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miércoles, 9 de junio de 2010

Él, la guinda de la torta

Estimados, tenemos el agrado de dejarlos con una nueva colaboración de una de nuestras lectoras, esperamos que les guste.
Hemos tenido poco tiempo para actualizar, pero seguimos recibiendo sus colaboraciones e historias en el correo soy.la.ex@gmail.com, solo les pedimos que nos tengan paciencia.
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Mis zapatos buscan cada hoja rojiza en el suelo del atardecer. Las hojas crujen como lo han hecho por años, siempre con el mismo suave estruendor de un retazo de vida que acaba. Recuerdo cómo me tomabas la mano mientras caminaba juntando mi escaso equilibrio por esa pequeña pared que separaba los jardines de la acera. Al bajar, las hojas comenzaban su sinfonía de trizas. Y tus ojos dulces eran tan dulces como los de cualquiera que ame de verdad. Podrías ser él, pero nunca lo serás. Tu recuerdo no importará más que los de las hojas, porque al parecer, sólo los recuerdos que nos hacen llorar nos interesan lo suficiente para escribirlos…y sigo hablando de él aunque no me roba las lágrimas como hace 10 años (o debería decir 12). Sigo hablando de él en un café de aroma intenso. Sigo explicando por qué no está, dónde está y con quién hace el amor. Como si pudiera explicarlo. Qué ilusa, no pude antes, menos ahora, que nuestras vidas han divergido tanto, como siempre lo pronosticó.

“No busques a alguien para que te haga feliz, sino para que comparta contigo la felicidad que has alcanzado”. Aunque lo repita mil veces no podré compartirlo, porque dista tanto de mí. Ser feliz es construir, y si lo haces solo, estás solo. Si alguien llega, se desarma el puzle, porque no encaja. Si construyen juntos, los dos caben, ajustes impecables, o aceptables. La duración de esa felicidad depende de eso…Si cada uno trae su felicidad, no se pueden sumar, porque son distintas…si cada uno tiene su felicidad siguen estando solos…o tal vez sí sean aditivas, tal vez el secreto sea tener una felicidad y media, media nuestra y una mía…

¿Y si fueras tú? Si fueras tú quien me roba un beso en el pasillo de un pequeño supermercado, si fueras tú quien recorre mis piernas por debajo del vestido. Si fueras tú quien vuelve en un avión olvidado. Me cuesta incluso llamarte tú, acostumbrada más al ÉL. Lo inalcanzable no puede siquiera tener un pronombre, aunque sí mucha imaginación, porque todo aquí es 90% imaginación y 10% recuerdo, y no es por mala memoria, es por escases de momentos juntos. Vuelve a sonar Cálido y frío, en otro frío dentro de un cálido auto compartido con gente que no quiere compartir. Ese amor en contracorriente, dice, mientras vuelvo a recorrer las heladas calles de San Carlos buscándote, cada año con más neblina y menor nitidez. Vuelvo a decir las palabras necias que nos alejaron poco a poco, casi sin darme cuenta. Porque las guindas de las tortas son sorpresivas, y el rojo nos duele en medio de tanta crema blanca.


Amanda

lunes, 31 de mayo de 2010

Cuando Tenga Que Correr, Corra

¡A la carga! Actualizamos El Blog de la Ex con una colaboración. A todo el mundo le toca el tema parece. Recuerden que si quieren colaborar o ser parte del equipo estable de Ex's (raro sonó eso), pueden escribirnos a soy.la.ex@gmail.com.

Nos demoramos un poco en responder, así que ¡paciencia!

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¿Cuánto tiempo toma olvidarse del lolo de turno y comenzar nuevamente la búsqueda?

Sabemos que es un proceso más o menos engorroso, que a no todos nos toma lo mismo ni lo enfrentamos de igual manera y que a más de alguna fémina (y macho también) deja pegada por más de lo mentalmente sano.

Como no soy devota de andar apurando cosas, no me incomoda en lo absoluto pegarme una vitrineada más o menos larga, no me urge un aún)pues, afortunadamente los servicios básicos son cubiertos por un buen samaritano al que tampoco le molesta mucho la soltería, voy más que relajada por la vida… Tan relajada que en ese entre tiempo un muchacho me pilló volando bajo y comenzamos a salir.

El espécimen en cuestión se veía bastante prometedor: salidas varias lo confirmaban. No era algo que me hiciera perder la cabeza, pero en vista y considerando que la oportunidad estaba, démosle.

Y aunque quería, algo no funcionaba… Este hombrecillo me sorprendía desagradablemente con detalles… Pero hubo algo, lo principal, que me hizo replantear el asunto y correr olímpicamente de esa situación: su urgencia por reemplazar a la EX.

Además de su apremio por concretar, por presentarme a la familia y conocer la mía, por publicar fotos -que ni siquiera sabía que me había sacado- sin mi consentimiento y tapizar red social existente con mi nombre y el “está en relación con”, estaba su pasado tormentoso con mi versión anterior.

Todos tenemos un pasado, hay que tener uno para construir el presente, eso está claro… El suyo incluía no asumir que lo dejaron y mandar todo a la mierda tras el quiebre: vida, amigos, universidad, TODO.

El cabrito me planteó el episodio como una anécdota más de vida y a mí dentro del cuento, como la persona que lo ayudaría en la transición. Qué quieren que les diga, me anduvo entusiasmando la idea de mostrarle que la vendrían tiempos mejores (a pesar de divergencias que saltaban a la vista, pero bueno, asumo que soy harto porfiada) y seguimos.

Es común que en la lista de ex parejas siempre exista una que es recordada con mayor cariño, pero el cuento con esta EX iba por otro lado. Al tiempo de estar juntos me enteré que hubo compromiso de por medio, postura de ilusiones (bien cebolla el asunto) y toda la parafernalia, la palabra matrimonio sonó fuerte, bastante, hasta que la muchacha se arrepintió y hasta ahí quedaron los planes.

Nada de malo tiene proyectarse, pero si no resulta, supéralo. Eso es lo que no entendió el muchacho… Y su obsesión/trauma con el compromiso me empezó a incomodar demasiado, su encanto por mostrarme en público como un chiche nuevo me asustaba, las llamadas a las tantas de la mañana desubicaban, llegando al punto de quizás qué caras poner cuando comenzaba con sus “... y si viviéramos juntos” salidos de la nada sin siquiera llevar meses emparejados…. Porque digámoslo, uno espera escuchar esas palabritas cuando está enamorada y lleva por lo menos un año de convivencia ¡no dos meses!

Señoritas, existen sujetos deseosos de reemplazar a la Ex con quien quiera que se les cruce en el camino en un esfuerzo por demostrarse a sí mismo que son capaces de formar parte de algo sólido. Buscan e insisten porque la soledad los desmoraliza y desespera a tal extremo, que la seguridad como individuo único e irrepetible se les va lejos (si es que alguna vez tuvieron).

Lamentablemente para él, tengo mis prioridades demasiado claras e incluir un cacho en mi vida, evidentemente, no es una de ellas.

Con toda honestidad, si hubiera sido la novia y Ex en cuestión, también corría… ¿ustedes no?

Helena

jueves, 8 de abril de 2010

¿La Santa?

Queridos lectores, tenemos el placer de dejar con ustedes una nueva colaboración de Gaviota, cuya primera parte podrán revisar aquí.

Les recordamos que pueden enviarnos sus historias al correo soy.la.ex@gmail.com, esperamos que disfruten de esta nueva colaboración tanto como Las Exs.


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Como ya les conté, Difunto, llama y llama, busca y busca… y al parecer tiene nervios de acero por que no se cansa…y yo tampoco por que no pienso dar mi brazo a torcer…

Menos ahora, que partí bien el 2010, soltera y regia… así que ni loca dejo mi soltería en este momento… eso no significa que no puedo tener a alguien que me trate con cariño… ahí entra “Dulcito”, es un lolito que conocí hace más de dos meses, es dos años menor que yo…un encanto realmente.

En la primera cita, que no fue nada romántico (una salida después del trabajo a almorzar), tuve que elegir: o me demuestro tal como soy, media locateli y bruja empedernida, o como una pobre niña a la que le destrozaron el corazón y que no está lista para una relación… Elegí la 2º opción, la “santa”.

Le expliqué que tuve una relación larga, la cual me dejo muy dañada, que él ha sido el único hombre en mi vida, que no estoy acostumbrada a salir, recién ahora estoy aprendiendo como son los hombres, no confío en nadie por miedo a que me dañen…y todas esas cosas que hacemos para hacernos las niñas buenas.

