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martes, 11 de mayo de 2010

Y el pasado, ¿te condena?

Entre mis variadas andanzas por la vida conocí un cabrito buena onda que se convirtió en el típico amigo de paso: viene, desembucha sus penas de amor contigo y a una, como las ha vivido, le da penita, da la mano, apoya y cuando el flaco resuelve el problema deja de hablarte.

Da lo mismo, no es el mega amigo, y ese no es el tema, lo que ocurre es que chico me puso a pensar en algo: el pasado.

Este muchachito si bien es más joven que yo ha tenido una vida larga, con muchas experiencias de mujeres. Muchas. O sea, relaciones serias y luego sus escapadas por ahí, y bien por él que lo haya pasado bien y que si lo estima conveniente que siga pasándolo bien, pero aquí viene la pregunta ¿el pasado te condena?

El tema de cama, para mí y como para muchas, es un tema. Suele ir de la mano con el compromiso, la seriedad, y si no necesariamente el amor por lo menos un cariño especial.

Tampoco soy de las colegialas que quieren “hacer el amor” y califican el hecho de “lindo” y luego lloran de la emoción una vez consumado el acto, pero sí es algo que me tomo en serio. Siempre está como el morbo de querer haberlo hecho con un desconocido, pero esas son fantasías, es peligroso meterse con alguien que uno no conoce (no solo por enfermedades, embarazos no deseados sino también por la carga emocional que puede tener en una persona con una mentalidad como la mía).

Considerando todo aquello para mí es importante el pasado de mi pareja, si el weon llega contándome que en cierto minuto de su vida se acostó con una mina que se levantó en un bar, o con más de una flaca a la vez, no sé, el weon automáticamente deja de gustarme y me invaden las ganas de bañarlo con cloro y escobillarle cierta parte con sapolio, usando guantes de goma, por supuesto. No sé bien por qué.

Tendrá que ver con el hecho de que, imagino, que si una persona se desnuda delante de otra sin ceremonias ni miramentos el hecho en sí no tiene mucha relevancia.

No me seduce la idea de ser “una más” dentro de un amplio repertorio.

Además, pienso en otra cosa. Muchas de nosotras queremos sentar cabeza en algún momento, y para eso normalmente no se elige al muchacho dado a entrar a una fiesta solo y salir acompañado, entonces, a la hora de los quiubos, contarle al cabrito que es más o menos serio y juiciosito en cuestión que una se acostó con este, con el otro, el de aquí, el de más allá y este que parece que no me acuerdo, y creo que este otro, no sé, a mí me daría lata.

Me da lata decirlo, y escucharlo.

Obviamente una no pretende ni llegar virgen a los brazos del marido (qué fome) ni que él llegue virgen a los tuyos (también fome), ya que de las experiencias pasadas más de algo se aprende, y si bien la cama es entre dos (se supone), bueno, saber bien qué se hace, dónde está cada cosa y no tener que estar improvisando es un plus, pero tampoco creo que sea la idea llegar con más kilometraje del necesario.

No juzgo, con esto, a quienes optan por la vía de pasarlo bien y olvidar nombres la mañana siguiente, para nada. Cada uno es dueño de hacer lo que se le venga en gana, pero sí me da lata cuando escucho a un chico hablar de su pasado y comentar que hay nombres y caras que no recuerda.

El sexo es algo excelente, entretenido, maravilloso, reconfortante, excitante, y relajante, en eso estamos de acuerdo de todos, pero imagino que debe ser vacío no dormirse abrazaditos después, no llamar por teléfono después, no repetir el encuentro con el respeto, el cariño y la confianza que se tiene dentro de una relación y que es imposible conseguir medio copeteados a la luz baja de un pub y con ganas de arrancar apenas el cuento se acaba.

O tal vez me equivoque, como he dicho, nunca he experimentado el touch and go, y ahora tampoco me interesa.

Será por eso que pienso que sí, el pasado, aunque sea un poco, te condena.
Leonor

lunes, 7 de diciembre de 2009

Salir. Con cuidado

Después de terminar tormentosa y poco elegantemente una relación lo sano es recogerse del suelo y salir al mundo de nuevo, cierto?.

Y eso fue lo que hice.

Salí al mundo.

