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martes, 13 de abril de 2010

Maldito Internet, maldito celular

Levante la mano, pero poquito pa’ que no se note mucho, quien le ha revisado al pololo o al ex, en algún momento de su vida que pareció pertinente, el Facebook, el celular, el mail, el Twitter, el PC, o la wea que sea.

Uy, somos varias.

Ahora levante la mano quién se sabe de memoria las claves del macho en cuestión, entiéndase claves de mail, del cel, cel blackberry, de facebook, del cajero, qué se yo, cualquiera.

Ahora cuéntenme, ¿cómo llegaron a esa información? ¿fueron regaladas con esa confianza, es decir, el pololo les dijo amor esta es mi clave? ¿o por motivos circunstanciales? Es decir, él estaba cagando en el baño y no podía perder esa llamada les pidió “mi vida, contéstame el cel, la clave es tanto” o “métete a mi mail por fa y dime si me mandaron el mail del nuevo trabajo al que estoy postulando”? O ¿fue un proceso de seguimiento? ¿de mirar bien cómo movía los dedos cuando digitaba las claves sobre el teclado, de poner alguna wea en el PC de esas que recuerdan los sitios donde se navegó o un manejo de informática más allá de los común que permitió hackear alguna cosa?

Ay, cuidado.

Meterse en eso es complejo.

Debería calificar de droga dura y ser ilegal (aunque capaz que eso lo hiciera más apetecible), por uno empieza, inocentemente, y no sabe donde para.

Yo a toda costa lo evito.

Cuando suena el cel de Ale se lo paso, amor, te está sonando el celu, contesta. Ni siquiera miro quién lo está llamando (eso no quita que después de sapa le pregunte y me entere igual).

Les cuento porqué.

Cuando todavía tenía los ojos vendados con amor e inmadurez y estaba en la época dura prequiebre de mi relación con José una vez, una sola, le revisé el celular.

¡Qué feo, Leonor, deberías quemarte en el infierno por semejante pecado! Lo sé, pero la curiosidad y la certeza de que el muy mal parido me estaba gorreando en mi cara con una amiga suya y conocida mía que buscaba incansablemente un padre para su hija pudo más.

Recuerdo que estábamos tirados en la cama viendo tele, sin pelear, y yo estaba disfrutando a concho ese momento que tanto se parecía a la época en que estábamos bien, cuando la naturaleza llamó y el fue al baño. Acto seguido, en el minuto es que escucho el pestillo en la puerta, le llega un mensaje.

El Nokia brillaba seductor sobre la mesa.

"Leoonooooor, veeeen" me decía el aparatejo de mierda.

Lo ignoré, pero sonó de nuevo.

Dos mensajes al hilo.

Wow.

José seguía en el baño. Y a riesgo de que me pillara y me pegara con el mismo teléfono lo tomé con mis manos temblorosas y apreté el maldito botón del medio.

“Necesito urgente hablar contigo, de verdad, me siento solita, nos vemos más tarde, tu pequeña” Por supuesto estoy parafraseando, el SMS pero era una cosa así. El segundo era una versión un poco más intensa del primero: “La niña sigue media enferma, me acompañas al médico? Por favor, no quiero hacer esto sola, un beso, tu pequeña”

Ay, no.

Este conchadesumadre (perdonen mi francés) se está pisando a esa weoncita de mierda que quedó preñada por no saber contar los días en que tenía que empezar a tomarse la dichosa pastilla. Hijo de puta. Desgraciado. Etc. Etc.

Me quedé plop.

Debo reconocer que lo más me calentó fue que la mina firmara como “tu pequeña” cuando hasta ese momento oficialmente la fucking pequeña de ese troglodita mal parido era yo.

Hijo de puta.

Debí haber puesto el hervidor pa’ tirarle agua en las partes nobles apenas saliera del baño. Por maricón.

“¿Y ahora qué mierda hago?” pensé. Lo primero era borrar los mensajes para que no se diera cuenta de los había leído. Lo segundo dejar el teléfono donde estaba, meterme en la cama de nuevo, ver tele, hacer la boluda, y tratar de que mi cara tuviera el mismo color de siempre.

Me temblaban las manos, pero ahora de rabia.

José volvió, y como en esa época ya estábamos teniendo problemas ni me miró y se acostó al lado, haciéndome cariño en el pelo, el muy infeliz.

Yo trataba de adivinar cuándo y dónde se habrían acostado, cuándo había empezado el tema, y mil cosas más.

Y lo más charcha era no decir nada, porque si decía cualquier cosa él se iba escudar en el tema de que yo había violado su consagrada privacidad. Son muy cara e’ raja.

Al final, como tantas otras veces, me guardé la mierda.

Discusiones y gritos más tarde me entero, supuestamente, de que nunca pasó nada entre ellos, cosa que a estas alturas del partido medio me da lo mismo, pero ese no es el tema.

El tema es mi cara, el apretón en mi guata cuando leo aquello.

Mi stress, mi mente dando vueltas, pensando, cuestionándose, qué hice mal yo, qué mierda pasó.
Después de que terminamos la tortura continuó vía facebook. Era una maldita adicción.

Internet se convirtió en un sitio hostil donde cada página me recordaba a esta excusa de ser humano, cada vez que abría la wea me quedaba mirando como weona su pinche muro, esperando que alguna peuca le pusiera alguna wea, viendo como se cambiaba el estado, como sus amigos lo apoyaban, como se ponía “soltero” y las amigas que siempre me odiaron ponían “me gusta”, como de pronto todo el mundo lo invitaba a salir.

Qué wea más terrible.

Finalmente lo borré.

Pero el cuento no terminó ahí, oh no, porque una amiga mía lo tenía en Facebook también, entonces ella me ponía al día, me dejaba meterme con su clave pa revisar el muro de él, para enterarme de todo lo que él publicara para que todos vieran.

Y por favor basta, basta con la psicosis, basta con la pendejada, basta, basta, basta.

Eventualmente a punta de cigarros y fuerza de voluntad corté con la wea.

Y nunca más lo quiero retomar.

Ahora no me sé ninguna clave de Ale (de todos modos nunca me supe las de José), me autoimpuse una barrera de fuerza alrededor de sus bolsillos, su billetera, su PC, su teléfono y todas sus weas.

Confío en él, en serio, podría las manos al fuego porque Ale no me engañaría ni cosa por el estilo, pero no quiero nunca más pasarme rollos por un SMS que puede ser cierto y justificar mi pelá de cable o puede no serlo y solamente dañar lo que hay de bueno.

Meterse en esas cosas del pololo hace mal. Moral aparte, hace muy mal. Porque una se envicia, no puede vivir tranquila, no duerme anda pendiente, se pasa rollos, inventa weas, puede que le achunte, puede que no, pero ¿vale la pena pensar tanta wea junta?

Es como echarse mierda con ventilador, pero a una misma, sin ayuda de nadie.

No, no más.

A veces, la gran mayoría, la ignorancia es bendita.

Leonor

domingo, 14 de marzo de 2010

El Perro Arrepentido

Querido público, tenemos el agrado de dejar con ustedes una nueva colaboración de una Ex que quiso compartir con nosotras su historia. Esperamos que ustedes la disfruten tanto como nosotras, y dejen sus comentarios para nuestra querida Gaviota.
Y recuerden que siempre podrán enviarnos sus historias a soy.la.ex@gmail.com

________

Mis estimadas, acabo de ingresar a este mundillo y espero que cada cosa escrita sea entretenida para todas y refleje de cierta manera las vivencias de muchas.

No puedo dar mi nombre real por que tengo amigas que siguen fielmente el blog y la verdad es que no quiero que mi fachada de niña “ya está superado” se desplome y me digan “te lo dije”.

Pues bien, estuve poco más de un año con el señor “Difunto”. Cuando nos conocimos (en un lugar de dispersión juvenil llamado discotheque) no me gusto para nada: era el típico mino feo, medio nerd, y mal vestido. Yo, para mi desgracia, soy la típica mina que les gustan, la más o menos bonita (para no tirarme muchas flores), inalcanzable para ellos, etc… pues bueno, después de más de una hora molestando accedí a bailar con el susodicho, y como el lolo era simpático, seguimos viéndonos.

La cosa, para resumir un poco, es que nos pusimos a pololear. Al principio todo era lindo: me llamaba por horas todas las noches y teníamos tema para conversar de todo, para qué hablar de las salidas, todo era bueno…y ya acercándose el primer aniversario, el lolo como que me guateó.