La cosa es que Dulcito al parecer es igual a todos los hombres, le gustan las santurronas, por que anda como perrito faldero detrás mío… Y para qué vamos a andar con cosas, cuando te hacen daño, lo único que quieres después es hacerle daño a alguien, así que ésta es la mía.

El problema es que de verdad Dulcito... es muy dulce, es tierno, preocupado, no de la forma “¡Quiero algo contigo y si no me lo das altiro no te pesco más!…” hemos salido un montón de veces, de las cuales ni un besito se ha llevado… siempre como que quiere pero yo le doy un fuerte abrazo y le digo que me encanta estar con él , que es muy lindo….

El problema radica en que es demasiado tierno como para hacerle todo lo que tengo planeado, y menos después de que me confesara que no ha conocido mujer (qué???? a sus 21 años no ha conocido mujer aún??)

Entonces tengo dos opciones, o me sigo haciendo la santa y termino haciendo que Dulcito termine completamente enamorado (o por lo menos que crea que lo está) - cosa que estoy segura que va a pasar por que ya me dice que me quiere - y crear un monstruo que destruirá mujeres años más tarde; o de verdad abro mi corazón, que obviamente tengo cerrado hace casi 7 meses….

El problema es que ya le mentí sobre mi forma de ser, ¿Cómo se hace para demostrarse bruja, sicópata y maniática compulsiva de un momento para otro, sin que piense que pelé el cable?


Gaviota.

lunes, 5 de abril de 2010

Ser la Otra

Una nueva colaboración de una de nuestras lectoras: La Otra

Hay varias formas de ser ex, pero la más terrible de todas es ser “la otra” (si, bien colombomexivenezolano, para que se entienda).

Señoritas, no nos veamos la suerte entre súper heroínas ni nos pisemos la capa entre gitanas: Las que quisimos ese tipo de relación sabíamos perfectamente donde nos metíamos, en que “zapato chino/camisa de once varas”. Si fue por el amor a lo prohibido, el riesgo, adrenalina, aburrimiento… sabíamos.

El drama de ser “la otra” es que en el minuto final no puedes desahogarte.

No puedes decirle a nadie por qué lloras, o el porqué de los ojos rojos (la típica infección ocular), pero lo peor de lo peor es no poder llamar, no poder hablar, no poder pelear ni reclamar porque “la oficial” puede dejar la grande y tú obviamente quedas de fáci... marac… put… perr… mala persona.

No me justifico. Sé que a nadie le gusta que su mino la engañe, ni a mí, pero cuando las oportunidades se dan y las ansias son demasiadas, es absolutamente humano hacerlo. Es ser pésima mina, no tener sentimientos, no tener conciencia o solidaridad de género o mil pavadas más, pero yo creo que es peor enamorarte de alguien que sólo encamarte con él o encamarte mucho con él.

¿Cuál es la forma de dejar la relación tóxica?

Peleando. Sí, peleando. Contigo y con el mundo. Comprar un punshing ball de boxeo y darle duro, porque lo que prima es la rabia de ser tan estúpida de fijarte en un mino con novia/mina/polola o el peor caso espossssaaaa.

Exorcizar su olor, la huella de sus manos y todo lo que te lo pueda recordar.

Nunca pedí paz después del “ÉL”, sólo quería recuperar la calma y quedarme con las miles de cosas buenas que vivimos. Y lo logré.

Y si me preguntan, pretendo seguir durante toda mi vida a Wilde “La mejor manera de librarse de una tentación es caer en ella”.

domingo, 14 de marzo de 2010

El Perro Arrepentido

Querido público, tenemos el agrado de dejar con ustedes una nueva colaboración de una Ex que quiso compartir con nosotras su historia. Esperamos que ustedes la disfruten tanto como nosotras, y dejen sus comentarios para nuestra querida Gaviota.
Y recuerden que siempre podrán enviarnos sus historias a soy.la.ex@gmail.com

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Mis estimadas, acabo de ingresar a este mundillo y espero que cada cosa escrita sea entretenida para todas y refleje de cierta manera las vivencias de muchas.

No puedo dar mi nombre real por que tengo amigas que siguen fielmente el blog y la verdad es que no quiero que mi fachada de niña “ya está superado” se desplome y me digan “te lo dije”.

Pues bien, estuve poco más de un año con el señor “Difunto”. Cuando nos conocimos (en un lugar de dispersión juvenil llamado discotheque) no me gusto para nada: era el típico mino feo, medio nerd, y mal vestido. Yo, para mi desgracia, soy la típica mina que les gustan, la más o menos bonita (para no tirarme muchas flores), inalcanzable para ellos, etc… pues bueno, después de más de una hora molestando accedí a bailar con el susodicho, y como el lolo era simpático, seguimos viéndonos.

La cosa, para resumir un poco, es que nos pusimos a pololear. Al principio todo era lindo: me llamaba por horas todas las noches y teníamos tema para conversar de todo, para qué hablar de las salidas, todo era bueno…y ya acercándose el primer aniversario, el lolo como que me guateó.

Según él, que yo lo absorbía mucho!!! ¿Cómo?, “pero si no tengo ni tiempo para mí con la pega y los estudios!!!” Kuek…Terminamos, luego volvimos y, como dos meses después… Plop!!! El lolo estaba de nuevo confundido!!: Que una chica de la que él estuvo enamorado lo buscó y cómo iba a quedarse ahí sin saber qué podía pasar si se la juega por ella… y yo con el corazón destrozado, sabiendo que el mino más feo del planeta me dejará por una mina más fea que él…

El ego, el autoestima, por el suelo.. y lo peor de todo es que él me dejo… siempre pensé que sería yo!!!! En fin….Han pasado 6 meses del fatídico suceso, del que aún no me recupero del todo, y zas!! En diciembre “Difunto” me llamó, después de una serie de llamadas mías que le dejaba perdidas, y mensajes que le mandé equivocadamente a su celular y que siempre respondía de mala gana para decir que no era mi amiga a la que estaba buscando en un estado medio etílico…

"Difunto" me llamó con la excusa de querer saber cómo había terminado el año, si había terminado la carrera y si había encontrado práctica laboral, muy en buena onda….”Oye pero hay tanto que contarse, podríamos juntarnos a comer sushi, acuérdate que te la debo”…”Pucha, lo siento, ando súper ocupada, pero para la otra”… Nada de ex civilizada, no va conmigo.

Han pasado dos meses desde entonces y ahora el lolo apareció con regalos... “buenos regalos”, los cuales le tire por el rostro, por orgullo… llamadas, correos…Accedí a reunirme con él para conversar, decirle que me tenía que conquistar de nuevo y que me diera tiempo… pero después me arrepentí… Y ahora llama y llama!!! Cómo no entiende que si no contesto es por que no quiero hablarle!!.

Opté por cambiar el celular, pero como era una relación seria tiene el número de mi casa, y llama y corta cuando contesta otra persona… Ahora me pregunto, ¿por qué siempre vuelven como perros arrepentidos, diciéndote que te aman, que te quieren?... Todo lo que quisiste escuchar durante el pololeo, pero de lo que se dan cuenta después, probablemente cuando la otra Yegua no los pescó, y ya no es admirable ese algo que pudiste conseguir de esa relación…

Kuek… pa' el “Difunto”, y para todos los perros arrepentidos que existen…

Gaviota

jueves, 11 de marzo de 2010

Ódiame, por piedad...

Amig@s de nuestro blog, retomando las colaboraciones que llegan a nuestro correo, les tenemos esta joyita para que lean, disfruten y comenten. Un saludo cariñoso de su Ex favorita.


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Cada cierto tiempo llegan amigas mías a contarme de sus rupturas. Aparecen todas acongojadas contándome sobre su experiencia con el saco de weas de turno. Ya saben, el inmaduro emocional, el que las pateó porque estaba "confundido", el que terminó con ellas para encontrarse a sí mismo y resultó que en un par de semanas (o menos) estaba con otra.

Siempre las escucho con paciencia y trato de entenderlas. Pero una parte en el fondo de mi cerebro no puede evitar verse reflejada, más que con mis amigas, con sus exs. Esa soy yo: la saco de weas que nadie quiere tener como ex.

Quizás muchas féminas que lean esto querrán apedrearme ahora. Me dirán cosas como "deberías pensar en el daño que haces" o "ojalá algún día alguien te haga lo mismo a ti para que sepas lo que se siente". Creánme, no es necesario. Sí pienso en el daño que hago, y sí tengo empatía por lo que sufre el otro. Y sin embargo, pareciera que no lo puedo evitar. Me prometo no tener otra relación hasta haber madurado un poco más, pero conozco a alguien, me embalo, creo que todo será diferente y antes de darme cuenta qué pasó estoy terminando porque estoy confundida y creo que necesito tiempo para estar sola. De todos modos, cuando lo he dicho realmente he sentido que es cierto. No sé si eso empeora o mejora el asunto.

