la tortura continuó vía facebook. Era una maldita adicción.

Internet se convirtió en un sitio hostil donde cada página me recordaba a esta excusa de ser humano, cada vez que abría la wea me quedaba mirando como weona su pinche muro, esperando que alguna peuca le pusiera alguna wea, viendo como se cambiaba el estado, como sus amigos lo apoyaban, como se ponía “soltero” y las amigas que siempre me odiaron ponían “me gusta”, como de pronto todo el mundo lo invitaba a salir.

Qué wea más terrible.

Finalmente lo borré.

Pero el cuento no terminó ahí, oh no, porque una amiga mía lo tenía en Facebook también, entonces ella me ponía al día, me dejaba meterme con su clave pa revisar el muro de él, para enterarme de todo lo que él publicara para que todos vieran.

Y por favor basta, basta con la psicosis, basta con la pendejada, basta, basta, basta.

Eventualmente a punta de cigarros y fuerza de voluntad corté con la wea.

Y nunca más lo quiero retomar.

Ahora no me sé ninguna clave de Ale (de todos modos nunca me supe las de José), me autoimpuse una barrera de fuerza alrededor de sus bolsillos, su billetera, su PC, su teléfono y todas sus weas.

Confío en él, en serio, podría las manos al fuego porque Ale no me engañaría ni cosa por el estilo, pero no quiero nunca más pasarme rollos por un SMS que puede ser cierto y justificar mi pelá de cable o puede no serlo y solamente dañar lo que hay de bueno.

Meterse en esas cosas del pololo hace mal. Moral aparte, hace muy mal. Porque una se envicia, no puede vivir tranquila, no duerme anda pendiente, se pasa rollos, inventa weas, puede que le achunte, puede que no, pero ¿vale la pena pensar tanta wea junta?

Es como echarse mierda con ventilador, pero a una misma, sin ayuda de nadie.

No, no más.

A veces, la gran mayoría, la ignorancia es bendita.

Leonor

jueves, 8 de abril de 2010

¿La Santa?

Queridos lectores, tenemos el placer de dejar con ustedes una nueva colaboración de Gaviota, cuya primera parte podrán revisar aquí.

Les recordamos que pueden enviarnos sus historias al correo soy.la.ex@gmail.com, esperamos que disfruten de esta nueva colaboración tanto como Las Exs.


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Como ya les conté, Difunto, llama y llama, busca y busca… y al parecer tiene nervios de acero por que no se cansa…y yo tampoco por que no pienso dar mi brazo a torcer…

Menos ahora, que partí bien el 2010, soltera y regia… así que ni loca dejo mi soltería en este momento… eso no significa que no puedo tener a alguien que me trate con cariño… ahí entra “Dulcito”, es un lolito que conocí hace más de dos meses, es dos años menor que yo…un encanto realmente.

En la primera cita, que no fue nada romántico (una salida después del trabajo a almorzar), tuve que elegir: o me demuestro tal como soy, media locateli y bruja empedernida, o como una pobre niña a la que le destrozaron el corazón y que no está lista para una relación… Elegí la 2º opción, la “santa”.

Le expliqué que tuve una relación larga, la cual me dejo muy dañada, que él ha sido el único hombre en mi vida, que no estoy acostumbrada a salir, recién ahora estoy aprendiendo como son los hombres, no confío en nadie por miedo a que me dañen…y todas esas cosas que hacemos para hacernos las niñas buenas.

La cosa es que Dulcito al parecer es igual a todos los hombres, le gustan las santurronas, por que anda como perrito faldero detrás mío… Y para qué vamos a andar con cosas, cuando te hacen daño, lo único que quieres después es hacerle daño a alguien, así que ésta es la mía.

El problema es que de verdad Dulcito... es muy dulce, es tierno, preocupado, no de la forma “¡Quiero algo contigo y si no me lo das altiro no te pesco más!…” hemos salido un montón de veces, de las cuales ni un besito se ha llevado… siempre como que quiere pero yo le doy un fuerte abrazo y le digo que me encanta estar con él , que es muy lindo….

El problema radica en que es demasiado tierno como para hacerle todo lo que tengo planeado, y menos después de que me confesara que no ha conocido mujer (qué???? a sus 21 años no ha conocido mujer aún??)

Entonces tengo dos opciones, o me sigo haciendo la santa y termino haciendo que Dulcito termine completamente enamorado (o por lo menos que crea que lo está) - cosa que estoy segura que va a pasar por que ya me dice que me quiere - y crear un monstruo que destruirá mujeres años más tarde; o de verdad abro mi corazón, que obviamente tengo cerrado hace casi 7 meses….

El problema es que ya le mentí sobre mi forma de ser, ¿Cómo se hace para demostrarse bruja, sicópata y maniática compulsiva de un momento para otro, sin que piense que pelé el cable?


Gaviota.

lunes, 5 de abril de 2010

Ser la Otra

Una nueva colaboración de una de nuestras lectoras: La Otra

Hay varias formas de ser ex, pero la más terrible de todas es ser “la otra” (si, bien colombomexivenezolano, para que se entienda).

Señoritas, no nos veamos la suerte entre súper heroínas ni nos pisemos la capa entre gitanas: Las que quisimos ese tipo de relación sabíamos perfectamente donde nos metíamos, en que “zapato chino/camisa de once varas”. Si fue por el amor a lo prohibido, el riesgo, adrenalina, aburrimiento… sabíamos.

El drama de ser “la otra” es que en el minuto final no puedes desahogarte.

No puedes decirle a nadie por qué lloras, o el porqué de los ojos rojos (la típica infección ocular), pero lo peor de lo peor es no poder llamar, no poder hablar, no poder pelear ni reclamar porque “la oficial” puede dejar la grande y tú obviamente quedas de fáci... marac… put… perr… mala persona.

No me justifico. Sé que a nadie le gusta que su mino la engañe, ni a mí, pero cuando las oportunidades se dan y las ansias son demasiadas, es absolutamente humano hacerlo. Es ser pésima mina, no tener sentimientos, no tener conciencia o solidaridad de género o mil pavadas más, pero yo creo que es peor enamorarte de alguien que sólo encamarte con él o encamarte mucho con él.

¿Cuál es la forma de dejar la relación tóxica?

Peleando. Sí, peleando. Contigo y con el mundo. Comprar un punshing ball de boxeo y darle duro, porque lo que prima es la rabia de ser tan estúpida de fijarte en un mino con novia/mina/polola o el peor caso espossssaaaa.

Exorcizar su olor, la huella de sus manos y todo lo que te lo pueda recordar.

Nunca pedí paz después del “ÉL”, sólo quería recuperar la calma y quedarme con las miles de cosas buenas que vivimos. Y lo logré.

Y si me preguntan, pretendo seguir durante toda mi vida a Wilde “La mejor manera de librarse de una tentación es caer en ella”.

lunes, 11 de enero de 2010

La confusión NO existe

Nadie está confundido por 6 meses. Es más, nadie está confundido por más de 5 minutos. Nadie no sabe lo que quiere. Siempre hay una parte de uno, aunque sea la caliente y animal, que apunta, literalmente, a lo que desea.

Es un hecho inevitable de la vida.

Entonces, ¿por qué la falta de bolas para decir las cosas?

Uh, que feo que suena eso, pero parece que están de moda los hombres mudos selectivos. Y de verdad no lo entiendo. ¿Por qué piensan que un “estoy confundido, no sé, pero igual creo que te quiero” hace menos daño que un “no te amo, terminemos”?