Según él, que yo lo absorbía mucho!!! ¿Cómo?, “pero si no tengo ni tiempo para mí con la pega y los estudios!!!” Kuek…Terminamos, luego volvimos y, como dos meses después… Plop!!! El lolo estaba de nuevo confundido!!: Que una chica de la que él estuvo enamorado lo buscó y cómo iba a quedarse ahí sin saber qué podía pasar si se la juega por ella… y yo con el corazón destrozado, sabiendo que el mino más feo del planeta me dejará por una mina más fea que él…

El ego, el autoestima, por el suelo.. y lo peor de todo es que él me dejo… siempre pensé que sería yo!!!! En fin….Han pasado 6 meses del fatídico suceso, del que aún no me recupero del todo, y zas!! En diciembre “Difunto” me llamó, después de una serie de llamadas mías que le dejaba perdidas, y mensajes que le mandé equivocadamente a su celular y que siempre respondía de mala gana para decir que no era mi amiga a la que estaba buscando en un estado medio etílico…

"Difunto" me llamó con la excusa de querer saber cómo había terminado el año, si había terminado la carrera y si había encontrado práctica laboral, muy en buena onda….”Oye pero hay tanto que contarse, podríamos juntarnos a comer sushi, acuérdate que te la debo”…”Pucha, lo siento, ando súper ocupada, pero para la otra”… Nada de ex civilizada, no va conmigo.

Han pasado dos meses desde entonces y ahora el lolo apareció con regalos... “buenos regalos”, los cuales le tire por el rostro, por orgullo… llamadas, correos…Accedí a reunirme con él para conversar, decirle que me tenía que conquistar de nuevo y que me diera tiempo… pero después me arrepentí… Y ahora llama y llama!!! Cómo no entiende que si no contesto es por que no quiero hablarle!!.

Opté por cambiar el celular, pero como era una relación seria tiene el número de mi casa, y llama y corta cuando contesta otra persona… Ahora me pregunto, ¿por qué siempre vuelven como perros arrepentidos, diciéndote que te aman, que te quieren?... Todo lo que quisiste escuchar durante el pololeo, pero de lo que se dan cuenta después, probablemente cuando la otra Yegua no los pescó, y ya no es admirable ese algo que pudiste conseguir de esa relación…

Kuek… pa' el “Difunto”, y para todos los perros arrepentidos que existen…

Gaviota

jueves, 11 de marzo de 2010

Ódiame, por piedad...

Amig@s de nuestro blog, retomando las colaboraciones que llegan a nuestro correo, les tenemos esta joyita para que lean, disfruten y comenten. Un saludo cariñoso de su Ex favorita.


___

Cada cierto tiempo llegan amigas mías a contarme de sus rupturas. Aparecen todas acongojadas contándome sobre su experiencia con el saco de weas de turno. Ya saben, el inmaduro emocional, el que las pateó porque estaba "confundido", el que terminó con ellas para encontrarse a sí mismo y resultó que en un par de semanas (o menos) estaba con otra.

Siempre las escucho con paciencia y trato de entenderlas. Pero una parte en el fondo de mi cerebro no puede evitar verse reflejada, más que con mis amigas, con sus exs. Esa soy yo: la saco de weas que nadie quiere tener como ex.

Quizás muchas féminas que lean esto querrán apedrearme ahora. Me dirán cosas como "deberías pensar en el daño que haces" o "ojalá algún día alguien te haga lo mismo a ti para que sepas lo que se siente". Creánme, no es necesario. Sí pienso en el daño que hago, y sí tengo empatía por lo que sufre el otro. Y sin embargo, pareciera que no lo puedo evitar. Me prometo no tener otra relación hasta haber madurado un poco más, pero conozco a alguien, me embalo, creo que todo será diferente y antes de darme cuenta qué pasó estoy terminando porque estoy confundida y creo que necesito tiempo para estar sola. De todos modos, cuando lo he dicho realmente he sentido que es cierto. No sé si eso empeora o mejora el asunto.

No crean que no siento culpas o no me siento mal por esto. Durnte mi adolescencia yo también estuve en el lugar de mis amigas y me metí con el saco de weas de turno, a quien maldije y pensé "me pregunto que se sentirá estar del otro lado, del lado del que hiere y no del que es herido". Cuidado con lo que deseas, dicen. Me pasó. Y les cuento que no es agradable.

No es bonito ser odiada. Tampoco sicopateada porque dejaste marcando ocupado a algún pobre desgraciado que realmente se ilusionó contigo cuando tú no lo hiciste, y que pasó mucho tiempo llamándote post ruptura para que se juntaran o pidiéndote explicaciones sobre por qué terminaste. Lo peor es que a veces ni tú conoces bien la respuesta. Simplemente despertaste un día y sentiste que ya no podías seguir. A veces ocurre que después de eso te arrepentiste y hasta volviste con el susodicho, y otras nunca te arrepientes ni miras para atrás.

Terminar fue una buena decisión. Sólo que él no está de acuerdo.

Sé que me han odiado, me consta. Han hablado con amigas en común tratando de encontrar explicaciones a mis acciones, porque el "ya no te amo" no les bastó y pensaron que debía ocurrir algo más. He leído cosas de mí que han escrito en internet o escuchado o me han contado algo que han dicho. Una vez me tocó la teoría de uno sobre que le puse el gorro y lo usé. ¿Mi versión? No sólo no le puse el gorro, sino que cuando lo conocí realmente creí que con él podía funcionar algo serio. Pero yo estaba muy confundida en ese tiempo y no debí empezar con él tan pronto después de haber terminado mi relación anterior. No alcanzamos a durar ni un mes.

Así soy yo, cometo errores por dejarme llevar y no pensar bien en las consecuencias de mis actos. En el fondo, soy una pendeja. Soy inmadura emocionalmente y cada vez que me propongo estar sola un buen tiempo para no meterme en más cachos, la fuerza de voluntad me dura menos que la de mujer a dieta. Conozco a alguien, vuelvo a pensar que todo será diferente, que yo ahora soy diferente, y la vuelvo a embarrar.

Gracias a ciertas declaraciones de odio que he recibido, sólo me falta saber de algún ex borracho cantando en algún carrete "Maraca Conchetumadre" de los Picantes y dedicándomela, pidiéndome que me "meta por la raja mi falso amor" (perdonen el poco delicado lenguaje).

Ahora, no deja de sorprenderme la conducta del "otro lado de la historia", de estos hombres que caen.

A más de alguno yo le advertí que estoy cagada del mate, que tengo issues y no son menores, figura paterna ausente, familia disfuncional, ustedes nómbrenlo. Y lo advierto siempre al inicio, para que sepan bien cómo soy antes de meterse conmigo. También les cuento de mis exs y cómo han terminado las cosas. Nuevamente, para que sepan con quién se están metiendo. Y aún así, se arriesgan. Deben creer que ellos me van a poder cambiar. Que he sido así netamente porque no he encontrado a la persona indicada, al hombre que me dome, cual Fierecilla Domada. Qué sé yo.

O en una de ésas, simplemente les gustan las "maracas conchetumadres" del mundo. Quizás sean la versión masculina de la mujer a la que le gusta sufrir por amor. Y yo, la siempre dispuesta victimaria que los ayudará a hacerlo,

Maraca Conchetumadre

martes, 2 de febrero de 2010

La pregunta

Antes de que comience esta maravillosa entrada, queremos pedir las más sinceras disculpas por no estar actualizando tan seguido como quisieran. Algunas Exs están de vacaciones, otras a full con el laburo y se ha hecho bien complicado coordinar las actualizaciones. Pero Marzo se viene con varias y buenas sorpresas así que sigan sintonizándonos. ¡Gracias por su paciencia!

Queridas mías, las invito a ponerse una mano en el corazón, a hacer memoria y contestar la siguiente pregunta: Nosotras, al empezar una relación, siempre sabemos más o menos cuánto va a terminar, ¿no? No me refiero a saber exactamente cuánto, pero siempre hay una idea.

Esa sensación de “sí, yo tal vez llegaría a considerar casarme algún día con él” o “me estás webiando, ¿no?” se sobreviene después de unos pocos días, o incluso horas, y suele convertirse en una vocecita delicada que recuerda, cada cierto tiempo, que andar por la vida dando jugo o perdiendo el tiempo a veces no es muy bueno.