No crean que no siento culpas o no me siento mal por esto. Durnte mi adolescencia yo también estuve en el lugar de mis amigas y me metí con el saco de weas de turno, a quien maldije y pensé "me pregunto que se sentirá estar del otro lado, del lado del que hiere y no del que es herido". Cuidado con lo que deseas, dicen. Me pasó. Y les cuento que no es agradable.

No es bonito ser odiada. Tampoco sicopateada porque dejaste marcando ocupado a algún pobre desgraciado que realmente se ilusionó contigo cuando tú no lo hiciste, y que pasó mucho tiempo llamándote post ruptura para que se juntaran o pidiéndote explicaciones sobre por qué terminaste. Lo peor es que a veces ni tú conoces bien la respuesta. Simplemente despertaste un día y sentiste que ya no podías seguir. A veces ocurre que después de eso te arrepentiste y hasta volviste con el susodicho, y otras nunca te arrepientes ni miras para atrás.

Terminar fue una buena decisión. Sólo que él no está de acuerdo.

Sé que me han odiado, me consta. Han hablado con amigas en común tratando de encontrar explicaciones a mis acciones, porque el "ya no te amo" no les bastó y pensaron que debía ocurrir algo más. He leído cosas de mí que han escrito en internet o escuchado o me han contado algo que han dicho. Una vez me tocó la teoría de uno sobre que le puse el gorro y lo usé. ¿Mi versión? No sólo no le puse el gorro, sino que cuando lo conocí realmente creí que con él podía funcionar algo serio. Pero yo estaba muy confundida en ese tiempo y no debí empezar con él tan pronto después de haber terminado mi relación anterior. No alcanzamos a durar ni un mes.

Así soy yo, cometo errores por dejarme llevar y no pensar bien en las consecuencias de mis actos. En el fondo, soy una pendeja. Soy inmadura emocionalmente y cada vez que me propongo estar sola un buen tiempo para no meterme en más cachos, la fuerza de voluntad me dura menos que la de mujer a dieta. Conozco a alguien, vuelvo a pensar que todo será diferente, que yo ahora soy diferente, y la vuelvo a embarrar.

Gracias a ciertas declaraciones de odio que he recibido, sólo me falta saber de algún ex borracho cantando en algún carrete "Maraca Conchetumadre" de los Picantes y dedicándomela, pidiéndome que me "meta por la raja mi falso amor" (perdonen el poco delicado lenguaje).

Ahora, no deja de sorprenderme la conducta del "otro lado de la historia", de estos hombres que caen.

A más de alguno yo le advertí que estoy cagada del mate, que tengo issues y no son menores, figura paterna ausente, familia disfuncional, ustedes nómbrenlo. Y lo advierto siempre al inicio, para que sepan bien cómo soy antes de meterse conmigo. También les cuento de mis exs y cómo han terminado las cosas. Nuevamente, para que sepan con quién se están metiendo. Y aún así, se arriesgan. Deben creer que ellos me van a poder cambiar. Que he sido así netamente porque no he encontrado a la persona indicada, al hombre que me dome, cual Fierecilla Domada. Qué sé yo.

O en una de ésas, simplemente les gustan las "maracas conchetumadres" del mundo. Quizás sean la versión masculina de la mujer a la que le gusta sufrir por amor. Y yo, la siempre dispuesta victimaria que los ayudará a hacerlo,

Maraca Conchetumadre

viernes, 8 de enero de 2010

Una visión positiva del Ex

Querido público, hoy queremos compartir con ustedes la historia que nos ha enviado Civilizada, una fiel lectora de nuestro blog, para que lean y comenten. No olviden que pueden hacernos llegar sus escritos al correo soy.la.ex@gmail.com, ¡que tengan un buen día!

Mis problemas con los ex no tienen que ver precisamente con el odio acérrimo o el juntar recuerditos o quemar en piras rituales las fotos.

Mi asunto es que termino bien con ellos, civilizada, dulce y educadamente.

Me remitiré al ultimo ex, llamémoslo Vicho.

Con Vicho tuvimos una buena relación en su peak, decían que deberíamos casarnos, ponernos la roca, juntos hace años y todos esas frases clichés que hacen que se arruine todo, él no era romántico, es más bien frío, pero me pidió pololeo de rodillas en un lugar público (llámese Terminal de buses), pero como todo lo que sube tiene que bajar llegamos al punto donde éramos más amigos que pareja y me dijo las palabras fatales “No eres tú, soy yo”, como me dolió en ese instante, yo lo amaba, o sea le dije Te Amo, pero después de la distancia adecuada (un mes sin hablarnos) y el regalo adecuado (ese hombre si me conoce), hemos llegado al entendimiento, funcionamos como uno.

Me explico, a pesar de no ser pareja somos realmente buenos amigos, nos apoyamos en nuestros proyectos, es capaz de llamarme y hablarme dos horas para convencerme de no hacer algo, adularme como el primer día, y yo estar ahí para escuchar sus rabietas con Nicolás (su jefe), saber que camisas se debe de comprar por que vienen con el color de sus ojos, asesorias varias, regalos que aún nos hacemos (mi ex suegri aún pregunta por mí, ja¡)

Nos conocemos demasiado como para pasarlo por alto, somos importantes en nuestras vidas, creo que lo único que no conoce de mí es el blog. Y yo de él hasta sus historias oscuras, problemas con los viejos, odios varios etc.

Los ex no deben ser satanizados, ojala todas tuvieran una buena relación con él, fue importante, dejo huella y es importante cerrar ciclos y reconciliarse con el pasado

jueves, 3 de diciembre de 2009

La mujer trofeo

Mucho se ha hablado de los celos, de los exs que no te dejan vivir mientras estás con ellos porque todo los inseguriza: paquean ropa, amigos, Messenger, correo, etc. En su contradicción, quiere que seas atractiva, pero sólo para él.

¿Pero, qué pasa cuando es al revés? Para algunas puede sonar al paraíso, pero no fue mi caso.

Les cuento mi historia: Fui una mujer trofeo, exhibida como adorno al orgullo.

Cuando conocí a mi ex, yo era, supuestamente, el tipo de “mina para presentarle a los amigos” Siempre con la risa a flor de piel, buena alumna, inteligente y con tema. Tenía algunos gustos “de niño”, pero no por eso era un mamarracho: siempre estaba bien vestida y arreglada. Pero detrás de tanta buena onda había un gran problema: ocultaba una autoestima pésima. Era todo lo contrario de lo que era mi ex, al que llamaremos Narciso.

Narciso no era lindo, pero él creía que lo era. Tenía ojos pequeños, el pelo desgreñado y tenía una gran panza. A diferencia de mí, era un hijo consentido, bastaba con que pidiera algo y lo conseguía inmediatamente (su frase favorita era “necesito”). Pero quizás por lo mismo, tenía una personalidad que me pareció atractivísima. Y claro, polos opuestos se atraen.

Lo que más me gustaba, es que él no era celoso, lo que en jerga amiguística llamamos “dejar ser”. Pero había algo raro: cuando sabía de alguien que me encontraba atractiva, su primera impresión era una sonrisa de satisfacción. Sí, una sonrisa, como quien luce el auto deportivo recién encerado. Se lo contaba a todo el mundo, no podía disimular que eso le encantaba. Me presentó a todos: sus amigos de colegio, su familia, sus compañeros, y me enumeró con lujo de detalles todos los comentarios. Narciso era feliz luciéndome: si alguien me miraba en una disco sonreía hacia un costado y me tomaba el brazo con un lado levemente protector, pero no lo suficiente para tapar su trofeo: yo.

Al poco tiempo, todos mis logros pasaron a ser de él. Si me destacaba en un curso, Narciso aparecía, si tenía una presentación de una actividad extraprogramática, él aparecía. Hasta ahí, todo bien, pero… el apoyo nunca fue tal. A la hora de ir a una clase, me pintaba el mono para que me quedara con él, me hacía atados cuando no tenía tiempo para verlo. Así mismo, yo le rogaba siempre que asistiera a una clase en la Universidad, que fuera a dar una prueba. Cada vez que Narciso iniciaba algo nuevo, lo comentaba con bombos y platillos, no aceptaba comentario alguno que saliera del “¡qué bien te sale!”, y al final, como tantas cosas, terminaba abandonándolo, cansado por el esfuerzo que eso implicaba.

Pronto la fachada se comenzó a caer a pedazos. La sonrisa se me borró por un buen tiempo, mi familia comenzó a tener problemas que no podía hacer a un lado. Mis problemas y derrotas no eran parte: Narciso era un dedo acusador, que me insistía en que sonriera aunque no quisiera, en que me viera feliz, sólo porque eso a Narciso lo hacía sentir bien. La formula era simple: mientras yo “luciera” bien, no importaba cuanto fuera mi esfuerzo, las cosas estaban bien con él.