Este afán de generar falsas expectativas, de dejar que una se enrolle, ¿les alimenta el ego? ¿es eso? ¿o es que cuando no hay nada en la televisión tiene su gracia y su encanto ver cómo la mina a la que le prometieron el oro y el moro ahora llora de dolor, los mira con los ojos llenos de lágrimas afirmándose con uñas y dientes al borde del abismo por el cual no quiere caer pensando una tontera tan grande como que su amor es suficiente para los dos?

Eso es una falta de respeto, por decirlo menos.

Y no creo que exista justificación alguna.

No faltan los que inventan tonteras del estilo “me preocupa lo que va a ser de ti sin mí”, como si una de verdad estuviera afirmada por el lado de afuera del balcón a lo Rose en Titanic, a punto de soltarse en el instante en que él se vire, porque claro, cómo es posible que siquiera intentemos vivir sin él.

Impresiona la dualidad del tema: por un lado, son gallinas, porque no tienen las bolas para decir las cosas por su nombre, y por otro lado, literalmente se creen el tarro con más duraznos y está seguro de que moriremos si nos sueltan la mano.

¿Cómo es posible que el tarro con más duraznos sea una nena de pecho que en vez de decir la verdad guarda silencio e incluso derrama un par de lágrimas con ojos de cocodrilo al ser encarado?

Este afán de tirar las cosas por la tangente, de hacerse los ofendidos, de no decir la verdad, de esconder detrás de más gente, de disfrazarse con omisiones, y mentiras, ¿para qué?

Pura cobardía.

Increíble. Muchas mujeres son, somos, más hombres que la mayoría de ellos.

Ahora, es cierto, es parte culpa nuestra por no soltar al primer indicio, por pensar que se les va a pasar la tontera, pero de modos, ¿es necesario darnos cuerda?

Leonor

martes, 5 de enero de 2010

Acta de Rendición

Siempre me han llamado la atención las personas que después de una decepción amorosa se ponen en pie de guerra a todo lo que huela a romance. Que el amor no existe, que tener pareja es una pérdida de tiempo, que mejor dedicarse a follar y pasarlo bien sin querer consecuencias. Y sí, cada uno tiene derecho a hacer/pensar/creer lo que les siente mejor, pero ¿Really? ¿El amor no existe? ¿Es una pérdida de tiempo? Give me a big fuckin break!!!

Creo que desde que tengo uso de razón que soy una romántica incurable. Me gusta cenar a la luz de las velas, las mariposas en el estómago, que todo me recuerde a él. Mirarme al espejo e imaginar que hace sólo unos momentos mi piel no era mía y sonreír como si tuviese el mayor y más interesante de todos los secretos. Y porrazo tras porrazo, decepción tras decepción me decía que tanto dolor siempre valía la pena. Hasta ahora.

Después de tocar fondo con el término de mi última relación y los continuos tropiezos con la misma piedra, mi romanticismo se fue al carajo. No porque ya no crea en el amor, sino porque dejé de creer en mí y en mi capacidad de entregarlo sin medida, de manera absoluta y total.

Me miro al espejo y me siento incapaz de entregarme a alguien. Siento que la muralla que tan delicadamente y con tanto esfuerzo desarmé para Él, se rearmó en cuestión de suspiros y más fuerte y alta que nunca. Y me pregunto por primera vez y de verdad, si tanto esfuerzo vale la pena.

Parte de mí dice que sí, que el amor siempre vale la pena. Que los esfuerzos y rabias y penas que vives son compensados con creces con cosas simples como una sonrisa sincera, un beso largo y un abrazo acogedor cuando el mundo parece querer comerte viva.

Pero otra parte de mí, la mayoría en verdad, entró en pánico frente al posible escenario de tener que pasar por toda la pena, rabia y decepción post ruptura. Una tras otra, se van poniendo más difíciles, cada vez son más cosas las que están en juego y mi corazón simplemente se rindió. Se armó la fortaleza más inexpugnable posible y no quiere salir de ahí. Y, a ratos, yo tampoco.

Juana La Loca

viernes, 18 de diciembre de 2009

El perro que le ladre

Hay féminas que definitivamente se ponen muy insoportables cuando se consiguen un perro que les ladre.

Me ha tocado ser amiga de un par, que son muy lindas y amorosas cuando están solteras, se portan decentemente mientras están pasándola mal en una relación (suelen buscarse malos prospectos, para más remate), pero apenas están en inicios de amoríos, es mejor que te olvides de su amistad por un buen tiempo porque simplemente borran todo lo demás de su vida y hacen de su nuevo príncipe el centro y razón de absolutamente todo lo que está sobre la tierra y bajo los cielos.

Entonces, afírmate si quieres tratar de mantener el contacto con ella.

Son de las que se pierden durante meses, te dejan plantada a último minuto porque de pronto llegó su nuevo 'algo' y se olvidó que tenía una cita contigo, o peor: llegan con él a última hora a esa junta en que se iban a poner al día, esa junta para ir a vitrinear, ese cumpleaños de sólo amistades sin acompañamiento, esa junta a la que fuiste como un estropajo o a esa comida en casa en que tienes todo patas para arriba porque sólo te permites que te vean así tus amigui-amigui... y más encima pretende que le des el visto bueno así de la nada, cuando estás con una cara de tres metros por la intrusión.

Son de las que no entienden que hay veces en que quieres verla por separado, y que más adelante, cuando tengas una idea de para dónde va la cosa (dónde se conocieron, qué hace, qué tan seria es la relación, qué pasó con su último ex... preguntas para orientarse en el mapa sentimental de la otra), y de las que probablemente ni siquiera tienen idea de cuáles son esas respuestas, y que buscan que el resto 'apruebe' su última adquisición para sentir que no metió la pata al meterse con cualquiera... 'porque me miró lindo' o 'es simpático'.

Son de las que, cuando tengas la SUERTE de pillártelas por ahí (porque, entiende, no se juntarán premeditadamente), no pararán de hablar de él: de que es tan lindo, tan dedicado, tan aquí, tan allá, salimos a tal parte y según Cosmo es mi alma gemela, que como es capricornio y yo soy aries blabláblablá... como si en realidad trataran de autoconvencerse más que de convencerte a ti de su buenísima elección.

Son de las que, si les dices que en realidad te cayó como la salmonella (u otro bicho que provoque severas enfermedades estomacales) su nuevo 'amigo' y que no quieres que lo lleve a tu próxima junta, entonces simplemente 'no tienen tiempo' y se van con el tipo, que obviamente les dice 'o ella (es decir yo) o yo (es decir él)', y las tontas aceptan pese a que su gran amor les aburre como ostra porque EN REALIDAD NO ES SU TIPO... pero no quieren admitir que, otra vez, se equivocaron.

Son de las que, luego de aguantar mucho, luego de ser maltratadas hasta, luego de sacarse la venda y ver a su Homero Simpson como el hombre simple y sin horizontes que es, llegan corriendo de vuelta a llorarte los males que tuvieron que sufrir, y tú, con cara de 'te lo dije', tienes que soportar con paciencia de santa que te diga, como si fuera descubrimiento de ella, que el muy infeliz no la dejaba ver a sus amigos y que no podía ir sola a ninguna parte, y que te juro, amiga del alma, que nunca más...

