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lunes, 31 de mayo de 2010

Cuando Tenga Que Correr, Corra

¡A la carga! Actualizamos El Blog de la Ex con una colaboración. A todo el mundo le toca el tema parece. Recuerden que si quieren colaborar o ser parte del equipo estable de Ex's (raro sonó eso), pueden escribirnos a soy.la.ex@gmail.com.

Nos demoramos un poco en responder, así que ¡paciencia!

-.-.-.-.-.-.-.-.

¿Cuánto tiempo toma olvidarse del lolo de turno y comenzar nuevamente la búsqueda?

Sabemos que es un proceso más o menos engorroso, que a no todos nos toma lo mismo ni lo enfrentamos de igual manera y que a más de alguna fémina (y macho también) deja pegada por más de lo mentalmente sano.

Como no soy devota de andar apurando cosas, no me incomoda en lo absoluto pegarme una vitrineada más o menos larga, no me urge un aún)pues, afortunadamente los servicios básicos son cubiertos por un buen samaritano al que tampoco le molesta mucho la soltería, voy más que relajada por la vida… Tan relajada que en ese entre tiempo un muchacho me pilló volando bajo y comenzamos a salir.

El espécimen en cuestión se veía bastante prometedor: salidas varias lo confirmaban. No era algo que me hiciera perder la cabeza, pero en vista y considerando que la oportunidad estaba, démosle.

Y aunque quería, algo no funcionaba… Este hombrecillo me sorprendía desagradablemente con detalles… Pero hubo algo, lo principal, que me hizo replantear el asunto y correr olímpicamente de esa situación: su urgencia por reemplazar a la EX.

Además de su apremio por concretar, por presentarme a la familia y conocer la mía, por publicar fotos -que ni siquiera sabía que me había sacado- sin mi consentimiento y tapizar red social existente con mi nombre y el “está en relación con”, estaba su pasado tormentoso con mi versión anterior.

Todos tenemos un pasado, hay que tener uno para construir el presente, eso está claro… El suyo incluía no asumir que lo dejaron y mandar todo a la mierda tras el quiebre: vida, amigos, universidad, TODO.

El cabrito me planteó el episodio como una anécdota más de vida y a mí dentro del cuento, como la persona que lo ayudaría en la transición. Qué quieren que les diga, me anduvo entusiasmando la idea de mostrarle que la vendrían tiempos mejores (a pesar de divergencias que saltaban a la vista, pero bueno, asumo que soy harto porfiada) y seguimos.

Es común que en la lista de ex parejas siempre exista una que es recordada con mayor cariño, pero el cuento con esta EX iba por otro lado. Al tiempo de estar juntos me enteré que hubo compromiso de por medio, postura de ilusiones (bien cebolla el asunto) y toda la parafernalia, la palabra matrimonio sonó fuerte, bastante, hasta que la muchacha se arrepintió y hasta ahí quedaron los planes.

Nada de malo tiene proyectarse, pero si no resulta, supéralo. Eso es lo que no entendió el muchacho… Y su obsesión/trauma con el compromiso me empezó a incomodar demasiado, su encanto por mostrarme en público como un chiche nuevo me asustaba, las llamadas a las tantas de la mañana desubicaban, llegando al punto de quizás qué caras poner cuando comenzaba con sus “... y si viviéramos juntos” salidos de la nada sin siquiera llevar meses emparejados…. Porque digámoslo, uno espera escuchar esas palabritas cuando está enamorada y lleva por lo menos un año de convivencia ¡no dos meses!

Señoritas, existen sujetos deseosos de reemplazar a la Ex con quien quiera que se les cruce en el camino en un esfuerzo por demostrarse a sí mismo que son capaces de formar parte de algo sólido. Buscan e insisten porque la soledad los desmoraliza y desespera a tal extremo, que la seguridad como individuo único e irrepetible se les va lejos (si es que alguna vez tuvieron).

Lamentablemente para él, tengo mis prioridades demasiado claras e incluir un cacho en mi vida, evidentemente, no es una de ellas.

Con toda honestidad, si hubiera sido la novia y Ex en cuestión, también corría… ¿ustedes no?

Helena

martes, 25 de mayo de 2010

La Hormonal

Si hay algo que en verdad detesto de mi género y congéneres es la manía de echarle la culpa a las hormonas de los estados de ánimo.

Es cierto, está comprobado científicamente que hay una relación entre el ciclo menstrual y los cambios de humor de las mujeres, pero de ahí a tener como cartita bajo la manga el temita cada vez que una se pone sensible, come on!!!

Recuerdo que antes de conocer las maravillas de la píldora, nunca tuve grandes problemas con mis cambios de humor -siempre hay una clara tendencia a andar de mal humor en mí, jajaja!!!- y que la regla no cambiaba en lo absoluto la situación. Si había que hacer educación física, filo, mayor cuidado con el tema no más. O si me sentía ¿más sensible? que lo normal nunca se lo achaqué a las hormonas, sino a mi propia personalidad un tanto voluble. Mis compañeras, en cambio, exigían trato especial en esos días del mes. Que no podían rendir lo mismo, que estaban más sensibles, que no podían prestar atención como siempre. Los profes -generalmente los hombres- creían la cuestión como si fuera la verdad más absoluta del universo: si una mujer está con la regla, mejor dejarla en paz y decirle amén a todo.

En mí humilde opinión eso es una gran mentira. Si bien hay una correlación hormonas/humor, la cuestión no puede ser para tanto. ¿Estás adolorida? Tómate algo, lo mismo que si tuvieras un dolor de cabeza. ¿Más sensible de lo normal? Patrañas, todas las minas somos más sensibles de normal y la regla es la excusa para poder validarlo.

Yo siempre he mirado con compasión a aquellos pobres pajaritos que tienen que decir amén a lo que diga la polola porque está en esos días. Yo que tomo pastillas desde tiempos inmemoriales, solucioné los cambios de humor y el sufrimiento probando y probando hasta que encontré la hormona adecuada. Jamás le eché la culpa de mis cambios de humor a las hormonas, ni menos me puse más insoportable de lo normal por el tema (lo insoportable en mí es como natural).

Hombres del mundo, ¡despertad a la verdad! Eso de achacarle a las hormonas los cambios de humor, la pesadez, lo bruja e insoportable es solamente una gran exageración de la verdad que le ha permitido al género femenino el control del mundo.

Aunque, pensándolo bien, si usted, joven mozuelo, deja que lo ninguneen bajo la premisa de "esos días", se merece seguir siendo ninguneado hasta que aprenda a no ser tan... huevón.

Juana La Loca

jueves, 6 de mayo de 2010

Amor en serie

Corto pero preciso: ¿hay algo más desagradable que darte cuenta que tu ex trata a su nueva mina igual que a ti? ¿Que le escribe y dice las mismas cosas? ¿Que con suerte se dio el trabajo de buscarle un nuevo apodo cariñoso y sería?

Si hay algo que me empelota es la falta de originalidad. Todos los hombres de mi vida se han ganado exclusividad en su trato, ¿es mucho pedir acaso lo mismo de vuelta?

Dios las libre a toda de la falta de originalidad de un ex. Porque duele en el alma darse cuenta que tanto esfuerzo fue en vano: siempre fuiste una más en su lista, alguien destinado a un espacio/tiempo determinado. Los sueños y promesas nunca fueron verdad. Y saber que lo que una creía único y especial era un amor en serie, hace que el corazón se sienta gris, pesado y triste.

Sin embargo, hay un sunny side en el asunto: sabes que la nueva mina está destinada, igual que tú, a ser desechada cuando aparezca otra más.

Cuidado, mis estimadas, con el amor en serie y la falta de orginalidad.

Juana La Loca

jueves, 11 de marzo de 2010

Ódiame, por piedad...

Amig@s de nuestro blog, retomando las colaboraciones que llegan a nuestro correo, les tenemos esta joyita para que lean, disfruten y comenten. Un saludo cariñoso de su Ex favorita.


___

Cada cierto tiempo llegan amigas mías a contarme de sus rupturas. Aparecen todas acongojadas contándome sobre su experiencia con el saco de weas de turno. Ya saben, el inmaduro emocional, el que las pateó porque estaba "confundido", el que terminó con ellas para encontrarse a sí mismo y resultó que en un par de semanas (o menos) estaba con otra.

Siempre las escucho con paciencia y trato de entenderlas. Pero una parte en el fondo de mi cerebro no puede evitar verse reflejada, más que con mis amigas, con sus exs. Esa soy yo: la saco de weas que nadie quiere tener como ex.

Quizás muchas féminas que lean esto querrán apedrearme ahora. Me dirán cosas como "deberías pensar en el daño que haces" o "ojalá algún día alguien te haga lo mismo a ti para que sepas lo que se siente". Creánme, no es necesario. Sí pienso en el daño que hago, y sí tengo empatía por lo que sufre el otro. Y sin embargo, pareciera que no lo puedo evitar. Me prometo no tener otra relación hasta haber madurado un poco más, pero conozco a alguien, me embalo, creo que todo será diferente y antes de darme cuenta qué pasó estoy terminando porque estoy confundida y creo que necesito tiempo para estar sola. De todos modos, cuando lo he dicho realmente he sentido que es cierto. No sé si eso empeora o mejora el asunto.