Hasta ahora todo bien.

En mi nuevo mundo me encontré con un conocido (digamos el amigo de una amiga, aunque bien podría haber sido el amigo de una hermana, o el hermano de una amiga, da lo mismo) y bueno, como no me gusta esperar, lo llamé y lo invité a salir.

Nunca en mi vida lo había visto, ni tampoco hablado con él, pero como siempre en estos casos las referencias eran maravillosas.

Recuerdo que me llamó de vuelta, encontró bueno mi plan de ir a un karaoke, tomar un trago y conocernos. Así que lo hicimos.

Me pasó a buscar. Obviamente pasé horas enteras arreglándome, por si acaso, uno nunca sabe.

Eran las 9 pm cuando sonó el timbre de mi casa y salí. Ahí estaba. Mirándome. Debo decir que desde el instante uno fue una especie de decepción. Si bien yo me había tomado el tiempo de ponerme sombra, perfume y checkear que mis zapatos combinaran con mi cartera, el individuo éste, llamémosle David, con suerte tenía aspecto de haberse duchado.

Bueno, será.

La cita (por ponerlo en términos gringos) estuvo buena. El trago estaba exquisito, el karaoke no era excesivamente ruidoso, canté algo que me gustaba, todo bien. Casi perfecto. Si no fuera por el casi.

Cuando me dejó de nuevo en mi casa me felicité por la valentía y me fui a dormir, con la sensación de que la próxima vez que saliera con alguien me iría mejor si levantaba un poquito la barra y no me conformaba simplemente con el hermano de una amiga (o el amigo de mi hermana).

El tema es que a él lo encontré . . . desabrido. Como una coca Light sin hielo. Y sin gas.

Bueno, pasaron los días, y de pronto me encuentro con una llamada perdida de David. Y un mail.
¿Qué onda?

Y como soy tonta, lo llamé. Resulta que quería invitarme a salir. Cuac.

La invitación fue bastante más sofisticada que la salida previa: fuimos a almorzar a la playa.

Acepté porque me picó la curiosidad, porque hace tiempo que no veía el mar, y porque no tenía nada mejor que hacer.

Hasta el día de hoy me parecen buenas razones.

Esa cita también estuvo buena. El mar olía maravilloso, la comida estaba increíble, el vino, extasiante, el postre, mágico . . . (alguien nota que de David no he dicho nada?)

Cuando terminamos de comer pensé “ok, se acabó, me irá a dejar a la casa y podré dormir o ver Dr. House”, pero no.

- ¿Vamos al cine? – me preguntó con ojos interesantes.

¿Y qué dijo la tonta?

- Ya, vamos.

Y fuimos. Otra vez, la película buena, las cabritas crujientes, la bebida helada. Todo bien. Casi perfecto.

A estas alturas del partido yo ya me estaba cuestionando quien demonios me había mandado a pasar casi doce horas con un desconocido que no me inspiraba más cariño que un hámster.

Era una lata la wea. No sé si era yo el problema, o él, o simplemente David y yo nunca debimos intercambiar palabras sin más gente presente que llenara el sempiterno vacío entre lo que yo decía y lo que él pensaba, mientras me miraba. Mucho. Creo que la palabra en inglés para eso es “to stare”.

Pero filo, a estas alturas del partido estaba considerando seriamente guardar más silencio, bancármelo, con esperanza secreta de que él captara la falta de interés y dejara de invitarme a salir.

Pero no. En alguna parte de su cabeza mis silencios tienen que haberle indicado todo lo contrario, porque una vez me dejó en la puerta de mi casa el beso de despedida se prolongó unos instante más de lo socialmente aceptable y me preguntó que cuándo nos veríamos de nuevo.

Silencio.

- Eeeh, este, eeeh, no sé. Eeeh, yo te llamo!

Claramente este weon nunca había pasado por entrevista de trabajo infructuosa.

Tres días después, como yo no lo llamaba me llamó él. Y me invitó al cine de nuevo. Y me mandó mails. Y me llamó de nuevo para insistir con el cine.

Debo reconocer que no supe qué hacer.

Toy vieja pa esto. Después de casi tres años con mi ex había perdido la práctica.

Pero bueno.

Fuimos al cine.