Hay algunas que nunca entienden y que pronto terminan por copar la paciencia, y terminan borradas de las listas navideñas, cumpleañeras, y te acuerdas de ellas cuando Facebook te dice que hace tiempo no interactúas con ellas.

Hay otras que logran entender que tienen un comportamiento compulsivo y simplemente tratan de molestar lo menos posible, y que cuando te ven chata y ven que, pese a todo lo que te hablan del susodicho, eres incapaz de retener su nombre, simplemente se dan por vencidas y tratan de luchar contra su instinto de 'mi vida tiene que girar en torno a él y nadie más'.

Y hay otras que terminan por rehabilitarse, y sinceramente me saco el sombrero ante ellas, porque sólo ellas saben aguantarse las miradas y gestos de excepticismo de sus amistades cuando mencionan al novio, el que al fin eligieron por algo más que un simple 'no quiero estar sola' y un 'parece que le gusto'.

Y eso que dicen que perro que ladra no muerde.


Señorita Gruñona

lunes, 16 de noviembre de 2009

Sra. Flaite (o la otra reparadora de hombres)

Para aquellas que todavía piensan que “contigo pan y cebolla”.


Para aquellas menores de 25 que creen que apuntar al tipo “resuelto económicamente” es frío y calculador.

Para aquellas que creen que hay que seguir los impulsos de amor… (eufemismo de la historia que oculta nuestra natural calentura animal).

Ahí les va una pildorita….

Érase una vez una niña de unos 20, que había ido a un buen colegio, iba a una buena universidad, vivía sola en un lindo departamento y tenía un selecto grupo de amigos.

Hasta que una noche, en medio de una discotheque, polera ajustada, el cuerpo marcado, bailando como negro en carnaval, un tipo algunos años mayor se mostraba como lobo en el sudado bosque esperando la presa.
Y ahí entro yo, torpe y tincada.
No solté al prospecto guapo hasta que me dieron calambres en los gemelos, disimulados por un “¿vamos a la barra?” que salió de mis labios.
Antes de saciar la sed, nos besamos apasionadamente, mientras yo sentía que el dolor de mis calambres se escabullía por mi entre pierna hecho calor y ansiedad.
No fue hasta pedir el trago que me di cuenta de que remábamos en botes distintos.
-¿Qué vas a tomar? – Le pregunto
- No sé, lo que estés tomando tú… - Me dice con la despreocupada actitud de quien no tiene un peso para invitar a una chica…. Y no le da ni una pizquita de pudor de macho cabrío discothequero.
- Pero dime, yo te invito- Insisto

- Ya, un güisqui- Me dice

Como si esto no coronara mi íntima humillación, de camino a la pista me dice “que riiiiiiiiiicoooooo”, probando su trago. Muy bien, pidió el trago más caro porque no lo había tomado antes. O sea he sido brutalmente usada. Y dice “¡Qué rico!”, ¡Qué horror!, tengo que huí. Pero a los dos segundos de ver el mundo con cordura, me tomó entre sus brazos fuertes, me apretó con su pecho marcado, y me hizo flotar en sus bien dados besos.

Y pasó el tiempo. Y siguieron los besos, y el sexo increíble, y mis invitaciones a tomar un trago o a comer. Pero ya que la vida sigue y a cada paso pesa, convirtiendo los detalles que no vemos en el ensueño del enamoramiento en grandes detalles que vemos crecer cada día, empecé a sentir algunas disconformidades.

Sentí la enorme carencia de conversar de algo más interesante que las películas de Jean Claude Van Damme o las peripecias en su nada apasionante trabajo, empecé a cansarme de tener acción en la cama mañana, tarde y noche así, sin más, rebuscando palabras de amor, admiración y nexo que alguna vez usé con más sinceridad. Empecé a notar que ante una linda canción yo estiraba la mano y decía “¿bailemos?”, y el decía “chaaaaaaaaaa, ¿para qué?” y seguía viendo la televisión. Empecé a hartarme de que vaciara mi refrigerador después del trabajo, que usara mi cepillo de dientes, que se quedara en mi casa todos los días, que jamás me llevara un obsequio, que jamás me invitara un trago y que después de una buena cena, tomara lo restante en un pirex y me dijera “le voy a llevar lo que quedó a mi mami, para que lo pruebe, es que ella nunca ha comido de esto y está tan riiiiicooooo”.

Entonces, en un momento en que estaba encontrando, para variar, algo “riiiiicoooo”, vi, como una epifanía, mirando su cuerpo tostado, su trasero duro, sus brazos fuertes de trabajador, que ese hombre definitivamente no era para mí.

No era para mí, ni mucho menos para mis amigos, ni para mis padres, ni para nadie. De hecho ni siquiera lo amaba, pero entre la calentura y ese fuero interno compasivo que me condena, seguía con él. ¿Qué hago?, ¿Lo dejo?, ¿Lo educo?

Y ahí, es, marabunta del infierno, en que empecé a pasarte plata debajo de la mesa para que pagaras mi cuenta delante de mis amigos, que te enseñé a no sorbetear el té, a no decir “riiiiiicoooo” cada vez que probaras algo nuevo aunque estuviera realmente rico, a invitar a tu madre a comer en vez de llevarle sobras de los lugares que visitas, a lavarte los dientes antes de hacer el amor en la mañana, a no gritarme ni burlarte de mí a boca de jarro delante de la gente, a no levantarme la mano ante tus celos de mis amigos “cuicos” según tú, a ver películas que no son de acción aunque sea para disimular delante de una mujer, a decir “¿te ayudo en algo?”, a decir “No te preocupes, yo invito” y tantas otras cosas que un hombre ad portas de los 30 no puede desconocer.

Ya me había convertido en musa de Arjona con tantas cosas que te había enseñado. Además de tener el pelo más opaco, una –mi primera- arruga al costado del ojo derecho, un poco de temblor en el mismo ojo, y el colon tan dañado que pese a haberte enseñado tantos modales me convertía en la señora pedorra todas las noches.

Había envejecido diez años en 24 meses. Y en eso, toda la energía con que bailábamos esa noche de hace tanto tiempo en la discotheque, esa alegría con que tuvimos sexo como conejos durante tanto tiempo, se esfumó y ante tus ojos me volví una mujer tan carente como fuiste tú antes de tu inducción a la decencia.

Fue así como te ví hace dos semanas, después de meses sin tu ropa en mi closet, sin tu toalla del Colo-Colo en mi logia, sin tu cuerpo calientito al lado izquierdo de mi cama.

Te vi bajar de un auto que tú conducías con naturalidad –seguro lo compraste con todo lo ahorrado mientras vivías conmigo-. Entraste a un restaurante con una chica que irradiaba la alegría y la soltura de quien no ha vivido el drama de la diferencia. Ella te miraba obnubilada. Seguro le hablabas de los buenos restaurantes de Santiago, de las películas que uno no puede dejar de ver, o del sentido altruista de tu modesto trabajo.
He creado un monstruo. Pero uno que ahora sí me gusta.
Me fui con la amargura de haber hecho de ti algo cercano a lo que soñaba que fueras para mí, y que ahora lo fueras para otra. Sentí que había sido durante dos años conciente e inconciente, voluntaria e involuntariamente usada.
Sentí el impulso de devolverme, pero no lo hice. Sería una rotería. Y me guardé mi discurso para la pobre nueva víctima.