No crean que no siento culpas o no me siento mal por esto. Durnte mi adolescencia yo también estuve en el lugar de mis amigas y me metí con el saco de weas de turno, a quien maldije y pensé "me pregunto que se sentirá estar del otro lado, del lado del que hiere y no del que es herido". Cuidado con lo que deseas, dicen. Me pasó. Y les cuento que no es agradable.

No es bonito ser odiada. Tampoco sicopateada porque dejaste marcando ocupado a algún pobre desgraciado que realmente se ilusionó contigo cuando tú no lo hiciste, y que pasó mucho tiempo llamándote post ruptura para que se juntaran o pidiéndote explicaciones sobre por qué terminaste. Lo peor es que a veces ni tú conoces bien la respuesta. Simplemente despertaste un día y sentiste que ya no podías seguir. A veces ocurre que después de eso te arrepentiste y hasta volviste con el susodicho, y otras nunca te arrepientes ni miras para atrás.

Terminar fue una buena decisión. Sólo que él no está de acuerdo.

Sé que me han odiado, me consta. Han hablado con amigas en común tratando de encontrar explicaciones a mis acciones, porque el "ya no te amo" no les bastó y pensaron que debía ocurrir algo más. He leído cosas de mí que han escrito en internet o escuchado o me han contado algo que han dicho. Una vez me tocó la teoría de uno sobre que le puse el gorro y lo usé. ¿Mi versión? No sólo no le puse el gorro, sino que cuando lo conocí realmente creí que con él podía funcionar algo serio. Pero yo estaba muy confundida en ese tiempo y no debí empezar con él tan pronto después de haber terminado mi relación anterior. No alcanzamos a durar ni un mes.

Así soy yo, cometo errores por dejarme llevar y no pensar bien en las consecuencias de mis actos. En el fondo, soy una pendeja. Soy inmadura emocionalmente y cada vez que me propongo estar sola un buen tiempo para no meterme en más cachos, la fuerza de voluntad me dura menos que la de mujer a dieta. Conozco a alguien, vuelvo a pensar que todo será diferente, que yo ahora soy diferente, y la vuelvo a embarrar.

Gracias a ciertas declaraciones de odio que he recibido, sólo me falta saber de algún ex borracho cantando en algún carrete "Maraca Conchetumadre" de los Picantes y dedicándomela, pidiéndome que me "meta por la raja mi falso amor" (perdonen el poco delicado lenguaje).

Ahora, no deja de sorprenderme la conducta del "otro lado de la historia", de estos hombres que caen.

A más de alguno yo le advertí que estoy cagada del mate, que tengo issues y no son menores, figura paterna ausente, familia disfuncional, ustedes nómbrenlo. Y lo advierto siempre al inicio, para que sepan bien cómo soy antes de meterse conmigo. También les cuento de mis exs y cómo han terminado las cosas. Nuevamente, para que sepan con quién se están metiendo. Y aún así, se arriesgan. Deben creer que ellos me van a poder cambiar. Que he sido así netamente porque no he encontrado a la persona indicada, al hombre que me dome, cual Fierecilla Domada. Qué sé yo.

O en una de ésas, simplemente les gustan las "maracas conchetumadres" del mundo. Quizás sean la versión masculina de la mujer a la que le gusta sufrir por amor. Y yo, la siempre dispuesta victimaria que los ayudará a hacerlo,

Maraca Conchetumadre

martes, 2 de febrero de 2010

La pregunta

Antes de que comience esta maravillosa entrada, queremos pedir las más sinceras disculpas por no estar actualizando tan seguido como quisieran. Algunas Exs están de vacaciones, otras a full con el laburo y se ha hecho bien complicado coordinar las actualizaciones. Pero Marzo se viene con varias y buenas sorpresas así que sigan sintonizándonos. ¡Gracias por su paciencia!

Queridas mías, las invito a ponerse una mano en el corazón, a hacer memoria y contestar la siguiente pregunta: Nosotras, al empezar una relación, siempre sabemos más o menos cuánto va a terminar, ¿no? No me refiero a saber exactamente cuánto, pero siempre hay una idea.

Esa sensación de “sí, yo tal vez llegaría a considerar casarme algún día con él” o “me estás webiando, ¿no?” se sobreviene después de unos pocos días, o incluso horas, y suele convertirse en una vocecita delicada que recuerda, cada cierto tiempo, que andar por la vida dando jugo o perdiendo el tiempo a veces no es muy bueno.

Me explico, cuando empecé mi relación con José habían unas cien cosas de mí que él odiaba, por ejemplo, mis gritos, mi afán de confrontar a la gente, mi poca paciencia, mi puntualidad, mi obsesiva necesidad de coordinar qué se iba a hacer y dónde por lo menos el día antes, mis comentarios ácidos cuando sus amiguitas buscaban monedas en sus bolsillos, etc. Y cien cosas de él me molestaban a mí: la relación enfermiza con su padre, el odio parido hacia su hermana, la adoración sin límites hacia su madre, sus amigos abusadoras y excluyentes, su impuntualidad, su desorden, etc, etc.

Visto en retrospectiva la relación estaba condenada al fracaso desde antes de empezar.

Pero como yo soy bruta, y en ese momento pensé que había amor y que ese amor era mutuo, démosle, total, si se quiere se puede, cierto?

Mentira.

En mi relación previa con Andrés, también me molestaban cosas, su incapacidad de enfrentar a sus padres era una, sus eternos juegos de niño chico, etc. Y supongo que habían cosas de mí que le molestaban, como por ejemplo el hecho de que yo no bailaba axé, pero no me lo dijo en el momento adecuado.

Pienso, entonces, que son esos detallitos los que dan pistas de cómo se viene la mano.

Si a eso le sumamos la percepción de los amigos, y de la familia, junto con otros eventos, como por ejemplo las ganas impulsivas de ver a algún viejo amigo, o el eterno suspiro cuando el muchacho te pide un favor, bueno, no es ningún misterio que la cosa se está apagando, y si no nos damos cuenta es porque no queremos darnos cuenta.

Pienso, también, que el tema de la cama puede ser un indicador de que la cosa va bien, mal, o da para largo. La buena cama, la complicidad, el placer, el hecho de que después de den ganas de dormir, fumar, comer o querer empezar de nuevo son decidores, pero no definitivos.

A veces uno se acuesta por amor, por bronca, por odio, por ocio, o por calentura, entonces al final este es solo un indicador de qué tanto nos gusta la cacha, y nada más.

Pero sumando los distintos factores, yo creo que podemos saber, que podemos tener una idea, para que un desenlace (“no eres tú, soy yo”) u otro (“quieres vivir conmigo?”) no nos pillen tan en frío, ¿no creen?

Leonor

martes, 19 de enero de 2010

Manual para retomar contacto con un ex buena tela

Hay exes a los que no quieres ver, que te dañaron y te hicieron mal. Por mí, que se pudran en el infierno de la indiferencia. Que otra se quede con el cacho.

Pero existen otros que no fueron malos y te dañaron igual. O, más que dañarte, se te incrustaron en la cabeza y el corazón como un jodido cáncer... Bueno, es casi lo mismo. Si este es tu caso y ansías ver de nuevo a ese hombre, ten en cuenta lo siguiente:

  1. Pregúntate: ¿qué tenía tu ex que te dejó tan pegada? Actitudes, algo de su físico, etc. Algunas veces, quedarse pegada con una persona y afanarse en buscarla ocurre porque no creemos poder volver a sentir algo similar por alguien, o que no habrá nadie como él en este mundo.

  2. Revisa todo lo bueno que tuvo, lo que más te gustó y lo que más te hizo feliz. Aunque sea algo absurdo. Después, anota todo lo malo y lo que más te dañó.


  3. a) Si la lista negra es más larga que la de virtudes, plantéate la situación. ¿Quieres volver con el socio? ¿Exigirle que te pida perdón de rodillas o hacerle daño? ¿Que te explique los porqués? ¿Probar si ha cambiado su forma de ser? Mira, el daño está hecho. El tipo jugó baby-fútbol con tu corazón y se fue. Sacarás más en limpio si ves cuál fue tu 50% de responsabilidad en la relación en vez de quedarte pegada pensando en motivos que al otro ni siquiera le interesa revisar.

    b) Si la lista de virtudes es mayor, puede que lo hayas idealizado o que realmente fue un buen tipo. Para probar lo primero, muéstrale la lista a amigos o familiares que lo hayan conocido y pregúntales si era así como lo vieron. Si nadie lo conoció, vas a tener que sincerarte contigo misma y acordarte de que es un ser humano como todos antes de rehacer la lista.