Y después nos tomamos un trago.

Y en el auto me tomó la mano. Y el beso de despedida fue de esos medios cuenteados. Mal. Muy mal.

Yo no hallaba donde meterme, creo que cuando me bajé del auto dejé una nube de polvo con mi forma entre la calle y mi reja . . .

Dios, ¿cuántas veces hay que hacerle el quite a un weón pa que cache que no?

Y entre medio de todo esto, mi hermana (o mi amiga) me preguntaba que cómo iba el tema. Yo le dije que me había asustado (cuando alguien intenta darte un beso y te manda mails con fotos de la salida a la playa que no cachaste en qué minuto tomó y te dice que anoche no se pudo dormir por pensar en ti da un poco de susto, no?, sobretodo si la wea no es mutua), y ella me dijo que obviamente la wea me asustaba porque yo estaba en un momento de mi vida en el que no quería comprometerme (a todo esto me voy a vivir fuera del país con unos primos, entonces claramente no voy a estar en stgo en tres meses más lo que dificulta las relaciones, sólo un poco), que era obvio que no quería engancharme, que por supuesto que David me ponía nerviosa porque él podía darme todo lo que mi ex nunca pudo, que es lo que yo siempre he querido, que tengo que entender de nuevo que es posible querer compartir la vida con alguien, que tengo que perder el miedo, que bla bla bla.

Cuando mi hermana terminó de hablar la miré, y le dije:

- Lu, eso no es problema. El tema es que David no me gusta.

- Es que claro que no te gusta porque tienes miedo, y no quieres entregarte y . . .

- No Lu, no es eso, es que NO ME GUSTA.

- Sí, pero es que escúchame, no te va a gustar mientras tú sigas asustada de una nueva relación porque él te puede ofrecer mucho y . . .

Bla bla bla. Esta weona es sorda. O burra.

En fin. Los días pasaron. Los mails llegaban. Y resulta que simultáneo a todo esto no sé cómo (bueno, sí se cómo, pero es tema para otra entrada) terminé besándome con uno de mis mejores amigos, y, bueno, era medio feo salir con uno mientras el otro ya había conseguido lo que el uno quería con solamente mirarme y acercarse.

¿Ven? Esa es la diferencia cuando alguien SÍ te gusta.

Ahora, ¿cómo mierda corto esta wea sin que sea feo? Porque David aparentemente tiene un muy buen plan de celular.

Intenté contarle a mi amiga (o hermana) mi problema.

Ella me miró, suspiró, y me dijo:

- Bueno. No creo que haya que analizar mucho el tema para darse cuenta de que prefieres estar con (digámosle) Alejandro. Claro. Sí. Eventualmente podrías terminar enamorándote de David, y casándote con él, y no quieres eso porque tu ex te cagó la cabeza. Y bueno, con Alejandro la wea no pasa de un touch-and-go (mira que notable, touch-and-go se llama ahora el atracón sin llamada posterior, me enteré la semana pasada, cómo cambian las cosas) que es exacto lo que quieres ahora, entonces . . .

- Lu, entiende. David no me gusta, Alejandro sí.

- Es que yo creo que deberías pensarlo. David tiene pega, es inteligente, es dulce . . .

- Y Alejandro también tiene pega, es inteligente, dulce, caballero y mil cosas más, y no lo conoces, por lo tanto no tienes nada que opinar.

- Bueno, si a ti te gusta andar pasando los calzones por ahí, wea tuya.
(oooh! Que feo, ¿me dijo suelta?)

- No es pasar los calzones por ahí. Es que Alejandro me genera querer pasárselos y David no, así de simple.

- Claro, porque con Alejandro no hay nada serio y con David se puede poner complicado.

- ¡No! Porque Alejandro me gusta y David no.

- Sí, pero . . .

Media hora después y ninguna conclusión. Bueno, sí, o la tiraba por la ventana o me tiraba yo.
El tema es que, sin consultarlo con ella, le mandé un mail a David. Juro por mi madre que lo hubiese llamado si esto no hubiese pasado a fin de mes cuando ya no hay saldo en el cel, pero de todos modos no lo encontré tan inapropiado. Él me mandaba hartos mails.