¿Sabes? Yo te lo dejé limpiecito, sin blin blin, educadito, con proyectos, con un discurso hechito para no quedar de ingnorante y un par de tips para no quedar de flaite. Pero no te libré de su entorno ni de su íntima estructura, y cuando lleguen sus amigos a embarrarte los sillones, cuando lleguen sus padres a vaciarte el refrigerador, cuando se tome unos tragos y te trate de ramera sólo por haber ido a la universidad y conocer gente que habla de corrido, cuando te levante la mano y después llore diciendo que es tu culpa, ahí te quiero ver, jovencita. Ahí te quiero ver.
Loca de Patio

martes, 3 de noviembre de 2009

Romance Ex-propiado

Dejamos con ustedes el relato de una de nuestras lectoras sobre sus amores y desamores, ¡esperamos que les guste!. Recuerden que pueden enviarnos sus colaboraciones al correo soy.la.ex@gmail.com

Desde ayer y con nada de ganas soy una más de las ex, pero una especial, soy ex de mi amante por culpa de su ex. Tal cual. Así de simple y complicado.

Para desenredar la madeja tengo que empezar diciendo que soy una mujer casada, de vida marital sin pena ni gloria y desde hace bastante poco. Como diría Kevin Johansen, las cosas no andaban bien... y justificada por esa frase supongo que me permití mirar con otros ojos y un poco más allá.

Al acecho, un hombre seis años menor, de 31, edad física al menos, la mental aún no me queda claro. Cuento corto, declaraciones de amigos en las buenas y en las malas, consejos iban y venían, jugando al correquetepillo, caí en sus brazos o él en los míos. Da lo mismo. Idilio que comenzó con apoyo del Messenger, se extendió a un par de salidas nocturnas, varias escapadas furtivas después de las 6, paseos, besos y más promesas. Un mes de felicidad y en el cielo, con el alma que creí gemela y de la cual ahora dudo.

En 48 horas todo cambia: recibe un mail de su ex de hace dos años, loca de patio diagnosticada seguramente en el hospital de Talca porque aún anda suelta. Y el muchacho que me llama, a morir y desmejorado, comienza a contarme detalles escabrosos del cúmulo de historias terroríficas de las que ha sido víctima desde que se le ocurrió terminar: atropellos, choques, improperios varios con escándalo público, quebrazón de vidrios, intentos de suicidio. Amenaza de muerte si lo ve con otra.

Descompuesto y más desmejorado, agrega que ha recibido ese fatal mensaje donde se hace alusión a nuestros nombres jugando póker en el MSN (PLOP!). Me da su veredicto: ella al parecer sabe “lo nuestro”, por lo cual “lo nuestro” ya no puede ser, y en un cerrar de ojos y sin mayor aviso, me convierto en una nueva ex, por mi propia protección.

Él pretende quedarse a vestir santos, por lo que me dice, siempre temiendo que la loca pase de las amenazas a las manos, y que yo o cualquiera otra nos convirtamos en portada de La Cuarta. Está aterrorizado, tiembla cuando me cuenta, pero no atina a más.

Me quedo con la sensación de que me deja la puerta abierta en la despedida, pero no cede ni un centímetro a mi propuesta de arriesgarme. No. Es por mi bien. Y así, después de tan sólo un mes, me cortan, me alinean, me desplazan... para protegerme, nótese, pero sin derecho a voto ni pataleo, y paso de ser ELLA, a ser nada más que el famoso trozo de hielo en la escarcha de Chayanne.

Como toda ex, he derramado las lágrimas de rigor y supongo que aún me quedan muchas más. Mi castigo es anhelar con TODA MI ALMA la risa de otro cuando tengo al lado un marido que, a pesar de todo lo malo, daría la vida por mí, y que no se achicaría ni ante un pelotón de sicópatas. ¿Será la edad? ¿Será que simplemente éste otro no me quiso?, ¿Será que es hombre?, ¿Será que soy una tonta? ¿Seré yo, maestro?

Anastassia

martes, 29 de septiembre de 2009

La Mala Ex

En esta entrada quisiera realizar una auto-crítica y una confesión. Soy una mala ex.

Si bien creo que puedo ser una buena pareja y polola, no soy una buena ex, de hecho, temo ser la ex que es la pesadilla de todo hombre. No siempre, claramente. Pero en las relaciones más significativas que he tenido, me ha costado mucho dejar atrás y creo que eso en un par de ocasiones me ha convertido en una pésima ex.

No perdono. No olvido. No quiero romper el vínculo. Sigo necesitando hablar con él después de que terminamos y me cuesta romper con la costumbre de contarle mis cosas y mis días. Lo quiero ver. Lo amo. Luego lo odio cuando me doy cuenta que no vamos a volver. En resumen, soy un desastre.

Creo que demás está decir que estas cosas no pasan cuando la relación la termino yo. Ha pasado en esos "mutuos acuerdos" de que las cosas están realmente podridas o cuando de frentón me han pateado.

Quisiera decir que he cambiado. Que ahora soy mucho más madura. Que no los persigo, que no me obsesiono con si habrán seguido adelante con sus vidas y tienen una nueva novia. Que no los resiento por meses y meses por el daño que me hicieron o lo mal que alguno me trató. Que apenas terminamos los borro de msn/facebook/memoria del celular, no los molesto ni los busco más, hasta que eventualmente perdono (si corresponde), dejo atrás y les deseo lo mejor. Y creo que he crecido un poco, sí y que antes cometí errores que no he vuelto a repetir. Pero no sé hasta qué punto.

Hace un tiempo me junté con un ex e hicimos un ejercicio realmente positivo. Nos dijimos todo. Con esto quiero decir TODO, no me guardé ninguna de las cosas que antes de encontrarme con él pensaba "quizás le digo esto pero depende". No, le dije todo y él me dijo todo lo que tenía que decirme y fue liberador. Cualquier resabio de odio o resentimiento siento que con esas palabras desapareció y también con sus disculpas. Pero no es este ex quien me preocupa, pues debo admitir que con él aprendí un poco de mis errores anteriores y no hice las cosas TAN mal al terminar. Me preocupa más cómo me comporté con un ex anterior. A él quizás yo tendría que pedirle disculpas.

Sin embargo, no me siento capaz de hacerlo. Me gustaría hablarle y saber de él. Me gustaría disculparme por mi comportamiento posterior a nuestro término. Pero lo siento injusto si él no se disculpa por su comportamiento previo a nuestro término. Lo cual a su vez sería injusto si yo no me disculpo y le doy una explicación por un mal comportamiento mío previo al suyo. Sería un montón de entuertos qué explicar y qué arreglar, disculpas qué ofrecer, cosas que en su momento no entendí y ahora veo claro qué expresar. Y siento que haciéndolo quizás sólo enredaríamos más las cosas. Porque ésa fue nuestra relación, un gran enredo, una cadena de errores, de equivocaciones, mal timing y circunstancias ajenas a nosotros como pareja que manejamos muy mal. Ambos. Responsabilidad compartida. Y a veces miro el río y siento que ya pasó demasiada agua por él.