Me explico, cuando empecé mi relación con José habían unas cien cosas de mí que él odiaba, por ejemplo, mis gritos, mi afán de confrontar a la gente, mi poca paciencia, mi puntualidad, mi obsesiva necesidad de coordinar qué se iba a hacer y dónde por lo menos el día antes, mis comentarios ácidos cuando sus amiguitas buscaban monedas en sus bolsillos, etc. Y cien cosas de él me molestaban a mí: la relación enfermiza con su padre, el odio parido hacia su hermana, la adoración sin límites hacia su madre, sus amigos abusadoras y excluyentes, su impuntualidad, su desorden, etc, etc.

Visto en retrospectiva la relación estaba condenada al fracaso desde antes de empezar.

Pero como yo soy bruta, y en ese momento pensé que había amor y que ese amor era mutuo, démosle, total, si se quiere se puede, cierto?

Mentira.

En mi relación previa con Andrés, también me molestaban cosas, su incapacidad de enfrentar a sus padres era una, sus eternos juegos de niño chico, etc. Y supongo que habían cosas de mí que le molestaban, como por ejemplo el hecho de que yo no bailaba axé, pero no me lo dijo en el momento adecuado.

Pienso, entonces, que son esos detallitos los que dan pistas de cómo se viene la mano.

Si a eso le sumamos la percepción de los amigos, y de la familia, junto con otros eventos, como por ejemplo las ganas impulsivas de ver a algún viejo amigo, o el eterno suspiro cuando el muchacho te pide un favor, bueno, no es ningún misterio que la cosa se está apagando, y si no nos damos cuenta es porque no queremos darnos cuenta.

Pienso, también, que el tema de la cama puede ser un indicador de que la cosa va bien, mal, o da para largo. La buena cama, la complicidad, el placer, el hecho de que después de den ganas de dormir, fumar, comer o querer empezar de nuevo son decidores, pero no definitivos.

A veces uno se acuesta por amor, por bronca, por odio, por ocio, o por calentura, entonces al final este es solo un indicador de qué tanto nos gusta la cacha, y nada más.

Pero sumando los distintos factores, yo creo que podemos saber, que podemos tener una idea, para que un desenlace (“no eres tú, soy yo”) u otro (“quieres vivir conmigo?”) no nos pillen tan en frío, ¿no creen?

Leonor

martes, 5 de enero de 2010

Acta de Rendición

Siempre me han llamado la atención las personas que después de una decepción amorosa se ponen en pie de guerra a todo lo que huela a romance. Que el amor no existe, que tener pareja es una pérdida de tiempo, que mejor dedicarse a follar y pasarlo bien sin querer consecuencias. Y sí, cada uno tiene derecho a hacer/pensar/creer lo que les siente mejor, pero ¿Really? ¿El amor no existe? ¿Es una pérdida de tiempo? Give me a big fuckin break!!!

Creo que desde que tengo uso de razón que soy una romántica incurable. Me gusta cenar a la luz de las velas, las mariposas en el estómago, que todo me recuerde a él. Mirarme al espejo e imaginar que hace sólo unos momentos mi piel no era mía y sonreír como si tuviese el mayor y más interesante de todos los secretos. Y porrazo tras porrazo, decepción tras decepción me decía que tanto dolor siempre valía la pena. Hasta ahora.

Después de tocar fondo con el término de mi última relación y los continuos tropiezos con la misma piedra, mi romanticismo se fue al carajo. No porque ya no crea en el amor, sino porque dejé de creer en mí y en mi capacidad de entregarlo sin medida, de manera absoluta y total.

Me miro al espejo y me siento incapaz de entregarme a alguien. Siento que la muralla que tan delicadamente y con tanto esfuerzo desarmé para Él, se rearmó en cuestión de suspiros y más fuerte y alta que nunca. Y me pregunto por primera vez y de verdad, si tanto esfuerzo vale la pena.

Parte de mí dice que sí, que el amor siempre vale la pena. Que los esfuerzos y rabias y penas que vives son compensados con creces con cosas simples como una sonrisa sincera, un beso largo y un abrazo acogedor cuando el mundo parece querer comerte viva.

Pero otra parte de mí, la mayoría en verdad, entró en pánico frente al posible escenario de tener que pasar por toda la pena, rabia y decepción post ruptura. Una tras otra, se van poniendo más difíciles, cada vez son más cosas las que están en juego y mi corazón simplemente se rindió. Se armó la fortaleza más inexpugnable posible y no quiere salir de ahí. Y, a ratos, yo tampoco.

Juana La Loca

lunes, 28 de diciembre de 2009

La flauta

Como bien saben ustedes, queridos míos, mi relación previa terminó abruptamente (para mí, porque el muy desgraciado lo tenia pensado de hace meses, pero en su más profundo silencio) hace unos meses atrás.

Sí, fue un momento difícil, pero después de tantas cosas difíciles que me han tocado vivir, esta cuestión, pasada la primera impresión tenía pinta de ser un chiste mal contado. El tema es que vi a mi ex una sola vez después de que terminamos, tuvimos un par de llamadas telefónicas, pero en definitiva lo borré de Facebook y también de mi vida, junto con buena parte de sus amigos, y todo bien.

Excelente, de hecho.

Pero (el eterno pero) nunca pasamos por el proceso de devolverse las cosas.

Más que nada porque él trató de devolverme todas las mías cuando aún estábamos pololeando, cosa que no le acepté en su minuto porque lo encontré una mariconada de mala clase, y esa vez que nos vimos ninguno de los dos atinó a llevarlas. Y el tema quedó ahí.

Y bueno, han pasado los días, y quiero mi flauta de vuelta. Preferentemente ahora.

Entonces, pensando que un universitario de 26 años tiene cierto nivel de madurez, tal vez incluso superior al mío debido a la diferencia de los años, le mandé un mensaje al cel. Gasté $50 pesos enteros en mandarle el mensaje. Y le pedí que me dijera cuándo podía ir a buscar la flauta y mis libros a su casa.

Y ¿pueden creer que no me contestó?

Nada, ni pío.

Bueno, otro mensaje, pero por Facebook porque no iba a seguir gastando plata.

Y nada tampoco.

Lo llamé. No me contestó. Le hablé por msn, le mandé un mail, le mandé el recado con la hermana, incluso llamé a su viejo que tampoco me contestó (ahí me di cuenta de donde aprendió lo roto), le pedí ayuda a un amigo en común pero nada.

Parece que cuando terminamos este weon se quedó mudo y manco, porque no le daba ni siquiera para responder por texto.

Pasó un mes así. Entonces se me prendió la ampolleta. Ah, pensé, él no me contesta porque cree que quiero verlo para convencerlo de que volvamos. Puede ser ¿no? Entonces le mandé otro mensaje que decía yo ni siquiera quería verlo, es más, que ojala que no nos viéramos porque nada estaba (y está) más lejos de mis intenciones que volver con él y todos sus atados, pero sí quería mis cosas de vuelta.

Más silencio.

Ahí ya me entré a calentar, porque hay un mínimo de protocolo social para este tipo de cosas. Esa wea de andar haciendo la desconocida en la calle me carga. Pero no importa, dentro de todo su actitud no me sorprendió.

Resolví entonces pasar simplemente por su casa cuando pudiera y recoger mis cosas, con la esperanza de que me abrieran cuando fuera.

Entremedio de todo esto, como también saben, me puse a pololear y bueno, el mundo es sumamente chico y de la nada llegó la hermana de mi ex preguntándome cómo estaba, entonces, como soy buena persona, cuando vi a mi ex en msn le dije, con harta delicadeza, que yo estaba con otra persona, y que solamente quería mis cosas de vuelta. Nada más.

Y obvio, ahí menos me contestó.

Pasaron los días, y de pronto aparece el perla diciéndome que me puede ir a dejar a las cosas a la casa, que le diga cuándo. Pero el problema es que nunca estoy en mi casa, cosa que él sabe. Le recordé lo obvio, es más fácil que yo vaya a su casa. Y la respuesta me impactó: “perfecto, te mando la flauta por correo, TNT lo más probable”.

¿Qué onda la mala onda?

No supe si reír, enojarme, o llorar.

Al final me reí, le recordé que si él no me iba a encontrar en la casa el pobre desgraciado de TNT que fuera tampoco me iba a encontrar y más encima se iba a asustar con el tremendo perro que tenemos ahora.

Y otra vez silencio.

Me encantaría saber por qué.