    Si de verdad fue un buen tipo, ¡Bien! Como en el punto 3.a, revisa qué papel jugaste en la relación. Vamos, que tú no eres la única víctima. ¿Lo creíste perfecto y exigiste que lo fuera? ¿Le pediste más amor del que estaba dispuesto a dar? ¿Le impusiste que llamara más, escribiera más, invitara más? ¿Lo paqueaste? ¿Le armaste escenas de celos con gritos, llantos, vasos llenos voladores y espectadores includos? ¿Ignoraste sus quejas?

  4. Ahora que tienes claro lo que hiciste, lo que hizo, lo que es, si crees que aún te estima y sigues queriendo verlo, imagina que estás ante un altar con el compadre vestido de frac al lado y responde sinceramente lo siguiente:

    • ¿Aceptas a este compadre con sus defectos y virtudes, aunque esté casado y con hijos?

    • ¿Aceptas lo que él quiera y pueda ofrecerte, sin exigir más ni conformarte con menos, y sin darle vueltas al asunto después?

    • ¿Estás dispuesta a admitir que es imposible empezar desde cero?

    • ¿Serás feliz si él está bien consigo mismo o con su pareja, aunque no seas el motivo directo de su felicidad?

    Una respuesta honesta y afirmativa a todas y cada una de las preguntas es que realmente lo quieres como ser humano, así que tienes derecho a retomar el contacto si es lo que deseas. Ojo, nada de forzar las cosas ni forzarse (ni forzar al pobre cristiano).

    Si respondes honesta y negativamente a una o todas las preguntas... RTFM* cuantas veces sea necesario!!!

  5. Esto se aplica para hombres, mujeres y parejas homosexuales.

  6. Todos los puntos son cuestionables, la verdad absoluta es la relatividad de todas las verdades.

  7. Las excepciones confirman la regla.

MilDiez

*= Read The Fucking Manual xD

lunes, 11 de enero de 2010

La confusión NO existe

Nadie está confundido por 6 meses. Es más, nadie está confundido por más de 5 minutos. Nadie no sabe lo que quiere. Siempre hay una parte de uno, aunque sea la caliente y animal, que apunta, literalmente, a lo que desea.

Es un hecho inevitable de la vida.

Entonces, ¿por qué la falta de bolas para decir las cosas?

Uh, que feo que suena eso, pero parece que están de moda los hombres mudos selectivos. Y de verdad no lo entiendo. ¿Por qué piensan que un “estoy confundido, no sé, pero igual creo que te quiero” hace menos daño que un “no te amo, terminemos”?

Este afán de generar falsas expectativas, de dejar que una se enrolle, ¿les alimenta el ego? ¿es eso? ¿o es que cuando no hay nada en la televisión tiene su gracia y su encanto ver cómo la mina a la que le prometieron el oro y el moro ahora llora de dolor, los mira con los ojos llenos de lágrimas afirmándose con uñas y dientes al borde del abismo por el cual no quiere caer pensando una tontera tan grande como que su amor es suficiente para los dos?

Eso es una falta de respeto, por decirlo menos.

Y no creo que exista justificación alguna.

No faltan los que inventan tonteras del estilo “me preocupa lo que va a ser de ti sin mí”, como si una de verdad estuviera afirmada por el lado de afuera del balcón a lo Rose en Titanic, a punto de soltarse en el instante en que él se vire, porque claro, cómo es posible que siquiera intentemos vivir sin él.

Impresiona la dualidad del tema: por un lado, son gallinas, porque no tienen las bolas para decir las cosas por su nombre, y por otro lado, literalmente se creen el tarro con más duraznos y está seguro de que moriremos si nos sueltan la mano.

¿Cómo es posible que el tarro con más duraznos sea una nena de pecho que en vez de decir la verdad guarda silencio e incluso derrama un par de lágrimas con ojos de cocodrilo al ser encarado?

Este afán de tirar las cosas por la tangente, de hacerse los ofendidos, de no decir la verdad, de esconder detrás de más gente, de disfrazarse con omisiones, y mentiras, ¿para qué?

Pura cobardía.

Increíble. Muchas mujeres son, somos, más hombres que la mayoría de ellos.

Ahora, es cierto, es parte culpa nuestra por no soltar al primer indicio, por pensar que se les va a pasar la tontera, pero de modos, ¿es necesario darnos cuerda?

Leonor

martes, 5 de enero de 2010

Acta de Rendición

Siempre me han llamado la atención las personas que después de una decepción amorosa se ponen en pie de guerra a todo lo que huela a romance. Que el amor no existe, que tener pareja es una pérdida de tiempo, que mejor dedicarse a follar y pasarlo bien sin querer consecuencias. Y sí, cada uno tiene derecho a hacer/pensar/creer lo que les siente mejor, pero ¿Really? ¿El amor no existe? ¿Es una pérdida de tiempo? Give me a big fuckin break!!!

Creo que desde que tengo uso de razón que soy una romántica incurable. Me gusta cenar a la luz de las velas, las mariposas en el estómago, que todo me recuerde a él. Mirarme al espejo e imaginar que hace sólo unos momentos mi piel no era mía y sonreír como si tuviese el mayor y más interesante de todos los secretos. Y porrazo tras porrazo, decepción tras decepción me decía que tanto dolor siempre valía la pena. Hasta ahora.

Después de tocar fondo con el término de mi última relación y los continuos tropiezos con la misma piedra, mi romanticismo se fue al carajo. No porque ya no crea en el amor, sino porque dejé de creer en mí y en mi capacidad de entregarlo sin medida, de manera absoluta y total.

Me miro al espejo y me siento incapaz de entregarme a alguien. Siento que la muralla que tan delicadamente y con tanto esfuerzo desarmé para Él, se rearmó en cuestión de suspiros y más fuerte y alta que nunca. Y me pregunto por primera vez y de verdad, si tanto esfuerzo vale la pena.

Parte de mí dice que sí, que el amor siempre vale la pena. Que los esfuerzos y rabias y penas que vives son compensados con creces con cosas simples como una sonrisa sincera, un beso largo y un abrazo acogedor cuando el mundo parece querer comerte viva.

Pero otra parte de mí, la mayoría en verdad, entró en pánico frente al posible escenario de tener que pasar por toda la pena, rabia y decepción post ruptura. Una tras otra, se van poniendo más difíciles, cada vez son más cosas las que están en juego y mi corazón simplemente se rindió. Se armó la fortaleza más inexpugnable posible y no quiere salir de ahí. Y, a ratos, yo tampoco.

Juana La Loca

viernes, 18 de diciembre de 2009

El perro que le ladre

Hay féminas que definitivamente se ponen muy insoportables cuando se consiguen un perro que les ladre.

Me ha tocado ser amiga de un par, que son muy lindas y amorosas cuando están solteras, se portan decentemente mientras están pasándola mal en una relación (suelen buscarse malos prospectos, para más remate), pero apenas están en inicios de amoríos, es mejor que te olvides de su amistad por un buen tiempo porque simplemente borran todo lo demás de su vida y hacen de su nuevo príncipe el centro y razón de absolutamente todo lo que está sobre la tierra y bajo los cielos.

Entonces, afírmate si quieres tratar de mantener el contacto con ella.

Son de las que se pierden durante meses, te dejan plantada a último minuto porque de pronto llegó su nuevo 'algo' y se olvidó que tenía una cita contigo, o peor: llegan con él a última hora a esa junta en que se iban a poner al día, esa junta para ir a vitrinear, ese cumpleaños de sólo amistades sin acompañamiento, esa junta a la que fuiste como un estropajo o a esa comida en casa en que tienes todo patas para arriba porque sólo te permites que te vean así tus amigui-amigui... y más encima pretende que le des el visto bueno así de la nada, cuando estás con una cara de tres metros por la intrusión.

Son de las que no entienden que hay veces en que quieres verla por separado, y que más adelante, cuando tengas una idea de para dónde va la cosa (dónde se conocieron, qué hace, qué tan seria es la relación, qué pasó con su último ex... preguntas para orientarse en el mapa sentimental de la otra), y de las que probablemente ni siquiera tienen idea de cuáles son esas respuestas, y que buscan que el resto 'apruebe' su última adquisición para sentir que no metió la pata al meterse con cualquiera... 'porque me miró lindo' o 'es simpático'.

Son de las que, cuando tengas la SUERTE de pillártelas por ahí (porque, entiende, no se juntarán premeditadamente), no pararán de hablar de él: de que es tan lindo, tan dedicado, tan aquí, tan allá, salimos a tal parte y según Cosmo es mi alma gemela, que como es capricornio y yo soy aries blabláblablá... como si en realidad trataran de autoconvencerse más que de convencerte a ti de su buenísima elección.