Supongo que siento que nuestra relación fueron tantas buenas intenciones (de ambos) mal encauzadas, que temo que unas disculpas mías terminen igual. Supongo que mi mal comportamiento posterior a nuestro término se relaciona con eso. Me costaba resignarme a que tanta buena intención fracasara, a que tanto amor que alguna vez hubo muriera. Sentía que el destino me jugó una mala pasada y no lo quería aceptar. Es la relación que más me ha marcado en la vida (sin contar mi relación actual) y no sabía como lidiar con eso, cómo llevarlo. Me volví una ex molestosa, pegada con él, incapaz de cortar el vínculo. Y lo lamento. Debí haber sido más madura y aceptar las cosas como eran. Supongo que no quería. Supongo que, a veces, simplemente no queremos. Y nadie nos puede sacar de eso, salvo nosotros mismos.
Faye

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Santa Ex

Invierno. La gripe porcina arrecia y yo camino buscando una bufanda buena, bonita y barata para mi actual novio, bueno, bonito y pobre. Estoy sumida en esos afanes mundanos cuando, entre el superpoblado limbo del Paseo Ahumada, como encapsulado en una atmósfera en cámara lenta (y, por favor, imagínese la imagen con Tom Jones de fondo), aparece mi ex.

Con la simpatía tensa de los ex que han decidido seguir siendo amigos, me invita un café, que acepto sin remilgos ya que mi novio está fuera de la ciudad hasta nuevo aviso.

Nos sentamos en una shopería con olor a tiempos de universidad y deja su desordenada maraña de planos en el suelo. Con el Pitcher como bálsamo entre su cara y la mía, aparece la pregunta: “¿cuántas veces me cagaste, mujer?”

En su semi risa intuía que algún comentario mal o bien intencionado le había hecho evidente alguna de mis andanzas de la época. Y ya que me tomó por sorpresa, coquetonamente le dije, “si te engañé, no es algo que recuerde. Me importabas mucho en ese tiempo como para recordar incidentes en medio de nuestra historia”. Y entonces nos tomamos el shop coqueteando en honor al deseo oxidado, y luego nos perdimos hablando cada uno de sí mismo, de su nueva pareja, del trabajo.

Pero algo me quedó de esa tarde de nostalgia sin nostalgia. ¿Por qué soy una ex infiel?

Y haciendo cotejo de todas mis historias descubro que lo mío es por amor. Sí, por amor. Pasa que hay períodos de la relación en que la única idea en mente cada mañana es enviar al carajo al tipo que duerme al lado, porque no te entiende, porque te entiende demasiado o porque sencillamente no es lo que tú soñaste.

Entonces, una salida de fin de semana, un exceso de tequila, y despertar con un engendro mutante de nombre desconocido produce una culpa tan severa para con el amado y para contigo misma, que te sientes afortunada de tenerlo, y ante el miedo de que se entere y termine contigo sumido en un valle de lágrimas, lo tratas con más amor que nunca durante al menos un mes, y lo llenas de atención y de tu compañía, para que no quede sospecha de que lo amas y que nunca, nunca le harías daño.

Por otro lado, y me dirijo a mis exs, nunca los engañé con hombres que me gustaran más que ustedes. De hecho, lo mío es vocacional. Siempre los engañé con desvalidos, ya fuera perdedores, feos, pesados, guatones, con lentes poto de botella, etc. La idea era:
1. Brindar un servicio a la humanidad dando un rato de etílica atención al rezagado, al que sobra de la fiesta.
2. Subir mi autoestima mientras estaba ebria, pero bajarla al plano del subsuelo al ver al sujeto bajo la luz del sol, para sentirme agradecida de que mi novio pueda estar con alguien como yo.
3. Ocasionarme temor de que mi novio se entere -más allá de la infidelidad misma- del tipo horrible con el que absurdamente le engañé.
4. Convertirme por medio de todas las culpas enumeradas en la novia más atenta y buena del mundo… hasta que el tedio volviera a tomarme y tuviera que repetir la operación.

Así que a todos ustedes, sí a todos, les digo que cuando más felices fueron a mi lado, cuando les serví el desayuno en las mañanas, cuando fui a sus casas a ordenar su closet, cuando les hice aquello que tanto les gusta (para qué detallar), cuando les regalé perfumes, billeteras o cualquier cosa mayor que mi presupuesto es porque algún Milhouse o Dexter discothequero había caído en mis labios prevomitadores. ¡¡Lo hice por ustedes!! Era eso o dejar que, ante el hastío, nuestras largas y activas relaciones fueran más bien pololeos breves y pasivos.

¡¡Si duré con todos más dos años fue por mí!! Fue por mi altruísmo a la hora de cuidar y reactivar mi amor devoto por ustedes. Me induje a la culpa por darles largos períodos de amor, atenciones y alegría. ¿Porqué creen que era tan atenta?, ¿Porqué creen que era tan dispuesta?, ¿Porqué creen que no pedía nada?, ¿Realmente creen que existen las mujeres sumisas y entregadas? Ja ja ja ja ja ja ja.

Es por eso que, ex míos, uníos y escuchad: No vean lo mío como infidelidad. Lo mío es vocación. Amor al prójimo y devoción por mis novios. ¡Ah! Y al recordarme no me mencionen simplemente como su ex, sino como su Santa Ex,


Loca de Patio

miércoles, 12 de agosto de 2009

BUSCO HOMBRE SIN GRACIA ( O desgraciado, da lo mismo)

A veces pienso que traigo puesto un cartel atrás que me hace sedientamente atractiva, como siempre se me han antojado son los enormes culos de las cebras (¿se han fijado en que no falta la foto de una cebra, mirando hacia atrás, como diciendo “no te metas con mi cucu”?).

Vuelvo al tema. Siento que ese atractivo cartel dice: “tomo hombres con, traumas, mala educación y los convierto en hombres relativamente decentes”.

Y no hablo por autocompasión, porque lo mío sean los hombres poco atentos, o excornudos y actualmente traumatizados. Hablo de una especie de instinto por el hombre de estructura mental dramática, con un pasado familiar al cual la tan citada “disfuncionalidad” le cae como piropo, más que como diagnóstico. Lo mío es una derecha inclinación al macho zeta, dañadito, ni rudo ni suicida, pero con escasas posibilidades de una supervivencia digna.

De alcohólicos, por ejemplo, tengo varios: el pololo curadito simpático, que te hace reír en los primeros tres carretes, pero luego, al cuarto carrete hace una arcada en pleno beso de retorno a casa, y lo que es peor, luego vienen las erecciones fallidas o el priapismo alcohólico (ese al que curado no se le bajan los instintos ni con mostrarle un foto de Teresita Reyes).

O el lunático, ese que te ama intensamente de lunes a miércoles, y el resto de la semana anda ensimismado y de mal genio, acusándote de cuanto mal hay en el mundo.

Al profundo, ese que es como un emo desfasado en el tiempo, ese que tiene una vida interior según él, tan compleja, que no quiere involucrarte en su complejidad, entonces está contigo, pero después ya no, y luego sí porque tú eres la luz, pero su oscuridad es tan profunda que mejor te vas al carajo y el huevón, llora.

Y sin ir más allá tuve uno que al cabo de reacciones raras y medio violentas terminó siendo esquizofrénico, y otro que, sin más comentarios, me pegó justificándose en que yo era demasiado linda, atractiva e inteligente, lo que hacía que hubiera muchas posibilidades de que los hombres me buscaran y por ende, le pusiera el gorro, entonces me castigaba de antemano, para que ni me atreviera a engañarlo.

Demanda por medio, se volvió otro tormentoso recuerdo en el obituario de mis amores.

Miro hacia atrás y todas mis relaciones son intensas, pero tormentosas, llenas de esfuerzos para no terminar en homicidio. Miro hacia atrás, pero más cerca en el tiempo y los veo a todos levemente mejorados, pero ante esa leve mejora, han dejado de estar conmigo.

