lunes, 8 de marzo de 2010

Igual que quinceañera

Venía saliendo de la peor de mis pateaduras, con severos riesgos de recaer, luchaba por que cada día fuera un triunfo de mi nueva soltería, y no un paso de vuelta a los brazos de los que había huído despavorida... pero a veces era más fuerte que yo y me veía nuevamente buscando que él diera el primer paso, que me hiciera ver que yo estaba equivocada y que nuestra vida juntos podía volver a encaramarse sobre un arco iris, que... que...

Lo que más detestaba era pensar que probablemente no encontraría un “chico tan bueno” como mi Ex. Ninguno estaba a su altura. Su maldita altura.

Bueno, en esas estaba cuando llegó él, quien sin saberlo se volvió de pronto en mi nuevo caballito de batalla contra el recuerdo del Ex. Era perfecto, un chico tan o más bueno, alegre, amable, inteligente, atractivo... y lo mejor de todo: era un nuevo motivo para alejarme de los recuerdos de mi Ex y sus brazos dispuestos a demostrarme que me había equivocado y que no había nadie mejor que él en esta vida, nadie me trataría mejor y que de una buena vez por todas me conformara.

Pero había un problema: Él no tenía idea de mi existencia. O más bien sí, pero de una forma bien remota... una de las tantas chicas que conoció trabajando y, probablemente, una de las tantas grupies que lo seguían idiotamente para todos lados. Probablemente no una de las más curvilíneas, así que tenía la pista pesada. Él era un chico popular.

Pero eso no me desalentó, ya el sólo hecho de pensar en algo diferente a mi relación anterior era algo positivo así que, según yo, entré a la competencia.

En un inicio hice cosas torpes, como agregarlo a MSN para tratar de conversar y conocerlo mejor, pero poco a poco mi supuesta “conquista” pasó a un segundo plano y pasé de a salir 'coincidentemente' a sus lugares favoritos, a volver a bailar tras años encerrada en ver tele en “tu casa o la mía”, recobré la personalidad para contestar las tallas pesadas y para subir al columpio al resto, me volví proactiva, y con el tiempo empecé a sonreír más a menudo, a veces cuando recordaba la vez que pude hablar con él y recordó mi nombre y a veces porque sí, simplemente por mí, hasta que de pronto me olvidé incluso de él, mi motivo inicial para todo.

Luego me di cuenta de que más allá de un par de cosas como “me gustan los fideos con salsa” no teníamos mucho en común, que seguía siendo una desconocida y que el pobre estaba chato de sus grupies, que mis chances con él eran remotas y que toda mi fantasía respecto a él estaba mejor en ese estatus: un amor platónico fantasioso del que él nunca se enteró.

Pero, infantil y todo, esa fantasía me ayudó a superar en un par de meses lo que pudo haber durado años, y siempre recordaré con cariño lo que sin saber hiciste por mí.

La primera vez que me miraste a los ojos y sentí que el piso se derretía a mi alrededor.

La primera vez que me tocaste o rozaste y pude sentir un shock eléctrico recorriendo todo mi ser.

La primera vez que sentí que me mirabas a escondidas y sonreí para mis adentros como una capitana victoriosa.

La primera conversación que tuvimos por MSN, contigo confundido por la milésima extraña que te agregaba inexplicablemente.

La vez que estuviste a punto de pedirme que bailara contigo, pero alguien te lo impidió.

La vez que me hablaste por mi nombre.


Nunca supe si mi interés era recíproco, no sé si hubiese resultado, pero simplemente hoy, sólo te quiero agradecer por existir.

Porque, admitámoslo, hay personas que con sólo admirarlas ya le hacen un bien a la humanidad :D


Liss

2 comentarios:

Mónica de los Siete Infiernos dijo...

Totalmente de acuerdo. De repente es necesario ponerse una meta para poder desengancharse del recuerdo del Ex.

¿Por qué siempre tendemos a idealizar tanto, por la chucha? Como si no hubiese tanto cabro caliente por ahí dando vueltas, dispuestos a hacerla olvidar a una de los malos ratos, ¡¡¡¡jajaja!!!!

GuAmBrA LoCo dijo...

a vces pasa solamente es necesaria una mirada para ser felices... a veces sin palabras nos entendemos mejor...

 
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