Cuando terminamos yo me retiré lo más digna que pude, sin show, sin escándalo, sin más llanto del necesario, sin injurias ni nada. No me metí a su correo ni le revisé las cosas ni nada, por lo que creo que no me merezco que se ponga tan arisco.

Me pregunto qué hacen los hombres con las cosas de la ex cuando terminan.

Porque nosotras primero tomamos el chaleco olvidado debajo de la cama que todavía tiene algo de su perfume y lo usamos para limpiarnos las lágrimas antes de pasar por los distintos estados del duelo y limpiarnos otra cosa con el elemento en cuestión. Eventualmente las cosas terminan en una bolsa dentro del closet, donde mis ojos no las vean, para que no entorpezcan el proceso de superación, y después se devuelven. O incluso se botan. Así de simple.

Pero si el ex llama porque las quiere de vuelta una hace una pelotita con la bolsa para poder hacerle puntería con más eficiencia cuando llegue a buscarla, o se la entregamos en la mano, o algo, pero no guardamos silencio, cierto?. Eso es feo.

Ahora no sé qué hacer. Conociéndolo es capaz de mandarme la flauta por correo.

Pero insisto, me encantaría saber por qué tanta acidez innecesaria, si el agua que tenía que pasar por debajo del puente ya pasó, ambos superamos todo, ahora sólo nos une la custodia compartida de una flauta que, insisto, quiero de vuelta. Ahora.

Leonor

martes, 3 de noviembre de 2009

Romance Ex-propiado

Dejamos con ustedes el relato de una de nuestras lectoras sobre sus amores y desamores, ¡esperamos que les guste!. Recuerden que pueden enviarnos sus colaboraciones al correo soy.la.ex@gmail.com

Desde ayer y con nada de ganas soy una más de las ex, pero una especial, soy ex de mi amante por culpa de su ex. Tal cual. Así de simple y complicado.

Para desenredar la madeja tengo que empezar diciendo que soy una mujer casada, de vida marital sin pena ni gloria y desde hace bastante poco. Como diría Kevin Johansen, las cosas no andaban bien... y justificada por esa frase supongo que me permití mirar con otros ojos y un poco más allá.

Al acecho, un hombre seis años menor, de 31, edad física al menos, la mental aún no me queda claro. Cuento corto, declaraciones de amigos en las buenas y en las malas, consejos iban y venían, jugando al correquetepillo, caí en sus brazos o él en los míos. Da lo mismo. Idilio que comenzó con apoyo del Messenger, se extendió a un par de salidas nocturnas, varias escapadas furtivas después de las 6, paseos, besos y más promesas. Un mes de felicidad y en el cielo, con el alma que creí gemela y de la cual ahora dudo.

En 48 horas todo cambia: recibe un mail de su ex de hace dos años, loca de patio diagnosticada seguramente en el hospital de Talca porque aún anda suelta. Y el muchacho que me llama, a morir y desmejorado, comienza a contarme detalles escabrosos del cúmulo de historias terroríficas de las que ha sido víctima desde que se le ocurrió terminar: atropellos, choques, improperios varios con escándalo público, quebrazón de vidrios, intentos de suicidio. Amenaza de muerte si lo ve con otra.

Descompuesto y más desmejorado, agrega que ha recibido ese fatal mensaje donde se hace alusión a nuestros nombres jugando póker en el MSN (PLOP!). Me da su veredicto: ella al parecer sabe “lo nuestro”, por lo cual “lo nuestro” ya no puede ser, y en un cerrar de ojos y sin mayor aviso, me convierto en una nueva ex, por mi propia protección.

Él pretende quedarse a vestir santos, por lo que me dice, siempre temiendo que la loca pase de las amenazas a las manos, y que yo o cualquiera otra nos convirtamos en portada de La Cuarta. Está aterrorizado, tiembla cuando me cuenta, pero no atina a más.

Me quedo con la sensación de que me deja la puerta abierta en la despedida, pero no cede ni un centímetro a mi propuesta de arriesgarme. No. Es por mi bien. Y así, después de tan sólo un mes, me cortan, me alinean, me desplazan... para protegerme, nótese, pero sin derecho a voto ni pataleo, y paso de ser ELLA, a ser nada más que el famoso trozo de hielo en la escarcha de Chayanne.

Como toda ex, he derramado las lágrimas de rigor y supongo que aún me quedan muchas más. Mi castigo es anhelar con TODA MI ALMA la risa de otro cuando tengo al lado un marido que, a pesar de todo lo malo, daría la vida por mí, y que no se achicaría ni ante un pelotón de sicópatas. ¿Será la edad? ¿Será que simplemente éste otro no me quiso?, ¿Será que es hombre?, ¿Será que soy una tonta? ¿Seré yo, maestro?

Anastassia

viernes, 23 de octubre de 2009

Punto de quiebre

De pronto, los días comienzan a ser más largos, hay más luz, un viento que disipa las nubes grises del invierno y nuestros sentidos nos dicen que hay que despertar... ahí está la primavera, con sus pajaritos cantando, sus mariposas volando y sus árboles florecidos, digno de una película cualquiera de Princesas de Disney. ¿No es bello?

Pues para mí no. Detesto, detesto la primavera. No sólo por las alergias que hacen que lamente verme cada mañana al espejo con los ojos hinchados, la nariz roja y sarpullido en la piel. No sólo porque me moleste el cambio de luz y pase dos meses con jaqueca, ni porque tengo que crear toda una estrategia de defensa contra los bichos voladores chicos, que me atacan impulsados por el viento. No sólo porque me da asco la 'florecencia' de la cursilería en todas partes, la gente apareándose por ahí irracionalmente, sin control alguno de sus hormonas, qué repugnante!

Parejas besándose sonoramente en el metro, toqueteándose... me dan ganas de ir a darles las gracias por hacer que el precio de mis pastillas suba cada año, con los farmacéuticos sobándose las manos por los ingresos extra que les significan esta manga de... personas afectadas por la fiebre primaveral.

Pues no, todo eso lo detesto, pero una de las razones principales de mi profundo odio hacia esta estación es que siempre termino en primavera, 'la estación del amooors´.

No sé por qué razón, entre septiembre y noviembre mis relaciones peligran. Hay quiénes creen que todos pasamos por las "crisis de los 3 meses", la "crisis del primer año", la "crisis del año y medio" y así un largo etcétera. Otros dicen que si una relación sobrevive a las temibles "vacaciones de verano" o "de invierno" es algo que va en serio. Como si la gente se demorara una cantidad de tiempo exacta en 'notar' las desaveniencias o fuera incapaz de soportar la llamada 'viudez de verano' -Aunque esto último es posible, tomando en cuenta el comportamiento hormonal de algunos-.

La verdad, no sé si para alguien se cumplan estas reglas, lo que sí sé es que la primavera ha resultado ser fatal para mis experiencias amorosas.

Es como si en esta época estuviera más predispuesta a estar chata y decir "Pta, si no se la juega él, entonces esto no va para ninguna parte". Es la época en que suceden las grandes peleas, los "tenemos que hablar", los "trataré de cambiar" y los "démonos un tiempo".

¿Seré yo? De pronto veo que hay algo: una actitud, una situación que no me gusta, y la converso, la trato de solucionar, ser colaboradora, participativa, buena onda... pero nada, vuelvo a mirar y sigue ahí, como burlándose de mí.

En septiembre noté que A era un egoísta que sólo pensaba en su carrera. En octubre terminé con R después que su manía de coquetear con una de sus amigas sobrepasara el límite de mi paciencia. En noviembre murió mi idilio con J, muy apuesto pero incapaz de juntar 3 frases coherentemente. Y de nuevo en octubre, paso por mi crisis eterna primaveral, esta vez porque encuentro que mi galán es un poco tosco y rudo a veces para expresar lo que le molesta.

Supongo que está bien decir que una tiene sus límites y que hay cosas que jamás dejará pasar, yo por ejemplo me dije mucho tiempo atrás que jamás estaré con un hombre violento, irresponsable, infiel y ególatra (basta que cumpla sólo una de estas condiciones para que no vuelva a ver mi sombra). El problema es que, al ser tan fiel a mí misma, apenas veo cualquier atisbo de problemas salgo huyendo por la puerta más cercana, tratando de no mirar atrás para no volverme sal.