En el mail le puse que yo no quería seguir saliendo con él porque estaba aterrada, y confundida, porque no quería una relación, y bla bla. Me pareció razonable usar los argumentos de mi hermana, porque saltaban a la vista.

Y no me llamó más. Bakan.

Pero la llamó a ella.

Demonios.

Recuerdo también que Alejandro me dijo que si le decía a David que estaba confundida él querría intentar desconfundirme . . .noooooo, dije yo, si no es pa tanto.

Bueno. Era.

Cuento corto, dentro de lo que se puede, David le dijo a mi amiga que estaba confundido. Que no entendía qué había pasado, que era obvio que la atracción era mutua (ya . . .), que todo iba super bien, y que de la nada y sin motivo yo había cortado la wea.

Es claro que si mi hermana no sabe escuchar este weón no sabe leer, el mail que le mandé era un puto ensayo sobre la confusión y el miedo típico de empezar otra relación después de una fallida.
Mi hermana alegó que yo estaba más rayada que puerta de perrera, y que bueno, mejor aplicara retirada porque yo aparentemente soy un atajo de nervios inestable y medio nocivo. Bkn, me encanta mi hermana.

Pero David es porfiado. Él no termina las cosas por mail. Él prefiere llamar.

¡¡Weon!! ¿¿¿Terminar qué??? ¡¡Si no pasó nada!!

Más encima él va y le dice a mi hermana que él estaba conciente que yo me iba a vivir con mis primos, pero que de todos modos qué son tres horas en avión, y que perfecta podía ir a visitarme en semana santa . . . por lo tanto, dado la profundidad de la relación lo mejor era hablar en persona si es que yo de verdad quería terminar porque a lo mejor simplemente había sido pánico momentáneo pero en el fondo no quería terminar.

Dios.

Mi hermana no dijo nada, según ella.

Y yo guardé mi eterno silencio.

Bien.

Pero me llegó otro mail. “tenemos que hablar, quiero que hablemos”.

Mi amiga me dijo que lo mejor era terminar con él en persona, que terminar por mail es feo.
Insisto, ¿terminar qué? ¡¡Si nunca empezamos!!

A todo esto el Ale ya me había regalado un ramo de flores precioso, y estábamos pololeando. Cosa que prueba que mi patológico miedo al compromiso puede ser superado por una atracción espiritual y sexual (no necesariamente en ese orden), y que esas cosas pasan cuando la otra persona TE GUSTA. No creo que sea tan complicado.

Yo no quería hablar con David. Me daba lata. Encuentro el colmo tener que estar dando explicaciones a alguien con quien no tienes relación ni compromiso alguno, especialmente si esa persona se enrolló y anda metido en lan.com viendo pasajes que ni una ha visto. Horror. Yo no hice nada. Es más, jugué con la carta de la indiferencia.

Bueno, al final igual me junté con David, pero lo hice más que nada por mi amiga.

Ojala no lo hubiese hecho. Me miró y me dijo que yo era linda, que le habría encantado tener un affair conmigo, que si cambiaba de opinión o lo necesitaba que lo llamara, que podía contar con él, que si quiero él puede ir a verme a la casa de mis primos . . . dios. Yo no sabía si reír o llorar. ¿Cómo alguien puede llegar a decir eso después de ver una persona cuatro veces? O tres, no sé.
Se supone que somos las minas las que andamos con el vestido de novia en la cartera, no ellos.

En fin, está claro que uno nunca para de sorprenderse, y que los machos que se respetan también pueden comportarse como mujeres mexicanas.

Yo, por lo pronto, estoy feliz.

Por fin le pude poner a mi pololo un post en Factbook que dice que lo quiero, aún cuando me de terror decírselo.

Pero el Ale se lo merece, él no está comprando pasajes en lan.com


Leonor

lunes, 30 de noviembre de 2009

El truco más viejo de la historia

Había olvidado por completo que el hecho de estar soltera es entendido como que estás "disponible"... Tanto tiempo enredada en líos amorosos que ya había abandonado las búsquedas románticas, dedicada a disfrutar a concho mi soltería, mi propia compañía, mi yo solitario, sin agregados, la manifestación de mi voluntad que me decía "sal a bailar, ríete fuerte, abraza a todo el mundo si quieres, habla con desconocidos si te provocan confianza, y ese tatuaje que hace rato te querías hacer?", porque, admitámoslo, estar en pareja coarta un poco y hay decisiones para las que inevitablemente tienes que preguntar...