El cariño supuestamente incondicional pasó a amargas amenazas. “No sé si puedo serte fiel”, “ya no sé si me gustas tanto” fueron frases que empezaron a escucharse cada vez más seguido en nuestras peleas. Algún día, me dijo algo que fue lo que me hizo reaccionar: “Antes, cuando eras fuerte, me gustabas, ahora que eres débil, eso ya no me atrae".

Y fue el principio del fin. Lo empecé a sentir como una carga pesada, alguien que se creía más de lo que era. Y, poco a poco, mi amor por él se fue acabando. Hasta que un día, harta de las amenazas, lo terminé dejando yo. Tenía pena, pero a la vez tranquilidad. Al fin podía estar triste o rabiosa si así lo sentía, no me interesaba caerle bien a todo el mundo. Al final, era libre.

Las cosas habían cambiado, pero principalmente, había cambiado yo. Y con el tiempo, encontré a alguien maravilloso que me apoya y me quiere tal cual soy. Me consuela cuando estoy triste y somos felices cuando el otro lo es. Me sigue en todas mis ideas así como yo lo sigo en ellas. Pasé de ser un trofeo a un ser digno de ser querido. Mal que mal, la culpa no es sólo del chancho, sino también del que le da el afrecho.

La Santa Gilda

lunes, 16 de noviembre de 2009

Sra. Flaite (o la otra reparadora de hombres)

Para aquellas que todavía piensan que “contigo pan y cebolla”.


Para aquellas menores de 25 que creen que apuntar al tipo “resuelto económicamente” es frío y calculador.

Para aquellas que creen que hay que seguir los impulsos de amor… (eufemismo de la historia que oculta nuestra natural calentura animal).

Ahí les va una pildorita….

Érase una vez una niña de unos 20, que había ido a un buen colegio, iba a una buena universidad, vivía sola en un lindo departamento y tenía un selecto grupo de amigos.

Hasta que una noche, en medio de una discotheque, polera ajustada, el cuerpo marcado, bailando como negro en carnaval, un tipo algunos años mayor se mostraba como lobo en el sudado bosque esperando la presa.
Y ahí entro yo, torpe y tincada.
No solté al prospecto guapo hasta que me dieron calambres en los gemelos, disimulados por un “¿vamos a la barra?” que salió de mis labios.
Antes de saciar la sed, nos besamos apasionadamente, mientras yo sentía que el dolor de mis calambres se escabullía por mi entre pierna hecho calor y ansiedad.
No fue hasta pedir el trago que me di cuenta de que remábamos en botes distintos.
-¿Qué vas a tomar? – Le pregunto
- No sé, lo que estés tomando tú… - Me dice con la despreocupada actitud de quien no tiene un peso para invitar a una chica…. Y no le da ni una pizquita de pudor de macho cabrío discothequero.
- Pero dime, yo te invito- Insisto

- Ya, un güisqui- Me dice

Como si esto no coronara mi íntima humillación, de camino a la pista me dice “que riiiiiiiiiicoooooo”, probando su trago. Muy bien, pidió el trago más caro porque no lo había tomado antes. O sea he sido brutalmente usada. Y dice “¡Qué rico!”, ¡Qué horror!, tengo que huí. Pero a los dos segundos de ver el mundo con cordura, me tomó entre sus brazos fuertes, me apretó con su pecho marcado, y me hizo flotar en sus bien dados besos.

Y pasó el tiempo. Y siguieron los besos, y el sexo increíble, y mis invitaciones a tomar un trago o a comer. Pero ya que la vida sigue y a cada paso pesa, convirtiendo los detalles que no vemos en el ensueño del enamoramiento en grandes detalles que vemos crecer cada día, empecé a sentir algunas disconformidades.

Sentí la enorme carencia de conversar de algo más interesante que las películas de Jean Claude Van Damme o las peripecias en su nada apasionante trabajo, empecé a cansarme de tener acción en la cama mañana, tarde y noche así, sin más, rebuscando palabras de amor, admiración y nexo que alguna vez usé con más sinceridad. Empecé a notar que ante una linda canción yo estiraba la mano y decía “¿bailemos?”, y el decía “chaaaaaaaaaa, ¿para qué?” y seguía viendo la televisión. Empecé a hartarme de que vaciara mi refrigerador después del trabajo, que usara mi cepillo de dientes, que se quedara en mi casa todos los días, que jamás me llevara un obsequio, que jamás me invitara un trago y que después de una buena cena, tomara lo restante en un pirex y me dijera “le voy a llevar lo que quedó a mi mami, para que lo pruebe, es que ella nunca ha comido de esto y está tan riiiiicooooo”.

Entonces, en un momento en que estaba encontrando, para variar, algo “riiiiicoooo”, vi, como una epifanía, mirando su cuerpo tostado, su trasero duro, sus brazos fuertes de trabajador, que ese hombre definitivamente no era para mí.

No era para mí, ni mucho menos para mis amigos, ni para mis padres, ni para nadie. De hecho ni siquiera lo amaba, pero entre la calentura y ese fuero interno compasivo que me condena, seguía con él. ¿Qué hago?, ¿Lo dejo?, ¿Lo educo?

Y ahí, es, marabunta del infierno, en que empecé a pasarte plata debajo de la mesa para que pagaras mi cuenta delante de mis amigos, que te enseñé a no sorbetear el té, a no decir “riiiiiicoooo” cada vez que probaras algo nuevo aunque estuviera realmente rico, a invitar a tu madre a comer en vez de llevarle sobras de los lugares que visitas, a lavarte los dientes antes de hacer el amor en la mañana, a no gritarme ni burlarte de mí a boca de jarro delante de la gente, a no levantarme la mano ante tus celos de mis amigos “cuicos” según tú, a ver películas que no son de acción aunque sea para disimular delante de una mujer, a decir “¿te ayudo en algo?”, a decir “No te preocupes, yo invito” y tantas otras cosas que un hombre ad portas de los 30 no puede desconocer.

Ya me había convertido en musa de Arjona con tantas cosas que te había enseñado. Además de tener el pelo más opaco, una –mi primera- arruga al costado del ojo derecho, un poco de temblor en el mismo ojo, y el colon tan dañado que pese a haberte enseñado tantos modales me convertía en la señora pedorra todas las noches.

Había envejecido diez años en 24 meses. Y en eso, toda la energía con que bailábamos esa noche de hace tanto tiempo en la discotheque, esa alegría con que tuvimos sexo como conejos durante tanto tiempo, se esfumó y ante tus ojos me volví una mujer tan carente como fuiste tú antes de tu inducción a la decencia.

Fue así como te ví hace dos semanas, después de meses sin tu ropa en mi closet, sin tu toalla del Colo-Colo en mi logia, sin tu cuerpo calientito al lado izquierdo de mi cama.

Te vi bajar de un auto que tú conducías con naturalidad –seguro lo compraste con todo lo ahorrado mientras vivías conmigo-. Entraste a un restaurante con una chica que irradiaba la alegría y la soltura de quien no ha vivido el drama de la diferencia. Ella te miraba obnubilada. Seguro le hablabas de los buenos restaurantes de Santiago, de las películas que uno no puede dejar de ver, o del sentido altruista de tu modesto trabajo.
He creado un monstruo. Pero uno que ahora sí me gusta.
Me fui con la amargura de haber hecho de ti algo cercano a lo que soñaba que fueras para mí, y que ahora lo fueras para otra. Sentí que había sido durante dos años conciente e inconciente, voluntaria e involuntariamente usada.
Sentí el impulso de devolverme, pero no lo hice. Sería una rotería. Y me guardé mi discurso para la pobre nueva víctima.

¿Sabes? Yo te lo dejé limpiecito, sin blin blin, educadito, con proyectos, con un discurso hechito para no quedar de ingnorante y un par de tips para no quedar de flaite. Pero no te libré de su entorno ni de su íntima estructura, y cuando lleguen sus amigos a embarrarte los sillones, cuando lleguen sus padres a vaciarte el refrigerador, cuando se tome unos tragos y te trate de ramera sólo por haber ido a la universidad y conocer gente que habla de corrido, cuando te levante la mano y después llore diciendo que es tu culpa, ahí te quiero ver, jovencita. Ahí te quiero ver.
Loca de Patio

martes, 3 de noviembre de 2009

Romance Ex-propiado

Dejamos con ustedes el relato de una de nuestras lectoras sobre sus amores y desamores, ¡esperamos que les guste!. Recuerden que pueden enviarnos sus colaboraciones al correo soy.la.ex@gmail.com

Desde ayer y con nada de ganas soy una más de las ex, pero una especial, soy ex de mi amante por culpa de su ex. Tal cual. Así de simple y complicado.