Son de las que, si les dices que en realidad te cayó como la salmonella (u otro bicho que provoque severas enfermedades estomacales) su nuevo 'amigo' y que no quieres que lo lleve a tu próxima junta, entonces simplemente 'no tienen tiempo' y se van con el tipo, que obviamente les dice 'o ella (es decir yo) o yo (es decir él)', y las tontas aceptan pese a que su gran amor les aburre como ostra porque EN REALIDAD NO ES SU TIPO... pero no quieren admitir que, otra vez, se equivocaron.

Son de las que, luego de aguantar mucho, luego de ser maltratadas hasta, luego de sacarse la venda y ver a su Homero Simpson como el hombre simple y sin horizontes que es, llegan corriendo de vuelta a llorarte los males que tuvieron que sufrir, y tú, con cara de 'te lo dije', tienes que soportar con paciencia de santa que te diga, como si fuera descubrimiento de ella, que el muy infeliz no la dejaba ver a sus amigos y que no podía ir sola a ninguna parte, y que te juro, amiga del alma, que nunca más...

Hay algunas que nunca entienden y que pronto terminan por copar la paciencia, y terminan borradas de las listas navideñas, cumpleañeras, y te acuerdas de ellas cuando Facebook te dice que hace tiempo no interactúas con ellas.

Hay otras que logran entender que tienen un comportamiento compulsivo y simplemente tratan de molestar lo menos posible, y que cuando te ven chata y ven que, pese a todo lo que te hablan del susodicho, eres incapaz de retener su nombre, simplemente se dan por vencidas y tratan de luchar contra su instinto de 'mi vida tiene que girar en torno a él y nadie más'.

Y hay otras que terminan por rehabilitarse, y sinceramente me saco el sombrero ante ellas, porque sólo ellas saben aguantarse las miradas y gestos de excepticismo de sus amistades cuando mencionan al novio, el que al fin eligieron por algo más que un simple 'no quiero estar sola' y un 'parece que le gusto'.

Y eso que dicen que perro que ladra no muerde.


Señorita Gruñona

domingo, 8 de noviembre de 2009

Yo, la Sicópata

Sí, lo reconozco. Sin tapujos, ni problemas. Yo soy la Ex problemática, que persigue, acosa, llama, busca y no deja nunca tranquilo al pobre ex novio. Soy la sicópata, la psycho, la peor pesadilla de cualquier mujer. Sé usar Google a la perfección y las redes sociales (Facebook y Twitter) no han hecho sino aumentar mi habilidad para conseguir información y puedo dar con números de teléfono, emails, direcciones y hasta RUT en cuestión de minutos. Saco conclusiones con una rapidez escabrosa y puedo pasar meses rogando, suplicando y arrastrándome por otra oportunidad. Pero no siempre fue así.

Una Psycho no nace, se hace. Hay ciertos defectos que si no son asumidos a tiempo, darán paso al nacimiento de una Sicópata. Principalmente, la inseguridad. Con uno misma, hacia los demás, hacia el mundo. Todos parecen mejor que tú y si alguien se fija en ti, tienes que pegarte con una piedra en el pecho.

Entonces, ocurre lo imposible: alguien te encuentra, te enamora, te hace vivir aquellos sueños y sensaciones que pensabas estabas destinada a vivir sólo en tus sueños o en películas. Eres feliz, te entregas sin tregua, planeas una vida completa con la otra persona. Hasta que se acaba. Y no es la ruptura en sí, sino la razón de la ruptura. Te engañaron, te mintieron. Traición. Incluso puede ser que hayas sido tú la que haya decidido terminar. Either way, el mundo se te viene abajo.

Y llegan las preguntas. De a poco, casi sin sentirlas. Quieres morir, saber qué hiciste mal, por qué te dejaron por otra, por qué hubo otras si te amaban tanto. Luego, al no dar con la respuesta miras hacia fuera. Y empieza el acoso.

Primero sin querer. Llamadas de la nada “Sólo para saber cómo estás, ¿qué cuentas, querido? Tanto tiempo...”. Después, empiezas a desarmar y rearmar fechas, situaciones, rostros, nombres. Y cuando empezaste a averiguar, a tener frutos de tu arduo trabajo es simplemente demasiado bueno para dejarlo. Sicopatear es una droga dura. Por eso no todos pueden, ni aguantan.

Con la aparición de los blogs y Google y Facebook y todas esas cosas, el sicopateo puede llegar a niveles increíbles. Con un par de búsquedas bien hechas, ya no sólo tienes conclusiones comprobables sólo en tu cabeza, sino información dura: comentarios sospechosos, mensajes en el muro, fotos, amigos en común, evidencia.

Pero detrás de toda sicópata (aparte de un hombre que nos cagó la siquis de por vida), está el lado que nadie quiere ver ni asumir: uno no sicopatea por gusto, sino por obligación. Porque las cosas nunca quedaron claras, por el puto “termino contigo porque no sé lo que siento”. Porque las cosas en la relación nunca quedaron claras, porque siempre hubo dudas y rincones oscuros que el otro se negó a explicar. Y esa es una semilla que nutrida por la inseguridad, la duda y el temor al abandono puede crecer y crear un monstruo. Como yo.

Sólo pido un poco más de respeto y menos lástima por la raza Psycho. Tenemos sentimientos, igual que los demás. Alguna vez tuvimos corazón, igual que los demás. Sólo que alguna vez lo hicieron tan mierda que nunca mejoró como correspondía. Somos un Frankenstein emocional, un fantasma de una persona alguna vez feliz, normal.

El problema es nuestra perversa visión del amor. El amor que una siente por el otro debería ser suficiente para superar cualquier obstáculo. Pero muchas veces no lo es. Y para algunas, eso simplemente no puede ocurrir.
Juana La Loca

viernes, 23 de octubre de 2009

Punto de quiebre

De pronto, los días comienzan a ser más largos, hay más luz, un viento que disipa las nubes grises del invierno y nuestros sentidos nos dicen que hay que despertar... ahí está la primavera, con sus pajaritos cantando, sus mariposas volando y sus árboles florecidos, digno de una película cualquiera de Princesas de Disney. ¿No es bello?

Pues para mí no. Detesto, detesto la primavera. No sólo por las alergias que hacen que lamente verme cada mañana al espejo con los ojos hinchados, la nariz roja y sarpullido en la piel. No sólo porque me moleste el cambio de luz y pase dos meses con jaqueca, ni porque tengo que crear toda una estrategia de defensa contra los bichos voladores chicos, que me atacan impulsados por el viento. No sólo porque me da asco la 'florecencia' de la cursilería en todas partes, la gente apareándose por ahí irracionalmente, sin control alguno de sus hormonas, qué repugnante!

Parejas besándose sonoramente en el metro, toqueteándose... me dan ganas de ir a darles las gracias por hacer que el precio de mis pastillas suba cada año, con los farmacéuticos sobándose las manos por los ingresos extra que les significan esta manga de... personas afectadas por la fiebre primaveral.

Pues no, todo eso lo detesto, pero una de las razones principales de mi profundo odio hacia esta estación es que siempre termino en primavera, 'la estación del amooors´.

No sé por qué razón, entre septiembre y noviembre mis relaciones peligran. Hay quiénes creen que todos pasamos por las "crisis de los 3 meses", la "crisis del primer año", la "crisis del año y medio" y así un largo etcétera. Otros dicen que si una relación sobrevive a las temibles "vacaciones de verano" o "de invierno" es algo que va en serio. Como si la gente se demorara una cantidad de tiempo exacta en 'notar' las desaveniencias o fuera incapaz de soportar la llamada 'viudez de verano' -Aunque esto último es posible, tomando en cuenta el comportamiento hormonal de algunos-.

La verdad, no sé si para alguien se cumplan estas reglas, lo que sí sé es que la primavera ha resultado ser fatal para mis experiencias amorosas.

Es como si en esta época estuviera más predispuesta a estar chata y decir "Pta, si no se la juega él, entonces esto no va para ninguna parte". Es la época en que suceden las grandes peleas, los "tenemos que hablar", los "trataré de cambiar" y los "démonos un tiempo".

¿Seré yo? De pronto veo que hay algo: una actitud, una situación que no me gusta, y la converso, la trato de solucionar, ser colaboradora, participativa, buena onda... pero nada, vuelvo a mirar y sigue ahí, como burlándose de mí.

En septiembre noté que A era un egoísta que sólo pensaba en su carrera. En octubre terminé con R después que su manía de coquetear con una de sus amigas sobrepasara el límite de mi paciencia. En noviembre murió mi idilio con J, muy apuesto pero incapaz de juntar 3 frases coherentemente. Y de nuevo en octubre, paso por mi crisis eterna primaveral, esta vez porque encuentro que mi galán es un poco tosco y rudo a veces para expresar lo que le molesta.

Supongo que está bien decir que una tiene sus límites y que hay cosas que jamás dejará pasar, yo por ejemplo me dije mucho tiempo atrás que jamás estaré con un hombre violento, irresponsable, infiel y ególatra (basta que cumpla sólo una de estas condiciones para que no vuelva a ver mi sombra). El problema es que, al ser tan fiel a mí misma, apenas veo cualquier atisbo de problemas salgo huyendo por la puerta más cercana, tratando de no mirar atrás para no volverme sal.