Bueno, en eso estaba cuando un viejo amigo de la adolescencia, J*, vino a recordarme esa OTRA parte de la soltería.

Cuando conocí a J éramos los dos un par de críos que jugaban a coquetear, pero cuando llegó el momento de la verdad y nos dimos el primer beso, noté que en realidad no me gustaba, sus besos me sabían a absolutamente nada... simplemente no era para mí. Claro, cuando me lo fui a topar años después no me acordé inmediatamente de eso, estaba demasiado feliz de pillar a alguien conocido y esquivar a un par de maleantes que le habían echado el ojo a mis pocas pertenencias...


-J!
-L... Liss? ¿Eres tú?
-Pero claro que sí, ¿quien sino?... jajaja... Qué rico veeerte!
-Créeme que el contento soy yo, qué cambiada estás mujer!
-Ni tanto... por que lo dices?
-Es que creciste... y vaya que creciste bien
-Hormonas y herencia, le dicen
-Bendita tu madre por haberte tenido...
-Perdón???
-Disculpa, es que es raro que justo la mijita rica que estás mirando te salude y resulte ser amiga tuya...


Y así empezó todo, yo solamente me reía con sus salidas jotescas, completamente exageradas según mi punto de vista, pero que al final del día agradecía porque me levantaban el ánimo y me hacían reír. El J me divertía con sus clases sobre cómo jotean los hombres, me contaba sus estrategias de seducción y luego, descaradamente, las ponía en practica conmigo, incrédulo ante mi convicción de no querer más que amistades por la vida y mi completo hastío de cualquier otro tipo de relación.

Al poco andar, las insinuaciones se volvieron cada vez mas directas y yo, pese a que me divertía con sus relatos de aventuras sentisexuales, me empecé a hartar de que no entendiera que ni 'amigos de cacha' íbamos a ser, mucho menos con la decepcionante experiencia de nuestro pasado. Finalmente debió rendirse porque dejé de recibir sus llamados en la madrugada diciéndome como me quería encontrar cuando me pasara a buscar en una hora, diciendo: "Si yo también me voy a arreglar para salir con la tremenda mina que eres tú".

Luego me enteré que una ex lo engañó con la de "sin condón, total tomo pastillas" y lo convirtió en papito corazón. No pudo dejar de darme risa que él, el más macho, el que se las sabía todas y el pierdeteuna, cayera con el cuento más viejo de la humanidad. Tal como me decía por entonces mi instinto, lo que pasa es que algunos son pura boca... y ni aun así saben besar.

Liss


* J por jote, obvio.

domingo, 30 de agosto de 2009

¡Yo lo/la vi primero!

Querido público, hoy nos es grato comentarles que tenemos una nueva colaboración de una de nuestras lectoras, Cándida, que nos envió la siguiente historia. ¡Disfrútenla y no olviden comentar!
Si tú también quieres tu rinconcito en La Ex, no dudes en escribirnos a soy.la.ex@gmail.com
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Yo creo ser una persona generosa. Si a algún conocido le pasa algo bueno, me alegro de verdad, siempre comparto galletitas o el snack que tenga a mano por mucho que me guste, presté religiosamente todos mis apuntes cuando mi letra comenzó a ser legible y si alguien me pide algo prestado nunca se lo niego.

Por eso, nunca entendí la actitud del "yo lo vi primero", esa persona que se sentía con más derecho que otra para jotear sólo por haber declarado sus intenciones a medio Chile, joteos que por lo general siempre fracasaban, a pesar de la anticipación con la que se planeó el ataque, y que dejaban a otros mirando a la carnicería sólo por no "herir" sus putos sentimientos. Aunque estos sentimientos fueran tan duraderos como un golpeado de tequila. Es como el perro del hortelano: no come ni deja comer.