Para desenredar la madeja tengo que empezar diciendo que soy una mujer casada, de vida marital sin pena ni gloria y desde hace bastante poco. Como diría Kevin Johansen, las cosas no andaban bien... y justificada por esa frase supongo que me permití mirar con otros ojos y un poco más allá.

Al acecho, un hombre seis años menor, de 31, edad física al menos, la mental aún no me queda claro. Cuento corto, declaraciones de amigos en las buenas y en las malas, consejos iban y venían, jugando al correquetepillo, caí en sus brazos o él en los míos. Da lo mismo. Idilio que comenzó con apoyo del Messenger, se extendió a un par de salidas nocturnas, varias escapadas furtivas después de las 6, paseos, besos y más promesas. Un mes de felicidad y en el cielo, con el alma que creí gemela y de la cual ahora dudo.

En 48 horas todo cambia: recibe un mail de su ex de hace dos años, loca de patio diagnosticada seguramente en el hospital de Talca porque aún anda suelta. Y el muchacho que me llama, a morir y desmejorado, comienza a contarme detalles escabrosos del cúmulo de historias terroríficas de las que ha sido víctima desde que se le ocurrió terminar: atropellos, choques, improperios varios con escándalo público, quebrazón de vidrios, intentos de suicidio. Amenaza de muerte si lo ve con otra.

Descompuesto y más desmejorado, agrega que ha recibido ese fatal mensaje donde se hace alusión a nuestros nombres jugando póker en el MSN (PLOP!). Me da su veredicto: ella al parecer sabe “lo nuestro”, por lo cual “lo nuestro” ya no puede ser, y en un cerrar de ojos y sin mayor aviso, me convierto en una nueva ex, por mi propia protección.

Él pretende quedarse a vestir santos, por lo que me dice, siempre temiendo que la loca pase de las amenazas a las manos, y que yo o cualquiera otra nos convirtamos en portada de La Cuarta. Está aterrorizado, tiembla cuando me cuenta, pero no atina a más.

Me quedo con la sensación de que me deja la puerta abierta en la despedida, pero no cede ni un centímetro a mi propuesta de arriesgarme. No. Es por mi bien. Y así, después de tan sólo un mes, me cortan, me alinean, me desplazan... para protegerme, nótese, pero sin derecho a voto ni pataleo, y paso de ser ELLA, a ser nada más que el famoso trozo de hielo en la escarcha de Chayanne.

Como toda ex, he derramado las lágrimas de rigor y supongo que aún me quedan muchas más. Mi castigo es anhelar con TODA MI ALMA la risa de otro cuando tengo al lado un marido que, a pesar de todo lo malo, daría la vida por mí, y que no se achicaría ni ante un pelotón de sicópatas. ¿Será la edad? ¿Será que simplemente éste otro no me quiso?, ¿Será que es hombre?, ¿Será que soy una tonta? ¿Seré yo, maestro?

Anastassia

martes, 6 de octubre de 2009

Soy una Ex

Estimados/as, hoy tenemos una colaboracion de una de nuestras lectoras, esperamos que la disfruten y comenten. Agradecemos a Yom por enviarnos su colaboracion y les recordaos que tambien estan bienveidos/as a hacerlo escribiendonos a soy.la.ex@gmail.com. Disfruten!

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Soy una ex…hace poco más de un mes. Fue extraño porque por primera vez después de finalizar un pololeo quedé con el corazón en trizas, no fue una relación larga…4 meses...pero pucha que lo pase bien!

Tengo 26 años. Él, 3 años menor y por alguna razón imaginé que quizás el era “the one” …pero no es así y si si sé que “todo pasa por algo” y “que todo en el amor es superable” (ese par de frases están entre mis preferidas).

¿Por qué pensé que este chiquillo (porque sí…aún es un niño) era “the one”?

¡Les voy a contar por qué!

Antes de empezar a salir con el “ex” en cuestión, yo tenía onda con alguien…pero solo eso … y este alguien me decía que ya estaba aburrido de conocer una chica y tener una relación de algunos meses y que no resultara y después conocer a otra persona y asi over and over and over… Repetir todo el proceso… Me decía que su ideal era sentar cabeza a los 26 años y quedarse con alguien para ya proyectarse.

La cosa es que cuando estuve pololeando con mi “ex”, me dije a mi misma: misma … es un buen partido (al leerlo suena muy cursi), es lindo, simpático, se llevan muy bien EN TODO, etc. Y debido a esto acoplé la idea de mi amigo a mi situación … y pensé: mmm quizás el es “the one” así que aquí me quedo con él.

¡ERROR! Cuando conocí a mi “ex”, era una mujer desilusionada y aún entusiasmada con el amiguito de la teoría… Entonces no estaba 100% para él, a veces llegaba un poco atrasada a las citas, aún recibía mensajes de texto del otro chico. Hasta que después como pensé que el era “the one", siempre estaba ahí disponible para mi pololo, si me decia vente un viernes… Ahí estaba yo. Era la que mas abrazaba, la que mas besaba. Hasta que un dia me dijo (mejor dicho me escribió por MSN) que habia besado a su mejor amiga y que sorry.

Lección chicas: Sean siempre fieles a ustedes. Mi error fue pensar que estaba todo seguro pero una nunca sabe lo que va a pasar, sea una infidelidad, la rutina, trabajo, qué se yo. Y nunca estén 100% disponibles.
He ahí mi historia, ya más superada (gracias a mis amigas que se las carretearon todas conmigo por un mes y algo) y sabiendo que otras personas tienen problemas más grandes y sufrimientos triples en su alma, al menos escribir esto puede ser como terapéutico o no? Que creen?

Yom

domingo, 30 de agosto de 2009

¡Yo lo/la vi primero!

Querido público, hoy nos es grato comentarles que tenemos una nueva colaboración de una de nuestras lectoras, Cándida, que nos envió la siguiente historia. ¡Disfrútenla y no olviden comentar!
Si tú también quieres tu rinconcito en La Ex, no dudes en escribirnos a soy.la.ex@gmail.com
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Yo creo ser una persona generosa. Si a algún conocido le pasa algo bueno, me alegro de verdad, siempre comparto galletitas o el snack que tenga a mano por mucho que me guste, presté religiosamente todos mis apuntes cuando mi letra comenzó a ser legible y si alguien me pide algo prestado nunca se lo niego.

Por eso, nunca entendí la actitud del "yo lo vi primero", esa persona que se sentía con más derecho que otra para jotear sólo por haber declarado sus intenciones a medio Chile, joteos que por lo general siempre fracasaban, a pesar de la anticipación con la que se planeó el ataque, y que dejaban a otros mirando a la carnicería sólo por no "herir" sus putos sentimientos. Aunque estos sentimientos fueran tan duraderos como un golpeado de tequila. Es como el perro del hortelano: no come ni deja comer.

Mi primer acercamiento con este peculiar rasgo de egoísmo pasó entrando a la U, cuando, luego de ser literalmente repartida entre un grupo de amigos, resultó que terminé teniendo onda con uno que no había sido al que le habían dado permiso para jotear tranquilo (y al que ya se le había dicho que no). Las recriminaciones por el "yo la vi primero, y sabías que me gustaba" terminaron siendo una fuerte discusión... conmigo al frente. Al poco tiempo, supe que la que más había avivado la cueca con la supuesta traición había sido una ex andante del traidor, que ahora pololeaba con otro. Por lo visto, el "yo lo vi primero" no solo corría para los que buscaban pareja, sino también valía para los que ya la tenían.

Al tiempo después, y ya terminado el lío aquel, comenzamos a salir mucho con una amiga: Bastaba que un tipo sonriera bonito para que le empezara a escribir corazoncitos en sus cuadernos y a transformarse en una obsesión que era reemplazada al rato por otra. Así cada vez marcó territorio haciéndole la cruz a cualquiera futura polola o supuesta "enemiga de intereses". Las cosas se complicaron cuando pareció haber interés de uno de sus supuestos "amores" (si le podemos llamar así a encontrar rico a alguien) hacia mí. Inmediatamente comenzaron los "yo lo vi primero" y el tratar de hacerme sentir mierda por la evidente atracción de los dos. Siempre trataba de ponerme en evidencia para luego tirar el discurso: "mmm, parece que le gustas... pero cómo tan chueca hacia mí que estoy tanto tiempo soltera, búscate a otro". Yo lo había conocido antes, pero el que ella hubiera sido la primera en decir"lo encontré bueno" la hacía inmediata ganadora de su número exclusivo. Así, muchos posibles wannabe pasaron a la lista de archivados por la culpa que me generaba el coartar el excesivo campo de acción de la amiga acaparadora. Convídate uno, o por último, olvídate del que te gustó hace un par de años, por lo menos.