Entonces me limito a pensar que definitivamente hay mujeres que no amamos. Simplemente compadecemos apasionadamente.


Loca de Patio

viernes, 31 de julio de 2009

Cada oveja con su pareja

Este post va dedicado al análisis profundo y exhaustivo de la siguiente frase tipo:
"Me encantan los tipos sensibles y cariñosos, pero siempre termino con los que me usan, me hacen daño y se van... ¡Es que tengo tan mala suerte!"

Primera parte: La Falacia del hombre "sensible"

La sensibilidad es algo que está definitivamente mal entendido en esta sociedad y principalmente por las mujeres. Que un hombre sea sensible, no significa que te va a escuchar cada vez que tengas un drama con tu amiga o que te vaya a comprar tampones/toallas higiénicas a la farmacia. La sensibilidad, en el contexto de la mina que usa la frase analizada, tiene que ver con cuanto se puede someter a un hombre sin que se note que se es una Bruja.

No hay hombres más o menos sensibles. No hay minas más o menos sensibles. Todos sentimos la misma variedad de sentimientos y en el mismo rango de profundidad, lo que pasa es que hay personas (independiente del sexo) que son capaces de expresar mejor o peor lo que sienten.

Las mujeres, en general, deberían sacarse de la cabeza eso de que buscan hombres sensibles. Por lo general, las minas que buscan "hombres sensibles" lo que en realidad andan buscando es un paño de lágrimas que no les pare el carro en seco (labor de la amiga por defecto). Lo que las mujeres deberían darse cuenta que buscan es empatía. Un tipo no tiene porqué entender que se siente andar adolorida y sangrando todos los meses, pero puede al menos empatizar con que no es una situación muy cómoda que digamos y, en consecuencia, escuchar el fútbol más bajito y no llegar tan tarde después de la farra. Y PUNTO.

Soy una convencida que si las mujeres mostraran un poco más de interés en los amigotes y el fútbol (aunque sea falso), las quejas de que el hombre es un energúmeno cuando ve un partido y los amigotes solamente lo llevan a la perdición descenderían un drástico 90%. Las que se seguirían quejando son las que definitivamente tienen un par de tornillos sueltos. Y sí, el ejemplo es burdo, pero efectivo.

Segunda parte: Lo que tengo/Lo que quiero

Hace un par de ¿meses? ¿semanas? atrás se hizo re popular un video de una sicóloga chilena que hablaba que las mujeres tienen un pensamiento mágico: no contentas con lo que tienen, siempre buscan algo mejor causando innumerables dolores de cabeza a quienes la rodean. Esto cae redondito con todas esas minas que se viven quejando que los hombres de sus vidas siempre las han tratado mal, que por qué no les gusta un hombre sensible y cariñoso.

No les gusta porque en realidad no les gustan los hombres sensibles, ni cariñosos. Les gusta el maldito hijo de meretriz que las hace sufrir porque eso calza perfecto con su parada de pobre víctima, mujer sensible de la cual todo el mundo se aprovecha.

Yo lo he pasado bien, mal y muy mal. Y aquí estoy, todavía en una sola pieza dispuesta a empezar cada vez que sea necesario. Y me podré quejar de que me hicieron esto, aquello y lo otro. Pero lo que pasó, pasó y a lo hecho, pecho. Las decisiones tomadas en un momento de mi vida las tomé pensando que era lo mejor. En ese momento. Ahora podrá verse como un error garrafal, pero si pudiésemos tomar las decisiones a sabiendas de las consecuencias, otro gallo cantaría.

Por eso hago una invitación a todas las mujeres a que asuman que en realidad sí les gusta el Hombre Rudo que las hace sufrir. Acéptenlo y gócenlo. Se darán cuenta que las cosas toman un cariz totalmente diferente cuando uno asume quién es y lo que le gusta. se los digo por experiencia.

Tercera parte: La Maldita Mala Suerte

Sí, las apariencias engañan. El galán que antes a una la invitaba a todas partes y era guapo-guapo, ahora ronca a todo pulmón en el sofá y con la ponchera chelera a vista de todo el mundo. El tipo sensible y artista todo especial, solamente resultó ser solamente otro niño demasiado mimado por su madre. Pero se pueden tomar decisiones. Se puede decir "¡Ya no más!" y mandarse a cambiar. Sufrir un poco, llorar lo que corresponda y seguir por la vida.

Pero eso de andarse quejando como adolescente de la mala suerte amorosa es una soberana estupidez. No existe la mala suerte. No existe la suerte, punto. Una misma se forja el camino a punta de costalazos y tropiezos, pero la responsabilidad no es de la vida, el destino, la pachamama o Cupido. Es de una misma.

Si no se tiene la suficiente capacidad de autoanálisis como para darse cuenta que hay algo mal con una si se busca una y otra vez a un hijo de la gran meretriz, eso no tiene que ver con el amor o la mala suerte. Tiene que ver con complejos varios y hágase un favor y búsquese una terapeuta y punto. Pero deje de echarle la culpa a todos, cuando claramente la culpa es de usted.

Conclusiones:

- La sensibilidad está sobrevalorada y malentendida.
- Si las personas fueran más empáticas no se acabarían las guerras del mundo, pero al menos habría mayor disposición a entender a los demás.
- Los hombres sensibles son un mito.
- Los hombres rudos, gracias a Dios, no. xD
- La mala suerte amorosa no existe.
- Quejarse de vez en cuando es bueno. Si su conducta es patológica, vaya al siquiatra.

Juana La Loca

lunes, 8 de junio de 2009

Una piedrita en el alma

Suelo considerarme una mujer bastante comprensiva, de ésas que tiene una paciencia enorme, mas no infinita, y que cuando estalla, además de tener buenos motivos para enojarse, también necesita buenos motivos para perdonar…

En resumidas cuentas, una vez que la cagan conmigo es bien difícil recuperar mi amistad (o la relación existente con aquella persona).

La cosa es que mi relación con Damián no terminó precisamente en buenos términos, gracias a su enorme habilidad para meter la pata, y debo admitir que a pesar de los años que han pasado, aún siento aquel dolor y rabia que sucedieron al día en que todo entre nosotros se acabó.

Las viejitas suelen decir que el tiempo todo lo cura, y aunque sigo sintiéndome con el derecho a estar ofendida por lo que me hizo Damián, la sor Teresa de Calcuta que hay en mí empezó a socavar mi decidida ofuscación con él.

Cuento corto, Damián está en problemas. Hace algún tiempo que vengo sabiendo de nuestros amigos en común que no se encuentra muy bien, y la última vez que me lo topé en el metro lo vi MAL. Para más remate, apenas me vio sus ojos se agrandaron, como suplicando un poco de atención, gesto que años atrás siempre supe descifrar como un 'necesito hablar con alguien'. ¿Ojalá conmigo?

Ahora, rollera como yo sola, me pregunto si habrá una fecha de vencimiento para esa rabia, me pregunto si a pesar de la nula sinceridad de Damián años atrás seguirá siendo válida mi evidente aversión hacia él, sobre todo ahora que siento que necesita mi amistad.

Incluso más: no sé si me haga bien mantener ese odio en mi corazón, sospecho que no pero todavía se siente correcto dejarlo ahí, hasta nuevo aviso. Quisiera ser como esa mujer a la que le cantaba Joaquín Sabina y poder perdonar… porque ya no me importa.