Ahora, con un poco más de experiencia en el cuerpo, estoy cansada de correr y refugiarme. Estoy cansada de perder. Miro parejas que llevan 30, 40 años de casados, y son capaces de quererse y amarse como si nada. O como si mucho, porque me imagino que deben haber pasado por problemas y que, contrariamente a lo que yo hago, los deben haber resuelto.

Pero ¿cómo se logra eso, Dios mío? Vez tras vez me he topado con personas tan o más testarudas que yo, que les cuesta confiar y sobre todo ceder. O que te dicen "Está bien, lo hago" y lo dejan para más rato, con la esperanza infantil de que se te olvide. ¿Alguien ha visto que eso alguna vez funcione? ¿En la vida real?

Ah... Yo sólo quiero encontrar un gran amor, como los de antes.

Liss

viernes, 11 de septiembre de 2009

Peor que maldición gitana

¿Recuerdan esas típicas películas y series gringas en que, de pronto, aparecía una persona de apariencia mística (léase gitana) y lanzaba una maldición al protagonista como castigo por ser mala persona?

Bueno, yo sí. Y con el tiempo, aprendí que al igual que en la pantalla, nunca se sabe dónde una frase maldita puede tomarte por desprevenida.

Me refiero a esas típicas cosas que, cuando estás en pareja, te dice la gente con 'buena intención', pero en realidad terminan siendo un pésimo augurio para tu idilio... porque es cierto que a veces lo malo de una relación es el resto de la gente.

Al igual que en "Por sus dichos los conocerán", voy a exponer las frases que, al menos a mí, me sacan de quicio y podrían despertar a mi Hulk interno. Pero antes de seguir, quiero agradecer a las personas que comentaron y compartieron con nosotras las atrocidades que debieron oír de sus príncipes convertidos en batracios. Seguimos leyéndoles y acompañándoles en su pesar...

Bueno, a lo que íbamos:

- "¡Qué linda pareja hacen!" (léase "qué lindos se ven", etc...)
No sé por qué azares del destino, es cosa cierta que una vez que te dicen eso tú puedes saber que la relación está cerca de terminar. Mientras más 'buena pareja' haces, más probable es que las cosas terminen mal... Tiemblo cada vez que la escucho, aunque no sea a mí a quien se la dicen, y creo que para aquellas madres que no quieren que sus retoños se involucren con cualquiera esto podría ser más eficaz que el típico "él/ella no me gusta". Al menos yo, cuando tenga hijos, pienso usarlo.


- "Qué buen/buena chic@ encontraste... Cuídal@"
A ésta le tengo una aversión especial, porque perdónenme pero, a menos que se trate de un resfrío que saque mi lado de 'holaaaa enfermeraaa'... ¡¡¡QUÉ TENGO QUE ANDAR CUIDANDO YO A UN TIPO QUE HACE RATO TIENE BARBA!!!. Antes que nada, me molesta esa idea de él (o ella) es más importante que tú así que cuídal@ (hieren mi autoestima xD) y segundo, más detesto esa idea de si no l@ cuidas te l@ van a quitar, como si tuviera que andarle comprando un cinturón de castidad o 'marcar territorio' a cada rato para que no me joteen al susodicho. Nah, lo siento, yo no estoy para Pepe Grillo ni secretaria de nadie...


- "Son la pareja emblemática"
Más común en ambientes escolares, universitarios, etc. Semejante a lo de la linda pareja, ocurre cuando la relación que mantienes con alguien de tu mismo ambiente se convierte en ícono de referencia para el resto... 'qué genial!' dirá más de alguien, pero la verdad apesta porque resulta que al ser la pareja emblemática llega un minuto en que el 70 % de la gente comenta chismes sobre ti, tu pareja, y un largo etcétera. Advertencia: puede que nunca nadie te diga esta frase, pero sólo ser considerada 'pareja emblemática' o similar es una sentencia de término.


- "Menos mal que te conoció, antes se metía con puros pasteles"
Lo peor de esta frase es que te puedes terminar pasando todos los rollos de si es un buen o un mal antecedente para ti, para tu pareja, para la relación, para el mundo que hizo que se encontraran...


- "¿Y ustedes cuándo se casan?"
Y aquí quiero hacer un llamado especial: Gente, hay cosas que no se preguntan, punto. En serio, no quieren provocar esa discusión dentro de una pareja que se ve bien, se ve estable y quizás tiene pensado proyectarse en el futuro. Apresurar las cosas desde afuera no es bueno, hay que dejar que la gente viva sus procesos, y una vez que hayan respondido a la pregunta del resto (con un probable 'no nos interesa'), probablemente no se la planteen en mucho, mucho tiempo. Idem con lo de "¿y los hijos cuándo?", son decisiones de pareja en las que nadie tiene derecho a meterse, porque a lo más van a lograr traumar a alguien con el tema.


Bueno, sólo me da para cinco, pero estoy segura de que ustedes podrán aportar con las maldiciones gitanas disfrazadas que han podido detectar...


Señorita Gruñona

domingo, 30 de agosto de 2009

¡Yo lo/la vi primero!

Querido público, hoy nos es grato comentarles que tenemos una nueva colaboración de una de nuestras lectoras, Cándida, que nos envió la siguiente historia. ¡Disfrútenla y no olviden comentar!
Si tú también quieres tu rinconcito en La Ex, no dudes en escribirnos a soy.la.ex@gmail.com
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Yo creo ser una persona generosa. Si a algún conocido le pasa algo bueno, me alegro de verdad, siempre comparto galletitas o el snack que tenga a mano por mucho que me guste, presté religiosamente todos mis apuntes cuando mi letra comenzó a ser legible y si alguien me pide algo prestado nunca se lo niego.

Por eso, nunca entendí la actitud del "yo lo vi primero", esa persona que se sentía con más derecho que otra para jotear sólo por haber declarado sus intenciones a medio Chile, joteos que por lo general siempre fracasaban, a pesar de la anticipación con la que se planeó el ataque, y que dejaban a otros mirando a la carnicería sólo por no "herir" sus putos sentimientos. Aunque estos sentimientos fueran tan duraderos como un golpeado de tequila. Es como el perro del hortelano: no come ni deja comer.

Mi primer acercamiento con este peculiar rasgo de egoísmo pasó entrando a la U, cuando, luego de ser literalmente repartida entre un grupo de amigos, resultó que terminé teniendo onda con uno que no había sido al que le habían dado permiso para jotear tranquilo (y al que ya se le había dicho que no). Las recriminaciones por el "yo la vi primero, y sabías que me gustaba" terminaron siendo una fuerte discusión... conmigo al frente. Al poco tiempo, supe que la que más había avivado la cueca con la supuesta traición había sido una ex andante del traidor, que ahora pololeaba con otro. Por lo visto, el "yo lo vi primero" no solo corría para los que buscaban pareja, sino también valía para los que ya la tenían.

Al tiempo después, y ya terminado el lío aquel, comenzamos a salir mucho con una amiga: Bastaba que un tipo sonriera bonito para que le empezara a escribir corazoncitos en sus cuadernos y a transformarse en una obsesión que era reemplazada al rato por otra. Así cada vez marcó territorio haciéndole la cruz a cualquiera futura polola o supuesta "enemiga de intereses". Las cosas se complicaron cuando pareció haber interés de uno de sus supuestos "amores" (si le podemos llamar así a encontrar rico a alguien) hacia mí. Inmediatamente comenzaron los "yo lo vi primero" y el tratar de hacerme sentir mierda por la evidente atracción de los dos. Siempre trataba de ponerme en evidencia para luego tirar el discurso: "mmm, parece que le gustas... pero cómo tan chueca hacia mí que estoy tanto tiempo soltera, búscate a otro". Yo lo había conocido antes, pero el que ella hubiera sido la primera en decir"lo encontré bueno" la hacía inmediata ganadora de su número exclusivo. Así, muchos posibles wannabe pasaron a la lista de archivados por la culpa que me generaba el coartar el excesivo campo de acción de la amiga acaparadora. Convídate uno, o por último, olvídate del que te gustó hace un par de años, por lo menos.

Así mismo, vi cómo el recurso de gritar a los cuatro vientos la intención de joteo fue parte de las peleas y webeos más grandes que he visto. Si hay algo que nunca falta, es el amigo que elige a sus anchas y deja con lo que queda al resto, alegando un supuesto derecho fundamentado escasamente en la mala suerte que debe romper, o el "ella me gusta de verdad" aunque ese gustar de verdad fuera compartido por otras veinte personas más.