Así mismo, vi cómo el recurso de gritar a los cuatro vientos la intención de joteo fue parte de las peleas y webeos más grandes que he visto. Si hay algo que nunca falta, es el amigo que elige a sus anchas y deja con lo que queda al resto, alegando un supuesto derecho fundamentado escasamente en la mala suerte que debe romper, o el "ella me gusta de verdad" aunque ese gustar de verdad fuera compartido por otras veinte personas más.

Lo que más me llama la atención es que, al igual que lo que escribió Faye sobre los jotes, pareciera que la opinión del joteado no importara: él o ella se DEBEN rendir sola y exclusivamente a los encantos del que lo marcó frente a todos como su presa, y esto se mantiene aún si recibe un "no" rotundo. Estoy convencida de que el Agarra Aguirre sincero no debiera romper amistades o considerarse una deslealtad: el joteado elegirá, tal cual como los "enemigos" tuvieron la libertad de fijarse en la misma persona.

Y con los ex, parece que el asunto del Perro del Hortelano es el mismo. Siempre las que siguen son brujas, feas o maracas, en el caso de las mujeres, y unos pobres sacoweas, losers o pasteles en el caso de los hombres. Aún cuando los sentimientos se hayan acabado hace rato o se haya comenzado una nueva relación, queda a veces la sensación de que el otro te debe algo por haberte fijado en él antes, algo que lo obliga al celibato durante toda la vida. Como si la única razón de existir del pobre fuera haberse encontrado contigo.

Si ya no hay nada, yo prefiero que me olviden, que se tiren a minas lindas, que se enamoren hasta las patas y que me recuerden con cariño como parte del pasado. No me va el desear cagarle la vida a alguien por quedarse enganchado, para hacerme sentir especial y única. Que el weón encuentre a alguien con quien no tenga los problemas que tuvo conmigo, que no meta las patas de nuevo, que sean felices, que tenga varios hijos, plante un árbol y escriba un libro. Creo que es lo que menos le puedes desear a alguien que por algún momento te hizo feliz. Es también parte de olvidarlo: el desearle sinceramente lo mejor, lo más lejos de una, es el mayor síntoma de que estás recuperada.


La Cándida

domingo, 16 de agosto de 2009

La reemplazante de una ex

Querido público, hoy queremos compartir con ustedes la historia que nos ha enviado Dudosa, una fiel lectora de nuestro blog, para que lean y comenten. No olviden que pueden hacernos llegar sus escritos al correo soy.la.ex@gmail.com, que tengan un buen día!


Demasiados años que no sabíamos nada el uno del otro, pero gracias a cosas de la vida y un milagrito comenzamos a hablar…

Me encantó su forma de ser, no podía creer que ese niño que conocí hace muchos años atrás estaba convertido en ese “hombre” que, inevitablemente estaba comenzando a atraerme.

Me caí del PC el día que me hizo el comentario por algo que le dije: “aaah mi polola…”. No podía ni quería creerlo, lamentablemente ese Hombre que me atraía tanto ¡tenía polola! Por qué no lo había mencionado antes, gracias a Dios no había hecho ninguna alusión a lo que me estaba pasando, pero a pesar de todo no podía evitar el sentirme atraída por él.

Bueno llegó el día: nos juntamos, conversamos, nos reímos y bebimos vino blanco, que por coincidencia es nuestro favorito, la novia no salió al aire en ningún momento de nuestras conversaciones y el único momento en que se nombró fui yo quien lo hizo cuando lo miré y le dije “que lata que estés pololeando”. Al final de la noche/madrugada nos aprestábamos a despedirnos, lo besé en el rostro, cuando él me toma y me besa...fue el beso más romántico que me habían dado en años, y no podía creer ¡me estaba besando! Fue sólo ese beso y me fui.

Al otro día nos volvimos a juntar en una “cita” que escapa de toda imaginación y fue… es que no tengo palabras para describir lo que me pasa cuando estoy con él. Ese día me dijo que terminaría con su polola y yo me asusté…le dije que no quería ser la causa del quiebre de una relación de años, a lo que me contestó que yo no era la razón, que las cosas ya se estaban dando mal entre ellos desde hace mucho tiempo atrás.

Me sentí mal y lo único que le pedí fue que no le contara a ella que estaba saliendo con otra, porque yo como mujer me ponía en su lugar y me dolería mucho.
Bueno, terminaron según él, de mutuo acuerdo.

Al mes de estar saliendo, de una forma bastante particular le pedí pololeo, se “sintió” por que lo había presentado a un amigo como “mi amigo” y le dije que si no quería que lo presentara así siempre estaba la posibilidad de decir que era mi ¿pololo?… y esa misma noche fue la primera discusión por “La Ex”, en un momento bastante inoportuno llegó un mensaje suyo a su celular, a lo que me confesó que aún tenía contacto con ella, que aún eran amigos.

Sé que los celos al comienzo de una relación nunca son un buen presagio, pero me escocía cada vez que ella le escribía cosas en su página de FB, y en serio me estaba arrepintiendo de haberle pedido que no le contara que estaba conmigo.

La nota alta fue cuando por cosas del destino me enteré que el último día que lo había visto y que me había dicho que comería con su familia, bueno su familia era “La Ex” que le había pedido una última reunión, no me había dicho por que temía que me molestara, y de hecho fue mejor enterarme "después de”.

Él ha tratado de dejar las cosas claras pero parece que ella simplemente no quiere dejarlo ir… le ha dicho de mil formas que las cosas ya no funcionan, que ya no quiere estar con ella.
Le dije que cuánto tiempo más tendría que esperar para que se enterara de nuestra relación y me dijo que no sabía, que por el momento prefería que las cosas siguieran así.

Y me duele, me duele mucho cada vez que se pone en su lugar y no en el mío, “ella sufre por todo y no quiero hacerla sufrir yo”, “no está en un buen momento, esperemos un tiempo” y cuanta excusa barata (por lo menos para mí) he tenido que escuchar, han tenido conversaciones bastante complejas con respecto a lo que fue su relación y ella (al igual que yo haría en su lugar) esta dejando todo en la cancha.

Pero entonces qué pasa con mis sentimientos, con mi sentir en los momentos que pienso: y si habló con ella hoy; y si ella está logrando que él tenga dudas de haber terminado y quiera volver... y comienza la película en mi cabeza, tonteras e inseguridades típicas de una reemplazante de una ex… pero que a la larga están logrando hacer nido en mi cabeza.

Sé que me ama (más que a su música como dice él y créanlo eso es demasiado), no por que me lo repita mil veces al día, sino por que ha hecho cosas por mí que no había hecho por ninguna mujer, y me consta que es así, no se engañen, nuestra relación es increíblemente magnífica, pero es ese el “detalle”: que ella no puede enterarse aún y me llena de dudas, dudas tontas lo sé, pero que dentro de todo es comprensible, creo yo…



Dudosa

lunes, 3 de agosto de 2009

M.A.C.H.O.T.E.S.


Querid@s, queremos dar a conocer la nueva colaboración que tendremos a partir de hoy con nuestro blog hermano, M.A.C.H.O.T.E.S., empezando con un texto que nos envía Quiltro, ¡Disfrútenlo!.

Caminamos desde el Narciso hacia Bilbao. Mely, Carlos y yo. Y de pronto salió el tema de escribir algo en este blog. Yo había prometido hacerlo, tenía las ganas de participar pero no así el tema, pues sentía que no sabía sobre qué hablar respecto a mi ex, puesto que mi última polola la tuve el año 2006. Entonces caí en cuenta que estaba haciendo una suposición.

¿Qué es una ex? ¿Qué requisitos debe cumplir alguien para decirle ex?

Según la RAE hay algunas definiciones y usos interesantes
* Que fue y ha dejado de serlo.
* Persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra.
* Significa 'fuera' o 'más allá', con relación al espacio o al tiempo.
* Indica privación
* A veces no añade ningún significado especial.

Pensé entonces, en mi definición de la ex. Desde La chica de la polera roja con la que baile salsa y que me secuestró en mi cumpleaños recién pasado, hasta Marylin, la primera niña que bese en mi vida, dentro de un armario en su casa; todas han sido mis exs. Si es que entiendo a aquellas mujeres como algo “que fue y que ha dejado de serlo”.