Liss

PD: Esto fue como escribir el capítulo de una telenovela para mí.

lunes, 25 de mayo de 2009

El cuchillo en la espalda

Cuando era adolescente, con mi grupo más cercano de amigas nos decíamos que nunca nos íbamos a traicionar por un hombre, que eso nunca iba a arruinar nuestra amistad. Y varias cumplimos, al pie de la letra. Si alguna en algún momento se metió con el tipo que le había gustado a la amiga, o con el que ésta había salido unas cuantas veces, siempre fue después de que hubiese pasado tiempo, y asegurándose con la amiga que no había problema, recibiendo su "bendición" previa, sabiendo que no habría problemas. Varias fuimos leales a la promesa hasta el final (al menos dentro de ése grupo de amigas).

Hasta el día de hoy me parece curioso, porque fue en nuestros últimos años de colegio que nos decíamos eso, cuando es precisamente la edad para mandarse ese tipo de "cagadas" o "condoros". Cuando crees que toda oportunidad es única, cuando fácilmente te puedes convencer de que "es ahora o nunca" y si no te la juegas por el susodicho, independiente de si hieres a una amiga, vas a haber perdido para siempre la oportunidad de ser feliz a su lado. Pero no, las más cercanas siempre nos mantuvimos leales, aunque hubiese más de alguna vez intereses comunes. No es tan raro, si consideras que cuando eres muy amiga de alguien, seguramente se rodean de grupos de amigos en común, conocen a la misma gente, se hacen cercanas a las mismas personas.

Fue más adelante, sin embargo, que las lealtades comenzaron a fallar más. Justo saliendo del colegio, primeros años de universidad. Yo salí un tiempo con un tipo, no era nada serio pero me gustaba mucho, y cuando él terminó esa "amistad con ventaja" (porque lo que teníamos no podía catalogarse de más porque le gustaba una amiga mía, yo quedé muy dolida. Mi amiga sabía que yo estaba enganchada de este tipo, y que quedé mal. Y al poco tiempo me entero que ella quería juntarse conmigo y con él para ambos contarme que estaban juntos. En una reunión social, en la que yo iba a ver a otros amigos, y por esas cosas de la vida la invité también a ella. Y me di cuenta porque "sospechosamente" me llamó él (de quien no sabía desde que había terminado la "ventaja" de nuestra amistad) para decirme que también iba. Al preguntarme que cómo supo que yo estaría allí, sumé dos más dos, y obligué a mi amiga a confesarme todo por teléfono. Le colgué después de eso y la dejé hablando sola. Lo que me dolió no fue que estuviera con él, ni que me sintiera "traicionada" por él, si siempre tuve claro que nosotros nunca fuimos pareja, que sólo éramos "amigos con ventaja". Lo que me dolieron fueron las formas, no haberlo sabido antes, me sentí acorralada por cómo me lo querían contar (en una reunión social, iban a aparecerse los dos juntos, de improviso, y decirme que eran pareja y tratar de convencerme de que fuéramos todos amigos), y que ella sabía que yo todavía no lo superaba. A una No siempre le cuesta superar a un hombre por la seriedad de la relación que tuvieron, a veces te cuesta superar a alguien con quien ni siquiera te diste un beso, pero que por X razón fue significativo para ti. Habría querido saberlo antes, de otra forma, sólo por ella, habría querido que me preguntaran, obvio que les habría dicho que estuvieran juntos si ambos se gustaban y tenían una oportunidad de tener algo real, no que me hicieran una emboscada para decirme que ya estaban juntos y que qué lástima si no me gustaba. Al menos, a los 18 años, ésa era mi percepeción.

Otras cosas pasaron con el tiempo. Esa misma amiga tuvo un problema con otra, también por un hombre. Le gustaba a las dos, una lo expresó primero, pero a la otra le resultó algo con él. Ese algo fracasó y el tipo al poco tiempo estaba con la otra, provocando evidente fricción entre ambas. Y más cosas así. Si bien la amistad siempre "prevalecía" no sé si las cosas volvieron realmente a ser las mismas entre ninguna de las involucradas en estos enredos. Creo que ver si priorizas la amistad a un pene, cambia para siempre las cosas, sin importar por qué razones lo hiciste. Y me avergüenza decir que no estoy libre de pecado, y no puedo lanzar la primera piedra. Si bien por años tomé las decisiones que preferenciaban a mis amigas y no pasó nada con el grupo de amistades mencionado al comienzo, un día entre un viejo amigo (de otro lado) y yo comenzaron a surgir sentimientos románticos y por fin entendí las dificultades de algunas (no puedo decir todas, ya que cada caso fue distinto, y creo que todas tuvieron motivos distintos, aunque puedan parecer similares) de mis amigas. Tuve que tomar una decisión y decidí estar con él, aunque hirió a alguien, y él también hirió a otra persona cercana a él. No me arrepiento del riesgo que corrí, pero sí pienso que pude haberlo manejado mejor. Pero toda situación tiene factores que le dan complejidades distintas, y que hacen que de repente actuemos de un modo muy distinto del que creíamos que lo haríamos. MUY DISTINTO.

No es mi intención condenar las "deslealtades" aquí. A todas nos ha tocado alguna vez sacarnos el cuchillo de la espalda, o clavarlo, o ambas. Todas tuvimos nuestras razones para actuar como lo hicimos. Algunas serán razones harto malas, pero para nosotras pesaban cuando lo hicimos. Mi pregunta es por qué. Quiero entender. Por qué a mi grupo no le pasó a los 17 años pero sí a los 20. ¿Es que a medida en que algunas mujeres crecen, les baja la desesperación y ese "ahora o nunca" o la idea de que si no tomas un riesgo vas a haber perdido para siempre, les pesa más? En mi caso, con mi "viejo amigo" creíamos que si no nos arriesgábamos, siempre nos íbamos a preguntar cómo podía haber sido. No hicimos emboscadas, ambos hablamos con nuestros respectivos cercanos por separado, con distintos resultados. Tratamos de ser bien honestos y hacerlo no bien habían pasado 24 hrs desde que decidimos estar juntos, pero es verdad, no le preguntamos a nadie, ya lo habíamos decidido. También pesó nuestra propia amistad. Como nos conocíamos tanto, si bien el riesgo de estar juntos era alto, las posibilidades de que surgiera algo muy bueno, también nos parecían maravillosas. Creo que ambos pensamos que de verdad podía ser amor, que el otro podía ser "the one". Y quizás nos equivocamos, quizás no, pero al final, después de varios meses, la relación no funcionó. Siempre creí que valió la pena el riesgo, pero que posiblemente podríamos haber manejado las cosas mejor. Uno siempre podría haber hecho las cosas mejor. No sé si es condenable, si somos condenables. Se hace lo que se puede, y ahora sé lo que se siente estar de ambos lados. Y lo cierto es que ninguno es agradable. En uno hay dolor, en el otro culpas. Lo importante es tratar de manejar las cosas lo mejor posible, creo, y ser bien honest@. Y tratar de recordar siempre que las relaciones van y vienen, los buenos amigos quedan, y una vez que decepcionas a uno, puede que sigan siendo amigos, pero nunca va a volver a ser lo mismo. Nunca. Porque la confianza es irreemplazable. Una vez perdida, no hay vuelta atrás. Al final, las relaciones de pareja no son tan distintas a las relaciones amistosas, en ambas hay cosas que las pueden modificar para siempre. Y una vez que éstas ocurren, sólo queda encogerse de hombros, y acatar las consecuencias lo mejor posible, sin importar en qué lado estés.