Lo que más me llama la atención es que, al igual que lo que escribió Faye sobre los jotes, pareciera que la opinión del joteado no importara: él o ella se DEBEN rendir sola y exclusivamente a los encantos del que lo marcó frente a todos como su presa, y esto se mantiene aún si recibe un "no" rotundo. Estoy convencida de que el Agarra Aguirre sincero no debiera romper amistades o considerarse una deslealtad: el joteado elegirá, tal cual como los "enemigos" tuvieron la libertad de fijarse en la misma persona.

Y con los ex, parece que el asunto del Perro del Hortelano es el mismo. Siempre las que siguen son brujas, feas o maracas, en el caso de las mujeres, y unos pobres sacoweas, losers o pasteles en el caso de los hombres. Aún cuando los sentimientos se hayan acabado hace rato o se haya comenzado una nueva relación, queda a veces la sensación de que el otro te debe algo por haberte fijado en él antes, algo que lo obliga al celibato durante toda la vida. Como si la única razón de existir del pobre fuera haberse encontrado contigo.

Si ya no hay nada, yo prefiero que me olviden, que se tiren a minas lindas, que se enamoren hasta las patas y que me recuerden con cariño como parte del pasado. No me va el desear cagarle la vida a alguien por quedarse enganchado, para hacerme sentir especial y única. Que el weón encuentre a alguien con quien no tenga los problemas que tuvo conmigo, que no meta las patas de nuevo, que sean felices, que tenga varios hijos, plante un árbol y escriba un libro. Creo que es lo que menos le puedes desear a alguien que por algún momento te hizo feliz. Es también parte de olvidarlo: el desearle sinceramente lo mejor, lo más lejos de una, es el mayor síntoma de que estás recuperada.


La Cándida

jueves, 27 de agosto de 2009

Un amor platónico

Johannes va a unas juntas a las que me invitó una amiga cinéfila. Él me llamó la atención apenas lo vi; primero, porque se parecía a Froilán, pero después cobró colores propios cuando lo escuché hablar.


Sabe conversar de manera entretenida y callar cuando es necesario. Es ingenioso, alegre, comenta cosas interesantes y -al igual que con Amigo-, me siento cómoda con él. No tengo la sensación de estar fuera de lugar si le digo algo y tampoco me pongo muy nerviosa si me dirige la palabra.

Es y será sólo un amor platónico, porque tiene un hijo y una esposa. Se trata de una pequeña familia feliz y, en realidad, me alegra que así sea. Se ve contento con su vida, por eso me gusta tanto.

También me gusta porque me demostró que existen hombres más alegres que Froilán, más divertidos para conversar, con temas mucho más interesantes que su carrera, su (ex)pareja o sus amigos, con una mirada y una sonrisa mucho más simpáticas y, lo más importante... hay hombres realmente felices, con mayor capacidad para compartir y hacer sentir bien al resto.


¡Aún hay patria, ciudadanos(as)!



MilDiez

miércoles, 12 de agosto de 2009

BUSCO HOMBRE SIN GRACIA ( O desgraciado, da lo mismo)

A veces pienso que traigo puesto un cartel atrás que me hace sedientamente atractiva, como siempre se me han antojado son los enormes culos de las cebras (¿se han fijado en que no falta la foto de una cebra, mirando hacia atrás, como diciendo “no te metas con mi cucu”?).

Vuelvo al tema. Siento que ese atractivo cartel dice: “tomo hombres con, traumas, mala educación y los convierto en hombres relativamente decentes”.

Y no hablo por autocompasión, porque lo mío sean los hombres poco atentos, o excornudos y actualmente traumatizados. Hablo de una especie de instinto por el hombre de estructura mental dramática, con un pasado familiar al cual la tan citada “disfuncionalidad” le cae como piropo, más que como diagnóstico. Lo mío es una derecha inclinación al macho zeta, dañadito, ni rudo ni suicida, pero con escasas posibilidades de una supervivencia digna.

De alcohólicos, por ejemplo, tengo varios: el pololo curadito simpático, que te hace reír en los primeros tres carretes, pero luego, al cuarto carrete hace una arcada en pleno beso de retorno a casa, y lo que es peor, luego vienen las erecciones fallidas o el priapismo alcohólico (ese al que curado no se le bajan los instintos ni con mostrarle un foto de Teresita Reyes).

O el lunático, ese que te ama intensamente de lunes a miércoles, y el resto de la semana anda ensimismado y de mal genio, acusándote de cuanto mal hay en el mundo.

Al profundo, ese que es como un emo desfasado en el tiempo, ese que tiene una vida interior según él, tan compleja, que no quiere involucrarte en su complejidad, entonces está contigo, pero después ya no, y luego sí porque tú eres la luz, pero su oscuridad es tan profunda que mejor te vas al carajo y el huevón, llora.

Y sin ir más allá tuve uno que al cabo de reacciones raras y medio violentas terminó siendo esquizofrénico, y otro que, sin más comentarios, me pegó justificándose en que yo era demasiado linda, atractiva e inteligente, lo que hacía que hubiera muchas posibilidades de que los hombres me buscaran y por ende, le pusiera el gorro, entonces me castigaba de antemano, para que ni me atreviera a engañarlo.

Demanda por medio, se volvió otro tormentoso recuerdo en el obituario de mis amores.

Miro hacia atrás y todas mis relaciones son intensas, pero tormentosas, llenas de esfuerzos para no terminar en homicidio. Miro hacia atrás, pero más cerca en el tiempo y los veo a todos levemente mejorados, pero ante esa leve mejora, han dejado de estar conmigo.

Entonces me limito a pensar que definitivamente hay mujeres que no amamos. Simplemente compadecemos apasionadamente.


Loca de Patio

lunes, 10 de agosto de 2009

¡No me estoy haciendo la difícil!

Hay mujeres a quienes les gusta hacerse las difíciles. No digo que sea bueno ni malo, sólo es. De hecho, creo que guardando ciertos límites, puede ser interesante. Ser un poco más “hard to get”, verlos esforzarse más, y alargar un poquito más el proceso de conquista, las mariposas en el estómago y la seducción. A veces, ellos también valoran más algo que no les resultó tan fácil. Pero si bien la aventura de la conquista puede ser muy agradable, la verdadera aventura casi siempre comienza con la relación, cuando enfrentas una serie de nuevos retos y desafíos, que van más allá de que la pareja tenga química y se gusten.

Sin embargo, generalmente en el juego de ser difícil siempre hay señales –a veces sutiles, a veces no tanto- de que lo que tiene que pasar, VA A PASAR, sólo que lo estás haciendo esperar un poco. Siempre hay algo de coqueteo, sonrisitas cómplices, una que otra frase juguetona, algo para que entienda que eres difícil, no imposible. Cuando esto no está presente, no te estás haciendo la difícil, simplemente no estás interesada.

Antes de concentrarme en este último punto, quisiera explicar algo. Hay mujeres (quizás hombres también, pero hasta ahora no me ha tocado ver a ninguno) que siempre mantienen el jueguito de la seducción, aunque nunca vaya a pasar nada. Una cosa es ser coqueta, y otra dar señales de que podría haber algo donde nunca lo habrá. Las féminas que hacen esto, generalmente lo hacen porque les gusta la atención masculina y sentir que tienen a todos los hombres que las rodean interesados en ellas. Casi siempre son odiadas por sus congéneres por lo mismo. Porque en su afán de sentirse el centro de la atención, ilusionan a algunos hombres a quienes nunca les darán la oportunidad. Otras, con tal de mantener la atención que alguna vez tuvieron, son capaces de convertirse en “amigas aguja” cuando su “amigo” tiene novia. Cuando hablo de “hacerse la difícil pero dar señales de que en algún momento pasará algo” excluyo a este tipo de mujeres. Ellas no lo hacen por ampliar el momento de la seducción, tienen otros motivos. Y si usted es enamoradizo y se encandila fácilmente con el coqueteo, preste atención cuando las vea y aléjese, porque lo más seguro es que de aquí salga con saldo negativo.

Volviendo al tema inicial, yo me considero demasiado evidente cuando me gusta alguien como para hacerme la difícil. Quizás soy fácil o simplemente soy muy transparente. Pero es como que a algunas nos ocurre que toda la objetividad se nos esfuma cuando nos gusta alguien. No nos damos cuenta que él nos está coqueteando porque “no puede ser que se haya fijado en mí” y no somos capaces de aplicar ninguna “estrategia”. Es como que somos espontáneas porque en realidad no nos queda otra.

Pero cuando el sujeto No nos gusta, la gran mayoría siempre SABEMOS cuando éste está interesado en nosotras. En serio chicos, con algunas excepciones, la mayoría son bastante evidentes. A las chicas a quienes les gusta la atención masculina a las que me referí hace un par de párrafos puede que esto no les incomode. Pero a otras sí. Ver a alguien interesado en ti –a veces en serio, otras por pura calentura- cuando a ti no te interesa es una lata. Porque si el tipo te expresa lo que sientes, es más simple, le dices “yo no estoy interesada” y punto. Pero esto rara vez ocurre. Hay que tratar de darle a entender que no pasará nada de otro modo y si esto no resulta lavarte las manos y decir “OK, si yo no le he dado motivos para ilusionarse, no es mi problema”. Tampoco puedes llegar y confrontarlo así como así, porque si es orgulloso, lo negará, no importa que tan obvio haya sido, y puede que tú quedes como la loca o la egocéntrica.