Ahora, con un poco más de experiencia en el cuerpo, estoy cansada de correr y refugiarme. Estoy cansada de perder. Miro parejas que llevan 30, 40 años de casados, y son capaces de quererse y amarse como si nada. O como si mucho, porque me imagino que deben haber pasado por problemas y que, contrariamente a lo que yo hago, los deben haber resuelto.

Pero ¿cómo se logra eso, Dios mío? Vez tras vez me he topado con personas tan o más testarudas que yo, que les cuesta confiar y sobre todo ceder. O que te dicen "Está bien, lo hago" y lo dejan para más rato, con la esperanza infantil de que se te olvide. ¿Alguien ha visto que eso alguna vez funcione? ¿En la vida real?

Ah... Yo sólo quiero encontrar un gran amor, como los de antes.

Liss

domingo, 16 de agosto de 2009

La reemplazante de una ex

Querido público, hoy queremos compartir con ustedes la historia que nos ha enviado Dudosa, una fiel lectora de nuestro blog, para que lean y comenten. No olviden que pueden hacernos llegar sus escritos al correo soy.la.ex@gmail.com, que tengan un buen día!


Demasiados años que no sabíamos nada el uno del otro, pero gracias a cosas de la vida y un milagrito comenzamos a hablar…

Me encantó su forma de ser, no podía creer que ese niño que conocí hace muchos años atrás estaba convertido en ese “hombre” que, inevitablemente estaba comenzando a atraerme.

Me caí del PC el día que me hizo el comentario por algo que le dije: “aaah mi polola…”. No podía ni quería creerlo, lamentablemente ese Hombre que me atraía tanto ¡tenía polola! Por qué no lo había mencionado antes, gracias a Dios no había hecho ninguna alusión a lo que me estaba pasando, pero a pesar de todo no podía evitar el sentirme atraída por él.

Bueno llegó el día: nos juntamos, conversamos, nos reímos y bebimos vino blanco, que por coincidencia es nuestro favorito, la novia no salió al aire en ningún momento de nuestras conversaciones y el único momento en que se nombró fui yo quien lo hizo cuando lo miré y le dije “que lata que estés pololeando”. Al final de la noche/madrugada nos aprestábamos a despedirnos, lo besé en el rostro, cuando él me toma y me besa...fue el beso más romántico que me habían dado en años, y no podía creer ¡me estaba besando! Fue sólo ese beso y me fui.

Al otro día nos volvimos a juntar en una “cita” que escapa de toda imaginación y fue… es que no tengo palabras para describir lo que me pasa cuando estoy con él. Ese día me dijo que terminaría con su polola y yo me asusté…le dije que no quería ser la causa del quiebre de una relación de años, a lo que me contestó que yo no era la razón, que las cosas ya se estaban dando mal entre ellos desde hace mucho tiempo atrás.

Me sentí mal y lo único que le pedí fue que no le contara a ella que estaba saliendo con otra, porque yo como mujer me ponía en su lugar y me dolería mucho.
Bueno, terminaron según él, de mutuo acuerdo.

Al mes de estar saliendo, de una forma bastante particular le pedí pololeo, se “sintió” por que lo había presentado a un amigo como “mi amigo” y le dije que si no quería que lo presentara así siempre estaba la posibilidad de decir que era mi ¿pololo?… y esa misma noche fue la primera discusión por “La Ex”, en un momento bastante inoportuno llegó un mensaje suyo a su celular, a lo que me confesó que aún tenía contacto con ella, que aún eran amigos.

Sé que los celos al comienzo de una relación nunca son un buen presagio, pero me escocía cada vez que ella le escribía cosas en su página de FB, y en serio me estaba arrepintiendo de haberle pedido que no le contara que estaba conmigo.

La nota alta fue cuando por cosas del destino me enteré que el último día que lo había visto y que me había dicho que comería con su familia, bueno su familia era “La Ex” que le había pedido una última reunión, no me había dicho por que temía que me molestara, y de hecho fue mejor enterarme "después de”.

Él ha tratado de dejar las cosas claras pero parece que ella simplemente no quiere dejarlo ir… le ha dicho de mil formas que las cosas ya no funcionan, que ya no quiere estar con ella.
Le dije que cuánto tiempo más tendría que esperar para que se enterara de nuestra relación y me dijo que no sabía, que por el momento prefería que las cosas siguieran así.

Y me duele, me duele mucho cada vez que se pone en su lugar y no en el mío, “ella sufre por todo y no quiero hacerla sufrir yo”, “no está en un buen momento, esperemos un tiempo” y cuanta excusa barata (por lo menos para mí) he tenido que escuchar, han tenido conversaciones bastante complejas con respecto a lo que fue su relación y ella (al igual que yo haría en su lugar) esta dejando todo en la cancha.

Pero entonces qué pasa con mis sentimientos, con mi sentir en los momentos que pienso: y si habló con ella hoy; y si ella está logrando que él tenga dudas de haber terminado y quiera volver... y comienza la película en mi cabeza, tonteras e inseguridades típicas de una reemplazante de una ex… pero que a la larga están logrando hacer nido en mi cabeza.

Sé que me ama (más que a su música como dice él y créanlo eso es demasiado), no por que me lo repita mil veces al día, sino por que ha hecho cosas por mí que no había hecho por ninguna mujer, y me consta que es así, no se engañen, nuestra relación es increíblemente magnífica, pero es ese el “detalle”: que ella no puede enterarse aún y me llena de dudas, dudas tontas lo sé, pero que dentro de todo es comprensible, creo yo…



Dudosa

martes, 30 de junio de 2009

Distancias

Existen distancias que nada tienen que ver con geografía, cierto?
Una que me molesta por estos días es la distancia del tiempo: la que se genera por tener poco tiempo.
Empezar una relación en la universidad, cuando uno se ve casi todos los días con el individuo en cuestión tiene su lado bueno (es rico verlo para almorzar, por ejemplo) y el lado malo (si llegas a terminar la relación hay que andar con cien ojos para no topárselo en el patio, no?). Hasta aquí todo bien. Pero el tiempo inevitablemente pasa, y después uno sale de la U, empieza a trabajar y se forma la típica y casi inevitable distancia del "nos vemos solo el fin de semana porque no tengo tiempo en la semana".
Por un lado, repitiendo lo anterior, esto es bueno . . . si llegas a terminar no tienes que andar preocupada de topártelo en la calle o en la pega porque no forma parte de ese mundo, tienes tu vida separada de la de él, entonces recoger los pedazos y seguir adelante es un poco menos caótico. Pero a su vez lo malo es precisamente eso: tienes tu vida separada de la de él.
En este momento, cuesta reírse de los mismos chistes, o hablar de la pega o de lo que se hace cada día. Las horas pasan a ser una nebulosa poco clara . . . sé que está ocupado, pero no sé dónde ni con quién ni con qué. Y no me refiero a saber por controlar y por celos, me refiero a saber por el gusto de saber, por esa sana preocupación que a veces nos pega cuando estamos almorzando y nos preguntamos si él estará almorzando también, no?
Esa distancia es de las peores. Saberse en la misma ciudad, saberse cerca, pero a la vez lejos, porque el celular es caro y no se puede llamar todo el día, porque hablar por msn mil horas en la noche tampoco se puede por culpa del cansancio, y porque al final uno queda resumida a un paréntesis en el fin de semana, sólo un par de horas . . . y el resto de los días, ¿qué?
¿cómo se le hace la pelea a eso?
¿tiene sentido pelear eso?
Supongo que a varias le ha pasado lo mismo, pasar de verse todos los días a verse una o dos veces a la semana, y más encima verse con los ojos cerrados, casi no hablar, porque la pega cansa, el jefe webea, y las cosas no son siempre como uno las quisiera.
Mi pregunta es ¿es esto distancia? No verse, no hablarse, estar separados sin poder arreglarlo, ¿afecta? ¿está bien que de pena, o lata? O ¿hay que simplemente acostumbrarse y esperar lo mejor? ¿puede esta distancia separar?
Saco el tema porque me veo en mi hora de almuerzo, sentada frente al pc, escribiendo esto, sin plata en el cel para llamarlo, y preguntándome que estará haciendo, pero con añoranza, no con rabia ni con celos.
Y como siempre me pregunto si seré solo yo la que piensa así, si solo a mí me da lata, si es justo que me de, o si me estoy quejando por gusto. . .
Veo mi fin de semana como todos los demás, cansada, y con la certeza de las horas son insuficientes, de que al final, igual, el tiempo o la falta de este se convierte en distancia.

domingo, 14 de junio de 2009

El bichito de la duda

Estamos todos de acuerdo en que, estando dentro de una relación, el acostarse con otra persona que no sea el pololo, marido o lo que sea es infidelidad, ¿cierto?