Esta es una carta dedicada a todas ellas:
A mis escasas pololas
A las de los besos furtivos entre música y bailes
A las que nunca les di un beso pero ocuparon mis ganas por robarles uno
A las que tuve a mi lado sin título alguno y sin compromisos
A todas con las cuales de alguna manera u otra me he involucrado a mi pesar o al suyo, o al revés para mi bien o el vuestro.

A ti mi EX quería decirte:

Que tu cara me es borrosa a estas alturas.
Que han pasado años y mujeres sobre mí, tantas que tu nombre se divide, aunque nadie se lo pelee.
Que me hiciste llorar, reír, descubrirme.
Que si te hice daño fue de tonto, de pendejo, nunca de malo.
Que no resultó por miles de motivos distintos, pero que al menos mientras duró me la jugué por ser siempre el mismo, y supongo que hiciste igual.
Que, como dice la canción, prefiero el odio antes que el olvido, aunque me gustaría que no me odiases.
Que a veces no debí entregarte sin quitarte nada a cambio.
Que estoy desgastado de tanto querer y desilusionarme.
Que me debiste dar más oportunidades.
Que ya no soy el mismo, he aprendido, he mejorado.
Que a veces quisiera volver, pero no siempre decido yo.
Que no te guardo rencor, pero siento que no te pasa lo mismo.
Que aprendí las cosas más importantes de mi vida contigo, y descubrí la terrible verdad de que nunca me he enamorado.
Que sin ti me encuentro ahora.
Y que aunque te extraño, sigues siendo pasado, a veces te enredas en mi presente, pero contigo no hay futuro.
Por eso fuiste, a veces eres, pero no serás.

Te deseo lo mejor, aunque admito que no fue siempre así.
Y trataré en lo posible de no sumar más gente a esta enorme lista de intentos infructuosos.
Por mi bien, y el tuyo.

Quiltro
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Si quieres más, te invitamos a revisar la intervención de La Ex en el blog de M.A.C.H.O.T.E.S. , mantente atent@!

lunes, 20 de julio de 2009

La Templanza

Querido público, hoy tenemos el grato placer de dejar con ustedes el relato de una de nuestras seguidoras, Catalina. Disfrútenlo, coméntenlo y envíen sus colaboraciones a soy.la.ex@gmail.com

Siempre he creido que las niñas son odiosas, envidiosas y resentidas. Pero así y todo poseen una caracteristicas que ellos, como masa, no poseen... LA TEMPLANZA. (excepciones hay en todas partes, vale decirlo).

Por raza, me consta que por muchas ganas que se le tengan a un individuo en cuestion, una no saltará a colgarse al cinturón del susodicho y lo tirará al piso para darle un porrazo de antología.

No.

A eso se le llama templanza. Se prefiere los múltiples contactos en un espacio tiempo, por el gusto de estar compartiendo con esa persona.

Pero (algunos de) ellos... ellos, no. Ellos definitivamente piensan con la cabeza equivocada y se jactan de que "no pueden evitarlo porque son hombres".

PERDÓN?!

Pues hoy me he desayunado con un tópico de estos: "no puedo acompañarte porque mis hormonas no me dejan"... O sea que te importa un pepino mi compañía o mi inocente amistad; y las veces que te salvé la vida, enano malagradecido, fue porque guardabas la secreta esperanza de tirarme al piso y mandarte flor de polvo, porque al nene, al pobre víctima inocente de su sistema endocrino "las hormonas no lo dejan".

Entérate que a mí sí me interesaba tu amistad, por tu persona, por lo que teníamos en común. Las veces que te ayudé fue de buena fe y no porque se me pasase semejante asunto por la cabeza. Ni estando sola, kinder!

Pero no... decidiste arruinar AÑOS de amistad por una calentura inexplicable y dejarme enfadada y desilusionada por el genero masculino en general. Yo que tú, duchas frías, cariño.... duchas frías.

Catalina

martes, 7 de julio de 2009

¡Yo no soy tu mami!

Desde mis primeros chapuceos en relaciones amorosas estables, siempre he sido la 'niñita' que adoran las suegras, la que hubiesen querido como hija a la que llevar de compras y jugar a las tacitas cuando chica.

Y eso porque siempre, desde la primera visita a la casa del pololo de turno, me acostumbré a 'ayudar' en la casa con cosas chicas: poner la mesa, levantar los platos después de la comida, servir té... haciendo que mi galán poco a poco aprenda también a ponerse las pilas con el orden y aseo de la casa.

Es que me asombra cuántos Edipos hay por ahí dando vueltas (y la cantidad de ellos con los que me he topado yo...), viviendo acostumbrados a que la mamá y la nana les hagan todo*.

Una vez estuve emparejada con un caso clínico, un chico que necesitaba que le dieran órdenes para todo: cuando nos quedábamos a dormir juntos me tocaba despertarlo, avisarle que estaba lista la ducha y llamarlo a desayunar... en su propia casa. Son cosas que una hace de amorosa, claro, pero de vez en cuando me aburría tener que esstar pendiente hasta de si se había lavado los dientes o no.

Otro de mis exs era uno de los alabados hombres que saben hacer más que un huevo revuelto y era el principal chef de la casa. Pero jamás tocaba la loza después de cocinar. Su madre debía llegar después del trabajo a lavar el alto de ollas y platos acumulados durante el día con las suculentas comidas con las que se lucía el hijo hacendoso del hogar.

Algo que siempre detesté fue que algunas** de mis antiguas parejas tuvieran la costumbre de hablarme como cabros chicos en ocasiones donde, envuelta en la pasión, esperaba más a un hombre bien macho que a un bebé. O sea, tengo instinto maternal pero sospecho que tú lo estás malentendiendo.

También puedo decir que gran parte de mis exs tenía una seria dificultad para comunicarse con el resto del mundo, y solía terminar escuchándoles sus problemas, incluso los más mínimos, que terminaban por volverse gigantes gracias a su cero manejo de conflicto.

Y lo terrible es que fueron sus propias madres las que los acostumbraron a ser así de dependientes y a crear relaciones de dependencia con las mujeres que van conociendo -Ok, admito que algo*** de culpa tengo en dejar que eso pase-.

Una vez mi gran amigo de universidad me contó que se sacaba buenas notas porque tenía la costumbre de encerrarse en su habitación, donde nadie lo iba a molestar, mientras que sus hermanas (y yo en mi casa) dividían su tiempo entre las 'labores domésticas' y el estudio.

Me pregunto qué será de todos ellos el día que tomen sus bártulos y tengan su propia vida.



Señorita Gruñona

*: Obviamente, también he tenido la desgracia de toparme con mujeres con esta misma actitud, pero como jamás he tenido una relación amorosa (ni de amistad) con ellas, prefiero abstenerme de comentarlo.

**: Pocas, gracias a Dios.

***: O quizás más que algo, pero prefiero dejarme eso para mí misma.

lunes, 9 de marzo de 2009

Por culpa de Disney

Estimadas y estimados, hoy dejamos con ustedes el aporte de Alma, para que disfruten y comenten. Recuerden que sus colaboraciones son más que bienvenidas en soy.la.ex@gmail.com


Había una vez una chica, (y no empiezo así precisamente por que esto sea un cuento de hadas) que encontró a su verdadero amor, y fue feliz compartiendo con él los mejores momentos y las más lindas cosas de la vida... ¡ay! ¡ay! EL PRIMER AMOR.


Resulta que el tiempo, enemigo a muerte del amor, se encargó de desgastar todo lo que se había fortalecido entre los dos... fue así que la chica y su amor al cabo de varios años de estar juntos, decidieron separarse. Los dos detestaban los puntos medios y prefirieron cortar por lo sano, quedando en buenos términos.


Para bien o para mal, ustedes sabrán juzgarlo según su parecer, ellos nunca perdieron contacto, nunca hubo una última vez. Hubo muchos intentos de despedidas pero nada logró romper esa profunda unión, que los hacía verse de tanto en tanto, amarse de tanto en tanto...


Eso hizo que ambos por mucho tiempo no pudieran entablar una relación con alguien más, hasta que ese momento llegó...y sí, mujeres, esa chica es quien les escribe.


Como es de imaginarse, fue él quien lo hizo. Empezó un amorío con una chica, y en ese momento mi corazón se partió literalmente en mil pedazos... porque aunque no había promesas entre nosotros, existían esos buenos momentos que aún nos unían. Y ahora aparecía ella en la escena, en mi escena, haciéndome perder protagonismo, obviamente. Logré superar verla con él, sin morirme de dolor.


Juré -juramos los dos- nunca más vernos. El se decidía a empezar algo y yo por mi lado debía hacer lo mismo, no era bueno para ninguno de los dos...