Por lo menos yo, cuando digo que NO, es NO. Nada de “dime que no pero en realidad dime que sí”. Como dije, lo de hacerse la difícil, a muchas no nos va porque no nos interesa o simplemente no nos resulta, y las que sí lo hacen, siempre buscan alguna forma (para estas cosas siempre sabemos como arreglárnoslas) de dejar en claro que en realidad sólo están haciendo esperar al galán de turno, pero que no es un “no” definitivo. Por eso me molesta el tipo que no entiende un no firme y claro cuando se lo dan. Recuerdo a un tipo que sin importar lo cortante que fueran con él, o lo directa que fuera la mujer en decir “deja de molestarme, tengo novio”, insistía de todos modos. Claro, era una patética excusa de hombre, de ésos que dejan mal al género, pero desafortunadamente hay otros como él. Era capaz de jotear a la novia del amigo sin problemas, o esperar a que su propia novia saliera de una fiesta para lanzarse cual ave de rapiña sobre alguna incauta desprevenida (que casi siempre lo rechazaba).

Cuando le dio conmigo, primero fui cortante con él, porque me desagradaba y no tenía intenciones de ser suave. Y me consta que dije cosas que hirieron su orgullo. Pero no fue suficiente. Insistió igual. Después de eso decidí que en realidad no valía la pena preocuparme y superé mi compasión inicial (algo así como un “qué lata que pierda el tiempo conmigo si en realidad no le voy a dar bola”) y recordando su historia (otras fueron cortantes antes que yo) entendí que esto no iba a funcionar.

Dejé que me piropeara por MSN y que perdiera el tiempo creyendo que quizás yo sí iba a caer. No lo alenté, pero tampoco lo rechacé más. En serio, ¡ya hice eso hasta el cansancio y no funcionó! Incluso una vez después de que lo rechacé por enésima vez tuvo el descaro de decirme “pero si todo es broma, en realidad no estoy interesado en ti”, como si una fuera tonta. Tuvo que hacerse la idea de que no estaba interesada en él cuando en una fiesta se me tiró encima y yo le corrí la cara. Después de eso, no insistió más, asumo que entonces se sintió realmente humillado. No estoy orgullosa de que el asunto haya llegado a eso, pero todo se podría haber ahorrado si hubiese captado que el no inicial, era un no definitivo y que yo no estaba dándole ninguna señal confusa, de hecho, fui bastante directa en rechazarlo y hasta pesada hasta que me aburrí y decidí dejar que hiciera lo que quisiera (claramente no lo importante). Bloquearlo de msn tampoco habría funcionado porque es parte de uno de mis círculos de amigos, me lo habría topado de todos modos y tampoco quería que anduviera pelando (si hasta me lo imagino diciendo "la loca esa cree que la joteo, ¿por qué me persiguen las minas locas?"). Por el incidente de la fiesta sabía que no me iba a pelar, ya que se sintió humillado. No, ahora se iba a quedar calladito, calladito.

Conclusión: todo sería más fácil (no sólo para ellos, para una también) si captaran que el no es no. Sé que hay un estereotipo de mujeres que no saben lo que quieren y que dicen una cosa pero quieren decir otra. Pero son fáciles de reconocer, y si te conocen y se dan cuenta que no eres así, entonces entiéndalo, aquí no hay mensajes ocultos, es un “no” de verdad. Si no hay coqueteo, entonces tampoco me estoy haciendo la difícil, además, a no todas las mujeres nos va ese juego. Facilitémosle la vida a todos y entendamos que no siempre hay indirectas y mensajes ocultos, a veces una simplemente está diciendo exactamente lo que quiere decir.

Faye

viernes, 31 de julio de 2009

Cada oveja con su pareja

Este post va dedicado al análisis profundo y exhaustivo de la siguiente frase tipo:
"Me encantan los tipos sensibles y cariñosos, pero siempre termino con los que me usan, me hacen daño y se van... ¡Es que tengo tan mala suerte!"

Primera parte: La Falacia del hombre "sensible"

La sensibilidad es algo que está definitivamente mal entendido en esta sociedad y principalmente por las mujeres. Que un hombre sea sensible, no significa que te va a escuchar cada vez que tengas un drama con tu amiga o que te vaya a comprar tampones/toallas higiénicas a la farmacia. La sensibilidad, en el contexto de la mina que usa la frase analizada, tiene que ver con cuanto se puede someter a un hombre sin que se note que se es una Bruja.

No hay hombres más o menos sensibles. No hay minas más o menos sensibles. Todos sentimos la misma variedad de sentimientos y en el mismo rango de profundidad, lo que pasa es que hay personas (independiente del sexo) que son capaces de expresar mejor o peor lo que sienten.

Las mujeres, en general, deberían sacarse de la cabeza eso de que buscan hombres sensibles. Por lo general, las minas que buscan "hombres sensibles" lo que en realidad andan buscando es un paño de lágrimas que no les pare el carro en seco (labor de la amiga por defecto). Lo que las mujeres deberían darse cuenta que buscan es empatía. Un tipo no tiene porqué entender que se siente andar adolorida y sangrando todos los meses, pero puede al menos empatizar con que no es una situación muy cómoda que digamos y, en consecuencia, escuchar el fútbol más bajito y no llegar tan tarde después de la farra. Y PUNTO.

Soy una convencida que si las mujeres mostraran un poco más de interés en los amigotes y el fútbol (aunque sea falso), las quejas de que el hombre es un energúmeno cuando ve un partido y los amigotes solamente lo llevan a la perdición descenderían un drástico 90%. Las que se seguirían quejando son las que definitivamente tienen un par de tornillos sueltos. Y sí, el ejemplo es burdo, pero efectivo.

Segunda parte: Lo que tengo/Lo que quiero

Hace un par de ¿meses? ¿semanas? atrás se hizo re popular un video de una sicóloga chilena que hablaba que las mujeres tienen un pensamiento mágico: no contentas con lo que tienen, siempre buscan algo mejor causando innumerables dolores de cabeza a quienes la rodean. Esto cae redondito con todas esas minas que se viven quejando que los hombres de sus vidas siempre las han tratado mal, que por qué no les gusta un hombre sensible y cariñoso.

No les gusta porque en realidad no les gustan los hombres sensibles, ni cariñosos. Les gusta el maldito hijo de meretriz que las hace sufrir porque eso calza perfecto con su parada de pobre víctima, mujer sensible de la cual todo el mundo se aprovecha.

Yo lo he pasado bien, mal y muy mal. Y aquí estoy, todavía en una sola pieza dispuesta a empezar cada vez que sea necesario. Y me podré quejar de que me hicieron esto, aquello y lo otro. Pero lo que pasó, pasó y a lo hecho, pecho. Las decisiones tomadas en un momento de mi vida las tomé pensando que era lo mejor. En ese momento. Ahora podrá verse como un error garrafal, pero si pudiésemos tomar las decisiones a sabiendas de las consecuencias, otro gallo cantaría.

Por eso hago una invitación a todas las mujeres a que asuman que en realidad sí les gusta el Hombre Rudo que las hace sufrir. Acéptenlo y gócenlo. Se darán cuenta que las cosas toman un cariz totalmente diferente cuando uno asume quién es y lo que le gusta. se los digo por experiencia.

Tercera parte: La Maldita Mala Suerte

Sí, las apariencias engañan. El galán que antes a una la invitaba a todas partes y era guapo-guapo, ahora ronca a todo pulmón en el sofá y con la ponchera chelera a vista de todo el mundo. El tipo sensible y artista todo especial, solamente resultó ser solamente otro niño demasiado mimado por su madre. Pero se pueden tomar decisiones. Se puede decir "¡Ya no más!" y mandarse a cambiar. Sufrir un poco, llorar lo que corresponda y seguir por la vida.

Pero eso de andarse quejando como adolescente de la mala suerte amorosa es una soberana estupidez. No existe la mala suerte. No existe la suerte, punto. Una misma se forja el camino a punta de costalazos y tropiezos, pero la responsabilidad no es de la vida, el destino, la pachamama o Cupido. Es de una misma.

Si no se tiene la suficiente capacidad de autoanálisis como para darse cuenta que hay algo mal con una si se busca una y otra vez a un hijo de la gran meretriz, eso no tiene que ver con el amor o la mala suerte. Tiene que ver con complejos varios y hágase un favor y búsquese una terapeuta y punto. Pero deje de echarle la culpa a todos, cuando claramente la culpa es de usted.