Faye

miércoles, 22 de abril de 2009

Para N

Hoy quisiera dedicar esta entrada a una amiga muy querida que, por amores y desamores, se encuentra en este minuto muy triste y aproblemada.

Más de alguna ha tenido en su minuto una amiga por la que estar preocupada, y sin duda todas hemos preocupado a más de alguien con nuestras desventuras venturosas, pues de eso se trata la amistad: estar ahí cuando te necesitan, aunque sea para agarrar a golpes a alguien que no quiere mirar de frente la realidad.

Querida N, luego de años de felicidades y tropiezos, has decidido terminar tu eterna relación con JP, y le digo eterna porque aquellos que te vimos sufrir mientras estabas a su lado, aquellos que te perdimos durante todo ese tiempo y que quedamos esperándote en más de una ocasión mientras el café se enfriaba y el pastel se mosqueaba, no parábamos de preguntarnos hasta cuándo ibas a aguantar sus irracionales celos y su manía territorialista que saltaba al más mínimo saludo en facebook.

N, después de tanto tiempo, ahora que por fin entendiste lo que tantas veces te quisimos decir (o simplemente te dijimos, llenos de rabia hacia él), me gustaría pensar que no vas a dar paso atrás... a pesar de su constante acoso, a pesar de que se haya vuelto aún más sicópata para perseguirte desde que le dijiste que ya no más.

Verás, amiga mía, es precisamente por cómo te está hostigando que debes terminar de alejarte de él. Si vuelves, le reafirmarás la idea de que, a fin de cuentas le perteneces y puede hacer lo que quiera contigo, y ya no sólo basurearte en público y basurear a tus amigos para evitar que se te acerquen.

Ese es un patrón de comportamiento agresivo que, en tus estudios y actual trabajo, estoy segura que habrás visto en más de alguna ocasión, y como amiga tuya que soy, no aguantaría que ese desgraciado te ponga una mano encima, si es que no lo ha hecho ni te ha amenazado con eso todavía.

Querida N, por favor, no desoigas mi consejo. No estás sola, acá estoy yo para escucharte todo lo que tengas que llorar, acá estoy para abrazarte cuando sea necesario, y así como yo, tienes muchos amigos que correrían por ti, para asegurarte que estarás bien.

Total, la pena es sólo un momento que ya pasará. Luego, sólo nos queda aprender de lo vivido.

Con mucho cariño,



Liss

jueves, 26 de febrero de 2009

Lo que hace la falta de ejercicio

Después de un tiempo de soltería, existen múltiples caminos a seguir. Uno de ellos es lo que partió como resignación y luego pasa a ser el Tiempo de Oro: al parecer, nada importa menos que tener una nueva relación; el miedo a sufrir impulsa a trabajar para vencer otros miedos y lo único que está fuera de cuestionamiento es hacer, comprar y pensar en cosas que a una le gustan. Asimismo, la seguridad de no volver a pasar por las experiencias de antaño crece un poquito más.

Las mujeres que desean una nueva y mejor relación suelen encontrarla. Al menos, así lo he visto. Sin embargo, las indecisas como yo se arriesgan a pillar quién sabe qué ("porque sí, sería lindo un pololo, pero ¿y si es como los otros? ¿Y mis amigos con ventaja? ¿Y mis actividades de toda la semana? Mejor no").

Aparte, terminé acostumbrándome a no pensar tanto en un hombre como posible pareja, sino como una compañía para llenar una tarde... o una noche. Miro, pero pocas veces me doy cuenta de las miradas de otros. Y cuando las noté, no les dí mayor importancia.

Por eso, cuando llegaron un par de hombres interesantes a mi vida con claras intenciones de conquista, se encendieron todas mis alarmas. A una soltera que todavía se acuerda de lo que es estar en pareja quizás no la pillaran volando bajo, mas... ¿qué pasa con una que lleva más de dos años de monogamia consigo misma (con algunos deslices)?

Que no se malinterprete: la sensación es de lujo. Ni en pareja me había sentido tan atractiva. Dan ganas de portarse mal y pasarlo chancho "like you just don't care". Pero me di cuenta de que no soy tan independiente, egoísta o picaflor como creía; que, aunque no me gusta admitirlo, sí me importa la idea de tener una relación estable y que, en estos dos años y algo, aprendí muchas cosas... salvo a reconocer lo que quiero en el amor y lo que buscan/ofrecen las otras personas.

En resumen: Las relaciones son como el ejercicio... no hay que dejarlas por mucho tiempo o se pierde el training, jaja.

Mil Diez

viernes, 19 de diciembre de 2008

"Yo te avisé"

Lucas me dijo, cuando empezamos a pololear, que no me engañaría con otra. "Prefiero terminar contigo antes que ponerte el gorro", sentenció.

Semanas después, me habló de una mina que le estaban presentando: rica, inteligente, música y que mostraba interés en él, pero no le armé escándalo. Para qué, si confiaba en él.

A los dos meses y medio, me dejaba por "incompatibilidad de caracteres".
Lloré mucho. Menos mal que tenía vacaciones, por lo que pude viajar y despejarme.

Pasó poco más de un mes y me llamó para saber cómo estaba. No sé cómo salió el tema, pero me dijo que estaba pololeando. Con la mina que le habían presentado la otra vez.

- Ah, mira tú. ¿Cuánto llevan?
- Un mes.

Saqué cuentas...

- Aaahh.

Ya me daba lo mismo para ese entonces. Debe haber sido por la advertencia inicial. Sabía que no me engañaría, así que me dejé estar. Y cuando supe que estaba con otra, entendí que había sido una profecía autocumplida.

Supongo que por eso pude recibir la noticia sin inmutarme demasiado.

La cosa es cuando te lo dicen y te enganchas. Pueden salir con que "yo te avisé" y quedar tan tranquilos con su conciencia, mientras tú sufres por ellos.

Tampoco se trata de dejarse estar y pensar como lo hice yo, porque no tiene mucho sentido.

Quizás vuelvan después, quizás no, pero ya sabes que pueden tener su excusa bajo la manga y que si dicen "no te agarres de mí, porque blablabla", es así. No lo vas a cambiar. Punto. Así que házle caso, disfrútalo mientras dure y listo. Si ves que una botella dice por todos lados que es desechable, ¿te vas a sentir mal por botarla? (ojo, no estoy generalizando, así que no me crean una desalmada).




Otra cosa: mucho ojo si de pronto tu mino empieza a olvidar que el sábado iban a verse, o te invita a ver un DVD y cuando llegas te sale con que "olvidó que el reproductor de DVD está malo", o no tiene nada de tiempo para verte ni propone una fecha en que sí pueda. Esos, generalmente, son los preliminares de un sobre azul como el cielo.

Si te interesa, investiga bien si es porque se le acabó el amor o anda muy estresado por otras cosas. Si no tienes ganas de vivir una telenovela, cambia de actor.

Puedes hacerles las cosas fáciles, salir contenta y patearlos. O estirar el chicle hasta que no puedan soportarlo más, dejarlos con la (ligera) sensación de que se portaron como unos malditos al dejarte y salir más herida que gallo de pelea.

Como sea, por culpa mía no puedes decir que nadie te avisó. Pero igual puedes crear una estrategia ;)


Mil Diez

 
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