Mi primer acercamiento con este peculiar rasgo de egoísmo pasó entrando a la U, cuando, luego de ser literalmente repartida entre un grupo de amigos, resultó que terminé teniendo onda con uno que no había sido al que le habían dado permiso para jotear tranquilo (y al que ya se le había dicho que no). Las recriminaciones por el "yo la vi primero, y sabías que me gustaba" terminaron siendo una fuerte discusión... conmigo al frente. Al poco tiempo, supe que la que más había avivado la cueca con la supuesta traición había sido una ex andante del traidor, que ahora pololeaba con otro. Por lo visto, el "yo lo vi primero" no solo corría para los que buscaban pareja, sino también valía para los que ya la tenían.

Al tiempo después, y ya terminado el lío aquel, comenzamos a salir mucho con una amiga: Bastaba que un tipo sonriera bonito para que le empezara a escribir corazoncitos en sus cuadernos y a transformarse en una obsesión que era reemplazada al rato por otra. Así cada vez marcó territorio haciéndole la cruz a cualquiera futura polola o supuesta "enemiga de intereses". Las cosas se complicaron cuando pareció haber interés de uno de sus supuestos "amores" (si le podemos llamar así a encontrar rico a alguien) hacia mí. Inmediatamente comenzaron los "yo lo vi primero" y el tratar de hacerme sentir mierda por la evidente atracción de los dos. Siempre trataba de ponerme en evidencia para luego tirar el discurso: "mmm, parece que le gustas... pero cómo tan chueca hacia mí que estoy tanto tiempo soltera, búscate a otro". Yo lo había conocido antes, pero el que ella hubiera sido la primera en decir"lo encontré bueno" la hacía inmediata ganadora de su número exclusivo. Así, muchos posibles wannabe pasaron a la lista de archivados por la culpa que me generaba el coartar el excesivo campo de acción de la amiga acaparadora. Convídate uno, o por último, olvídate del que te gustó hace un par de años, por lo menos.

Así mismo, vi cómo el recurso de gritar a los cuatro vientos la intención de joteo fue parte de las peleas y webeos más grandes que he visto. Si hay algo que nunca falta, es el amigo que elige a sus anchas y deja con lo que queda al resto, alegando un supuesto derecho fundamentado escasamente en la mala suerte que debe romper, o el "ella me gusta de verdad" aunque ese gustar de verdad fuera compartido por otras veinte personas más.

Lo que más me llama la atención es que, al igual que lo que escribió Faye sobre los jotes, pareciera que la opinión del joteado no importara: él o ella se DEBEN rendir sola y exclusivamente a los encantos del que lo marcó frente a todos como su presa, y esto se mantiene aún si recibe un "no" rotundo. Estoy convencida de que el Agarra Aguirre sincero no debiera romper amistades o considerarse una deslealtad: el joteado elegirá, tal cual como los "enemigos" tuvieron la libertad de fijarse en la misma persona.

Y con los ex, parece que el asunto del Perro del Hortelano es el mismo. Siempre las que siguen son brujas, feas o maracas, en el caso de las mujeres, y unos pobres sacoweas, losers o pasteles en el caso de los hombres. Aún cuando los sentimientos se hayan acabado hace rato o se haya comenzado una nueva relación, queda a veces la sensación de que el otro te debe algo por haberte fijado en él antes, algo que lo obliga al celibato durante toda la vida. Como si la única razón de existir del pobre fuera haberse encontrado contigo.

Si ya no hay nada, yo prefiero que me olviden, que se tiren a minas lindas, que se enamoren hasta las patas y que me recuerden con cariño como parte del pasado. No me va el desear cagarle la vida a alguien por quedarse enganchado, para hacerme sentir especial y única. Que el weón encuentre a alguien con quien no tenga los problemas que tuvo conmigo, que no meta las patas de nuevo, que sean felices, que tenga varios hijos, plante un árbol y escriba un libro. Creo que es lo que menos le puedes desear a alguien que por algún momento te hizo feliz. Es también parte de olvidarlo: el desearle sinceramente lo mejor, lo más lejos de una, es el mayor síntoma de que estás recuperada.


La Cándida

lunes, 24 de agosto de 2009

Córtenla con el morbo!

¿Les ha pasado que, justo después de terminar una relación, a veces sienten que el resto del mundo los observa, que la gente para de conversar cuando se acercan al grupo y, más encima pareciera que todos los vieran con cara de pooooobreeeciiiit@!? Bueno, eso es normal, la gente cree que una anda más sensible y por un tiempo como que te conviertes en la entretención del resto: desde el típico chismorreo de "supiste lo de paquito y juanita??" hasta los amigos que tratan de sacarte a pasear para cambiarte el ánimo.