Conclusiones:

- La sensibilidad está sobrevalorada y malentendida.
- Si las personas fueran más empáticas no se acabarían las guerras del mundo, pero al menos habría mayor disposición a entender a los demás.
- Los hombres sensibles son un mito.
- Los hombres rudos, gracias a Dios, no. xD
- La mala suerte amorosa no existe.
- Quejarse de vez en cuando es bueno. Si su conducta es patológica, vaya al siquiatra.

Juana La Loca

lunes, 20 de julio de 2009

La Templanza

Querido público, hoy tenemos el grato placer de dejar con ustedes el relato de una de nuestras seguidoras, Catalina. Disfrútenlo, coméntenlo y envíen sus colaboraciones a soy.la.ex@gmail.com

Siempre he creido que las niñas son odiosas, envidiosas y resentidas. Pero así y todo poseen una caracteristicas que ellos, como masa, no poseen... LA TEMPLANZA. (excepciones hay en todas partes, vale decirlo).

Por raza, me consta que por muchas ganas que se le tengan a un individuo en cuestion, una no saltará a colgarse al cinturón del susodicho y lo tirará al piso para darle un porrazo de antología.

No.

A eso se le llama templanza. Se prefiere los múltiples contactos en un espacio tiempo, por el gusto de estar compartiendo con esa persona.

Pero (algunos de) ellos... ellos, no. Ellos definitivamente piensan con la cabeza equivocada y se jactan de que "no pueden evitarlo porque son hombres".

PERDÓN?!

Pues hoy me he desayunado con un tópico de estos: "no puedo acompañarte porque mis hormonas no me dejan"... O sea que te importa un pepino mi compañía o mi inocente amistad; y las veces que te salvé la vida, enano malagradecido, fue porque guardabas la secreta esperanza de tirarme al piso y mandarte flor de polvo, porque al nene, al pobre víctima inocente de su sistema endocrino "las hormonas no lo dejan".

Entérate que a mí sí me interesaba tu amistad, por tu persona, por lo que teníamos en común. Las veces que te ayudé fue de buena fe y no porque se me pasase semejante asunto por la cabeza. Ni estando sola, kinder!

Pero no... decidiste arruinar AÑOS de amistad por una calentura inexplicable y dejarme enfadada y desilusionada por el genero masculino en general. Yo que tú, duchas frías, cariño.... duchas frías.

Catalina

viernes, 17 de julio de 2009

La reparadora de hombres

Me ha tocado estar al lado de hombres que, por diversas razones, llegan a mí profundamente dañados: ya sea por algún estrepitoso fracaso amoroso, por alguna relación sicópata que hayan tenido anteriormente –o la mortal combinación de ambos… para nada aconsejable-, y los que están preacondicionados a la soltería.

Quizás los hombres que leen este blog habrán notado que una gran parte de la población femenina se siente atraída por lo que llamaré "los chicos malos", a tal punto que muchas de ellas pueden tener al lado suyo al hombre ideal - ése que ellas mismas describen con las manitos tomadas y los estrellitas en los ojos... si me los sé de memoria: "que sea comprensivo, cariñoso, inteligente, preocupado, esté pendiente de mí y no le moleste acompañarme", a lo que yo agregaría 'y que no sea gay' como requisito -, pero están tan ocupadas en cazar chicos malos que ni siquiera se dan cuenta.

Al final, Dulcinea no quiere un hombre como ella describe sino todo lo contrario: quiere que la haga sufrir, que le ponga los cuernos y la mantenga en la constante duda de si la ama o no... por lo menos eso es lo que se podría inferir de las elecciones que hacen a la hora de buscar nuevos amores.

Lo que pasa es que el llamado hombre ideal es al que estas mismas Dulcineas (por no decir algo más) terminan por entregarle otro papel dentro de sus vidas: el del paño de lágrimas, A.K.A. el amigo del alma que cada vez que tienen un entuerto amoroso las espera con su café (o flores o helado, whatever) preferido para que pasen las penas.

Y ahí está Dulcinea: se siente afortunada de tener un amigo tan bueno, reza todas las noches por que el amigo no se fije en ella porque le daría cosa romperle el corazón... so sweet.

El problema, querida Dulcinea, es que hiciste algo peor: el amigo, acostumbrado a que te fijes en cualquier adefesio antes que él, tiene una autoestima menor a cero, sufriendo porque realmente cree que necesitas todo eso que bien él podría darte... pero como te gusta que te galanteen tampoco le aclaraste las cosas, dejándolo atormentarse durante mucho, mucho tiempo.

Finalmente ese hombre, acostumbrado a ser el mejor amigo de todas, consigue pareja. Una chica que sí vio que él era una buena persona, no era un tipo egoísta como los que persiguen las Dulcineas y decidió quedarse con él, cuidar sus heridas entregarle amor, hacer que olvide los malos ratos. Una chica como yo.

Pero ocurre que apenas el amigo del alma tiene una chica a su lado de la que preocuparse, atender y etcétera, inmediatamente ingresa al 'mercado de los hombres deseables' del medio. Aún no entiendo cómo ni porqué, pero al estar emparejado todas las Dulcineas (ojo, no quiero decir mujeres sino DULCINEAS) parecen por fin verlo y notar la lista de cualidades del amigo eterno.

Y si bien es agradable sentir que lograste cambiar a una persona para bien y que eso es notado por el resto, la mayoría de las veces sólo terminé siendo la persona que estaba allí para preparar a esos hombres para ir tras su gran amor, la maldita Dulcinea.

Con el tiempo me di cuenta de que los chicos tímidos, a medida que más reforzaban su personalidad, más egoístas se volvían. Ellos también tenían esa manía de ir tras amores que les hacían daño sin entregarles ni un poco de correspondencia (porque si fuera ese el caso, lo dejamos ahí y listo), y dejé de fijarme en esos chicos que te dicen que son "tan lindos y amorosos, pero han tenido mala suerte en el amor".

¿Mala suerte?... Perdón pero ellos, al igual que todos –incluidas las Dulcineas y quien les habla-, sólo han tenido lo que han buscado.



Liss

martes, 7 de julio de 2009

¡Yo no soy tu mami!

Desde mis primeros chapuceos en relaciones amorosas estables, siempre he sido la 'niñita' que adoran las suegras, la que hubiesen querido como hija a la que llevar de compras y jugar a las tacitas cuando chica.

Y eso porque siempre, desde la primera visita a la casa del pololo de turno, me acostumbré a 'ayudar' en la casa con cosas chicas: poner la mesa, levantar los platos después de la comida, servir té... haciendo que mi galán poco a poco aprenda también a ponerse las pilas con el orden y aseo de la casa.

Es que me asombra cuántos Edipos hay por ahí dando vueltas (y la cantidad de ellos con los que me he topado yo...), viviendo acostumbrados a que la mamá y la nana les hagan todo*.

Una vez estuve emparejada con un caso clínico, un chico que necesitaba que le dieran órdenes para todo: cuando nos quedábamos a dormir juntos me tocaba despertarlo, avisarle que estaba lista la ducha y llamarlo a desayunar... en su propia casa. Son cosas que una hace de amorosa, claro, pero de vez en cuando me aburría tener que esstar pendiente hasta de si se había lavado los dientes o no.

Otro de mis exs era uno de los alabados hombres que saben hacer más que un huevo revuelto y era el principal chef de la casa. Pero jamás tocaba la loza después de cocinar. Su madre debía llegar después del trabajo a lavar el alto de ollas y platos acumulados durante el día con las suculentas comidas con las que se lucía el hijo hacendoso del hogar.

Algo que siempre detesté fue que algunas** de mis antiguas parejas tuvieran la costumbre de hablarme como cabros chicos en ocasiones donde, envuelta en la pasión, esperaba más a un hombre bien macho que a un bebé. O sea, tengo instinto maternal pero sospecho que tú lo estás malentendiendo.

También puedo decir que gran parte de mis exs tenía una seria dificultad para comunicarse con el resto del mundo, y solía terminar escuchándoles sus problemas, incluso los más mínimos, que terminaban por volverse gigantes gracias a su cero manejo de conflicto.

Y lo terrible es que fueron sus propias madres las que los acostumbraron a ser así de dependientes y a crear relaciones de dependencia con las mujeres que van conociendo -Ok, admito que algo*** de culpa tengo en dejar que eso pase-.

Una vez mi gran amigo de universidad me contó que se sacaba buenas notas porque tenía la costumbre de encerrarse en su habitación, donde nadie lo iba a molestar, mientras que sus hermanas (y yo en mi casa) dividían su tiempo entre las 'labores domésticas' y el estudio.

Me pregunto qué será de todos ellos el día que tomen sus bártulos y tengan su propia vida.



Señorita Gruñona

*: Obviamente, también he tenido la desgracia de toparme con mujeres con esta misma actitud, pero como jamás he tenido una relación amorosa (ni de amistad) con ellas, prefiero abstenerme de comentarlo.

**: Pocas, gracias a Dios.

***: O quizás más que algo, pero prefiero dejarme eso para mí misma.

 
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