Y así es que si se trata de cuestiones de amor, me saco el sombrero y lo felicito por poder pensar y sentir de esa manera, me enseñó, va, con el aprendí que no eran de verdad los amores para toda la vida en los que yo creía, y con los que siempre soñé, con los que siempre soñamos.


Pero el amor, la vida, el destino o qué se yo, tienen sus vueltas y al cabo de un mes y días, llegó el contacto... ese mensaje que inconscientemente deseaba que dijera:

-"QUIERO VERTE!!".


Y sí, mujeres, a veces el cuerpo es débil, y nos vimos... y fui lo que una chica nunca aspiraría ser en su vida: “la pata de lana”. Empezaron las confesiones (de él, obvio). "No sé si la quiero, nadie se va a comparar con vos, ni va a poder superarte... ni siquiera puedo entablar un tema de conversación, me miente y creo que me engaña...".

LO ULTIMO QUE ME FALTABA: YO DE HOMBRO PARA LLORAR...

Lo peor de todo era que él no me estaba usando, me necesitaba de verdad, y bueno, yo no podía fallarle.


La investigué (por decirlo de alguna manera), le seguí el rastro hasta que di con lo que necesitaba: las pruebas del engaño y no puedo explicarles el odio tremendo que sentí hacia esta mina que lo estaba haciendo sufrir. Se pelearon. Si fui el motivo no me lo dijo expresamente pero me lo dio a entender, así que no sólo fue el engaño.

En estas idas y vueltas...¿donde quedó el amor? el mío al menos siempre quedó intacto, pero cuál es el punto de quiebre entre el enamoramiento y la obsesión, no lo sé. El punto de ruptura entre "te amo" y "te amo hasta la locura".


No soy una ex resentida. Sí se puede decir soy una ex que no quiere perder papel principal por ser la mejor.

Hasta el día de hoy pienso en ella, a veces veo sus cosas en Internet, fue mi competencia, es loco porque yo soy la ex y ella también, pero no quiero que ella me quite el protagonismo.


El esta conmigo ahora... NO SE ALEGREN, no es mi novio pero, al fin y al cabo, sin legalidad está conmigo, me eligió una vez más y yo también lo elijo pero... siempre hay un pero.


Si se sigue tratando de cuestiones de amor, hoy creo que puedo confirmar lo que ya sentía, hoy lo expreso claramente: quisiera creer en amores de novelas, pero la realidad no es así, y puedo decir que creo EN AMORES (por ahora) PARA SIEMPRE.


Seria algo así como por ahora te amo para siempre, si después me canso o se me cura (por que el amor es un mal a veces) se acabó el amor para siempre pero fue lindo mientras duró.




Alma

domingo, 11 de enero de 2009

Tragicomedia

En esta calurosa tarde de verano tenemos el aporte de unas nuestras lectoras, Eperamos que lo disfruten y lo comenten.

La Ex


Unos cuantos post atrás se refirieron a la mal llamada solidaridad femenina y/o masculina (en la cual no creo, porque el instinto reproductivo es más fuerte que toda racionalidad, lo que origina las mariconadas para conseguir ese objeto de deseo) y de inmediato, se me vino a la cabeza un caso tragicómico que me tocó muy de cerca.

Aunque está más bien relacionado con el afán redentor que poseemos algunas mujeres y a la incorrecta interpretación de "darlo todo por amor".

Se trata de una conocida mía, gorreada una infinidad de veces por su marido. Para facilitar las cosas, diré que se llamaba Cornelia. Hace dos años, su marido enfermó y nunca más recuperó la salud. La pobre Cornelia cuidando a un patán desahuciado, del cual nunca me ha dicho qué enfermedad padece. Ella asegura que es un cáncer, pero el historial sexual de este tontón me hace pensar que se pegó el SIDA. A ese toque.

Pues bien. El tipo está hecho un estropajo físicamente, y en la parte moral anda por las mismas. Cornelia lo cree al borde de la muerte. Sufre viendo como el hombre de su vida se está muriendo. Cornelia aguanta que su marido le pida que intente encontrar a su amante -con la cual duró cuatro años- porque quiere ver a su patas negras antes de morir.

Lo peor es que mi conocida ha obedecido al enfermito. Llamó a Carabineros, a los diarios nacionales y a la PDI, buscando a la susodicha que colaboró para que su cabeza luciera más enramada que la de Rodolfo el Reno.

En la comisaría, los pacos se rieron en su cara, tratándola de "vieja loca" por pretender encontrar a la amante del marido... y no para sacarle la mugre, precisamente.

Y acá no termina la historia: el marido la jode porque todavía no ve a su amante. Ella llora y yo le pregunto: ¿Por qué sigues con él? Cornelia me contesta "Porque lo amo".

Sin comentarios.

Conclusión: Está bien que el amor te lleve a cometer locuras, pero hay que diferenciar de las locuras "sanas" de las locuras al borde del ridículo. La historia de hoy es un ejemplo extremo de esta última definición.

Anémone

jueves, 30 de octubre de 2008

Entre cuáticos no se entienden

Estimadas lectoras (y algunos lectores tambien). Hoy tenemeos el agrado de presentarles una colaboracion de una de nuestras lectores. Disfruten y comenten!


El otro día salí con un español. Habíamos sido ciber amigos por muchos años y tocó la casualidad que vino a Chile. Nos conocimos por medio de estas conversaciones bonachonas sobre el mundo, la paz, Dios y todas aquellas cosas.

Entonces, claro, yo tenía una súper impresión de este gallo, pero no lo quería para nada más que para conversar porque yo venía saliendo de otra tortuosa, muy tortuosa historia.
Quedamos en juntarnos y el mismísimo día me manda un mensaje, diciendo que no podría ir porque estaba con caña. La siguiente vez pasó lo mismo. Otra vez me dijo que no porque no quería enamorarse de ninguna mujer. Después que no, porque tenía miedo. Y yo, tonta mujer de orgullo herido, seguía insistiendo. Es que… ¿cómo no quería juntarse conmigo? ¿ah? Si soy tan bacán…

Finalmente, al enésimo intento quedamos en que él me iría a buscar a mi pega, porque yo ya no estaba dispuesta a esperarlo en ninguna parte. Increíblemente llegó con ese paso de estudiante lana que tienen algunos y fuimos por el café.

Con su eterna pedantería, me soltó que tenía poco tiempo, así que apenas me tragara el último sorbo de mi cortado se largaba. Picada, opté por tomar sorbos diminutos, hasta que se aburrió y me preguntó si salíamos a bailar.

"¿No te atreves?", me desafió. Eran las 8:15 pm de un martes y la invitación era para el momento mismo, porque me había advertido que su miedo lo haría correr hasta el infinito y más allá y quizás no nos volvíamos a ver.

Salimos y caminamos un buen rato hasta llegar a un sucucho de Suecia que recién se abría. Éramos los únicos clientes de la noche. Al rato me sacó a bailar.
Entre Madonna y Black Eyed Peas, empezó a insinuarse hasta terminar preguntando si me tincaba andar con él. "Noooooo, no quiero andar, no quiero nada que sea ni siquiera un poco serio", me salió del alma. "¿Y andar por el rato?", me preguntó con toda la frescura del viejo continente.

Lo pensé un buen rato. Tiendo a ser muy conservadora, pero mi orgullo pedía compensación. Así que bueno, qué más daba si las piñas coladas estaban ricas.
Al día siguiente, desperté con esa sensación de OMG, qué he hecho. Una amiga me llamó temprano para saber todos los detalles. No había mucho que contar, los besos no fueron la gran maravilla y tampoco me sentí más winner . Al contrario, hasta me sentía un poco culpable, pero después de cortar respiré tranquila.

Hasta que… me llegó un mail del susodicho explicándome básicamente que éramos unos pecadores porque nos dejábamos llevar por los bajos instintos y que debíamos pedirle perdón a Dios inmediatamente por ello. Además agregaba que no me quería ver ni en pintura porque seguro volvía a pasar (chaaaa!) y que se encerraría un par de días a meditar al respecto.
Nuevamente por orgullo, pero en mayor medida por esa preocupación de mamá gallina que tenemos las mujeres, traté de hablar con él para asegurarme de que no se le hubiese zafado un tornillo.

Me pidió perdón por el mail y me dijo que siguiéramos siendo sólo ciber amigos. Acepté y conversamos un par de veces más hasta que se me ocurrió preguntarle por qué no quería que nos viéramos. "Porque no aguanto las ganas de darte como caja", me soltó tajante.
Obviamente al día siguiente mandó otro mail culpógeno, pidiendo que mejor no fuéramos ni amigos.

La conclusión señores y señoritas es: Peor que que una mina cuática se agarre a un tipo, es que ese tipo sea más cuático que ella.

Buenas Noches.

Lala, la ingenua

 
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