domingo, 15 de marzo de 2009

Aprendizaje tardío

Los seres humanos aprendemos distintas lecciones, en distintos momentos de nuestras vidas, unos antes y otros después, pero cada uno, sin duda, a su propio tiempo. En términos de relaciones esto también es válido. A algunas nos toca aprender antes o después que a otras ciertas cosas que vistas desde lejos parecen evidentes y simples, pero que cuando estás involucrada pierden esa nitidez que les da la distancia.

Hay cosas que, simplemente, nadie te puede enseñar. Por más que valores sus consejos y sus experiencias, por más que intentes seguir o alejarte de sus ejemplos, hay cosas que tienes que aprender por ti misma. O yo, por lo menos, soy de las que aprende de sus golpes y caídas (por eso me caigo tan seguido, para aprender más, obvio :P ), lo que la propia experiencia me va dejando, y aunque siempre escucho lo que me dicen y recomiendan, me cuesta integrarlo a mi vida si yo siento algo distinto. Tengo que experimentarlo por mi misma.

Cuando iba al colegio, la mayoría de las chicas que me rodeaban y algunas amigas parecieron comenzar a forjarse esa experiencia desde los 15, 16 años, con sus primeras parejas. Yo, bastante mas retraída y desadaptada que las otras niñas, no tuve mi primer “intento” de relación sino hasta cerca de cumplir 18, y ni siquiera calificó como una relación como tal, más bien fue una “amistad con ventaja”, sin reglas claras, entre dos amigos que de pronto descubrieron una nueva dimensión a su amistad.

En ese tiempo yo no sabía lo fácil que era involucrarse más de la cuenta en algo que teóricamente no es serio (especialmente cuando eres adolescente y las emociones te gobiernan con mucha mayor facilidad de lo que lo harán después en tu vida mas adulta, aunque algunas sencillamente no cambiamos mucho), y darle una idea errónea al otro sino expresas tus deseos y tus sentimientos con claridad. No sabía que debía establecer ciertas reglas para hacerme respetar, aunque en realidad lo que no sabía era que tenía el derecho a hacerme respetar, a decir “esto no es suficiente para mí”, a pedir más, y si no me lo daban, marcharme. Estaba desesperada por algo de afecto, y dispuesta a conformarme con lo que me dieran, sin comprender que si me conformaba con algo que no era lo que yo realmente quería, solo terminaría más dañada.

Today I know better. Aún hay mucho que no sé, pero todas mis caídas me han enseñado algo. Quizás pude haber sido mucho más inteligente y haber aprendido de otras experiencias, de voces más sabias que intentaron aconsejarme, o de quienes cometieron errores similares antes que yo.

¿Saben lo que dicen de las mujeres a quienes sus parejas las tratan mal? Que es en parte culpa de ellas por permitirlo. Y es cierto. Si bien nada justifica el maltrato, les aseguro que dando las pautas correctas y sabiendo cuándo alejarse a su debido tiempo, cualquiera puede evitarlo. Después de mi intento fallido de relación en la adolescencia, tuve varias relaciones de verdad, con mayor compromiso, y otras más pasajeras, para pasar el rato. En algunas me dejé manipular, en otras me dejé maltratar, en otra permití que me dieran por sentada y descuidaran la relación. Permití que me pasaran a llevar. Di más oportunidades de las que debí haber dado. Y no solo permití cosas, evidentemente tambien me permitieron más de la cuenta. Y ahora que por fin estoy bien, bien como siempre me merecí estar, comprendo qué es lo que debí haber exigido desde un principio, y cómo me debí haber comportado si realmente lo quería.

Pero quizas no lo quería. No realmente. Decía quererlo, pero por algún tiempo también fui medio adicta al sufrimiento. ¿Por qué? ¿Candy Candy, Remi, Marco, la muerte de la mamá de Bambi o cuando separan a Dumbo de su madre calaron tan hondo a toda una generación de mujeres? Porque me consta que no soy la única. También he visto a amigas y no-tan-amigas perpetuar malas relaciones por mucho más tiempo del que deberían. Quizás cuando no has sido precisamente la chica linda que ha tenido todo (aunque las apariencias engañan y dicen que hasta ésas tienen problemas) también te cuesta aprender cuánto realmente vales, y qué es lo que realmente mereces. Y aun cuando crees darte cuenta, te cuesta tomar los pasos necesarios para conseguirlo.

Al menos yo creo que ya lo aprendí. Y nadie me hará olvidarlo. Espero que ustedes también lo hayan hecho, y si no lo han hecho, estén camino a aprenderlo. Aunque sea un camino con bastantes tropiezos.

Faye

6 comentarios:

Ale dijo...

Nadie aprendió sabiendo. Y todos los errores amorosos pegan siempre en el aspecto más vulnerable de cada uno, por eso duelen tanto. Es como un hackeo, te pegan donde te encuentran la falla de seguridad.

No se trata tampoco de que estés blindada como coraza todo el tiempo (el que, a mi opinión, es el principal error en las relaciones de pareja en nuestros tiempos, andamos cagados de susto), es sencillamente que con la practica te conoces más y sabes donde te llega. Por eso es taaaan penca buscar un mino para suplir una carencia: por ejemplo, cuando la insegura busca una grabadora humana que le diga que es maravillosa todo el tiempo, o la loca de patio que busca quien la calme. A la primera la terminan valorando tal cual ella se valora (o sea nada) y a la segunda o le toca alguien peor que ella, o juega al cansancio con uno tranquilo. Mal mal.

Karenvon dijo...

A costalazos no más se aprende y no hay mayor verdad...

Abrazos!

Pufla dijo...

¿Se tarda mucho en aprender?

Myriam dijo...

Se tarda en aprender ni más ni menos que lo que cada uno tarda en aprender cada lección. No hay tiempos y así como algunos con un costalazo quedan listos para buscar el siguiente, a otros les queda gustando la misma piedra.

Eso, sí hay que caerse sí o sí. La empiria es la única maestra y los buenos alumnos se deben levantar una y otra vez.

Saludos! Buen post ;)

Mely dijo...

Me encantó este post. Nada más que decir =)

Saludos.

Magda dijo...

NO-TA-BLE

no tengo más palabras

 
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