Un beso también se entiende como infidelidad. Si cualquiera de nosotras llegase a enterarse que su pareja de turno "atracó" con otra el hecho en sí se considera un quiebre, no necesariamente el término (eso depende de las circunstancias, y del aguante que una tenga, que suele ser más del que una piensa que tiene), pero sí sienta un precedente, se convierte en desconfianza difícil de ignorar, es una permanente piedra en el zapato: molesta, duele, y no se olvida.

Pero, ¿qué pasa con cosas más sutiles?

Si nos sentamos a pensar que pololo o marida no es simplemente el homosapiens de turno con quien satisfacemos nuestras necesidades sexuales sino que es una parte de la vida, un amigo, una promesa de futuro, un puerto donde refugiarnos del mal tiempo, un recuerdo constante de lo lindas que somos y mil cosas más, podemos ver que hay más que una llamada telefónica por día y un polvo de vez en cuando, ¿no?

Hay complicidad, conversaciones largas, espacios vacíos que se llenan, satisfacciones más tiernas, risas que se comparten, lágrimas que se secan, esperanzas que nacen.

Hasta ahora todo bien. Una buena relación tiene, o debería tener, todos estos elementos y muchos otros, de ahí mi pregunta peligrosa:

¿Qué pasa cuando esa complicidad se gesta en otro lado?

Entonces ¿qué hacer cuando de pronto, (por que si bien estas cosas son siempre graduales , es de golpe como nos golpean) él comienza a hablar mucho con otra?

No hay sexo (todavía), no hay besos, pero existen estas conversaciones largas y profundas, ese compartir los miedos, llorar las penas, y de pronto, el roce de una mano contra una rodilla, o un abrazo un tanto más cercano, o mensajes de texto a deshoras. ¿es esto infidelidad? ¿compartir con otro, fuera de la relación, aquello que es tan íntimo?

No hablo solo de palabras, sino de sensaciones. Es innegable que la atracción física genera mariposas en el estómago, cosa que no es amor, pero la complicidad, la intimidad, la confianza, el hablar de todo sin pudor ni pena, y mejor aún el no tener que decir nada porque la otra persona parece leernos la mente, genera otra cosa en el estómago, que no son mariposas suaves que se extinguen con el tiempo, sino un vacío que se arma como esa persona con la cual hablamos ya no está.

Después de hablar, de compartir, íntimamente, es imposible no echar de menos.

¿Qué pasa cuándo él echa de menos a alguien que no somos nosotras? Cuando hablar mucho con ella, de ella, cuando quiere verla, cuando sentimos que considera dejarnos plantadas por ir a verla, cuando corre cada vez que ella tiene un problema, cuando se sabe sus dramas, cuando la conoce, todavía no la besa pero, peor aún, la extraña y la recuerda. ¿Eso también es poner el gorro?

¿Es una forma más delicada, suele ser la antesala de la tan despiadada infidelidad, pero ¿cómo acusarla? ¿estará mal? Si tiene una amiga que es más amiga de lo que soy yo, ¿puedo llamarlo infiel?


Leonor

lunes, 8 de junio de 2009

Una piedrita en el alma

Suelo considerarme una mujer bastante comprensiva, de ésas que tiene una paciencia enorme, mas no infinita, y que cuando estalla, además de tener buenos motivos para enojarse, también necesita buenos motivos para perdonar…

En resumidas cuentas, una vez que la cagan conmigo es bien difícil recuperar mi amistad (o la relación existente con aquella persona).

La cosa es que mi relación con Damián no terminó precisamente en buenos términos, gracias a su enorme habilidad para meter la pata, y debo admitir que a pesar de los años que han pasado, aún siento aquel dolor y rabia que sucedieron al día en que todo entre nosotros se acabó.

Las viejitas suelen decir que el tiempo todo lo cura, y aunque sigo sintiéndome con el derecho a estar ofendida por lo que me hizo Damián, la sor Teresa de Calcuta que hay en mí empezó a socavar mi decidida ofuscación con él.

Cuento corto, Damián está en problemas. Hace algún tiempo que vengo sabiendo de nuestros amigos en común que no se encuentra muy bien, y la última vez que me lo topé en el metro lo vi MAL. Para más remate, apenas me vio sus ojos se agrandaron, como suplicando un poco de atención, gesto que años atrás siempre supe descifrar como un 'necesito hablar con alguien'. ¿Ojalá conmigo?

Ahora, rollera como yo sola, me pregunto si habrá una fecha de vencimiento para esa rabia, me pregunto si a pesar de la nula sinceridad de Damián años atrás seguirá siendo válida mi evidente aversión hacia él, sobre todo ahora que siento que necesita mi amistad.

Incluso más: no sé si me haga bien mantener ese odio en mi corazón, sospecho que no pero todavía se siente correcto dejarlo ahí, hasta nuevo aviso. Quisiera ser como esa mujer a la que le cantaba Joaquín Sabina y poder perdonar… porque ya no me importa.


Liss

PD: Esto fue como escribir el capítulo de una telenovela para mí.

martes, 2 de junio de 2009

Mejor solo... ¿o bien acompañado?

Estimadas lectoras y lectores, hoy contamos con una colaboración a nuestro blog. Como de costumbre les recordamos que nos pueden enviar colaboraciones a soy.la.ex@gmail.com y son siempre bienvenidos los comentarios. ¡Esperamos que les guste!
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Escuché la palabra matrimonio y creo que por un instante me quedé momentáneamente sorda. Veía sus labios moverse pero lo único en lo que podía pensar era en qué demonios me iba a poner. Claro, el matrimonio no era mío, era de un viejo y muy querido amigo de mi aún más querido pololo. Iba a ser una de estas ceremonias pequeñas e íntimas que parecen estar de moda por estos días de crisis financiera.

El evento se llevaría a cabo en menos de un mes, tiempo de todos modos suficiente para hacer dieta y verse regia, ¿no? Y en eso estaba pensando cuando recuperé la audición y escuché de sus hermosos labios ¨y claro, como es ceremonia chica va la familia nomás". Excelente, pensé yo, la ausencia de gente potencialmente peladora es siempre bienvenida.

"Bien, entonces", le contesté. "Yo creo que me pongo el vestido gris con las botas negras, ¿no?". Y ahí se le nubló el rostro. Me miró, no dijo nada y me abrazó. Sospechoso.

"¿Qué pasa?"

"Ees que Juan me invitó a mí no más . . ."

"Obvio, si es una ceremonia chica no van a estar invitando a más gente. Va a ser lindo ver a Juan casarse . . ."

"Es que . . . no puedes ir. Me invitó a mí solo".

Y ahí se me nubló la cara a mí. Ah, va solo. Después de casi cuatro años de relación, muchísima agua bajo el puente y poquísimos eventos sociales, cuando por fin está la opción para vernos fuera de su casa o de la mía, de bailar, formar parte del recuerdo de lo que luego se convertirá en otra familia y finalmente consolidarnos como pareja delante de sus pinches amigos a los cuales prácticamente no conozco, resulta que va a ir solo.

"Ah, OK". No dije nada más. "No te enojes, no es personal contigo, lo que pasa es que no va nadie más . . . "

"Está bien, de acuerdo, que lo pases bien", la voz de bruja no me la quitaba nadie. Y el tema no se volvió a tocar hasta el famoso día del matrimonio, y la verdad es que ni siquiera esa noche en la que él se fue al matrimonio se dijo mucho. Más que nada todo el análisis acerca de la situación se llevo a cabo dentro de mi cabeza, porque mientras él estaba allá yo que quede en la casa, pensando.

¿Por qué no entiende que es importante que me lleve?

Una, después de cierto tiempo, de ciertas conversaciones, de ciertas cosas que pasan llega a pensar que lo más lógico del mundo es que cuando a él lo invitan a alguna parte esa invitación sea automáticamente doble, porque estamos pololeando hace un siglo, y porque cuando a una la invitan a algún lado a no ser de que sea una “girls night out” una va con el susodicho de turno, ¿no? En parte porque es rico salir con él, pero también porque es importante dejar establecido que una está dentro de una relación de pareja, porque es bueno que las amigas desubicadas que él siempre tiene sepan que es una la que está con él, ¿no? Y porque por último algún resabio animal queda dentro de nuestra naturaleza humana, y como no es posible orinarle encima como lo hacen los leones, el equivalente humano es salir para que el resto te vea, ¿no? Creo que no me equivoco demasiado.