Con el tiempo, las ganas de 'ayudar' de algunas personas comienzan a convertirse en puro y simple morbo, en las ganas de ver cómo reaccionas cuando te cuentan un sabroso detalle del que ahora ostenta el título de Ex, uno más en tu prontuario de relaciones.

El problema es cuando ya han pasado más de dos años del término oficial de la relación, tu estás en otra y la gente sigue llegando a contarte chismes. "¿Sabes de qué me enteré el otro día, juanita? me contaron que después que terminaste con paquito el muy pobre creía que iban a estar separados unos meses e iban a volver... estaba arrepentido de lo que te hizo...", o "Supiste que paquito se metió con menganita? sucedió cuando menganita justo había roto con su novio de toda la vida, pero paquito la cargoseó tanto que menganita al final volvió con su novio y todos felices...".

Gente, ¿¿¿qué les hace pensar siquiera que tengo GANAS de oír esas cosas???

O sea, es mi Ex, pasé AÑOS de mi vida tratando de entenderlo y si hay alguien a quien no sabe mentirle es a su madre y a mí. Yo lo único que sé es que él incumplió su promesa, me traicionó y no hay más que decir.

Por favor, no quiero saber nada más que me puedan contar de él.

Me encantaría poder sentarme algún día a conversar con él, tirar la talla un rato y luego dejarlo hablar, que me cuente todo lo que realmente pasó porque creo que ahí hay muchas cosas que aclarar (y yo como maldita obsesiva no puedo dejar algo pendiente...). Pero el problema radica en que yo siempre fui sincera, y creo que él no. Sus razones habrá tenido, y espero que algún día entienda que no lo voy a condenar por ello, sólo quiero escuchar la verdad.

I'm going to ask you some questions, and I want you to tell me the truth. However, therein lies a dilemma. Because, when it comes to the subject of me, I believe you are truly and utterly incapable of telling the truth, especially to me, and least of all, to yourself. And, when it comes to the subject of me, I am truly and utterly incapable of believing anything you say..."

- El gran David Carradine interpretando a Bill, Kill Bill 2



Liss

jueves, 6 de agosto de 2009

Maldita su baja autoconfianza

Me atrae un Amigo. Tenemos gustos similares, es inteligente, simpático y agradable. Además, me pasa algo con él que hace tiempo no me ocurre con otros, y es que a su lado puedo ser yo. Me siento cómoda.

Sin embargo, hay un 'pero': le falta una actitud más confiada respecto a sí mismo.

Esa inseguridad que muestra hace que tambalee todo lo que puedo sentir por él, ya que no me convence del todo. Es como cuando te venden un buen producto de mala gana, sin destacar todos los pros que tiene. Una queda con la sensación de que, a fin de cuentas, no vale la pena.

(En todo caso, no puedo condenarlo ni patalear, porque yo también suelo pensar así de mí. ¿A quién no le dan bajones? Lo malo es que si a él le dicen 'oye, te quedó re-bien tal cosa', responde algo como 'gracias, pero...' o lo agradece con exceso de modestia, como diciendo 'eso lo dices porque eres mi amiga' ¡PUAJ!*).

A veces tengo ganas de motivarlo para que se saque más partido, o decirle que hay al menos una mujer interesada en él. Se me quita luego. Sinceramente, esos temas los tiene que ver un psicólogo o alguien más capacitado que yo. Hay ideas fijas que no desaparecen sólo porque otra persona se la juegue, sino que debe pasar tiempo, harta agua bajo el puente, tiene que haber un esfuerzo del afectado y mucho optimismo (más escaso y valioso que el oro).

Aparte, no estoy ni ahí con dejarlo listo para que haga estreno de su nueva autoconfianza con otra.





Hmm... Es mejor que sigamos siendo amigos, jaja.

MilDiez


*= Me acordé de Segundo, un ex que me contestaba algo similar cuando le decía que era bonito: 'Eso lo dices porque eres mi polola'. Irónicamente, tuvo razón xD

 
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