El punto es que parece que ellos no lo entendieran. Pareciera que para él es menos traumático acompañarnos a la farmacia a comprar anticonceptivos que presentarnos a la familia o a los amigos. Cuesta menos prometer el cielo, la tierra y todas las estrellas o comprarnos tapsin período que aceptar públicamente que somos parte, al menos de momento de sus vidas. Y ¿por qué?, me pregunto yo.

Mientras estaba metida en la cama, calientita, viendo una película y comiendo cabritas me carcomía la rabia. Me lo imaginaba arreglado como no lo veo nunca, conversando con gente que no conozco, pasándolo la raja y tomando champagne, como si no tuviera polola, en tanto yo me quedaba en la casa, sola.

Así no se puede.

Será el eterno miedo al compromiso el motivo por el cual les es tan difícil hacer un statement social de que ya no están solteros? O la cosa pasará por mantener las opciones abiertas? O no perder el famoso espacio que tanto necesitan? No entiendo.

O a lo mejor es simplemente nosotras tenemos otras expectativas . . . son todos los hombres iguales o es que yo tengo una interminable mala suerte. Habría que estar dentro de su cabeza para comprender como es que esto, vital para mí, era una tontera para él. Del evento en cuestión han pasado varios días. Y como muchas cosas es difícil simplemente dejarlo ir y no pensar.

Y escribo aquí precisamente por eso, necesito opiniones, necesito saber si estoy absolutamente desubicada con respecto a mi drama, si estaré exagerando, o si lo que ocurre es que no le importo lo suficiente como para que me presente a sus amigos o si la cosa es tan sencilla como que el sexo opuesto no entiende lo que una con tanto amor le trata de explicar.

Ahora, una vez la rabia se ha marchado, al menos en parte, quedan los cuestionamientos inconclusos. Y las preguntas. ¿Irá a pasar esto de nuevo? ¿La próxima vez que alguien lo invite a algún lado y le digan que vaya solo pasará por su cabeza el hecho de que estamos pololeando y lo políticamente correcto es que lleve a la polola?

Ah, y se supone que nosotras somos las complicadas.


Leonor


lunes, 25 de mayo de 2009

El cuchillo en la espalda

Cuando era adolescente, con mi grupo más cercano de amigas nos decíamos que nunca nos íbamos a traicionar por un hombre, que eso nunca iba a arruinar nuestra amistad. Y varias cumplimos, al pie de la letra. Si alguna en algún momento se metió con el tipo que le había gustado a la amiga, o con el que ésta había salido unas cuantas veces, siempre fue después de que hubiese pasado tiempo, y asegurándose con la amiga que no había problema, recibiendo su "bendición" previa, sabiendo que no habría problemas. Varias fuimos leales a la promesa hasta el final (al menos dentro de ése grupo de amigas).

Hasta el día de hoy me parece curioso, porque fue en nuestros últimos años de colegio que nos decíamos eso, cuando es precisamente la edad para mandarse ese tipo de "cagadas" o "condoros". Cuando crees que toda oportunidad es única, cuando fácilmente te puedes convencer de que "es ahora o nunca" y si no te la juegas por el susodicho, independiente de si hieres a una amiga, vas a haber perdido para siempre la oportunidad de ser feliz a su lado. Pero no, las más cercanas siempre nos mantuvimos leales, aunque hubiese más de alguna vez intereses comunes. No es tan raro, si consideras que cuando eres muy amiga de alguien, seguramente se rodean de grupos de amigos en común, conocen a la misma gente, se hacen cercanas a las mismas personas.

Fue más adelante, sin embargo, que las lealtades comenzaron a fallar más. Justo saliendo del colegio, primeros años de universidad. Yo salí un tiempo con un tipo, no era nada serio pero me gustaba mucho, y cuando él terminó esa "amistad con ventaja" (porque lo que teníamos no podía catalogarse de más porque le gustaba una amiga mía, yo quedé muy dolida. Mi amiga sabía que yo estaba enganchada de este tipo, y que quedé mal. Y al poco tiempo me entero que ella quería juntarse conmigo y con él para ambos contarme que estaban juntos. En una reunión social, en la que yo iba a ver a otros amigos, y por esas cosas de la vida la invité también a ella. Y me di cuenta porque "sospechosamente" me llamó él (de quien no sabía desde que había terminado la "ventaja" de nuestra amistad) para decirme que también iba. Al preguntarme que cómo supo que yo estaría allí, sumé dos más dos, y obligué a mi amiga a confesarme todo por teléfono. Le colgué después de eso y la dejé hablando sola. Lo que me dolió no fue que estuviera con él, ni que me sintiera "traicionada" por él, si siempre tuve claro que nosotros nunca fuimos pareja, que sólo éramos "amigos con ventaja". Lo que me dolieron fueron las formas, no haberlo sabido antes, me sentí acorralada por cómo me lo querían contar (en una reunión social, iban a aparecerse los dos juntos, de improviso, y decirme que eran pareja y tratar de convencerme de que fuéramos todos amigos), y que ella sabía que yo todavía no lo superaba. A una No siempre le cuesta superar a un hombre por la seriedad de la relación que tuvieron, a veces te cuesta superar a alguien con quien ni siquiera te diste un beso, pero que por X razón fue significativo para ti. Habría querido saberlo antes, de otra forma, sólo por ella, habría querido que me preguntaran, obvio que les habría dicho que estuvieran juntos si ambos se gustaban y tenían una oportunidad de tener algo real, no que me hicieran una emboscada para decirme que ya estaban juntos y que qué lástima si no me gustaba. Al menos, a los 18 años, ésa era mi percepeción.

Otras cosas pasaron con el tiempo. Esa misma amiga tuvo un problema con otra, también por un hombre. Le gustaba a las dos, una lo expresó primero, pero a la otra le resultó algo con él. Ese algo fracasó y el tipo al poco tiempo estaba con la otra, provocando evidente fricción entre ambas. Y más cosas así. Si bien la amistad siempre "prevalecía" no sé si las cosas volvieron realmente a ser las mismas entre ninguna de las involucradas en estos enredos. Creo que ver si priorizas la amistad a un pene, cambia para siempre las cosas, sin importar por qué razones lo hiciste. Y me avergüenza decir que no estoy libre de pecado, y no puedo lanzar la primera piedra. Si bien por años tomé las decisiones que preferenciaban a mis amigas y no pasó nada con el grupo de amistades mencionado al comienzo, un día entre un viejo amigo (de otro lado) y yo comenzaron a surgir sentimientos románticos y por fin entendí las dificultades de algunas (no puedo decir todas, ya que cada caso fue distinto, y creo que todas tuvieron motivos distintos, aunque puedan parecer similares) de mis amigas. Tuve que tomar una decisión y decidí estar con él, aunque hirió a alguien, y él también hirió a otra persona cercana a él. No me arrepiento del riesgo que corrí, pero sí pienso que pude haberlo manejado mejor. Pero toda situación tiene factores que le dan complejidades distintas, y que hacen que de repente actuemos de un modo muy distinto del que creíamos que lo haríamos. MUY DISTINTO.

No es mi intención condenar las "deslealtades" aquí. A todas nos ha tocado alguna vez sacarnos el cuchillo de la espalda, o clavarlo, o ambas. Todas tuvimos nuestras razones para actuar como lo hicimos. Algunas serán razones harto malas, pero para nosotras pesaban cuando lo hicimos. Mi pregunta es por qué. Quiero entender. Por qué a mi grupo no le pasó a los 17 años pero sí a los 20. ¿Es que a medida en que algunas mujeres crecen, les baja la desesperación y ese "ahora o nunca" o la idea de que si no tomas un riesgo vas a haber perdido para siempre, les pesa más? En mi caso, con mi "viejo amigo" creíamos que si no nos arriesgábamos, siempre nos íbamos a preguntar cómo podía haber sido. No hicimos emboscadas, ambos hablamos con nuestros respectivos cercanos por separado, con distintos resultados. Tratamos de ser bien honestos y hacerlo no bien habían pasado 24 hrs desde que decidimos estar juntos, pero es verdad, no le preguntamos a nadie, ya lo habíamos decidido. También pesó nuestra propia amistad. Como nos conocíamos tanto, si bien el riesgo de estar juntos era alto, las posibilidades de que surgiera algo muy bueno, también nos parecían maravillosas. Creo que ambos pensamos que de verdad podía ser amor, que el otro podía ser "the one". Y quizás nos equivocamos, quizás no, pero al final, después de varios meses, la relación no funcionó. Siempre creí que valió la pena el riesgo, pero que posiblemente podríamos haber manejado las cosas mejor. Uno siempre podría haber hecho las cosas mejor. No sé si es condenable, si somos condenables. Se hace lo que se puede, y ahora sé lo que se siente estar de ambos lados. Y lo cierto es que ninguno es agradable. En uno hay dolor, en el otro culpas. Lo importante es tratar de manejar las cosas lo mejor posible, creo, y ser bien honest@. Y tratar de recordar siempre que las relaciones van y vienen, los buenos amigos quedan, y una vez que decepcionas a uno, puede que sigan siendo amigos, pero nunca va a volver a ser lo mismo. Nunca. Porque la confianza es irreemplazable. Una vez perdida, no hay vuelta atrás. Al final, las relaciones de pareja no son tan distintas a las relaciones amistosas, en ambas hay cosas que las pueden modificar para siempre. Y una vez que éstas ocurren, sólo queda encogerse de hombros, y acatar las consecuencias lo mejor posible, sin importar en qué lado estés.

Faye

viernes, 26 de diciembre de 2008

Tempus fugit

Esta entrada es un poco atípica de acuerdo al tema que nos convoca a quienes escribimos aquí, pero como estamos en Navidad, supongo que podemos sacarnos un rato la bronca y pensar un poco más positivamente. Entonces, esta vez no hablaremos de alguno de mis demoníacos Ex's, sino más bien de las dudas que se presentan a lo largo de una relación y que tiene que ver con algo sumamente delicado y subjetivo: el tiempo.

Para nadie es novedad que el tiempo es relativo. Cuando uno está esperando a alguien, a "ese" alguien, cinco minutos son una eternidad y dan pie a un millón de reflexiones sin sentido. Al contrario, cuando estamos con ese alguien, las noches se nos hacen cortas y siempre quedamos pidiendo un poco más... De tiempo (qué más vamos a pedir, mal pensadas, ¡¡¡jajaja!!!). Por otra parte, cada persona tiene sus tiempos. Lo que para una persona puede tomar meses, para otra es cuestión de segundos. esto me acerca al meollo de esta entrada: ¿cuándo uno sabe que las mariposas en la guata son el preámbulo de algo más serio o son sólo eso, bichos molestando un rato cortito? O una vez que las mariposas en el estómago se vuelven constantes, ¿cuánto tiempo debe pasar para dar el próximo paso? Entiéndase próximo paso como ponerse a pololear, comprometerse, casarse, divorciarse, etc.

Una amiga me contaba hace unos días atrás que el chico con que estaba saliendo aún no quería enseriar todo el asunto. No por un tema de compromiso, sino porque en su opinión todo tenía su tiempo y quería que las cosas se fueran dando así como de manera natural: conocerse, gustarse, enamorarse, pololear. Lo raro del asunto es que lo único que en realidad falta en su relación es ponerle la etiqueta de pololeo, porque todo el resto ya está. Pero en fin, el tema es que él mencionó algunas cosas claves: tiempos y procesos.

¿Cuál es el tiempo correcto para poder enseriar una relación? Más aún, ¿existe efectivamente un tiempo correcto para ponerle ciertos nombres o etiquetas a una relación de pareja? Obviamente todo el mundo tiene su propio reloj interno que le indica cuándo, pero ¿qué pasa cuando ese reloj no conguja con los demás o el de tu pareja?

Porque si es complicado hacer el rayado de cancha al principio de la relación, ¿qué pasa cuando los sentimientos se intensifican y se profundizan? Cuando de repente te das cuenta que la persona que tienes a tu lado es la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida, ¿cómo explicas que eso ocurra un par de meses después de conocerse? Yo nunca he creído en esos pololeos de mil años que terminan en el altar (y que terminan todo un par de meses después), pero tampoco me provocan mucha confianza esos amores fugaces de "Te vi, me enamoré y casémonos 3 meses después". Si se supone hay un tiempo y un lugar para todo, ¿por qué las cosas no son más evidentes?

Volviendo un poco a lo de mi amiga, me llamó la atención cuando me decía que claro, había que esperar a que se enamoraran y de ahí construir algo más concreto. Pero cómo, me pregunté, ¿estás saliendo con alguien por un par de meses ya y aún no están enamorados? Puede ser la pésima influencia de las películas románticas, de las novelas rosa, pero ¿no se supone que el enamoramiento es lo automático y es el amor el que se demora en llegar? El enamoramiento es el clic, es la química, las mariposas en el estómago y la ropa interior de encaje sólo por si acaso. El enamoramiento llega de sopresa y es el amor el que toma tiempo.

Y una vez que el amor ya ha llegado, ¿cómo saber que hay etapas que se han quemado y es hora de tomar una nueva y más arriesgada dirección? ¿Es solamente cuestión de sentarse y esperar que el tiempo pase? ¿O se toma la iniciativa, sin importar el lugar o, peor, el tiempo?

El tiempo pasa y su huella es evidente. Pero las decisiones que acompañan al paso del tiempo, no.

Atte.,

La Rabiosa Dudosa

sábado, 25 de octubre de 2008

Pasta o Tequila

Hace más de un año, pensaba seriamente en terminar con Rodrigo. El problema era que no encontraba la razón. Nuestros problemas de comunicación, las peleas y hasta la extraña relación que tenía con su ex, hibernaban apaciblemente, y no estábamos pasando por un período problemático en ese momento. Todo iba, en teoría, bien, pero yo tenía mis dudas. No lo suficientemente fuertes para terminar con él, pero lo bastante molestas como para no dejarme continuar tranquila en la relación.

Cuando se lo comenté a una amiga, para mi sorpresa, en vez de decirme cosas como "piénsalo bien", o "si tienes dudas es porque ya no lo quieres", me responde lo siguiente:


Ella: Pero termina con él, ¡si estar soltera es muy entretenido! Es como estar en un supermercado, llena de opciones…
Yo: Sí, lo sé, pero siento que estoy en ese supermercado, y a pesar de ver las opciones sigo eligiendo la apuesta segura, los tallarines, cuando sé que podría llevar el tequila…


Y se resumió a eso. Pasta o Tequila. La pasta sabes que es segura, nunca está de más, es bienvenida en toda casa y sabes que eventualmente (aunque sea cuando no se te ocurra nada más qué cocinar o tengas poco tiempo) la vas a usar. Quizás no es la comida ideal, pero es aceptable. Siempre está ahí, siempre es una opción. En cambio el tequila no. Es riesgoso. Sólo en ciertas ocasiones tenemos el coraje de beberlo, y quién sabe qué estragos causará. Qué haremos bajo su influencia, y qué resaca nos llegará al día siguiente.

Lo mismo podría decirse de ciertos hombres. Hay unos que siempre están ahí, son seguros, confiables. Quizás no son los más emocionantes ni entretenidos, pero no acarrean riesgos, sabes que no te fallarán. Mientras que otros… de ninguna manera puedes aguantarlos todos los días. Demasiado riesgo, demasiada inestabilidad. Sólo están bien en ciertas ocasiones especiales. Nunca sabes qué pasará alrededor de ellos, ni qué desastre dejarán después. Pero aunque sea por unas breves horas, ¡cómo disfrutas de su presencia! Producen el mismo placer que hacer algo prohibido, que sabes que está mal, y entre más lo sabes, más ganas te entran de hacerlo. Son deseables, pero insostenibles en el tiempo. Sabes que si los tuvieras todos los días o bien te agotaría ese ritmo de peligrosidad o bien te hartarían, como te harta el sabor de algo que te gustaba mucho pero que tuviste que comer (en este caso beber) todos los días y a todas horas hasta que te aburre.

Sé que hay muchas otras clases de hombres. Que hay maravillosos términos medios que son aquellos con quienes finalmente sostenemos relaciones duraderas, porque equilibran la estabilidad y la confiabilidad con la magia y la pasión. Pero dio la casualidad que en ese tiempo, mientras yo no me decidía a dejar los espaguetis, me reencontré con ese viejo tequila que tienes escondido en un rincón para que no te baje la tentación de abrirlo. Y resulta que no pude aguantarme las ganas y lo abrí…

continuará

Faye

 
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